El Universo y el Hombre
Este post es continuación del artículo: Astronomía y Creación, del P. Manuel Carreira, s.j.
El Universo y el Hombre
Es ahora necesario analizar lo que es peculiar del ser humano, definido como Animal Racional: debemos buscar la razón suficiente del pensamiento abstracto (que permite hacer Ciencia) y de la actividad libre (base de la persona como sujeto de derechos y deberes). Y todo intento de explicar tal actividad fracasa si solamente hablamos de las cuatro fuerzas que definen a la materia, como ya queda indicado. Por tanto es lógicamente inevitable el aceptar una causa no-material, el espíritu humano, que no puede provenir de la materia por ningún tipo de reacción físico-química ni por evolución genética, siempre limitada a variaciones de estructuras materiales. El doble nivel innegable de funciones biológicas y racionales exige así una doble razón suficiente –materia y espíritu- sin que ello implique un dualismo de unión accidental y pasajera, sino más bien una misteriosa integración de ambos elementos en un YO que es el único sujeto de todas esas operaciones. Y si esto no es totalmente comprensible, no debe sorprendernos, pues ni la materia misma es totalmente comprensible en la descripción que de ella hace la Ciencia con su doble base de Relatividad General y Mecánica Cuántica, conceptualmente incompatibles aunque comprobadas ambas en múltiples experimentos y observaciones.
La realidad humana permite aceptar que el Universo no es finalmente absurdo aunque la Ciencia nos asegure que su evolución futura llevará irremediablemente a la destrucción de todas sus estructuras: se apagarán las estrellas, la vida orgánica será imposible, y el estado final será de vacío, oscuridad y frío. Sin otro porvenir que el que desaparezcan todas las partículas en una energía diluida que irá aproximándose más y más al cero absoluto de temperatura, el científico materialista tiene que confesar que “cuanto más conocemos el Universo, más absurdo parece” (Weinberg). Ni se evita tal conclusión con los esfuerzos anti-científicos de postular un reciclaje sin base alguna en los datos experimentales: repetir un absurdo no lo justifica, sino que lo subraya.
Solamente la dignidad del hombre como ser dotado de espíritu permite salvar a la materia de la futilidad, como dice S. Pablo. Lo que no es materia no tiene que perecer aunque se cumplan las leyes de la Termodinámica y se prevea ese estado final de máxima entropía. El Universo ha cumplido su cometido haciendo posible nuestra existencia, que es la única razón suficiente de que un Creador le haya dado el ser: un agente inteligente y libre –personal- solamente encontrará una razón de crear en la posibilidad de tener relaciones personales con otros seres también inteligentes y libres, como “imágenes y semejanzas” del Creador según las palabras del Génesis, destinados a participar de su modo de existir sin límite alguno espacio-temporal.