¿Cómo se ha de acrecar los hijos a Dios?

Una vez resuelto el problema de cuándo comenzar, y considerado brevemente el qué queremos trasmitir, ahora consideraremos el cómo: el mejor modo de encauzar la preocupación de los padres que quieren formar en la piedad a sus hijos, de forma que el aprendizaje consiga enraizarse hondamente en la inteligencia, en la voluntad, en la memoria del niño. Empecemos:
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Paso a paso, paulatinamente, con alegría y serenidad
Lo primero que conviene es tener presente los tiempos normales de crecimiento intelectual y afectivo del niño. No sería ni lógico ni siquiera sensato, pretender que los niños vivan todas las prácticas de piedad, todas las formas de dirigirse a Dios, de oración, que resultan normales para sus padres.
Como preámbulo general vamos a recordar ahora a los padres una serie de maneras de actuar que vale la pena tener muy en cuenta en esta misión de transmitir la fe, de abrir la mente a la enseñanza religiosa, y muy especialmente, en la invitación a la oración. Lógicamente se aplicarán de manera distinta según las edades y las etapas de la vida. En la tarea de introducir a los hijos en la oración es muy oportuno actuar:
- Siempre, cuidando estas tres primeras, que podríamos llamar los tres SÍ.
- Y Nunca, lo que podríamos denominar los tres NOS: