El significado de la voluntad y del objetivo
A continuación quisiéramos hacer hincapié en dos aspectos importantes de la terapia de Jesús.
El primer aspecto llamativo es que Jesús pone en contacto al enfermo con su propia voluntad. Depende del enfermo en sí mismo sanar o no, si desea enterrarse en su autocompasión o si se pone de pie y transita su camino. Jesús le quita la ilusión al enfermo que desea endosarle la responsabilidad de su sanación, como si pudiera ser sanado sin su propia intervención. Durante mucho tiempo se. ha pasado por alto en la terapia la voluntad del paciente. Se ha hecho demasiada referencia a las heridas que lo enferman y perjudican su voluntad. Y se pensaba que el terapeuta debía tratar a su paciente en lugar de fortalecer en él su voluntad. Roberto Assagioli, el creador de la Psicosíntesis (†1974), adoptó una nueva visión del significado de la voluntad para la terapia. Para él, la voluntad es la capacidad esencial del individuo. Assagioli ha desarrollado métodos para enseñar la voluntad. Él está convencido de que toda persona tiene voluntad. Sólo debe aplicarla. Debe querer crecer, avanzar en su camino, trabajar en si mismo con paciencia y tenacidad.
También la terapia espiritual de Jesús se dirige conscientemente a la voluntad del individuo. Jesús atrae la fuerza que está dentro de cada uno. Él no deja a los enfermos con su pasividad sino que los motiva a levantarse por sí mismos y aventurar su propia vida. Y no mira hacia atrás sino hacia adelante. Si bien no debemos pasar por alto nuestro pasado, también debemos poder liberarnos de la presión de tener que averiguar y elaborar todos los secretos de nuestra historia de vida. Es decisivo que en todas nuestras heridas paternas y maternas optemos por la vida en lugar de girar siempre únicamente en torno a las lastimaduras del pasado.
Otro aspecto nos parece importante en la terapia espiritual de Jesús. Él muestra a las personas un objetivo para sus vidas. Él los invita a salir de las relaciones con los padres. No debemos ver nuestra misión más importante en clarificar la relación con nuestros padres sino en hallar nuestro propio sendero de vida. Debemos descubrir la tarea que nos fue encomendada. Se trata de reconocer nuestra misión. No debemos fijarnos a nuestra sanación sino reconocer la tarea que debemos llevar a cabo en este mundo. Entonces experimentaremos que nuestra vida tiene sentido. Esto responde a lo que la logoterapia ha puesto nuevamente en discusión en la actualidad. Victor E. Frankl, el creador de la logoterapia, hizo una y otra vez referencia a que muchas personas están enfermas en la actualidad porque no ven un sentido superior hacia el cual apuntar su mirada. El sentido que le damos a nuestra vida nos sana. Jesús abre nuestros ojos para poder ver allá de las relaciones concretas con los padres y dirigir la mirada hacia el objetivo propiamente dicho de nuestra vida.
En el sermón de la montaña Jesús nos invita a desprendernos de nuestras preocupaciones: “¿Qué habéis de comer o qué habéis de beber? ¿Qué habéis de vestir?” (Mt 7,31) No debemos por lo tanto, rompernos la cabeza permanentemente si hemos sido satisfechos en nuestra historia de vida o si hemos experimentado suficiente dedicación y ternura, si nos hemos quedado cortos, si tenemos una buena apariencia y respondemos a las expectativas de la gente. “Ya todo esto les importa a los paganos. A vosotros debe importarles en primer término su reino y su justicia; luego os será dado todo lo demás” (Mt 6,32 y sigs.). Únicamente si miramos más allá de nosotros hacia un objetivo superior que nos transciende, podremos tener una vida íntegra. “El reino de Dios” como objetivo de nuestra búsqueda significa que Dios reina en nosotros y no ya nuestros modelos de vida, no las voces de nuestros padres que hemos interiorizado en el super-yó. Si Dios reina dentro de nosotros, llegaremos a nuestro auténtico ser. El objetivo que debemos buscar en nuestra vida no consiste en una acción sino en un ser, en una misión. Dios nos envía a este mundo para que vivamos la imagen verdadera que Él se ha hecho de nosotros. De este modo, Dios se hace visible en este mundo a través de nosotros.