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El Génesis en términos de la ciencia moderna

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Este post es continuación del artículo: Astronomía y Creación, del P. Manuel Carreira, s.j.

EL GÉNESIS EN TÉRMINOS DE LA CIENCIA  MODERNA

El deseo de saber dónde estamos, de dónde venimos, a dónde vamos es parte de nuestra búsqueda incesante de Verdad. En esta serie de preguntas puede darse también una concatenación lógica y temporal, que del presente inquiere acerca de una explicación antecedente, de un estadio siempre previo y más remoto, en una aparente serie interminable de causas cada vez más lejanas en el tiempo. Y como tal proceso es inconcebible lógicamente como infinito, finalmente tenemos que preguntar por un origen antes del cual no hay “antes”, con la aparente paradoja de decir que el tiempo mismo necesita haber tenido un comienzo.

En las filosofías y mitologías de todos los pueblos cuyas concepciones cosmológico-teológicas conocemos, se evita el proceso sin fin, de causas y estados previos, apelando a un elemento básico, eterno y existente por sí mismo, que es de orden material. Es la Tierra, en un sentido amplio -que suele abrazar también a los astros visibles a simple vista- la que sirve de raíz de la que brotan incluso los dioses, frecuentemente personificaciones de astros o elementos básicos como el océano, el cielo, el fuego, el viento. Tales divinidades son originalmente víctimas de rivalidades en cuyos términos se explican diversas estructuras posteriores, hasta llegar al nivel de la vida humana.

Aunque luego se hable de dioses inmortales (por ejemplo, en el Olimpo griego) las divinidades siguen siendo capaces de ignorancia, dolor, fracaso, imposiciones más o menos arbitrarias de dioses más poderosos. Son más “superhombres” que dioses en un sentido verdaderamente trascendente, e incluso son sujetos de vicios y maldades consideradas intolerables en la sociedad humana. Su poder es también limitado en el sentido básico de tener que usar algún tipo de “materia prima” para estructurarla en formas adecuadas para sus fines.  No se habla de “creación” en el sentido filosófico de “paso de nada a algo” que exige una Omnipotencia sin límite alguno. La propia subsistencia de los dioses requiere un aporte constante de alimento, sea en forma de sacrificios ofrecidos por sus adoradores o en algún tipo de manjar desconocido.

Es en este entorno cultural donde el pueblo judío presenta un modo único de entender a la divinidad, no identificada con nada visible, libre de límites espacio-temporales, inmutable, omnipotente, de infinita sabiduría, santidad, justicia y generosidad altruista. Y estos atributos se plasman en un relato poético, con elementos comunes con las cosmogonías de pueblos circundantes, pero libre de todo materialismo o condicionamiento sugerido por la condición humana. Es en el relato del Génesis donde se enseña –en una parábola implícita- que Dios es Padre, que Él es la razón suficiente de existencia de todo cuanto hay fuera de Él, y que la creación es obra de su inteligencia y su Amor.

Es un mensaje radicalmente nuevo, que se expresa en términos adecuados para una sociedad pre-científica, pero que mantiene su valor en nuestra época espacial. No para darnos respuestas a preguntas de Astronomía o Biología en un “concordismo” superficial,, sino para subrayar el orden, la armonía y la inteligibilidad de cuanto existe, condiciones básicas que hacen posible la misma ciencia de que hoy nos enorgullecemos. Y es precisamente esta ciencia la que nos permite re-expresar el Génesis con mayor riqueza de detalles que nos llevan a admirar al Creador conociendo más a fondo su obra.

Con las palabras de Juan Pablo II en una carta dirigida al Director del Observatorio Vaticano: “Si las cosmologías del antiguo cercano Oriente pudieron ser purificadas y asimiladas en los primeros capítulos del Génesis, ¿podría la cosmología contemporánea tener algo que ofrecer a nuestras ideas sobre la creación?” (1 de Junio de 1988). Creo que la respuesta es muy claramente positiva: es la cosmología más moderna la que pone de relieve la grandeza maravillosa de la obra del Creador. Aunque implique en algún momento repetir lo ya expuesto en la introducción, el subrayar tales modos de pensar y los datos en que se apoyan será útil para apreciar el relato bíblico.

Dada la extensión de este artículo lo vamos a dividir del siguiente modo:

Escrito por rsanzcarrera

Octubre 24, 2009 a 11:33 am

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