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¿Cómo está siendo mi respuesta?: considerar la muerte y el juicio

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LA REALIDAD DE NUESTRA MUERTE:

No es bueno tener una visión dramática de la muerte. Cada día que pasa es un paso más que nos debe acercar al cielo: No has oído con qué tono de tristeza se lamentan los mundanos de que “cada día que pasa es morir un poco”? Pues, yo te digo: alégrate, alma de apóstol, porque cada día que pasa te aproxima a la Vida (Camino 737).

Aquel joven brillante profesional fue diagnóstico de cáncer y escribió un artículo en el periódico en el que definía su vida como un niño que juega en la orilla de la playa con las olas de la eternidad… Me recordó esa lucidez con que los enfermos terminales ven la vida: como una especie de don o regalo que dura un tiempo… Eso es la vida: un tiempo para amar… Un tiempo del que al final se nos pedirá cuenta y como dice el poeta: al final de la vida el que se salva sabe y el que no, no sabe nada.

La toma de conciencia de la brevedad de la vida nos debe llevar a aprovechar el tiempo mejor pero no a temer al Señor, ni a mirar a la muerte como un final desastroso… Para nosotros la muerte es el comienzo de la Vida: A los “otros”, la muerte les para y sobrecoge. -A nosotros, la muerte -la Vida- nos anima y nos impulsa. Para ellos es el fin: para nosotros, el principio. (Camino 738)

“Había una vez un hombre a quien ver su propia sombra lo contrariaba tanto y era tan infeliz de sus propios pasos que decidió dejarlos atrás. Se dijo a sí mismo: simplemente me alejo de ellos. De tal modo se levantó y se fue. Pero cada vez que apo­yaba un pie y daba un paso, su sombra fácilmente lo seguía. Entonces se dijo: “Debo caminar más rá­pido”. Caminó entonces más y más rápido, caminó hasta caer muerto. Si simplemente hubiera camina­do hacia la sombra de un árbol, él se habría deshe­cho de su sombra, y si se hubiera sentado, no ha­bría habido más pasos. Pero no se le ocurrió.” Cfr. Tschuang Tsé. A mucha gente le ocurre hoy en día como al hombre de la historia, quieren escaparse de su sombra y corren hasta agotarse sólo porque tienen miedo de enfrentarse a su propia som­bra, de observarse en sus aspectos menos agrada­bles. Muchísima gente se queja de no poder tener calma. Esta queja surge de la incapacidad del hombre moderno para alcanzar ese anhelo profundo e íntimo de poder finalmente des­conectarse y estar tranquilo. Un anhelo que de modo genial expresó san Agustín: porque nos has hecho para Ti y nuestro corazón anda siempre desasosegado hasta que se aquiete y descanse en Ti” (libro I,1). Jesús que conocía esta necesi­dad de los hombres en sus miedos e intranquilidades, nos invita a encontrar realmente la calma en Él.

Otra consecuencia de la realidad de la muerte, que puede venir en cualquier momento y vendrá inexorablemente: No tenemos aquí ciudad permanente… Es que sabemos que Estamos de paso… Y esto provoca un sano desprendimiento de los bienes materialesEs bueno relativizar, o hacer tragedias. A veces no dormimos y tenemos que tomar pastillas por la ansiedad… Y llega la muerte y vemos como todo eso que estaba en la cabeza se esfuma y explota como una pompa de jabón…

Me enseñaron hace tiempo un libro con un exlibris que ponía en tinta roja y a mano superpuesto lo que está entre paréntesis: “ESTE LIBRO (NO) ES DE LA MARQUESA x (PORQUE EL QUE SE MUERE LO DEJA TODO)”… No hay verdad más clara que todo lo que tenemos en el fondo solo lo administramos durante un tiempo.

Jesús dice hoy que a quienes dan fruto los podará, para que den más fruto. Quien ha visto o ha participado en una poda, estará de acuerdo en que impresiona ver cómo los jardineros y hortelanos despojan y pulen el árbol de una manera que, en un primer momento puede parecer excesiva, o demasiado exigente ¿verdad?… Pero el Señor sabe lo que nos conviene. No has sentido esa inquietud de querer hacer demasiadas cosas al mismo tiempo o de tener demasiadas cosas en la casa. Acaso, todas esas cosas no son a veces un lastre que arrastramos. Cuando vemos los objetos por todos lados de la casa, nos están induciendo a pensar que podríamos necesitar algo más; o qué deberíamos hacer con ellos, pues no tiene sentido tenerlos ahí para nada (y ¡con lo que me han costado…!)… Y esas cosas que hemos adquirido entonces se convierten en fuente de intranquilidad, nos ponen tontamente bajo presión: si tengo una bici, tendré que usarla, sino para qué la tengo… Es absurdo haber conseguido algo que además nos costó mucho para nada… Por eso no viene mal esta poda del Evangelio de hoy que nos ayuda a simplificar la vida y a estar más tranquilos. Desprendernos, aunque solo sea intencionalmente, de tantas cosas que realmente no necesitamos creará en nosotros un espacio de tranquilidad donde la oración pueda cuajar y nos permita permanecer en Dios.

Por todo esto procuraremos aprovechamos mejor el tiempo para hacer el bien y adelantar en nuestra santificación sin dejarlo para mañana que no se sabe si llegará para nosotros: Recordemos las palabras del Señor, ante aquel que se decía: Come, bebe y date buena vida… ¡Necio! hoy mismo te llamarán… Por todo esto procuraremos quitarnos esa pereza mala que nos lleva a la tristeza, y nos espabilaremos como aquellas vírgenes prudentes, como aquellos parados de la viña que se disponen a trabajar, para evitar recibir la reprimenda del perezoso que enterró su talento… Por todo esto procuraremos ver la muerte como una culminación de una vida gastada en el servicio de Dios: Yo te he glorificado en la tierra: he terminado la obra que Tú me has encomendado que hiciera. (Jn 17, 4)… Todo está cumplido… Así hace el Señor, poner todos los medios humanos (terminar la obra) y a la vez se abandona en sus manos (Padre a tus manos encomiendo mi Espíritu). Por todo esto procuraremos que la realidad de la muerte nos lleve también a amar la vida y a este mundo apasionadamente: te copio esta anécdota:

Un profesor fue invitado a dar una conferencia en una base militar, y en el aeropuerto lo recibió un soldado llamado Ralph. Mientras se encaminaban a recoger el equipaje, Ralph se separó del visitante en tres ocasiones: primero para ayudar a una anciana con su maleta; luego para cargar a dos pequeños a fin de que pudieran ver a Santa Claus, y después para orientar a una persona. Cada vez regresaba con una sonrisa en el rostro. ¿Dónde aprendió a comportarse así?, preguntó el profesor. En la guerra, contestó Ralph. Entonces le contó su experiencia en Vietnam. Allá su misión había sido limpiar campos minados. Durante ese tiempo había visto cómo varios amigos suyos, uno tras otro, encontraban una muerte prematura. Me acostumbré a vivir paso a paso. Nunca sabía si el siguiente iba a ser el último; por eso tenía que sacar el mayor provecho posible del momento que transcurría entre alzar un pie y volver a apoyarlo en el suelo. Me parecía que cada paso era toda una vida.

Por todo esto, a la vez que nos espabilamos, confiamos y esperamos en un Dios Padre nuestro que no está como un cazador al acecho para cogernos en un momento de descuido. Y por eso hemos de evitar también la presunciónPero sobre todo la realidad de la muerte nos debe llevar a una decisión radical: a buscar los amores que perduran: No pongas tus amores solo aquí abajo. Muchas veces son tan solo amores egoístas… Los que amas se apartarán de ti, con miedo y asco, a las pocas horas de llamarte Dios a su presencia. -Otros son los amores que perduran. (Cfr. Camino 678).

Cfr. La silla, un modo de morir y de vivir…

LA REALIDAD DEL JUICIO PARTICULAR

Está establecido que los hombres mueran una sola vez, y que después tenga lugar el juicio (Heb 9, 27). Decimos en el Credo: Jesús que ha de venir a juzgar a vivos y muertos y su reino no tendrá finInmediatamente después de la muerte viene el juicio particular del alma por Dios y al final de los tiempos vendrá el juicio universal. Este juicio tiene lugar una sola vez y en él se decide nuestro destino eterno:

Es también como un hombre que al marcharse de su tierra llamó a sus servidores y les entregó sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro… Después de mucho tiempo, regresó el amo de dichos servidores e hizo cuentas con ellos. (Mt 25,14.19)… Pues, aunque en nada me remuerde la conciencia, no por eso quedo justificado. Mi juez es el Señor. Por tanto, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor: El iluminará lo oculto de las tinieblas y pondrá de manifiesto las intenciones de los corazones; entonces cada uno recibirá de parte de Dios la alabanza debida. (1Cor 4, 4-5)…

El juez es Jesucristo… Tener deseos de darla alegrías cuando deba juzgarnos… Jesús, se para mi siempre Jesús… Y no lo olvides el juez es Él no tu:

Otro ejemplo: A veces, el orgullo (o des-amor) hace que Dios tenga que pagar los platos rotos. Recuerdo a un padre, a cuyo hijo acababan de diagnosticar una enfermedad de parálisis progresiva que le conduciría a la muerte, y que no acababa de aceptar la enfermedad. La familia decidió ir de romeria a Torreciudad a pedir por el hermanito. En el coche rezaban juntos el rosario, pero el padre callaba. Cuando le preguntaron que por qué dijo que le dolía la garganta. Ya en el santuario acudieron a Misa, pero el papá no comulgó. Al final fueron a poner velitas a la Virgen y el enfermito que no solía hablar porque le coistaba mucho respirar, se adelantó con su vela a la Virgen y le dijo: “Virgen, te pido para que se cure papá de la garganta”… En ese momento: el padre echó dos lagrimones. Y entendió, que Dios a través de su hijo, le estaba pidiendo que aceptara la situación, y así lo hizo.

La materia del juicio será no sólo los pecados de acción, sino también las omisiones: todo aquello que debíamos haber hecho y no hicimos: Porque estuve desnudo y no me vestisteis… etc.

Ejemplo. Aquel niño recibió permiso para volver a entrar en la clase tras su expulsión. Se situó atrás y con los brazos miraba desafiante a la profesora. Esta al cabo de quince minutos le dijo: “Fulanito: ¡fuera de clase otra vez!”. Entonces el niño gritó: es injusto no he hecho nada malo, ¿por qué me expulsa? Y la profesora con tranquilidad le dijo: “no te expulso por que hayas hecho nada malo, sino porque debías haber hecho cosas buenas y no las has querido hacer”… Se comprende así mejor porqué las omisiones son también materia del juicio particular

Seremos juzgados en base a lo que fuimos capaces de amar:

Dios hace como esos profesores buenos que quieren que sus alumnos aprueben y nos dice las preguntas del examen… Al atardecer de la vida se nos examinará en el amor

Nos prepararemos para el juicio a través del examen de conciencia: ser muy sinceros con nosotros mismos: A la hora del examen ve prevenido contra el demonio mudo. (Camino 236); sin miedo a la verdad, llamando a las cosas por su nombre: No tengas miedo a la verdad, aunque la verdad te acarree la muerte. (Camino 34)…

Más vale ponerse una vez colorado, que luego mil morado… Además, fíjate, tener vergüenza ¿por qué? Si dentro de 100 años ¡todos calvos!… Mil mentiras no hacen una verdad… Si hemos sido sincero el juicio será repetir aquello que ya es conocido; aquello que ya hemos dicho y se nos ha perdonado, ya tantas veces… Quizás nuestras palabras en el juicio podrían ser algo así como: Señor, tu lo sabes todo, tu sabes que yo te quiero…

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Written by rsanzcarrera

febrero 25, 2008 a 10:59 pm

Publicado en curso de retiro

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