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La mujer con el flujo de sangre continuo

con un comentario

Entre la petición del padre y la sanación de su hi­ja, Marcos intercala la curación de la mujer con el flujo de sangre continuo, (…) sería posible ver en la mujer con el flujo de sangre continuo una imagen de cómo la niña que padece de la herida paterna, se comporta como mu­jer adulta. ¿Cómo se manifiesta la herida paterna de una hija cuando una vez que llega a la adultez, se casa y tiene hijos? ¿Cómo se muestra esta heri­da en su profesión, en su trato con hombres, en su relación con su cuerpo?

Una mujer que padece de una herida paterna an­sía ser finalmente vista por el padre, finalmente ob­tener una palabra de confirmación y de amor de él. Con el objeto de lograr dedicación del padre, ella se entrega toda. Brinda todo lo que tiene, su fuerza vi­tal y su amor. La sangre representa la vida y su amor. El amor de la mujer se debilita cada vez más cuanto más entrega de ella. Ella es como la hija complaciente que desea despertar la atención de su padre. Pero cuanto más entrega, tanto menos recibe. Cierto refrán dice: “Quien mucho da, mucho necesi­ta”. Esto se aplica para muchas personas que traba­jan en profesiones sociales. Ellos se entregan a los demás no por altruismo sino porque ellas mismas necesitan dedicación y amor. Pero también se aplica para muchas esposas que hacen todo por su marido para lograr su atención.

Pero la mujer no entrega únicamente su sangre sino también sus bienes. Ella quisiera adquirir el amor a cambio de dinero y obsequios. Pero por “bie­nes” se entiende también sus aptitudes, su capacidad de servicio. Ella les da sus bienes a los médicos pa­ra que se ocupen de ella. Tiene por lo tanto la sensa­ción de que sólo se le presta atención cuando da al­go, cuando realiza algo. Existen muchas mujeres que ya de niñas debieron comprar su dedicación a través de un servicio. Ellas se sobreexigen haciendo todo por la familia, por la empresa, por la comuni­dad religiosa. Pero no reciben la confirmación que tanto anhelan. Tanto más entregan de sí, tanto peor les va. Finalmente se encuentran totalmente vacías, se sienten estafadas en su vida. Entregaron todo y no recibieron nada a cambio.

El primer paso de la curación consiste en que la mujer deje de entregar su sangre y sus bienes.

Ella ya no da, ella recibe algo. Simplemente toma el ex­tremo de la túnica de Jesús. Todavía lo hace a escon­didas, ya que su modelo de vida de entrega la ha marcado tanto que apenas se anima a tomar algo. Pero al tomar sencillamente el amor de. Jesús, cesa su flujo de sangre.

Si dejamos de entregarnos, si tomamos el amor que se nos ofrece, también se detendrá nuestro ca­mino hacia la debilidad cada vez mayor y el vacío. Sólo necesitamos abrir los ojos. Muchas personas nos ofrecen amor y dedicación. Sólo debemos to­marlo. Debemos tomar el amor que nos obsequian nuestros padres. Cada uno de nosotros debería to­mar del extremo de la vestidura de su padre o su ma­dre. No existen padres que no brinden nada a sus hi­jos. También cuando el dar de nuestros padres sea limitado, todos hemos tomado algo. Y sólo porque hemos tomado, podemos dar.

Algunas personas han adoptado el modelo de vi­da de entrega y de darse todo en su relación con Dios. Ellas consideran que deben ganarse el amor de Dios cumpliendo todos los deberes religiosos o sa­crificándose en lo posible por la gente. Pero no ne­cesitamos adquirir el amor de Dios a través de un servicio. Dios nos ofrece su amor. En las personas, en la belleza de la creación, en las pequeñas cosas de todos los días podemos experimentar el amor de Dios, si simplemente lo tomamos. Entonces se de­tendría el flujo de la entrega. Nos sentiríamos mejor, podríamos disfrutar el momento sin preguntarnos qué debemos hacer todavía o cómo nos hemos me­recido la belleza de este encuentro. Existen hombres y mujeres religiosos que sienten remordimientos cuando se sientan durante una hora en el banco y se dejan iluminar por el sol. Ellos consideran que en realidad deberían visitar a algún enfermo o rezar un rosario o realizar alguna otra actividad espiritual, ol­vidan y pasan por alto a causa de esta presión la be­lleza de la vida querida por Dios.

El segundo paso de la curación consiste en que la mujer se anime a decir toda su verdad.

Ella puede enfrentarse a sí misma y a su enfermedad. Segura­mente no es fácil para esta mujer relatar acerca de su enfermedad y su sanación en medio de tantos hom­bres, que debido a su flujo de sangre se convirtieron en impuros según las concepciones judías. Por lo tanto tiembla de miedo. Pero evidentemente la irra­diación de Jesús le brinda la confianza y el valor de reconocer también abiertamente su verdad. A ella le habría agradado que su sanación se produjera en secreto. En ese caso no habría tenido que contar a na­die de su enfermedad. Habría podido retornar sana a su casa sin enfrentar la verdad de su vida. Pero en ese caso sólo se habría curado su síntoma pero no su alma. No podemos esperar sanar nuestras heridas paternas si no nos confrontamos a la verdad comple­ta de nuestras heridas. Y no es suficiente si admiti­mos esta verdad únicamente en el silencio de nues­tro corazón, debemos exteriorizarla. No obstante, necesitamos para ello un ámbito de protección. Ne­cesitamos confianza hacia una persona que nos en­frente plena de fuerza y amor de modo similar a Je­sús. En la cercanía de tales personas podemos exteriorizar toda la verdad. Y entonces sentimos que somos totalmente aceptados, que no existe nada en nosotros que no deba ser. Todo puede ser. Todo en nosotros es bueno.

Jesús expresa el secreto de la sanación a través de la aceptación de la mujer con flujo continuo de sangre del siguiente modo: “Hija, tu fe te ha salva­do; ve en paz, y queda sana de tu enfermedad” (Mc 5,34). Aquí se hacen visibles cuatro aspectos de la sanación: Jesús se dirige a la mujer como “hija“. Es­tablece una relación especial con ella, una relación familiar. Jesús no trata a la mujer como a una pa­ciente sino que se relaciona con ella porque la apre­cia. Jesús se convierte para ella en una persona pa­ternal que le presta atención y le informa sobre su fuerza. La experiencia de un padre sustituto que no utiliza a la mujer sino que le da participación en su sana paternidad, puede sanar la herida paterna. En­tre Jesús y la mujer nace una relación de confianza.

Ambos se aprecian mutuamente. Ambos se admiten. Ambos se encuentran mutuamente en libertad. Jesús confirma la fe de la mujer. No es Jesús quien sanó a la mujer sino que su propia fe la ha sal­vado. Con la fe de la mujer, Jesús apela al propio re­curso sano que la mujer tiene dentro de sí. Ella tie­ne dentro de sí un sano anhelo de sanación, un sano egoísmo al que no renuncia, una sana obstinación con la cual lucha por ella. Como tercera palabra Je­sús le promete paz a la mujer. El término hebreo schalom no sólo significa “paz” sino también “ple­nitud de la vida, armonía, bienestar”. Schalom indi­ca el estado del mundo o de una persona tal como debe ser. Jesús lo confirma con este deseo: “Está bien tal como eres. Es bueno que existas. Anda tu camino. Tienes fuerza suficiente dentro de ti. Vive tu vida en armonía con tu voz interior”. La última afirmación se refiere a la salud. La mujer está ahora sana, íntegra, y está libre del fantasma de la enfer­medad. La herida paterna ya no la determina. Aún existe como cicatriz pero la mujer ya no padece por ella. Puede observarla, recordar el pasado a través de ella pero también reconocer en ella el afecto que experimentó de Jesús. La herida se convierte en símbolo de la transformación interior. La mujer está ahora en paz consigo misma. Ha experimentado el amor que tanto anheló, por el cual brindó todo de sí. Ahora ya no necesita dar todo de sí, es amada sin condicionamientos. Jesús la adoptó como hija. Le ha obsequiado la dedicación que tanto anheló. Aho­ra ya no está determinada por su necesidad de dedi­cación sino que puede vivir su propia vida.

Cfr. Sanación del alma

Escrito por rsanzcarrera

Abril 12, 2008 a 10:39 am

Escrito en sanacion del alma

Una respuesta

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  1. en consideración al pasaje biblico que relata la sanidad de una mujer que padecia de flujo de sangre por doce años me gustaría saber que enfermedad causa en la mujer un flujo de sangre por tan largo período de años y si el cuerpo humano está capacitado para soportar una perdida constante de sangre durante tan largo periodo de tiempo?, le pido me entienda, no estoy poniendo en duda la autenticidad del milagro, solo me causa extrañesa el período de tiempo que la biblia indica…gracias

    patricia

    Abril 14, 2008 a 4:22 pm


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