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Archivo para Mayo 13th, 2008

Vida oculta del Señor

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NACIÓ Y VIVIÓ POBRE

Jesucristo quiere nacer y vivir en pobreza y nos enseña así cuál debe ser nuestra actitud ante los bienes materiales. Nos muestra el camino de la plenitud interior: tener el corazón lleno de Dios, encendido de amor y así no necesitaremos arroparnos con cosas, así daremos a los bienes terrenos el valor relativo que tienen… Su ejemplo y enseñanza durante toda su vida es ese: Las zorras tienen sus guaridas y los pájaros del cielo sus nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar su cabeza. (Mt 8,20).

Pero no aparece pordiosero. Lleva una túnica buena, sin costura; sabe comportarse socialmente con distinción e incluso hace notar que no se han tenido con Él los detalles habituales de delicadeza. Así nos enseña que lo decisivo es el DESPRENDIMIENTO: porque donde está tu tesoro allí estará tu corazón... No consiste la verdadera pobreza en no tener, sino en estar desprendido: en renunciar voluntariamente al dominio sobre las cosas. -Por eso hay pobres que realmente son ricos. Y al revés. (Camino, Pobreza, 632).

Es bueno el esfuerzo por mejorar de posición pero con desprendimiento personal, con la mirada puesta en Dios, sin dejar que el corazón se apegue a las cosas de la tierra y pierda fuerza en su caminar hacia la eternidad: No amontonéis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los corroen y donde los ladrones socavan y los roban. Amontonad en cambio tesoros en el Cielo, donde ni polilla ni herrumbre corroen, y donde los ladrones no socavan ni roban (Mt 6, 19-20)… Haceos bolsas que no envejecen, un tesoro que no se agota en el Cielo, donde el ladrón no llega ni corroe la polilla. (Lc 12,33)… Porque dices: Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad, y no sabes que eres un desdichado y miserable, pobre, ciego y desnudo. Te aconsejo que compres de mí, oro acrisolado por el fuego para que te enriquezcas, túnicas blancas para que te vistas y no aparezca la vergüenza de tu desnudez, y colirio con que ungir tus ojos para que veas. (Ap 3,17-18)

Señales claras de desprendimiento, de pobreza de espíritu, son:

- ganarse la vida con el propio trabajo, trabajar (estudiar) con el sentido de responsabilidad de un padre de familia numerosa y pobre

- ir mortificando nuestra comodidad, no crearnos necesidades: No lo olvides: aquel tiene más que necesita menos. -No te crees necesidades. (Camino, Pobreza, 630)

- Ofrecer a Dios con alegría la privación cuando nos falte algo necesario o conveniente

- En verdad os digo: difícilmente entrará un rico en el Reino de los Cielos. (Mt 19)… Este rico no es tanto el que tiene cuanto el que quiere tener, aquel cuyo corazón está puesto en los bienes materiales, gozándolos o ambicionándolos.

- Ser poco complacientes con nosotros mismos y más bien espléndidos con los demás.

- Sin ser mezquinos saber cuidar y aprovechar las cosas que tenemos para que duren y no se gasten inútilmente. Lo que a mi me sobra a otros les falta.

- El ejercicio de la virtud de la justicia y de la caridad: las zapatillas de 60 $ y los gitanillos

- Cfr. Entre árboles y películas de cine

SANTIFICACIÓN DE LA VIDA ORDINARIA

La mayor parte de la vida del Señor (30 años) es una vida ordinaria, corriente, sin nada que llame la atención, la gente le conoce por el artesano, el hijo del artesano. Buen ejemplo para nosotros porque como le decía un cable a otro: lo que nos pasa a nosotros es corriente

San Lucas resume en pocas palabras esa vida oculta: Cuando cumplieron todas las cosas mandadas en la Ley del Señor regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba en él. (Lc 2,39-40):

Cuando cumplieron todas las cosas mandadas en la Ley…

Cumplimiento de todos los deberes, los ordinarios de cada día. El pequeño deber de cada momento -el estudio o trabajo, la vida familiar y social- es un camino vulgar en apariencia, que debe hacerse divino por el Amor. Ahí nos ha puesto Dios, y quiere que nos santifiquemos en esa situación concreta: ¿Quieres de verdad ser santo? -Cumple el pequeño deber de cada momento: haz lo que debes y está en lo que haces.(Camino, Cosas pequeñas, 815)… Porque fuiste “in pauca fidelis” -fiel en lo poco-, entra en el gozo de tu Señor. -Son palabras de Cristo. -”In pauca fidelis!…” -¿Desdeñarás ahora las cosas pequeñas si se promete la gloria a quienes las guardan? (Camino, Cosas pequeñas, 819). Sin dejarnos llevar por una mística ojalatera allí donde estamos es donde el Señor quiere nuestra santidad.

Esta doctrina de la Sagrada Escritura, que se encuentra -como sabéis- en el núcleo mismo del espíritu del Opus Dei, os ha de llevar a realizar vuestro trabajo con perfección, a amar a Dios y a los hombres al poner amor en las cosas pequeñas de vuestra jornada habitual, descubriendo ese “algo divino” que en los detalles se encierra. ¡Qué bien cuadran aquí aquellos versos del poeta de Castilla!: “Despacito, y buena letra: / el hacer las cosas bien / importa más que el hacerlas” (6). Os aseguro, hijos míos, que cuando un cristiano desempeña con amor lo más intrascendente de las acciones diarias, aquello rebosa de la trascendencia de Dios. Por eso os he repetido, con un repetido martilleo, que la vocación cristiana consiste en hacer endecasílabos de la prosa de cada día. En la línea del horizonte, hijos míos, parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria…

Vivir santamente la vida ordinaria, acabo de deciros. Y con esas palabras me refiero a todo el programa de vuestro quehacer cristiano. Dejaos, pues, de sueños, de falsos idealismos, de fantasías, de eso que suelo llamar “mística ojalatera” -¡ojalá no me hubiera casado, ojalá no tuviera esta profesión, ojalá tuviera más salud, ojalá fuera joven, ojalá fuera viejo!…-, y ateneos, en cambio, sobriamente, a la realidad más material e inmediata, que es donde está el Señor: “mirad mis manos y mis pies”, dijo Jesús resucitado: “soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo”. (Conversaciones, Amar al mundo apasionadamente, 116)

El mismo San Lucas nos dice un poco más adelante: Y bajó con ellos, y vino a Nazaret, y les estaba sujeto. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres. (LUCAS, 2, 51-52)

Y les estaba sujeto… Para dejarse formar por quienes tienen más conocimiento y experiencia… Empezando por nuestros padres: darles muchas alegrías, quererlos de verdad, porque lo merecen… dulcísimo precepto del decálogo… amor natural a los padres fundamentado en motivos sobrenaturales. No dramatizar, ni representar el papel de incomprendidos o de víctimas; comprenderles a ellos y sus posibles defectos.

Sencillez en el trato con los demás: Deja ese “aire de suficiencia” que aísla de la tuya a las almas que se te acercan. -Escucha. Y habla con sencillez: sólo así crecerá en extensión y fecundidad tu trabajo de apóstol (Camino, El apóstol, 958)

Saber rectificar cuando nos equivocamos.

Confianza y unión con el desp: saber mostrarnos como somos, y procurar seguir sus consejos…

Cfr. Para servir, servir

Y Jesús crecía… crecía día a día, sin detenerse… fortaleza para perseverar: sin prisa sin pausa:

en sabiduría… sabiduría y formación lo primero, cómo dar luz si no la tienes, cómo dar agua si estás seco… Poner los medios para adquirir la formación doctrinal y la profesional

en edad… adquirir madurez: No caigas en esa enfermedad del carácter que tiene por síntomas la falta de fijeza para todo, la ligereza en el obrar y en el decir, el atolondramiento…: la frivolidad, en una palabra.
Y la frivolidad -no lo olvides- que te hace tener esos planes de cada día tan vacíos (“tan llenos de vacío”), si no reaccionas a tiempo -no mañana: ¡ahora!-, hará de tu vida un pelele muerto e inútil.
(Camino, Carácter, 17)

y en gracia… ahondar en la vida interior …delante de Dios y de los hombres.

Acudir a María que es Nuestra Madre; Ella nos enseña con su ejemplo y nos obtendrá de su Hijo gracia abundante para saber encontrar y amar a Dios en nuestra vida ordinaria.

Escrito por rsanzcarrera

Mayo 13, 2008 a 9:23 pm

Escrito en curso de retiro

Para servir, servir

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San Pablo nos pide hoy: ofreceos a Dios como hombres que de la muerte han vuelto a la vida, y poned a su servicio vuestros miembros, como instrumentos para la justicia” A san Pablo le gustaba considerarse el “administrador de los misterios de Dios” (1 Cor 4, 1) y le vemos hoy pidiéndonos esa actitud de servicio al Amor de Dios, que es como el mismo entendía su propia vida. Y no por casualidad, Jesús en el Evangelio de hoy define al buen discípulo como el “administrador fiel y solícito. Fiel a su amo y servicial con los demás.

Debemos tener en cuenta que en la época del Señor las palabras “ministro” y “administrador” hacían referencia al personal de servicio, y en particular al servicio de la mesa. Pablo se siente para las cosas de Dios como un sirviente, como destinado para servir a los demás. Servir los “platos” (los misterios) que Dios ha preparado amorosamente y ha puesto en una bandeja, la bandeja de su vida, y una vez depositados allí, él, Pablo, los sirva a los demás.

Quisiera yo ser como Pablo y como aquella madre: sentir que mi vida, mi tiempo, mis planes no son míos, sino de Dios, y que mi vida Le sirviera de bandeja (bandeja sucia de mi torpeza) en este banquete estupendo de la vida… Y cuando me pidan algo que cambia mi plan… ¿Qué importa, si está dentro del menú que Él ha dispuesto? Y si me piden un poco más… Que sepa dar hasta que rebose… ¿Qué más da, si estoy dando de lo Suyo y Él asiente con una sonrisa? Y, si al final algún despistado piensa que soy yo, y me quiere dar propina… ¡Señor, que sea humilde! ¡Que sepa dar como Pablo y como aquella madre: sin esperar nada!

Esta forma de vivir, de servir, influye mucho en el ambiente familiar, y en el trabajo y en la vida social… A vosotros padres, que se que leéis estas páginas os copio esta poesía que una madre me leyó emocionada hace unos días. La poesía fue leída en el 50 aniversario de su matrimonio por uno de sus hijos, y dice así: Para los padres: Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo. Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño. Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida. Sin embargo… en cada vuelo, en cada vida, en cada sueño, perdurará siempre la huella del camino enseñado” (B. Teresa de Calcuta).

Escrito por rsanzcarrera

Mayo 13, 2008 a 9:22 pm

Entre árboles y películas de cine

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Recientemente, he estado viendo la película “El hombre que hacía milagros” (“The Miracle Maker”), una vida de Cristo escenificada con muñecos y realizada por la productora del asombroso Mel Gibson. En una de sus escenas, Jesús, al poco tiempo del comienzo de su vida pública, visita a sus amigos Lázaro, Marta, y María. Uno de quienes allí estaban (no recuerdo si era el propio Lázaro) extrañado por la nueva vida de Jesús y por su creciente popularidad, deja escapar la siguiente frase: “pero, Jesús, ¡si la última vez que estuviste aquí fue para arreglar una puerta!“… El detalle me dejó pensativo; había leído muchas veces que Nuestro Señor era conocido como “el hijo del artesano“, pero nunca había caído en la cuenta de que muchos de aquellos hombres estaban acostumbrados a verle “vestido de faena” y trabajando para ellos, quizá de casa en casa, como aprendiz de José, durante casi treinta años.

Sabemos:

- que aquellos años de vida oculta fueron tan redentores como las tres horas que pasó Jesús colgado de la Cruz, y que debemos la gracia de Dios y la filiación divina, sin distinción de ninguna clase, tanto a la sangre que brotó de las llagas como a los golpes de martillo empapados en sudor. No en vano se ha llamado a la Pasión de Cristo “trabajo”.

- Y, si durante aquellas tres horas que duró el tormento de la Cruz, contemplamos con veneración a María uniéndose al sacrificio de su Hijo, durante los años en que fuimos redimidos a golpe de martillo es José quien está “al pie de la Cruz“.

- Sé que su papel en la Redención no es equiparable al puesto excepcional ocupado por la Santísima Virgen, a quien veneramos como Corredentora y Madre de Dios, pero también la misión del Santo Patriarca es de una singularidad maravillosa: él enseñó al Creador a trabajar, y, haciéndolo así, diremos que enseñó al Redentor a redimir (por medio del trabajo, de carpintero, en su caso).

- Son misterios admirables que nunca llegaremos a entender del todo: por su Encarnación, el Hijo de Dios se hizo un necesitado, y quien tiene la llave de la Ciencia quiso ser enseñado por un hombre, José.

Vuelvo al cine:

- en la maravillosa versión que de la obra de Shakespeare “Enrique V” nos regaló Keneth Brannagh, el monarca, acampado al raso con sus tropas como uno más, recorre por la noche las tiendas de sus hombres. Encontrando a un soldado anciano, se admira de su entrega y le dice: “tú no deberías estar aquí, durmiendo en un saco. Tú deberías estar caliente en tu casa, durmiendo sobre un colchón”. El anciano, lleno de orgullo, le responde: “Lo sé, pero sólo ahora puedo decir que duermo como un rey”.

- Viene a cuento. Si el Hijo de Dios nos redimió trabajando, tú y yo, cada día, trabajamos y redimimos el mundo “como un Dios”.

- Sí; gracias a José, podemos decir que tenemos un Dios que trabaja; un Dios que nos redimió, por igual, modelando la madera durante treinta años y clavado a ella, ofrecido por nosotros, durante tres horas.

¡Qué misterioso y fascinante, este Dios encaprichado con el árbol!

Fuente:Cfr: www.archimadrid.es/espiritualidad

Escrito por rsanzcarrera

Mayo 13, 2008 a 9:10 pm

Escrito en curso de retiro