es_tu_dia

Just another WordPress.com weblog

Los Novísmos (comentario)

with 2 comments

Comentario al caso sobre los Novísmos (muerte, juicio, cielo, purgatorio, infierno):

(Lo que se sabe y lo que no se sabe)

La verdad, y en este caso se pone de manifiesto, es que no sabemos muchas cosas sobre el más allá. Pero, eso sí, las que sabemos las conocemos con toda certeza. En el Evangelio vemos al Señor repetir con insistencia las verdades fundamentales sobre la vida eterna (o las postrimerías o “novísimos”). Pero toda pregunta que buscara saber más —hubo bastantes— era contestada con una evasiva, que a la vez mostraba la voluntad divina de que tuviéramos cierta incertidumbre sobre estas cuestiones. La razón se pone de manifiesto en este caso: dar más información podría conducir a un exceso de confianza —o quizás en algún caso a un defecto: desesperación—, que dificulta el arrepentimiento. A Fátima le hace reflexionar, y le ayuda, tanto lo que sabe como lo que no sabe, a salir de su lamentable situación.

(La muerte)

La primera incertidumbre es sobre el momento del fin de la vida en la tierra, tanto de cada persona como del mundo en general. Aquí se juntan lo más cierto —que moriremos— y lo más incierto —cuándo—. Dios es, efectivamente, un Padre que quiere salvar a sus hijos del pecado y del infierno. Tiene razón Fátima en pensar que Dios no va a esperar a que esté en su peor momento para llamarla a su presencia; pero no la tiene si piensa que eso supone una garantía de que “llegará a vieja” para tener tiempo de arrepentirse. Siempre tendrá una última oportunidad para arrepentirse, pero esa oportunidad puede que se la dé… al día siguiente. Dios da su gracia cuando quiere, y en realidad sólo Él sabe cuándo es el momento más oportuno. ¿Quién le asegura a Fátima que de vieja no sería peor que de joven?Velad, porque no sabéis el día ni la hora” (Mt 25, 13): el no saber el día ni la hora es un estímulo para estar siempre en vela, preparados.

(El juicio: premio o castigo)

En la otra vida, espera el premio o el castigo. Es fácil entender que esto es justo: lo ha entendido así la humanidad desde siempre, no sólo los cristianos. Más aún, sin esta justicia no se entiende bien esta vida, como se ponía de manifiesto en el caso correspondiente a la naturaleza de Dios. Pero a partir de este punto las cosas se ponen más difíciles, y la razón es que ese premio y ese castigo son divinos, no humanos. Y a estas alturas ya somos conscientes de que todo lo divino supera la capacidad de comprensión humana.

(La eternidad)

Se manifiesta este carácter divino en que la vida que nos espera después de ésta es eterna. Esto es algo a lo que no estamos acostumbrados en absoluto, ya que todo en este mundo tiene un final. Pensar en una vida sin fin ya es sobrecogedor: nos supera. De ahí la insistencia de Noelia en remacharlo a su amiga: “para siempre, para siempre…“. La eternidad supone tal desproporción con esta vida, que ya de por sí muestra que nada de este mundo vale la pena si con ello se empeora nuestra condición eterna; o al revés, que cualquier sacrificio en esta vida —por duro que resulte— vale la pena si con él se mejora nuestra condición eterna. Por eso molesta tanto esa referencia en los oídos de Fátima. Como bien dice Noelia, toda diversión de este mundo, por intensa que sea, es “un poco”, muy poco, en comparación con la eternidad.

(La resurrección)

Es también una intervención divina la resurrección final. Si pensamos que la justicia divina es perfecta, entonces es el hombre completo el que al final debe ser juzgado, y el premio o castigo corresponden al hombre completo, cuerpo y alma. A veces surge la pregunta de si el cuerpo con que resucitamos es “el mismo”, el que ahora tenemos. La respuesta es que sí, aunque hay variación en las propiedades; o sea, la misma identidad, aunque con distintas características (la más obvia, la inmortalidad). En realidad, no puede ser de otro modo: el alma informa al cuerpo, da forma a los materiales de que está hecho el cuerpo para que sea ese cuerpo, y no el de otra persona. Así, los materiales se van renovando en esta vida, pero el cuerpo conserva su identidad a través del tiempo. Si entendemos esto, comprenderemos que teorías como la reencarnación pueden ser muy imaginativas, pero no tienen sentido: el alma de un ser humano sólo puede ser la forma de un cuerpo, el suyo, y no del de un animal, ni siquiera del de otra persona: no sería “otra”.

(El infierno)

Pasemos al castigo: el infierno. La objeción de Fátima es algo muy extendido en nuestros días (aunque no, ni mucho menos, nueva): no parece compaginarse bien la misericordia de Dios con una justicia tan implacable. Es una dificultad, pero las dificultades hay que encararlas con los datos objetivos, y no intentar esquivarlas, como lo hace Fátima diciendo que con eso “ya habéis asustado a muchos“. Y es esquivar, porque el anuncio del infierno no procede de un confuso “vosotros”, sino de Jesucristo en el Evangelio: éste es el dato objetivo. Y es que, si se arrancaran las páginas de los evangelios en las que apareciera una referencia al infierno, nos quedaríamos con una versión verdaderamente reducida. El Señor advierte sobre ello en muchas ocasiones; un ejemplo de los más claros lo podemos encontrar leyendo el capítulo 25 del Evangelio de San Mateo. Con todo, tampoco esta realidad nos puede conducir a negar la infinita misericordia de Dios. La respuesta está más bien en lo que se estudiaba en el caso relativo a la naturaleza de Dios: lo que conocemos de Dios es paradójico, y aquí la paradoja está en conciliar justicia y misericordia. Pero conciliar no es negar uno de los extremos: hay que aceptar ambos, incluyendo la consideración de que incluso en la pena se manifiesta la misericordia divina: se merecerían más. ¿No parece demasiado tremendo? Lo es, pero esta consideración lo que nos debe hacer meditar es lo tremendo que es el pecado: si fuéramos conscientes de toda su gravedad, podríamos entender bien la sentencia divina.

Pero, sin dejar de ser el infierno una condena divina, acierta de nuevo Noelia al decir a su amiga que es lo que has elegido. Los seres humanos, en su vida y en la decisión final al llegar ésta a su término, eligen entre conducirse hacia Dios —con lo que supone de sometimiento a él y el consiguiente arrepentimiento de lo que le ofende—, o alejarse de él, y en este último caso sólo les queda el demonio y “su hábitat”: el infierno. Precisamente esa elección se convierte en el principal castigo. Aunque no es el único, porque el fuego también existe. Representan ambas a las llamadas penas “de daño” y “de sentido”. La verdad es que Noelia le ha sabido “explicar” las penas del infierno a su amiga muy bien, para lo que ésta estaba en condiciones de entender. Explicarle que el alejamiento de Dios, y por tanto del último fin, constituye la más dolorosa de las penas es algo que, en su situación, no habría comprendido Fátima; pero mencionar la alternativa —”ir con ése”— sí que estaba a su alcance.

(El Cielo)

Si no es fácil de comprender el castigo divino, menos aún lo es entender en qué consiste el premio. Lo que Fátima se imagina es el aburrimiento eterno, no el cielo. Al fin y al cabo, pretender imaginar el cielo es inútil, pues “ni ojo vio ni oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman” (I Cor 2, 9). ¿Por qué sucede esto? Pues porque en este mundo “caminamos en fe y no en visión” (II Cor 5, 7). Con la casa de Dios sucede como con Dios mismo: se sabe algo de lo que es, pero no cómo es en sí mismo. Al fin y al cabo, la “casa de Dios” es fundamentalmente Dios mismo, y el principal gozo del cielo es la visión de Dios. Los demás vienen como consecuencia; incluso la gloria corporal es un reflejo en el cuerpo del gozo del alma, y éste a su vez es la consecuencia de la visión divina, llamada “visión beatífica precisamente por esto: “beatus” en latín significa precisamente “feliz”. Pero esto aquí no lo vemos: lo creemos. La existencia del cielo como felicidad eterna nos pide abandono en las manos de Dios: es necesaria confianza de nuestra parte. Si no la hay, como en el caso de Fátima, la idea misma del cielo carece de atractivo.

(El purgatorio)

Existe también el purgatorio. Es una situación transitoria, pues con el juicio final desaparece. El juicio final ratifica la sentencia del juicio particular por el que cada uno pasa cuando muere. Pero con él se llega a la situación definitiva: resucitan los cuerpos y se inaugura la situación definitiva. Por eso lo que se refiere al más allá —la llamada “escatología”— se divide en dos etapas: la “escatología intermedia” —hasta el juicio final—, y la “escatología final”.

Lo que dicen Noelia y Fátima sobre el purgatorio es cierto. “Es mejor saldar cuentas en esta vida que en la otra“. Si no hay caridad perfecta a la hora de la muerte, es que hay cuentas que saldar. Para eso está el purgatorio. Y es lógico que esa afirmación de Noelia sea cierta: la voluntariedad que tiene la expiación en esta vida le confiere mayor valor que la impuesta. Aquí se “satisface”; allí, se “satispadece” (se entiende mejor el significado de estas palabras si se conoce que, en latín, “satis” quiere decir “bastante”, “suficiente”). Es un motivo más para esforzarse en esta vida en cumplir la voluntad de Dios. No se sabe gran cosa del purgatorio, pero sí se sabe que es una etapa de sufrimiento, aunque, eso sí, mucho más llevadero que el del infierno —sólo la esperanza marca diferencias—. La separación, aunque sea temporal, de Dios es ya un sufrimiento.

También es cierto que se puede rezar y expiar por las almas —recordemos que corresponde a una etapa en la que todavía no han resucitado los cuerpos— del purgatorio, y con ello acortar su permanencia en él, e incluso salir. Como también es cierto que pueden desde allí devolver el favor intercediendo por nosotros, sobre todo si con nuestra ayuda ya “han salido”. De todas formas, quizás lo que dice Fátima al respecto no sea tan sencillo. Su misma desfachatez sugiere que también la justicia divina debe actuar a la hora del “reparto” de estos sufragios, aunque a la vez respete el deseo de los peticionarios.

(¿Qué pasó con el limbo?)

¿Y el caso del niño que Fátima, según ella, habría abortado si lo hubiera tenido? Noelia piensa que no podría ir al cielo. Aquí puede que no tenga razón. ¿Pero no se afirmaba la existencia del llamado “limbo” para estos casos? Sí, se afirmaba, pero más que de una doctrina revelada, se trataba de un recurso para “meter” a quienes no cabían en el infierno —no tienen culpas personales— y se pensaba que tampoco en el cielo —por carecer de gracia—. Pero, siendo lo primero cierto, lo segundo no lo es tanto: ¿quién conoce el alcance de la misericordia de Dios? Sólo Él, y por eso la Iglesia afirma que “sólo puede confiarlos a la misericordia divina” (CIC, n. 1261).

(Táctica del enemigo)

El caso estudiado muestra también la necesidad de la consideración de las verdades eternas, y su utilidad en el apostolado cristiano. Hoy poco se oye hablar de estas cosas, y eso puede considerarse un éxito del diablo: al fin y al cabo, todo su esfuerzo se podría resumir en intentar apartar al hombre de la consideración de su destino eterno. Por eso el argumento de Noelia es el adecuado, aunque el recurso que utiliza parezca un poco extremado. No pretende ser macabra, sino realista. Y además, como cristiana, esperanzada. Tan dormida estaba la conciencia de Fátima, que necesitaba un buen revulsivo para entrar en razón. Y a Noelia sólo le mueve la amistad.

Written by rsanzcarrera

octubre 16, 2007 a 6:12 pm

2 comentarios

Subscribe to comments with RSS.

  1. excelente tema : dice la sagrada escritura acuérdate de los novísimos(postrimerias) y no pecaras jamas.
    decía Pablo Vl de los novisímos hablan pocos y poco
    es bueno que se toque el tema hoy en un mundo de confusión

    alex

    octubre 24, 2007 at 11:50 pm

  2. Muchas gracias Alex. Ya he hecho la corrección que indicabas
    Estoy plenamente de acuerdo contigo y pienso que es un tema clave a ir recuperando en la catequesis y en la predicación.
    Un saludo cordial
    Rafael

    rsanzcarrera

    octubre 25, 2007 at 7:05 am


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: