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Tercer Mandamiento (comentario)

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Comentario al caso sobre el Tercer Mandamiento:

Sí, efectivamente, el ejemplo que han dado a Sara no es muy positivo precisamente. Lo que no quita para que la argumentación de Sara suene a excusa. Que valga más no hacer algo que hacerlo mal y sin ganas es ya bastante discutible (¿es mejor no ir al colegio que ir sin ganas a distraerse en clase?). Pero lo que es menos discutible es que parece dar a elegir entre dos posibilidades dejando de lado una tercera que es la solución al problema: ¡pues hacerlo bien, y a ser posible con ganas!

Sobre el valor que puede tener hacer algo “por obligación” ya se trató en el caso sobre el Sacramento del matrimonio. Aquí cabe preguntarse por el sentido de esta obligación, y, con ella, la de los llamados “mandamientos de la Iglesia” (precepto dominical, confesión anual, comunión pascual, ayuno y abstinencia, ayuda a la Iglesia). No son obligaciones que se “invente” la Iglesia. En cierto modo, existen sin el mandamiento. Desde el momento que Dios nos ofrece su gracia, hay un deber de acudir a ella y mantenerla, al igual que ser cristiano debe conllevar algún sacrificio, y el deber de ayudar a la Iglesia —deber muy justo, por cuanto se corresponde a la entrega de su vida para servir a los fieles que hacen los ministros de Dios—. La Iglesia lo que hace con sus leyes es marcar unos mínimos, sin los cuales la vida cristiana se vería muy perjudicada, dando así una medida que despeje la posible duda de conciencia sobre cuál es nuestro deber en este sentido. Por lo demás, la medida —en la asistencia a Misa, un día de cada siete— no es arbitraria: es la que señala Dios mismo en la antigua Alianza, y la vivida por la Iglesia desde sus mismos comienzos.

La obligación es “oír Misa entera”. ¿Qué partes abarca? Pues muy sencillo: todo, desde el principio hasta el final; “entera” es un adjetivo muy claro. Otra cosa es preguntarse cuándo no se ha asistido, no ya a la Misa entera, sino ni siquiera sencillamente a Misa, lo cual señala ya al pecado como grave. En este caso, la medida establecida —desde el Credo hasta el final—, hace que no hayan llegado a cumplir con el mínimo por haberse ido antes del final.

Pero es que también resulta dudoso el que hayan oído Misa. No se cumple el precepto con la sola presencia física. No es que sea precisamente el ideal, pero lo mínimo que se puede pedir a un asistente es que escuche. Está invitado a bastante más: a participar. Por eso este “cumplimiento” no puede servir como término de comparación. Es en el único aspecto que tiene razón Sara: lo que han hecho es como no ir, con el agravante de que encima molestan a otras personas, y quizás se engañan a sí mismas sobre el cumplimiento del precepto. Ya hemos visto que en otros aspectos no tiene razón. Hay algunas cosas que simplemente no entiende, como por qué precisamente el domingo —ya hemos visto que es el Señor mismo el que fijó un día semanal especialmente dedicado a Él—, aunque insistir que por qué no se puede escoger otro día de hecho es algo que se sostiene muy mal: ¿conocerá a alguien que quiere ir otro día en vez del domingo?

No es muy honrada la postura de negarse a ir a Misa alegando que “no me dice nada”. ¿Qué esfuerzo se ha hecho para que “diga algo”? En el fondo, es un aspecto de la postura de absoluta pasividad, que pretende que sean los demás, o Dios, los que se justifiquen: que me demuestren, que me expliquen, que me convenzan…, mientras uno no pone nada de su parte. No, eso no es muy honrado que se diga…

Sobre las causas excusantes para la asistencia a Misa, sólo diremos que lo que dice Sara es una simplificación que distorsiona la cuestión. Son causas excusantes la imposibilidad —física o moral— y el que sea excesivamente gravosa la asistencia —el llamado “grave incomodo”—, por señalarlo resumidamente. Y basta un sentido común con objetividad y honradez para apreciar cuándo se da una de esas circunstancias. Como siempre, aquí también es muy conveniente formar bien la conciencia preguntando.

Y, aunque no sea propiamente el tema de este caso, se pone una vez más de relieve la responsabilidad que tenemos los cristianos con respecto a otras personas. Podemos causar con nuestra conducta un gran bien… o un gran mal. De lo que hay que convencerse es de que no es indiferente, nos demos cuenta o no.

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Written by rsanzcarrera

noviembre 25, 2007 a 11:11 am

Publicado en Catequesis

2 comentarios

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  1. Muchas gracias, hoy tengo una charla con jóvenes de confirma quienes tienen muchos de esos problemas con la misa, asi que espero ayudar un poco

    amalí

    agosto 1, 2010 at 7:41 pm

  2. Muchas gracias. Es una grandísima ayuda para la catequesis
    Carlos Moreda

    CARLOS MOREDA

    enero 20, 2011 at 12:08 pm


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