Archivo para Abril 29th, 2008
Liberación de la simbiosis con la madre
Vivir en simbiosis resulta a la larga perjudicial tanto para la madre como para el hijo. En la mayoría de los casos de curación de los vínculos maternos se experimentan como una vivencia de muerte y desprendimiento interno, espiritual. El hijo, en cierto sentido, siente que muere a su antiguo rol y se despide de su identidad “como hijo único de su madre“. Este proceso de desprendimiento es doloroso, porque el hijo siente como si le faltase ese fundamento sobre el cual había vivido hasta ahora. Se debe desprender espiritualmente del nido en el cual estaba tan confortablemente instalado. Y siempre existe el riesgo de echarse atrás, cuando ven a la madre reaccionar de manera cariñosa y comprensiva, la tentación de retornar nuevamente al nido es fuerte. O no terminan de decidirse, quisieran partir pero no aún, no se animan y lo van dejando. Tienen quizás miedo a una caída fuera del nido que sea demasiado dolorosa y que no puedan soportarla en la dura realidad de la vida.
Pero no sólo el hijo siente dolor y temor de liberarse de la simbiosis con la madre. Es posible que la madre también reaccione intentando retenerlo en su rol a través del llanto. Es posible que inadvertidamente le transmita al hijo sentimientos de culpa: serás la causa de mi tristeza si te separas de mi. Con frecuencia el hijo cede, pues no soporta ver llorar a su madre, pero entonces vuelve a caer en su antiguo rol.
Esta decisión dolorosa es personal por parte del hijo, pues no existe ningún otro camino para curar una relación materna mal enfocada. Inclusive una vez fallecida la madre, algunos hombres continúan siendo hijitos de mamá. En primer lugar deben distanciarse de su madre para acercarse luego a las raíces positivas que su madre también les ha transmitido. Tales hijitos de mamá tienen dificultades para dominar los conflictos objetivamente y luchar contra ellos. Tienen miedo frente a hombres fuertes y ellos mismos se empequeñecen. O buscan madres sustitutas. Alguno puede quedar absorbido por esas madres sustitutas y en algún momento se sentirá agotado y extenuado; pensará que trabaja demasiado, y que la gente espera demasiado de él. Pero en realidad es él mismo quien se pone en esta situación. Cualquier grupo puede tener expectativas, a1 igual que la madre tiene su derecho a exteriorizar sus expectativas, pero siempre será mi decisión responder o no a esas expectativas.
Un ejemplo, la relación poco clara con la madre afecta también la relación espiritual con Dios. El afectado se siente como absorbido por Dios. No puede resistirse a Él porque de Él parten expectativas ilimitadas. La sensación es entonces: siento remordimientos si digo que no. Quizás sea la voluntad de Dios que yo continúe meditando, que me dedique más a los pobres, que haga más por la gente que necesita mi ayuda, que me comprometa más con la comunidad, etc…
Suponiendo que advierta que mi relación con Dios no es saludable porque aún estoy ligado a mi madre ¿qué se debe hacer? En principio advertir esto, no debe conducir a que abandone mi espiritualidad. Por el contrario, lo que se debe hacer es transformar mi espiritualidad. Por esta razón, la curación de la relación con la madre es un requisito para una sana espiritualidad y una relación con Dios que sane y libere. Jesús ha liberado nuestra imagen de Dios del vínculo materno. Él nos anuncia el Dios que nos da la vida, que nos libera, que nos envía a nuestro propio camino. Es el Dios que nos conduce hacia fuera de la dependencia y nos ordena andar el camino de la libertad.
Cfr. La sanación del Alma