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Preguntas y respuestas en torno al Primer Mandamiento

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El primer mandamiento de la ley de Dios es: amaras a dios sobre todas las cosas. Preguntas que se formulan en torno a este mandamiento:

SOBRE LA FE:

— ¿Cuándo comienza Sonia a descuidar su fe? ¿Cómo? ¿Cuál es la valoración moral de su comportamiento? ¿Por qué? ¿Qué tendría que haber hecho?

— ¿Es lo mismo “ser asaltado por dudas” que “decidir dudar”? ¿Cuál es la diferencia? ¿Y su valoración moral? ¿Qué pecados contra la fe comete Sonia? ¿Son todos graves? ¿Tienen la misma gravedad? ¿Qué papel tiene el orgullo en su situación?

SOBRE LA ESPERANZA

— ¿Hay, desde el punto de vista de la moral, desesperación en Luis? ¿No parece que, al referirse sólo a la vida terrena, su actitud queda al margen de la virtud de la esperanza? ¿Se le puede exigir una esperanza que, en su situación, parece heroica? ¿Por qué? ¿Puede tener algo que ver su estilo de vida anterior con su reacción tras el accidente? ¿Qué piensas que se le podría decir para ayudarle? ¿Y a Sonia?

SOBRE LA CARIDAD

— ¿Desde el punto de vista de la caridad con Dios, cómo juzgarías la situación de Marina antes y después de su cambio?

SOBRE LA VIRTUD DE LA RELIGIÓN

– Y desde el punto de vista de la virtud de la religión: ¿Hay algún comportamiento en Sonia que se refiera a virtud de la caridad?

 


COMENTARIO SOBRE LA CARIDAD

Amar a Dios no es, precisamente, sentir cariño sensible hacia Él, como lo sentimos hacia nuestros padres; porque a Dios no se le ve, y a las personas a quienes no se ve es difícil tenerles cariño. Dios no obliga a eso, pues no está en nuestra mano. Aunque hay personas (p.e. los santos y los mártires) que llegan a sentirlo, con la gracia de Dios. Amar a Dios sobre todas las cosas es tenerle en aprecio supremo, es decir, estar convencido de que Dios vale más que nadie, y por eso preferirle a todas las cosas. Por ejemplo: Tú puedes tener mucho más cariño al cuadro que pintó tu hija, que a cualquiera de los cuadros que se exponen en el Museo del Prado de Madrid, aunque reconozcas que estos últimos tienen mucho más valor artístico. El amor a Dios es apreciativo, no sensible.

Tenemos que amar a Dios porque “Él nos amó primero” (1Jn 4,19) y debemos corresponderle. Es un amor de correspondencia (ejemplo de amor agradecimiento)

El amor se manifiesta en obras más que en palabras (cfr. la Encarnación). Obras son amores y no buenas acciones. En las conversiones de adultos se percibe muy bien este proceso (cfr. el amor que hace dulce todas las cosas).

Una prueba especial de amor a Dios sobre todas las cosas es guardar sus mandamientos por encima de todo. Es decir, estar dispuesto a perderlo todo antes que ofenderle. Por lo tanto preferir a Dios siempre que haya que escoger entre obedecerle o cometer un pecado grave. Es el caso de San Pelagio de Córdoba y de Antonio Molle, de Santa María Goretti y Josefina Vilaseca, que se dejaron martirizar y apuñalar antes que cometer un pecado grave. San Pelagio murió mártir el año 925 por rechazar las proposiciones deshonestas del Califa cordobés Abderramán III. Beato Antonio Molle, joven jerezano que a los veinte años fue mutilado y martirizado el 10-VIII-1936 durante la guerra civil española. Cayó prisionero de los milicianos en el frente de Peñaflor (Sevilla), y como llevaba un escapulario quisieron hacerle blasfemar. Él siempre contestaba gritando: ¡Viva Cristo Rey! Le cortaron las orejas y le sacaron los ojos, y al final lo acribillaron a balazos. Así lo cuenta Rafael de las Heras, testigo presencial. Hoy su cuerpo mutilado está enterrado en la Basílica de Ntra. Sra. del Carmen Coronada de Jerez de la Frontera (Cádiz). Santa María Goretti, italiana, murió mártir de quince puñaladas por negarse a los deseos impuros de un amigo suyo, que después se convirtió y murió fraile franciscano. Josefina Vilaseca también murió apuñalada en Diciembre de 1952 en Artés, diócesis de Vich, por negarse a perder su virginidad. Tenía doce años Dice Jesucristo: “el que guarda mis mandamientos, ése es el que me ama” (Jn 14,21). Y San Juan: “En esto consiste el amor Dios, en guardar sus mandamientos” (1Jn 5,3).

COMENTARIO SOBRE LA FE

Este mandamiento también nos obliga a creer en todas las verdades de fe; a esperar en Dios, confiando que nos dará las gracias necesarias para alcanzar la vida eterna; a adorarle solamente a Él, darle el culto debido y reverenciarle con el cuerpo y con el alma.

Y primera consecuencia coherente de todo lo anterior es que se prohíba especialmente la idolatría en cuanto que consiste en adorar como a Dios a otra cosa o persona. Peca contra este mandamiento quien maltrata personas, lugares o cosas consagradas a Dios: por ejemplo, una religiosa o un cáliz. Este pecado se llama sacrilegio. Comete también un sacrilegio quien administra o recibe en pecado grave algún sacramento que requiere estado de gracia, lo cual es gravísimo. Por ejemplo, quien se casa en pecado grave, o quien comulga en pecado grave.

Una segunda consecuencia lógica de lo anterior es que actúa mal (es decir peca) quien desconfía de la misericordia de Dios, o confía temerariamente en su bondad, permaneciendo mucho tiempo en pecado mortal, o el que peca más y más, precisamente porque Dios es misericordioso y nos ha prometido el perdón; también quien tiene fe en adivinos, echadores de cartas, horóscopos, espiritistas y curanderos; quien cree en serio cosas supersticiosas (mala suerte del nº 13, cadena de oraciones, etc.); quien niega o duda voluntariamente de alguna verdad de fe, o ignora por culpa suya lo necesario de la Religión.

El problema del hombre es que por su naturaleza o es religioso o es supersticioso. Muchos que no creen en las verdades de la Religión, luego creen en las mentiras y engaños de adivinos, brujos y espiritistas. “Sólo Dios conoce el futuro libre, y sólo Él puede revelar el porvenir a sus profetas” (Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº 2115).

No es pecado darse cuenta de que el misterio es difícil de entender, que nuestro entendimiento no lo puede comprender, etc. Si a pesar de todo esto, se fía uno de Dios que lo ha revelado, y cree, no sólo no hay pecado, sino que hay mérito. En la absoluta veracidad divina -motivo formal de la fe- no cabe error o el engaño Lo que no se puede hacer -a pesar de la oscuridad profunda del misterio- es dudar si será eso verdad o no. Esta duda positiva, tomando como cosa incierta lo que Dios ha revelado, es pecado contra la fe, en cuanto que una negación o duda voluntaria de aquello que se sabe que Dios ha revelado. Insisto que esto no se opone a la falta de claridad que podamos tener sobre una verdad de fe en un momento determinado, ni al deseo de esclarecerla, dentro de lo posible, sabiendo que hay misterios que superan la inteligencia humana.

Si la duda no es voluntaria, sino una mera ocurrencia de las dificultades que a nuestro entendimiento se le presentan, no hay pecado; o a lo más pecado venial, si ha habido alguna negligencia en resistir a la tentación. Si la vacilación llega a tomar por incierto lo que es dogma de fe, el pecado sería grave contra la fe. La fe debe extenderse a todas las verdades reveladas por Dios y propuestas como tales por la Iglesia.

Nadie pierde la fe sin culpa propia. Dijo el Concilio de Trento: “Dios no abandona a nadie, si no es Él abandonado primero” (DENZINGER, nº 804). Por eso conviene tener muy viva a la fe y hacer muchos actos de fe: “Dios no puede dar al hombre adulto responsable el don de su amistad sobrenatural, sino cuando el hombre la acepta previa y libremente”(CÁNDIDO POZO, S.I.: La fe, VI. Edapor. Madrid, 1986). Si sabes el Credo de memoria, es un magnífico acto de fe.

La fe es como un sexto sentido que nos ayuda a un superior conocimiento de Dios. Quien no tiene fe, no se lo puede explicar. Como una planta no puede explicarse la música, porque no capta nada. La fe no se puede demostrar con argumentos, pues es un don, no una ciencia. Pero pueden darse razones de su credibilidad. La fe supera la razón, pero no la destruye. El motivo de creer no son las razones filosófico-científicas de las verdades reveladas, sino la autoridad de Dios que las ha revelado. Esas razones ayudan a ver que la fe es razonable, pero no son el motivo principal de la fe.

Estimemos sobre todas las cosas el don divino de la fe; procuremos conservarla con la oración y el estudio, hacerla conocer y amar por los demás, defenderla si es atacada, y pedir a Dios que sea conocida y aceptada por los incrédulos y los infieles.

Al mismo tiempo debemos evitar todo aquello que pueda ponernos en peligro de perderla. Los que descuidan su instrucción religiosa, los que escuchan voluntariamente a los que la atacan, o leen libros o periódicos contra la fe, los soberbios y los impuros se ponen en peligro de llegar a perder este don divino.

Si alguna vez oyes una dificultad contra la Religión Católica y no sabes resolverla, no te alarmes por eso. Es imposible que tengas a mano los conocimientos necesarios para resolver todas las dificultades, y para demostrar que la tal dificultad es muchas veces un sofisma, un engaño, un falsear la verdadera realidad de las cosas.

Pero no por eso debes darte por vencido. Acude a una persona que entienda de Religión y pueda resolvértela. Ten la seguridad de que todas las “pegas” contra la Religión tienen su solución, aunque tú no la conozcas. Es más, han sido solucionadas ya muchas veces; pues los enemigos de la Iglesia siempre están repitiendo las mismas cosas, y no se dan por enterados de las soluciones que ya se han dado.

Acerca de los que tienen dificultades contra la Religión hay que tener en cuenta que algunos preguntan para aprender (desean encontrar soluciones a sus dificultades), pero otros preguntan para atacar, y desearían que sus preguntas no tuvieran respuesta, para así tener una excusa al sacudirse de encima el cristianismo porque les estorba.

Cuando en un grupo se entabla una discusión de Religión, verás que, generalmente, los que llevan la voz cantante son los que menos saben de Religión, pero que su ignorancia los hace tremendamente audaces. A éstos es difícil convencerles, porque su amor propio rechazará los mejores argumentos. Pero si en el grupo hay gente de buena voluntad, a quienes crees que tu solución puede ser provechosa y disipar errores, expón tu pensamiento con calma y con pillería santa. Te será además útil pasar alguna vez a la ofensiva, descubriendo la ignorancia religiosa del que disparata.

Con todo, has de procurar no ofender a nadie, si no es necesario. Pero sé fuerte si alguno tiene positivamente mala fe y quiere propagar el mal. Se ataca el error no a la persona, aunque se ofenda no es tu intención: se pede decir una verdad con cariño. Pero, si alguien toma el arma del ridículo para atacar la Religión, tómala tú también para defenderla. La risa no es un argumento aunque se emplee como tal. Y recuerda que es más fácil aclarar las cosas de uno en uno que en grupo, pues a veces les da vergüenza decir lo que piensan de verdad por respeto humano.

Es también pecado grave contra este mandamiento escribir, leer, tener, prestar o vender libros y escritos contra la Religión, pertenecer a sociedades irreligiosas: masonería, espiritismo, o partidos políticos de ideología marxista, pues el marxismo es esencialmente ateo.

COMENTARIO SOBRE LA ESPERANZA

Y también es pecado el tentar a Dios, poniendo a prueba, con hechos o con palabras, alguno de sus atributos, dudando de su existencia o queriéndole obligar a que intervenga extraordinariamente en algún caso: por ejemplo, diciendo si mañana llueve, es señal de que puedo vengarme de fulano y matarlo. También es tentar a Dios el exponerte sin necesidad a algún grave peligro de la vida, esperando que Dios te librará de él. Si este peligro fuera sólo leve, el pecado sería sólo venial.

Peca también contra este mandamiento el que se anima a pecar precisamente porque Dios es misericordioso. Esto es un pecado en realidad contra el Espíritu Santo, porque supone un grave desprecio de la gracia de Dios.

Además entra en este mandamiento el pecado de presunción que es la temeraria confianza de obtener la salvación del alma sin poner los medios. Pecan de presunción los que esperan la gloria sin hacer ellos mérito ninguno; el perdón sin preocuparse de arrepentirse; la salvación eterna, andando fuera del camino de Dios.

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Written by rsanzcarrera

diciembre 6, 2007 a 12:07 pm

Publicado en Catequesis, Teología

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