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Matrimonio y familia: Preámbulo

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Introducción:
Conocer a Dios y al hombre para conocer el matrimonio
Preámbulo

La familia es la célula fundamental de la sociedad, cuna de la vida y del amor en la que el hombre ‘nace’ y ‘crece’ ha dicho Juan Pablo II en la Christifidelis laici, n 40.

Tan importante es la vinculación de la familia con la sociedad que se puede concluir que la vida y la calidad de la sociedad están ligados al ser y existir de la familia. Y esto es así porque la persona será tal y como sea la familia.

Sin embargo, no todas las formas de familia sirven para el bien de las personas y de la sociedad. No es irrelevante que cuando el Señor vive entre los hombres haya querido vivir en una familia. Encierra una profunda enseñanza que es necesario descubrir para penetrar en la teología y el misterio de la familia: el hogar de Nazaret es la respuesta autentica a la pregunta de cómo tiene que ser la familia para que sea garantía de bien para la persona y la sociedad. Es a esa familia a la que han de pertenecer en su ser y en su hacerse todas las familias de la humanidad para que en ellas se construya el hombre, que luego construirá la sociedad.

A través, pues, de la familia discurre la historia de la salvación de la humanidad: entre los numerosos caminos de la Iglesia para salvar al hombre la familia es el primero y el más importante dice Juan pablo II en la Carta a las familias, n. 2

Familia y matrimonio
Pero la familia y el matrimonio son instituciones diferentes.
Pero están tan estrechamente relacionadas que, si se separan, una y otra se desvanecen.
La familia sin matrimonio, aquella familia que no tiene origen en el matrimonio, da lugar a formas de convivencia –los distintos tipos de poligamia, uniones de hecho, matrimonios a prueba- que nada tienen que ver con la institución familiar y no asegura la formación de la persona en su plenitud.
Y viceversa, el matrimonio que no se orienta a la familia conduce a la negación de una de sus características más radicales –la indisolubilidad- y se sustrae de la primera y más fundamental de sus finalidades: la procreación y educación de los hijos.
De todos modos, como señala Juan pablo II en la Homilía a las familias del 12-X-1980, n 5 es el matrimonio el que decide siempre sobre la familia tanto en la historia del hombre como en la historia de la salvación. De él, en efecto, recibe la familia su configuración y dinamismo.
Por ello el estudio de la familia debe aparecer siempre vinculado al estudio del matrimonio que es su origen y su fuente (Gaudium et spes, n 48) Y este a su vez debe contemplarse en la perspectiva sacramental de misterio Pascual de salvación y de historia de salvación.
Con ello no se hace otra cosa que proceder como lo hicieron el Señor y los apóstoles al anunciar la grandeza de la misión asignada por el Creador al matrimonio “desde el principio”, grandeza llevada a su plenitud por la restauración del Redentor de un modo todavía más admirable. Esta idea de que para conocer el matrimonio hemos de conocer y pensar teológicamente sobre Dios y sobre el hombre es la idea que vertebra el libro que vamos a seguir como texto básico en estas exposiciones: es Matrimonio y familia de los Profesores Miras y Bañares

 

El matrimonio, realidad permanente y común a todas las culturas
El término matrimonio describe una realidad conocida por todos los pueblos y culturas que, con formas y manifestaciones diversas en las distintas épocas, está configurado siempre por unos rasgos comunes y permanentes:
CEC 1603: El matrimonio no es una institución puramente humana a pesar de las numerosas variaciones que ha podido sufrir a lo largo de los siglos en las diferentes culturas, estructuras sociales y actitudes espirituales. Estas diversidades no deben hacer olvidar sus rasgos comunes y permanente. A pesar de que la dignidad de esta institución no se trasluzca siempre con la misma claridad (cf GS 47,2), existe en todas las culturas un cierto sentido de la grandeza de la unión matrimonial.

 

Como realidad histórico-cultural el matrimonio ha sido confiado a la libertad de los que se casan: de aquí deriva el se de comienzo y se desarrollen matrimonios concretos, es decir, que un hombre y una mujer decidan libremente que surja o no un matrimonio o que este tenga unas maneras diversas de vivirse.

 

Pero a la vez es constante la convicción de que el matrimonio es una institución social: está determinada por unos elementos previos que transcienden la voluntad de los que se casan: es una institución y como se asume para la humanización del hombre, de esta unión depende unos bienes para la sociedad: social.
Se puede decir por tanto que pertenece a la verdad común y permanente del matrimonio según viene expresada en los diversos pueblos y culturas la determinación (es algo dado: institución) y la indeterminación (pues está confiado a la libertad: se han dado muchas formas de matrimonio: institución histórica-cultural) A pesar de esa diversidad en las formas institucionales culturales ha existido un fondo permanente y común de dignidad y grandeza. Sin duda este carácter sagrado del que viene rodeada esta institución se debe a la relación que guarda con el originarse de la vida

 

Además para los cristianos el matrimonio es uno de los siete sacramentos instituidos por Cristo. Sin perder ninguna de las riquezas que como realidad humana le corresponde es para los bautizado fuente y causa de gracia y es también el origen y fundamento de la familia sobre la que se edifica la Iglesia:
CEC 1603 “La salvación de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligada a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar” (GS 47,1)

 

Teología del misterio del matrimonio.

 

La realidad matrimonio puede enfocarse desde perspectivas distintas y por tanto ser objeto de diversas ciencias. Cuando se estudia desde la teología, la reflexión se sitúa en el marco de la historia de la salvación: ese misterio escondido en Dios por el que ha querido nuestra salvación y la ha querido contando con que naciéramos y viviéramos por el matrimonio. Lo que interesa es el logos ( el ser, la verdad, la realidad) y el ethos ( lo que debe ser) según lo desvelado por Dios cuando nos hace ver la historia de salvación a través de su Revelación histórica.

 

Se puede decir que la teología del matrimonio es la ciencia que, desde la razón iluminada por la fe, estudia el misterio salvador de Dios sobre el matrimonio en orden a descubrir cual sea el estilo de vida que corresponderá vivir a los casados.
La fe considera las cosas desde la revelación del misterio salvador. Luego está la razón a la que corresponde descubrir la racionalidad del misterio del matrimonio conocido por la revelación. Pero en este caso – si se puede hablar así- la razón juega aquí un papel mayor que en otros campos de la teología, pues el matrimonio es una realidad humana y natural, hunde sus raíces en la humanidad del hombre y de la mujer.

 

Por ello hay que mirar a Dios y hay que mirar al hombre-mujer para conocer mejor lo que sea el matrimonio en su querer divino y en su existir humano.

 

Y así iremos como a fuentes primarias a la Escritura, a la Tradición y al Magisterio de la Iglesia en cuanto constituyen una indisoluble unidad (DV 10) y como a fuentes auxiliares a las llamadas ciencias del hombre: antropología, medicina, sociología, sicología, etc.

 

La Sagrada Escritura nos revela por escrito el misterio del matrimonio. Hay textos a los que hay que acudir de modo decidido: los relatos de los comienzos y cómo quiso Dios que fuera la cosa matrimonial desde el principio (Gn 1, 26-28; 2, 21-25) la interpretación de esos textos por Cristo mismo (Mt 19, 3-9; Mc 10, 2-12; Lc 16, 18) de la vida matrimonial de los primeros cristianos (Ef 5, 22-33).

 

La Tradición de la Iglesia nos enseña cómo se ha ido viviendo y enseñando a vivir por los Santos Padres la realidad del matrimonio cristiano en las distintas épocas y cómo también ha habido una constante de sensus fidei y praxis. Entre todos los Padres destaca sobre todo san Agustín (+430), hasta tal grado que ha sido llamado el “doctor del matrimonio cristiano”

 

El Magisterio de la Iglesia ha hablado frecuentemente y de forma muy generosa de la dignidad de la institución matrimonial sobre todo en los últimos siglos, en los que a la pacífica posesión de la doctrina y praxis sobre aquella que se daban anteriormente, surgió una demoledora cultura y modos de vida que hicieron más necesaria la insistencia magisterial en sus distintas formas. Así hay que destacar:

 

o La Encíclica Arcanum Divinae sapientiae, de León XIII, del año 1880
o La Encíclica Casti connubii, de Pío XI, del año 1930
o Los discursos de Pío XII a los esposos y en distintas ocasiones sobre todo el Discurso a los participantes en el Congreso de la Unión católica Italiana de Comadronas, del año 1951
o La Constitución Pastoral Gaudium et spes del C. Vaticano II en el capitulo de Dignitate matrimonii (n 47-52) del año 1965
o La encíclica Humanae vitae de Pablo VI del año 1968
o La exhortación apostólica Familiaris consortio, de Juan Pablo II, año 1981
o Carta a las familias (Gratissimum sane) de Juan Pablo II, año 1994
o El Catecismo de la Iglesia Católica, de Juan Pablo II del 11 de octubre de 1992 trata de la institución matrimonial principalmente en dos momentos:
§ En la Parte de la Vida de Cristo, los Mandamientos, como ethos familiar, como debe ser la familia para amar al prójimo y a Dios en ella y por ella: 4º mandamiento amor de los hijos padres etc: nos 2201 y ss; y dentro del 6º mandamiento lo concerniente a la sexualidad como amor: hombre y mujer los creó: nos 2331 y ss
§ En la consideración como sacramento a partir del n. 1601

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Written by rsanzcarrera

septiembre 24, 2007 a 2:26 pm

Publicado en Familia

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