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Meditación preparatoria: sinceridad de vida y examen

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¿Por qué empiezas este curso de retiro? Para responder a esta pregunta nos vamos a ayudar de la escena del ciego de Jericó:

46 Llegan a Jericó. Y cuando salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. 47 Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!» 48 Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!» 49 Jesús se detuvo y dijo: «Llamadle.» Llaman al ciego, diciéndole: «¡Ánimo, levántate! Te llama.» 50 Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino ante Jesús. 51 Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: «¿Qué quieres que te haga?» El ciego le dijo: «Rabbuní, ¡que vea!» 52 Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado.» Y al instante recobró la vista y le seguía por el camino.

Fíjate que, al igual que a Bartimeo, ha sido Él quien te ha traído hasta aquí.

En mis años de Roma, al poquito de llegar llevé algunas invitaciones para una Misa organizada para los universitarios romanos por Juan Pablo II. Recuerdo que uno de ellos, viendo mi interés y esfuerzo por hablarle en un italiano que desconocía, me preguntó:¿Qui ti lo fa fare?”, que viene a significar: “¿de que movimiento eres, o a qué parroquia perteneces?” Pero que yo, en mi ignorancia traduje literalmente y le dije: “que ¿quién me lo hace hacer?, que ¿por quién lo hago? -respondí- “mi lo fa fare”: me lo hace hacer: el amor que tengo al Papa…” Aquel joven sonrió al advertir mi confusión, pero se que le agradó la respuesta… Del mismo modo te puedo asegurar que a ti, quien te está haciendo comenzar este retiro es el Señor, es el amor que el Señor te tiene quien te ha invitado en última instancia…. Te ha traído el Señor aunque no te des cuenta… Y al igual que Bartimeo hemos escuchado: ánimo levántate: el Maestro te llama

¿Y tú? ¿Qué quieres, qué buscas en este retiro? ¿Has visto el gran interés que manifiesta el ciego? ¿Es así mi necesidad del Señor? Esto es lo primero que le pregunta el Señor: ¿Qué quieres que haga contigo? Señor que vea… La respuesta aunque evidente, la pide El Señor y por eso también te pregunta Él: ¿Y tú quieres ver? Pero sobre todo: ¿tú quieres así? Quieres como este ciego de Jericó

Cuentan de santo Tomás de Aquino que un día paseando con su hermana, también religiosa, ésta le preguntó: Tomás ¿qué es lo primero para ser santa? Y él sin dudar, le dijo: ¡Querer!. Efectivamente, san Pablo nos dice: Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación (1Tes 4,3), así pues solo resta que nosotros queramos, pero que queramos de verdad: Me dices que sí, que quieres. —Bien, pero ¿quieres como un avaro quiere su oro, como una madre quiere a su hijo, como un ambicioso quiere los honores o como un pobrecito sensual su placer? —¿No? —Entonces no quieres. (Camino 316)

¡Que yo quiera ver, Señor!

He visto tantas veces, Señor, que aún siendo la luz buena, y hermosa cuando se refleja en el agua o es filtrada por los árboles… sin embargo, cuando tengo dolor de cabeza, huyo de ella y no la quiero ver, porque me molesta, me duele… Ya se que la culpa no es de la luz sino de mi dolor (del dolor que me produce el sentimiento de culpa, siempre es doloroso arrancarnos la careta de la inocencia), pero al final es a la luz (a Él) lo que procuro evitar…

¡Que quiera ver aunque me duela, Señor…!

Se dice que en el frontispicio del templo de Delfos, y como si se tratase de la gota última que destiló toda la sabiduría griega estaba escrito: “conócete a ti mismo“… Señor que no tenga miedo a conocerme aunque me duela…

Para eso nos vendrá muy bien estos días de tranquilidad y de retiro espiritual…

Se cuenta de un labriego que viendo un pozo a lo lejos se fue a él a buscar agua y al fraile que le atiende le pregunta: oiga Y porqué viven ustedes así, en silencio y oración continúa… Y el fraile mientras baja el cubo al pozo y lo llena de agua fresca le dice, “mire al fondo del pozo ¿ve algo?” El labriego dice: “no, no veo nada…” Entonces el fraile le explica que allí están en silencio y oración para conocerse mejor y para conocer mejor a Dios… Tras un largo rato de charla, le vuelve a decir el fraile al labriego: “mire ahora al fondo del pozo y dígame que ve…” Con la charla, el agua se había calmado y ahora al mirar se reflejaba claramente la boca del pozo y en ella el labriego veía su rostro reflejado en el agua como si fuera un espejo” Ahora se ve, se conoce, pero ha sido necesario un tiempo de calma, y dejar a un lado las actividades ordinarias ¿verdad?

¿Recuerdas la escena en la que el Señor hace con un látigo de cuerdas, limpieza general en el Templo? Quizás sea el momento de decirle al Señor: ¡Jesús mío arroja fuera de mi vida lo que no va…! aparta de mi lo que me aparte de Ti”… Volvemos de nuevo a preguntarnos: ¿A qué vienes al curso de reiro? Quizás no vengas cargado de pecados mortales. Pero quizás traes la mirada baja, turbia, manchada por miles de motas de orgullo, amor propio, soberbia, sensualidad… Esas manchas que no sólo dificultan la mirada sobrenatural de la fe sino también la visión de la inteligencia natural de las cosas ordinarias (San Josemaría)

Antiguamente en las estaciones importantes había un encargado de revisar las ruedas; su función consistía en golpear con un martillo las ruedas para ver como sonaban. Si sonaba mal, se cambiaba la rueda inmediatamente… Su misión era fundamental para la seguridad del viaje…Por eso, debes escuchar con atención el ruido que hace el tu alma cuando te golpee algún texto, alguna idea que leas… ¿Cómo suenan las ruedas del tren de tu vida…? El Espíritu Santo será el Encargado de golpear para que tu escuches el sonido

Por eso si Hoy si escuchas Su voz, no endurezcas tu corazón… Envía Señor Tu luz y Tu verdad…

Y por eso, primero: Sinceridad: sinceridad con Dios (¿suena a inauténtico?); sinceridad con nosotros mismos (¿suena a autoengaño?); y sinceridad con los demás (¿suena a excusa, o a mentira que es peor?)…

Y después Examínate con valentía: recuerda que el Señor ha dicho la verdad os hará libres; y con optimismo, porque solo desde el realismo (desde mi verdadera situación) se me permitirá edificar sobre tierra firme (y así no se caerá la casa)…

Además solo esta autenticidad nos permite ver de verdad. Quizá adviertas que la idea que te has forjado de tu vida, tus proyectos, son desproporcionadamente raquíticos en relación a los planes de Dios. Quizás descubras que El tiene un plan para ti… Pero ¿estás dispuesto a descubrirlo? De ti depende que estos días pasen sin más o quizás marquen un hito.

No te limites a leer o escuchar, ¡habla con Jesús!, búscale, ten con Él una conversación íntima, un coloquio personal, no te escondas… vale la pena el esfuerzo.

Acudimos a Nuestra Madre para hacer bien el retiro y nos obtenga de la Trinidad más gracias: El amor a nuestra Madre será soplo que encienda en lumbre viva las brasas de virtudes que están ocultas en el rescoldo de tu tibieza. (Camino 492). A Jesús siempre se va y se “vuelve” por María. (Camino 495)

Ven, Señor Jesús… Veni, Sancte Spiritus

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Written by rsanzcarrera

febrero 11, 2008 a 10:44 pm

Publicado en curso de retiro

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