es_tu_dia

Just another WordPress.com weblog

Límites de la Ciencia

dejar un comentario »

Este post es continuación del artículo: Astronomía y Creación, del P. Manuel Carreira, s.j.

Los límites de la Ciencia:

Finalmente, conocida ya la metodología científica y su campo de aplicación, nos damos cuenta de sus limitaciones esenciales. La Ciencia no puede hablar de lo que no puede medir ni experimentar. No puede decir nada del juicio ético de una acción, ni del valor literario de una poesía, ni de la calidad artística de un cuadro. Todo lo que pertenece a las “Humanidades” –y esto abraza la mayor parte de la actividad humana- queda fuera del ámbito científico. Ni siquiera puede detectarse el contenido de información de un pensamiento, aun sobre la misma ciencia, y la actividad eléctrica de las neuronas no permite saber si lo que estamos pensando es banal, correcto o pura ilusión. Decir lo contrario sería tan absurdo como decir que los voltajes en los transistores de una televisión me indicarán si el programa es interesante o aburrido. Ningún experimento puede medir mi aprecio de una puesta de sol o de una flor, ni explicar por qué se dobla mi brazo cuando yo quiero.

Cuando queremos entender un objeto encontrado en una tumba antigua no nos basta conocer cuáles son sus características físicas (tamaño, peso, dureza) ni su composición química. Queremos saber su razón de ser, su finalidad, que explique por qué fue hecho. Pero ningún experimento puede comprobar la finalidad, aun del producto más obvio de la tecnología humana, y no es posible introducirla con un número en un cálculo matemático. En Biología es imposible hablar de un órgano sin referencia a una función específica, sin la cual la estructura material carecería de sentido. El ojo, el corazón, el oído, se definen por su finalidad, que solamente puede inferirse a partir de la adecuación para un fin que determina los componentes del órgano y su modo de funcionar. Tenemos que dar el paso de Física a Metafísica cuando queremos entender los procesos propios de un organismo viviente: no nos basta describir cómo ocurren las cosas, sino por qué y para qué.

Esto es verdad también cuando hablamos del Universo, de la totalidad de las estructuras materiales desde el átomo a la máxima escala cósmica. ¿Tiene una finalidad? ¿Por qué es como de hecho es? Más básicamente todavía: ¿Por qué hay algo en lugar de nada? Físicos y astrónomos se han visto forzados a reconocer la necesidad de discutir el mundo a ese nivel: Como personas, no pueden quedar satisfechos con que se diga simplemente que el Universo existe, sin más. El raciocinio físico, tanto a partir de la teoría de Newton como de la Astrofísica moderna y la Relatividad Generalizada, lleva necesariamente a negar la infinitud espacio-temporal del Universo: con una masa infinita alrededor de cada punto del espacio, todos los puntos tendrán un potencial gravitatorio infinito y no podrán darse fuerzas gravitatorias netas. Y en un tiempo infinito todas las estrellas habrían agotado su combustible nuclear, dejando sin respuesta el por qué todavía brillan muchas estrellas. Hay que elegir entre un único hecho de creación en el pasado o la creación continua de nueva materia estelar durante un tiempo infinito. En ambos casos, la creación en sentido estricto –la aparición de una realidad que no existía previamente en forma alguna- tiene que postularse como la única razón suficiente que explica que aún haya estrellas visibles en enorme cantidad.

La necesidad de un Universo  en el que la materia tiene las propiedades adecuadas para que la vida pueda desarrollarse y alcanzar el nivel de seres racionales, al menos en nuestro planeta, ha llevado a científicos a preguntarse qué consecuencias tendrían posibles variaciones de los parámetros físicos conocidos. Un y otra vez se concluye que aun cambios mínimos en la intensidad de las cuatro fuerzas, las masas de las partículas elementales, la masa de la Tierra o su distancia al Sol, harían imposible nuestra existencia. Los mismos límites serían aplicables si buscásemos vida fuera del sistema solar. El Principio Antrópico fuerte –enunciado por científicos, no por filósofos o teólogos- es esencialmente una afirmación de finalidad, inferida con respecto al mundo natural por la misma metodología que nos permite detectarla en artefactos humanos. El proceso de raciocinio a partir de las propiedades comprobadas de la materia, y las exigencias que limitan las actividades compatibles con la vida y su desarrollo a través de eones hasta el nivel humano, lleva a ver nuestra existencia como el factor que más estrictamente condiciona el modo en que el Universo tuvo que ser “ajustado” desde su primer momento para que produjese un entorno adecuado al menos en un lugar dentro del espacio inmenso.

Tal ajuste se propone más claramente en Filosofía y Teología cuando se infiere la necesidad de un Creador, libre de condicionamientos espacio-temporales, el único agente que puede crear en el sentido total de esa palabra, sin previo estado que condicione el desarrollo del Universo actual. Si se pregunta acerca de qué hubo antes del Big Bang, la ciencia responde que no hubo antes, porque el tiempo es un atributo de la materia y estamos hablando de la aparición súbita de la materia en su totalidad. El Creador no puede ser simplemente otra causa física, actuando incluso según leyes de evolución que implican espacio y tiempo. Como ser inmaterial –espiritual- debemos atribuirle solamente las actividades propias de un ser personal, la Inteligencia y la Voluntad libre. Pero la inteligencia se muestra en actuar por un fin, con medios adecuados que se eligen libremente, y esto implica como conclusión obvia que el Universo fue creado para que existan personas, porque al Creador no puede entretenerle ver que se queman estrellas durante algún tiempo, ni el ver que unos robots orgánicos –animales sin inteligencia- se mueven sobre algún planeta también durante tiempos limitados.

La Ciencia nunca podrá probar que tal Creador existe o no, puesto que ningún experimento es idóneo para hacerlo, pero nuestro raciocinio a partir de la contingencia y las limitaciones de todo lo que es materia es una base suficiente para inferir, con certeza lógica, que tal Creador es la única razón suficiente posible de que haya algo en lugar de nada, y de que ese algo sea adecuado para la existencia humana. El Creador, libre de límites temporales, tuvo que conocer con absoluta certeza todo lo que cada partícula atómica hace durante toda la evolución del Universo: para una mente infinita no puede haber nada desconocido. No hay lugar para azar cuando todo está presente claramente en un único AHORA, y el agente que “echó a andar” el universo le dio las condiciones iniciales necesarias y suficientes para obtener sus fines, sin posibilidad de ignorancia o error por razón de algún proceso imprevisto.

Escrito por rsanzcarrera

Octubre 24, 2009 a 11:31 am

Escribe un comentario