Archivo para Febrero 25th, 2008
¿Cómo está siendo mi respuesta?: considerar la muerte y el juicio

LA REALIDAD DE NUESTRA MUERTE:
No es bueno tener una visión dramática de la muerte. Cada día que pasa es un paso más que nos debe acercar al cielo: No has oído con qué tono de tristeza se lamentan los mundanos de que “cada día que pasa es morir un poco”? Pues, yo te digo: alégrate, alma de apóstol, porque cada día que pasa te aproxima a la Vida (Camino 737).
Aquel joven brillante profesional fue diagnóstico de cáncer y escribió un artículo en el periódico en el que definía su vida como un niño que juega en la orilla de la playa con las olas de la eternidad… Me recordó esa lucidez con que los enfermos terminales ven la vida: como una especie de don o regalo que dura un tiempo… Eso es la vida: un tiempo para amar… Un tiempo del que al final se nos pedirá cuenta y como dice el poeta: al final de la vida el que se salva sabe y el que no, no sabe nada.
La toma de conciencia de la brevedad de la vida nos debe llevar a aprovechar el tiempo mejor pero no a temer al Señor, ni a mirar a la muerte como un final desastroso… Para nosotros la muerte es el comienzo de la Vida: A los “otros”, la muerte les para y sobrecoge. -A nosotros, la muerte -la Vida- nos anima y nos impulsa. Para ellos es el fin: para nosotros, el principio. (Camino 738)
“Había una vez un hombre a quien ver su propia sombra lo contrariaba tanto y era tan infeliz de sus propios pasos que decidió dejarlos atrás. Se dijo a sí mismo: simplemente me alejo de ellos. De tal modo se levantó y se fue. Pero cada vez que apoyaba un pie y daba un paso, su sombra fácilmente lo seguía. Entonces se dijo: “Debo caminar más rápido”. Caminó entonces más y más rápido, caminó hasta caer muerto. Si simplemente hubiera caminado hacia la sombra de un árbol, él se habría deshecho de su sombra, y si se hubiera sentado, no habría habido más pasos. Pero no se le ocurrió.” Cfr. Tschuang Tsé. A mucha gente le ocurre hoy en día como al hombre de la historia, quieren escaparse de su sombra y corren hasta agotarse sólo porque tienen miedo de enfrentarse a su propia sombra, de observarse en sus aspectos menos agradables. Muchísima gente se queja de no poder tener calma. Esta queja surge de la incapacidad del hombre moderno para alcanzar ese anhelo profundo e íntimo de poder finalmente desconectarse y estar tranquilo. Un anhelo que de modo genial expresó san Agustín: porque nos has hecho para Ti y nuestro corazón anda siempre desasosegado hasta que se aquiete y descanse en Ti” (libro I,1). Jesús que conocía esta necesidad de los hombres en sus miedos e intranquilidades, nos invita a encontrar realmente la calma en Él.
Otra consecuencia de la realidad de la muerte, que puede venir en cualquier momento y vendrá inexorablemente: No tenemos aquí ciudad permanente… Es que sabemos que Estamos de paso… Y esto provoca un sano desprendimiento de los bienes materiales… Es bueno relativizar, o hacer tragedias. A veces no dormimos y tenemos que tomar pastillas por la ansiedad… Y llega la muerte y vemos como todo eso que estaba en la cabeza se esfuma y explota como una pompa de jabón…
Me enseñaron hace tiempo un libro con un exlibris que ponía en tinta roja y a mano superpuesto lo que está entre paréntesis: “ESTE LIBRO (NO) ES DE LA MARQUESA x (PORQUE EL QUE SE MUERE LO DEJA TODO)”… No hay verdad más clara que todo lo que tenemos en el fondo solo lo administramos durante un tiempo.
Jesús dice hoy que a quienes dan fruto los podará, para que den más fruto. Quien ha visto o ha participado en una poda, estará de acuerdo en que impresiona ver cómo los jardineros y hortelanos despojan y pulen el árbol de una manera que, en un primer momento puede parecer excesiva, o demasiado exigente ¿verdad?… Pero el Señor sabe lo que nos conviene. No has sentido esa inquietud de querer hacer demasiadas cosas al mismo tiempo o de tener demasiadas cosas en la casa. Acaso, todas esas cosas no son a veces un lastre que arrastramos. Cuando vemos los objetos por todos lados de la casa, nos están induciendo a pensar que podríamos necesitar algo más; o qué deberíamos hacer con ellos, pues no tiene sentido tenerlos ahí para nada (y ¡con lo que me han costado…!)… Y esas cosas que hemos adquirido entonces se convierten en fuente de intranquilidad, nos ponen tontamente bajo presión: si tengo una bici, tendré que usarla, sino para qué la tengo… Es absurdo haber conseguido algo que además nos costó mucho para nada… Por eso no viene mal esta poda del Evangelio de hoy que nos ayuda a simplificar la vida y a estar más tranquilos. Desprendernos, aunque solo sea intencionalmente, de tantas cosas que realmente no necesitamos creará en nosotros un espacio de tranquilidad donde la oración pueda cuajar y nos permita permanecer en Dios.
Por todo esto procuraremos aprovechamos mejor el tiempo para hacer el bien y adelantar en nuestra santificación sin dejarlo para mañana que no se sabe si llegará para nosotros: Recordemos las palabras del Señor, ante aquel que se decía: Come, bebe y date buena vida… ¡Necio! hoy mismo te llamarán… Por todo esto procuraremos quitarnos esa pereza mala que nos lleva a la tristeza, y nos espabilaremos como aquellas vírgenes prudentes, como aquellos parados de la viña que se disponen a trabajar, para evitar recibir la reprimenda del perezoso que enterró su talento… Por todo esto procuraremos ver la muerte como una culminación de una vida gastada en el servicio de Dios: Yo te he glorificado en la tierra: he terminado la obra que Tú me has encomendado que hiciera. (Jn 17, 4)… Todo está cumplido… Así hace el Señor, poner todos los medios humanos (terminar la obra) y a la vez se abandona en sus manos (Padre a tus manos encomiendo mi Espíritu). Por todo esto procuraremos que la realidad de la muerte nos lleve también a amar la vida y a este mundo apasionadamente: te copio esta anécdota:
Un profesor fue invitado a dar una conferencia en una base militar, y en el aeropuerto lo recibió un soldado llamado Ralph. Mientras se encaminaban a recoger el equipaje, Ralph se separó del visitante en tres ocasiones: primero para ayudar a una anciana con su maleta; luego para cargar a dos pequeños a fin de que pudieran ver a Santa Claus, y después para orientar a una persona. Cada vez regresaba con una sonrisa en el rostro. ¿Dónde aprendió a comportarse así?, preguntó el profesor. En la guerra, contestó Ralph. Entonces le contó su experiencia en Vietnam. Allá su misión había sido limpiar campos minados. Durante ese tiempo había visto cómo varios amigos suyos, uno tras otro, encontraban una muerte prematura. Me acostumbré a vivir paso a paso. Nunca sabía si el siguiente iba a ser el último; por eso tenía que sacar el mayor provecho posible del momento que transcurría entre alzar un pie y volver a apoyarlo en el suelo. Me parecía que cada paso era toda una vida.
Por todo esto, a la vez que nos espabilamos, confiamos y esperamos en un Dios Padre nuestro que no está como un cazador al acecho para cogernos en un momento de descuido. Y por eso hemos de evitar también la presunción… Pero sobre todo la realidad de la muerte nos debe llevar a una decisión radical: a buscar los amores que perduran: No pongas tus amores solo aquí abajo. Muchas veces son tan solo amores egoístas… Los que amas se apartarán de ti, con miedo y asco, a las pocas horas de llamarte Dios a su presencia. -Otros son los amores que perduran. (Cfr. Camino 678).
LA REALIDAD DEL JUICIO PARTICULAR
Está establecido que los hombres mueran una sola vez, y que después tenga lugar el juicio (Heb 9, 27). Decimos en el Credo: Jesús que ha de venir a juzgar a vivos y muertos y su reino no tendrá fin… Inmediatamente después de la muerte viene el juicio particular del alma por Dios y al final de los tiempos vendrá el juicio universal. Este juicio tiene lugar una sola vez y en él se decide nuestro destino eterno:
Es también como un hombre que al marcharse de su tierra llamó a sus servidores y les entregó sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro… Después de mucho tiempo, regresó el amo de dichos servidores e hizo cuentas con ellos. (Mt 25,14.19)… Pues, aunque en nada me remuerde la conciencia, no por eso quedo justificado. Mi juez es el Señor. Por tanto, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor: El iluminará lo oculto de las tinieblas y pondrá de manifiesto las intenciones de los corazones; entonces cada uno recibirá de parte de Dios la alabanza debida. (1Cor 4, 4-5)…
El juez es Jesucristo… Tener deseos de darla alegrías cuando deba juzgarnos… Jesús, se para mi siempre Jesús… Y no lo olvides el juez es Él no tu:
Otro ejemplo: A veces, el orgullo (o des-amor) hace que Dios tenga que pagar los platos rotos. Recuerdo a un padre, a cuyo hijo acababan de diagnosticar una enfermedad de parálisis progresiva que le conduciría a la muerte, y que no acababa de aceptar la enfermedad. La familia decidió ir de romeria a Torreciudad a pedir por el hermanito. En el coche rezaban juntos el rosario, pero el padre callaba. Cuando le preguntaron que por qué dijo que le dolía la garganta. Ya en el santuario acudieron a Misa, pero el papá no comulgó. Al final fueron a poner velitas a la Virgen y el enfermito que no solía hablar porque le coistaba mucho respirar, se adelantó con su vela a la Virgen y le dijo: “Virgen, te pido para que se cure papá de la garganta”… En ese momento: el padre echó dos lagrimones. Y entendió, que Dios a través de su hijo, le estaba pidiendo que aceptara la situación, y así lo hizo.
La materia del juicio será no sólo los pecados de acción, sino también las omisiones: todo aquello que debíamos haber hecho y no hicimos: Porque estuve desnudo y no me vestisteis… etc.
Ejemplo. Aquel niño recibió permiso para volver a entrar en la clase tras su expulsión. Se situó atrás y con los brazos miraba desafiante a la profesora. Esta al cabo de quince minutos le dijo: “Fulanito: ¡fuera de clase otra vez!”. Entonces el niño gritó: es injusto no he hecho nada malo, ¿por qué me expulsa? Y la profesora con tranquilidad le dijo: “no te expulso por que hayas hecho nada malo, sino porque debías haber hecho cosas buenas y no las has querido hacer”… Se comprende así mejor porqué las omisiones son también materia del juicio particular
Seremos juzgados en base a lo que fuimos capaces de amar:
Dios hace como esos profesores buenos que quieren que sus alumnos aprueben y nos dice las preguntas del examen… Al atardecer de la vida se nos examinará en el amor…
Nos prepararemos para el juicio a través del examen de conciencia: ser muy sinceros con nosotros mismos: A la hora del examen ve prevenido contra el demonio mudo. (Camino 236); sin miedo a la verdad, llamando a las cosas por su nombre: No tengas miedo a la verdad, aunque la verdad te acarree la muerte. (Camino 34)…
Más vale ponerse una vez colorado, que luego mil morado… Además, fíjate, tener vergüenza ¿por qué? Si dentro de 100 años ¡todos calvos!… Mil mentiras no hacen una verdad… Si hemos sido sincero el juicio será repetir aquello que ya es conocido; aquello que ya hemos dicho y se nos ha perdonado, ya tantas veces… Quizás nuestras palabras en el juicio podrían ser algo así como: Señor, tu lo sabes todo, tu sabes que yo te quiero…
Dios es mi Padre y me llama a la santidad de vida propia de un hijo suyo

Mis relaciones con Dios no son sólo de criatura-Creador sino que por la gracia de la Redención de Jesucristo hemos sido hechos hijos adoptivos de Dios:
El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1,14). A cuantos le recibieron les dio poder para ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre (Jn 1,12)… Mirad qué amor tan grande nos ha mostrado el Padre: que nos llamemos hijos de Dios, ¡y lo somos! (1Jn 3, 1). Por el Bautismo el cristiano participa de la gracia de Cristo, Cabeza de su Cuerpo. Como “hijo adoptivo” puede ahora llamar “Padre” a Dios, en unión con el Hijo único (CCE, 1997). Los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. En efecto, no recibisteis un espíritu de esclavitud para estar de nuevo bajo el temor, sino que recibisteis un espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: ¡Abbá, Padre! Pues el Espíritu mismo da testimonio junto con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios (Rom 8,14-16).
Hace poco me contó alguien este sueño: llevaba varios días preocupado por los problemas económicos y por una conversación que debía tener con el director de banco. La noche anterior a la visita tuvo un sueño en el que discutía acaloradamente con el que se suponía el gerente del banco. En un momento de la conversación el Director se levantó de su asiento y a él le pareció un gigante que le daba una especie de cartulina blanca como una tarjeta de visitas. En ella estaba escrito: “Tu eres mi hijo amado”… Esa mañana se dirigió al banco de otra mañana.
Cfr. La idea del ancla de la carta a los hebreos, también puede ayudar para explicar esto…
Todos podemos afirmar de modo muy particular: nosotros hemos conocido y hemos creído el amor que Dios nos tiene (1 Jn 4,16): por eso nuestra relación con Dios debe ser filial y piadosa:
Es preciso convencerse de que Dios está junto a nosotros de continuo. -Vivimos como si el Señor estuviera allá lejos, donde brillan las estrellas, y no consideramos que también está siempre a nuestro lado.
Y está como un Padre amoroso -a cada uno de nosotros nos quiere más que todas las madres del mundo pueden querer a sus hijos-, ayudándonos, inspirándonos, bendiciendo… y perdonando.
¡Cuántas veces hemos hecho desarrugar el ceño de nuestros padres diciéndoles, después de una travesura: ¡ya no lo haré más! -Quizá aquel mismo día volvimos a caer de nuevo… Y nuestro padre, con fingida dureza en la voz, la cara seria, nos reprende…, a la par que se enternece su corazón, conocedor de nuestra flaqueza, pensando: pobre chico, ¡qué esfuerzos hace para portarse bien!
Preciso es que nos empapemos, que nos saturemos de que Padre y muy Padre nuestro es el Señor que está junto a nosotros y en los cielos. (Camino 267)
Ahora te toca a ti: ¿Estas dispuesto a superar tu egoísmo ? ¿Te vas a dejar querer por un Dios que es tu Padre? ¿Te vas a dedicar este año a querer a Dios (y por él a los demás) más que nunca? Dejarse querer y querer: Sed pues perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto… Y recuerda que la perfección (la santidad) está en el Amor… Porque solo tu eres santo, solo tu Señor, solo ti altísimo Jesucristo… y Dios es Amor.
Saber Querer a Dios:
Un ejemplo: Aquel monje dejó escrito este Epitafio: “Dios amó a Juan y Juan intento durante toda su vida corresponder a ese Amor”… Su lectura provocó en aquel joven una profunda conversión en su vida.
Otro ejemplo. Me llamaron para celebrar una misa de funeral en un pueblo. Al llegar me dirigí a la casa del difunto; se trataba de un joven de unos 18 años, muerto en accidente de tráfico a altas horas de la madrugada. Su madre estaba cerca del féretro, había pasado inadvertida hasta que se dispusieron a tapar la caja, entonces se abalanzó hacia su hijo muerto para abrazarlo por última vez mientras le decía llorosa: “hijo mio, hijo mio, ¡que poco tiempo nos has dejado para quererte!… Me emocioné y conforme subíamos a la iglesia iba pensaba: esta mujer no ha dicho, ya no tendré más tu presencia, tus sonrisas, tus miradas… ¡Qué amor más maduro el de esta madre: hecho para amar!
Otro ejemplo. Aquel joven se presentó nervioso. Llevaba tiempo pensando en casarse y venía a consultar con un sacerdote amigo. En un momento de la conversación se le escapo: “A veces dudo de si María me va a hacer feliz “… El sacerdote le interrumpió y le dijo.: “en mi opinión conviene esperar a que este amor madure y estés más seguro”. Al cabo de un tiempo se volvió a presentar el joven. Esta vez, en un momento de la conversación dijo: “No sé, si yo estoy a la altura de su amor, si seré capaz de hacer feliz a María” … El sacerdote sonrió y dijo: “me parece que ya es el momento oportuno; tu amor ha madurado”
Saber Dejarse querer de Dios:
Fui a bendecir la casa de un amigo. Al entrar vi a Quique, es el hijo autista de mi amigo. Le llamó: “Quique ven a saludar a Rafael” Quique seguía distraído, y su padre insistió más, entonces vino en crío y por unos segundos nuestras miradas se encontraron después siguió jugando en su rincón de juegos. Su padre me explico que la educación especial que recibe se centra en procurar que conecte con la realidad el máximo de tiempo que sea capaz. Al irme iba pensando: Señor, que no sea yo como un hijo autista tuyo; los santos se han curado porque son contemplativos itinerantes y a mi, Señor, ¡cuanto me cuesta darme cuenta de que estás conmigo! .
Otro ejemplo: Me decía aquel anciano,: “mire, de joven quería demostrar a Dios cuanto le quería y ahora he visto que lo importante es dejarle que me quiera… ¡Si yo le dejara…!” La santidad está más en eso: si yo le dejara quererme como el quiere, mi vida sería una respuesta de amor, porque el amor con amor se paga…
Otro ejemplo:La familia numerosa llegó y alquiló una barca para pasar el día. Al principio les costó salir adelante pues estaban desorganizados para remar, pero pronto se encauzaron hasta una playa cercana. A la tarde regresaron todo tostaditos por el sol y dejaron las barcas en su sitio. Entonces, uno que los vió comentó te has dado cuenta que sin saber remar, lo bien que les ha salido el día. El otro dijo: “Bueno, no es para tanto. A la mañana la marea estaba de bajada y los empotró prácticamente en la playa. Y por la tarde han entrado en la marea de subida cuyas corrientes les trajeron hasta el puerto. En el fondo no han hecho otra cosa que dejarse llevar por las mareas”. Así es nuestra vida, en fondo estamos inmersos en esta corriente de amor de Dios y es lo que realmente importa.
Si somos hijos de Dios, hemos de vivir en Cristo: Jesucristo es el Camino para ir al Padre: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14,6). Se nos pide la humildad de no querer inventarnos a nosotros mismos y ponernos en las manos de Jesús: conviene que Él crezca y que yo mengue (Jn 3, 30) y así viviendo la verdad con caridad, crezcamos en todo hacia aquél que es la cabeza, Cristo (Ef 4, 15).
Cfr. El relato del encuentro de Jesús con Zaqueo puede iluminar estas ideas
Acudamos a nuestra Madre:¡Cómo gusta a los hombres que les recuerden su parentesco con personajes de la literatura, de la política, de la milicia, de la Iglesia!…
-Canta ante la Virgen Inmaculada, recordándole: Dios te salve, María, hija de Dios Padre: Dios te salve, María, Madre de Dios Hijo: Dios te salve, María, Esposa de Dios Espíritu Santo… ¡Más que tú, sólo Dios! (Camino 496)
Para ahondar más en estas ideas podemos mirar en:
Cfr. El agradecimiento y
Dios Creador y Padre…

Dios es mi Creador: En el principio creo Dios el cielo y la tierra (Gn 1,1) En el principio existía el Verbo (…) Todo fue hecho por Él (Jn 1,1-3). En Él fueron creadas todas las cosas (Col 1,16).
Salía de una gasolinera de Zamora cuando aquel hombre me preguntó: “¿puede acercarme hasta Toro?” “Por supuesto” –le respondí-. Ya en el coche, al ver que yo era sacerdote me comentó que a él le daba pena cuando blasfemaba la gente en el bar. Aproveché la ocasión y le dije: “mire, un día tome un vaso vacío y dígale a uno de los que blasfeme: “¿ves este vaso lleno de vino?” Le responderá que está vacío. Entonces usted le sugiere que no, que si se sugestiona lo bastante, llegará a creer que el vaso está lleno de buen vino. Él se reirá de usted y le dirá si está mal de la cabeza o qué… En ese momento mírele a los ojos y dígale lentamente: “claro que está vacío; y por mucho que tu o yo nos sugestionemos, seguirá vacío, porque de la nada, nada sale… ¡Pero existen muchas cosas!” Y entonces, recorra con la mirada todo lo que ve y dígale: “Si no hubiera nada, nunca hubiera habido nada, porque de la nada, nada sale… Resulta evidente que Algo ha hecho todo lo que existe, y ese Algo ha de ser muy poderoso (recuérdele la grandeza del universo)… Y ese Algo ha de ser muy sabio (recuérdele las leyes científicas de la naturaleza)…Y si ha sido capaz de hacer personas como tú y como yo, es que Él mismo es un ser también personal, un Alguien, ¿comprendes?”. Ya llegamos a Toro y aquel hombre se despidió sonriente.
Nos ha creado a su imagen y semejanza para que amemos a la Trinidad y todo lo que ella ama..
La catequista enseñaba a los niños el tema de la Creación, y uno preguntó: ¿y Dios creo el mar? Si. Y otro preguntó: ¿Y los árboles? También. Y otro preguntó ¿Y los pájaros?… Entonces, paro y les dijo: Olvidaros de todo y vuelvo empezar. Dios estaba al principio y pensó en crear un ser que hablara con Él, que fuera capaz de ser amigo suyo y de amarle, y creo al hombre (y a los ángeles)… Y todo lo demás es el lugar donde le puso, el jardín, su casa ¿comprendéis ahora? Si. Y ya no hubo más preguntas.
Dios es la única razón del hombre.
Creados por un acto de Amor de Dios, esa es la razón de nuestro existir y nuestra vida ha de ser una respuesta de amor: Amor con amor se paga… Somos libre para dar esa respuesta de amor, nadie me puede obliga a amar, amamos porque nos da la gana, porque nos enamoramos y nos comprometemos a amar. Sí, nuestro ser fundante es un acto de Amor de Dios (derramado en el amor esponsal) y nuestra vida tiene su razón de ser como respuesta libre a ese acto de Amor de Dios… La vocación originaria del hombre es el Amor
Si el hombre no pone el centro de su existencia en Dios y en hacer su voluntad, no puede ser feliz. Esta realidad no admite componendas (cfr. Lc 16, 13)… En esencia, solo hay dos amores: el amor de uno mismo hasta el desprecio de Dios o el amor de Dios hasta el desprecio de uno mismo… Hacerse en la práctica el centro de todo o de casi todo: me apetece, no me apetece, me interesa no me interesa, quedo bien quedo mal… Esto además de ser la triste y pobre consecuencia de la visión del egoísta, es un grave error…:
- Porque estamos creados y somos imagen de Dios:
Un muchacho contempla durante varios años, colgado en una pared de su colegio, un cuadro del Mont-Blanc. Un día tiene la oportunidad de hacer una excursión a la famosa montaña. Al llegar a Chamonix, viendo aquella inmensa mole de nieve, exclama candorosamente: -”¡Qué bárbaro! ¡Cómo se parece al Mont-Blanc del póster del colegio!”… No es la montaña la que se parece al cuadro. El cuadro es el que se parece a la montaña. Dios es la realidad. Todo lo demás es imagen. Si ser realista es ver y contar con la realidad, cuando no sabemos descubrir a Dios en todo no estamos siendo realistas. En ese caso vivimos en un mundo ilusorio, irreal, falso. Sólo el conocimiento de Dios puede llevarnos a conocernos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea. Desconocer a Dios es la mayor ignorancia. ¿Me esfuerzo seriamente por conocer mejor a Dios? Cfr. H. Godin: Levadura en la masa.
- Porque salimos perdiendo: La relativa y pobre felicidad del egoísta, que se encierra en su torre de marfil, en su caparazón…, no es difícil conseguirla en este mundo. -Pero la felicidad del egoísta no es duradera. ¿Vas a perder, por esa caricatura del cielo, la Felicidad de la Gloria, que no tendrá fin? (Camino 29)
- Porque es equivocado hacer un planteamiento rastrero de su vida: No tengas espíritu pueblerino. -Agranda tu corazón, hasta que sea universal, “católico”. No vueles como un ave de corral, cuando puedes subir como las águilas. (Camino 7)
Cfr. La cría de águila
- Porque no descubriremos una gran verdad consoladora: que todo un Dios nos ama a cada uno y nos ha creado y redimido con un amor personal y único: Yo te he redimido y te he llamado por tu nombre: tú eres mío (Is 3,1)… Dios nos ha creado para amarle y servirle y gozar de Él en la eternidad y ya aquí, ahora. Así, toda nuestra existencia se convierte en un caminar hacia Dios…
Y ahora te pregunto: ¿Y tú? ¿Qué vas a hacer? Vas a seguir en esa actitud: Yo, yo, por que yo… y siempre yo… No ves que eso es descamino y desorientación: De que le sirve al hombre ganar el mundo entero si al final pierde su alma… Y no digo nada si encima caes en el resentimiento, en eso que podríamos llamar la maldición del escarabajo pelotero (porque como él, arrastras una carga de basura: lista de agravios y rencores, de éxitos fugaces y fracasos estrepitosos, de amigos y enemigos, etc… Siento decirte, que como sigas así, me parece que no vas a ser feliz: Cada vez estoy más persuadido: la felicidad del Cielo es para los que saben ser felices en la tierra. (Forja 1005). Sí, estamos hechos para Él: nos creaste Señor para Ti y nuestro corazón anda inquieto hasta que no descanse en Ti (San Agustín)… Por todo esto, tenemos que poner a Dios en el centro, como el Señor, de toda nuestra vida, en el primer lugar, porque también sería una equivocación tener a Dios en segundo plano, algo marginal de nuestra vida: Marta, Marta, te afanas en muchas cosas y sólo una es importante… ¿Buscas a Dios o te buscas a ti mismo? El egoísmo podría infiltrase en las cosas más nobles y santas: oración, amistad, trabajo, amor humano… Nuestra situación es la de criaturas que adoran y reconocen a su Dios: hemos venido a cumplir la voluntad de Dios: He aquí que vengo, como está escrito de mí al comienzo del libro, para hacer, oh Dios, tu voluntad”. (Heb 10,7) y a servir con alegría: el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir… (Mt 20,28)…
Se trata de dejar a Dios entrar hasta el fondo en tu vida…
Dios…, el dormitorio y la cartera
Si comparásemos la vida del hombre con una enorme vivienda, tendríamos que decir que hay, en ella, dos habitaciones que al hombre de nuestro siglo le cuesta un especial trabajo abrir para Dios: el dormitorio y la cartera. Me explicaré.
Permitir la entrada del Señor en la “capilla” es sencillo: nada más natural que darle posesión a Dios sobre nuestros momentos de oración -muchos o poco-.
Un poco más difícil es aceptar su entrada en el salón familiar, ese habitáculo enorme dominado por el televisor: se nos hace duro entregarle a Jesús el mando a distancia, y permitirle apagar la caja boba cuando está de sobra (es decir, casi siempre).
Invitarle al comedor, y darle permiso para que sazone nuestras comidas con la sal de la pequeña mortificación, a mí por lo menos me cuesta trabajo. Sin embargo, hasta allí le parece al hombre de nuestro siglo tolerable permitir la entrada de Dios.
Ahora bien, cuando se trata del dormitorio o de la cartera… ¡Eso es otra cosa! ¡Hasta ahí podíamos llegar!…
Hablaremos hoy de la cartera, ya que el Maestro nos ha advertido: Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras?… Dejar a Dios entrar en la cartera no es un asunto que se arregle colocando una estampita piadosa junto al compartimento de los billetes. Algunos la llevan esperando un “milagro multiplicador“.
Dejar a Dios entrar en la cartera no es, simplemente, depositar unas monedas (o unos billetes) en el cestillo de la misa dominical, y dar limosna a algunos pobres. Cuando nos limitamos a esto, estamos dándole a Dios “de lo nuestro“. Es decir: sacamos de la cartera y se lo damos a Dios; pero eso no es lo mismo que dejarle entrar.
Dejar a Dios entrar en la cartera no es pedirle a Santa Rita que nos toque la bonoloto. Eso es, más bien, “poner la cartera” y pedirle a Dios que eche.
Dejar a Dios entrar en la cartera, para ti, que eres padre o madre de familia, no es acudir al banco, vaciar tu cuenta corriente, y repartir todo el dinero entre los pobres. Eso es robar a tu familia y privarles del sustento.
Te diré lo que es dejar a Dios entrar en la cartera: Es saber que eres completamente pobre, y que no tienes ni un euro que sea tuyo. Es decirle a Dios: “Señor, todo este dinero es tuyo y Tú lo has puesto en mis manos para que lo administre. ¿En qué quieres que lo emplee?”. Después, escuchar atentamente la respuesta y no tergiversarla convirtiendo a Dios en administrador de “lo tuyo”. Es discernir la Voluntad de Dios: antes de cambiar de ordenador, antes de tirar a la basura la ropa del invierno pasado, antes de salir a cenar al restaurante más caro de la ciudad, antes de programar tus vacaciones, antes de cambiar de vivienda… Es abrir la billetera y parafrasear las palabras de María: “Hágase, (también con todo este dinero), según tu Palabra“. Si así lo haces, eres “de fiar“.
Fuente: este texto lo saqué hace años de aquí: http://www.archimadrid.es/espiritualidad.