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El Sacramento de la Unción de enfermos (caso)

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Exposición del caso sobre el Sacramento de la Unción de enfermos:

Tras varias semanas de malestar, llevan por fin los padres de Miguel al abuelo materno de ésta, que vive con ellos, al médico. Miguel nota cierto nerviosismo. Pero la situación parece normalizarse: el abuelo vuelve a casa tras varios días en el hospital. Con todo, Miguel nota cierta afectación cuando tratan con su abuelo. Le parece un poco tonto que le digan cosas como “¡pero si estás maravillosamente bien!”, cuando se le ve pálido y desmejorado. Pero no le da mucha importancia.
Un día, al volver a casa, Miguel se encuentra con su abuelo solo en la sala de estar. Le pregunta cómo está. —”Me estoy muriendo, pero no me lo quieren decir”. —”Vamos, abuelo…” —”Es verdad. Te lo digo a ti porque tú nunca me has engañado. Con ellos no se puede hablar”. Miguel se quedó sin habla, haciendo esfuerzos por no llorar. Luego buscó a su madre, y le preguntó qué pasaba con el abuelo. Intentó decir que nada serio, pero Miguel se le enfrentó, dijo que a él no le engañaba, y que si no se lo decía diría lo que pensaba con voz bien alta. Al final, su madre cedió: el abuelo tenía un cáncer avanzado, con reproducciones por todo el cuerpo, y no había nada que hacer.
En el colegio de Miguel no pasó inadvertido que estaba afectado por algo, y al poco le llamó su tutor. Con él se podía hablar del asunto con tranquilidad. El tutor le explicó que lo más importante era prepararle para el momento de la muerte, y que debía hacer todo lo posible para que fuera el sacerdote, para atenderle y administrarle la Unción de enfermos. Miguel lo entendió muy bien.
Quien no lo entendió tan bien fue su madre. —”¡Ni hablar! Es pronto”. —”Pero ¿por qué?”, contestó Miguel. —”Que no, que no, que se va a asustar”. Miguel insistió. La respuesta no cambiaba: —”Mira, tú quieres al abuelo, y no quieres que se asuste y lo pase mal, ¿verdad?” Al cabo de unos días se agravó la situación: el enfermo tuvo que guardar cama, y ya casi no podía hablar ni tragar. Miguel volvía una y otra vez a la carga, y se repetía la escena. Hasta que un día perdió la paciencia, y le gritó a su madre: —”¡Aquí la única asustada eres tú! ¡Si no lo haces tú, lo hago yo! ¡Voy a llamar al sacerdote ahora mismo!”. Su madre, con rabia contenida, le dijo en voz baja que si lo quería matar del disgusto. Miguel contestó que no se iba a morir nadie de ningún disgusto, y que si se moría del disgusto le echara a él de casa, o mejor, se iría él mismo; pero que iba a llamar al sacerdote. Dicho esto, se puso el abrigo y salió.
Volvió con el párroco, que fue recibido con frialdad. Tras saludar al enfermo, le preguntó si quería confesarse. Respondió con un gesto afirmativo, y el sacerdote pidió a los asistentes que salieran un momento. Intervino la madre de Miguel: —”Pero si no puede, ¿no ve que no puede hablar?” El párroco contestó amablemente que no importaba. —”¿Pero no vale sólo con la Extremaunción?” —”Conviene hacerlo así, señora”. Salieron con desgana. Poco después comenzó la Unción. El sacerdote abrió un pequeño frasco, y al ver que contenía sólo un algodón reseco, pidió que le trajeran aceite de la cocina. —”Es de cacahuete”, señaló la madre de Miguel. —”No importa”. Se lo trajeron. Lo bendijo y lo aplicó en frente y manos. —”¿Y en los pies no?”, volvió a decir la madre. —”No, señora, eso era antes”. Cuando acabó la Unción, el sacerdote dijo que “ahora la comunión”. —”Si no puede tragar”. —”Si me trae un vaso con agua, verá cómo sí, señora”. A regañadientes lo trajo. Colocó un trozo muy pequeño de una Hostia en él, y lo pudo beber. Al final, el párroco se despidió amablemente. Cuando se fue, Miguel se dirigió a su madre: —”¿Ves qué contento está ahora?”. Su madre calló. Miguel también, no sin darse cuenta de que, aunque no lo quisiera reconocer, su madre también estaba aliviada.

Tras reflexionar un poco personalmente sobre el caso y para formarte en este punto puede venir bien leerte lo siguiente:

Y finalmente para no alargarnos más en este artículo lee cuando puedas y con calma el siguiente comentario al caso sobre el sacramento de la Unción de enfermos (pinchando en este enlace) y me dices tu opinión: ¡Animo!


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Written by rsanzcarrera

octubre 31, 2007 a 11:48 am

Publicado en Catequesis

2 comentarios

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  1. gracias por este tema ,de esta forma le explico yo a alguien que no quiere escuchar nada sobre este tema ,

    Rosa Garcia

    marzo 28, 2012 at 1:05 pm


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