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¿Me doy cuenta del alcance de mi respuesta?: considerar el infierno, el purgatorio y el cielo.

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Esta meditación es un borrador, y sigue en elaboración…

INFIERNO

Es de fe definida que existe el infierno y se afirma muchas veces en la Sagrada Escritura. No se trata de ponerse nerviosos, sino de atestiguar un dato de fe:

Del mismo modo que se reúne la cizaña y se quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles y apartarán de su Reino a todos los que causan escándalo y obran la maldad, y los arrojarán en el horno del fuego. Allí será el llanto y rechinar de dientes. (Mt 13, 40-42)… Entonces dirá a los que estén a la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles: porque tuve hambre y no me disteis de comer (…) Y éstos irán al suplicio eterno (Mt 25, 41-42.46)… Me dijo también: «Hecho está; yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin; al que tenga sed, yo le daré del manantial del agua de la vida gratis. Esta será la herencia del vencedor: yo seré Dios para él, y él será hijo para mí. Pero los cobardes, los incrédulos, los abominables, los asesinos, los impuros, los hechiceros, los idólatras y todos los embusteros tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda (Ap 21,6-8).

Un ejemplo. Podríamos comparar a Dios con esos grandes electro-imanes, capaces de levantar toneladas de hierro sin apenas esfuerzo. Y nosotros seríamos como esas limaduras de hierro que se dirigen como flechas atraídas por el imán. Pero si una limadura se rodea de una gruesa capa del barro de la sensualidad, y de otra capa del corcho de la insensibilidad, y de otras capas de plásticos artificiales de vanidad, soberbia y apariencia; esa limadura de hierro, poco a poco, dejará de sentir los efectos de la atracción del imán y llegará un momento en el que no sienta nada. Pero no es por culpa del imán del amor de Dios sino por la dureza de la costra con que ha envuelto libremente su corazón

Otro ejemplo. Alguien me explicó que la conciencia se parece a un guardia de tráfico del remordimiento nos alerta de que hay un camino y una dirección correcta o incorrecta…

Otro ejemplo. En el Vaticano un sacerdote que tiene el encargo de exorcista, ha escrito recientemente un libro. En el cuenta como en una ocasión, tratando de liberar a un alma del diablo, se encontraba en una casa helada y ya cansado cometió un error que consiste en dirigirse directamente al diablo, diciendo: “anda, abandona ya a esta alma y vete al infierno que Dios te ha preparado y donde estarás más calentito, que con el frío que hace aquí”. Entonces aquella persona le miró, y habló, pero se notaba que era el diablo el que hablaba: “Serás estúpido; Él ni siquiera pensó en ello”. Efectivamente, el infierno es obra exclusiva del diablo y de su odio a Dios. Se puede pensar que Dios ni siquiera pensó en el infierno, sino que es obra del mal y del pecado.

Otro ejemplo. Muchos quieren vivir como sino existiera el infierno, o el castigo de las malas obras. Estos se parecen a los niños que juegan a la “gallinita ciega”… El drama consiste en pasarse toda la vida jugando a la gallinita ciega y cuando se despiertan se dan cuenta de que ya están ciegos para siempre…

La realidad del infierno nos enfrenta con la realidad de nuestra libertad:

Dios al crearnos, ha corrido el riesgo y la aventura de nuestra libertad. Ha querido una historia que sea una historia verdadera, hecha de auténticas decisiones, y no una ficción ni un juego… Por eso, la consideración de infierno debe llevarnos a salir cuanto antes de la situación de pecado mortal; a no dejar que pase ni un día en esta situación (no dormir ni una sola noche en pecado mortal; al menos hacer un acto de contrición lo más perfecta que podamos si nos es imposible confesar ).

También nos enfrenta, sin agobios, con la responsabilidad de hacer más apostolado: de ser conscientes de que junto a nosotros pueden vivir personas que no están habitualmente en gracia: sentir la urgencia de ayudarles y decirles la verdad de su situación:

Os enseñaré a quién habéis de temer: temed al que después de dar muerte tiene poder para arrojar en el infierno. Sí, os digo: temed a éste. (Lc 12,5)… No me gusta hablar de temor, porque lo que mueve al cristiano es el Amor de Dios, que se nos ha manifestado en cristo y que nos enseña a amar a todos los hombres y a la creación entera; pero si debemos hablar de responsabilidad, de seriedad. No queráis engañaros a vosotros mismos: No os engañéis: de Dios nadie se burla, nos advierte el mismo Apóstol.

EL PURGATORIO:

No es bueno verlo como algo “bueno”, como algo “consolador”… Lo más adecuado es tener deseos de saltárnoslo a la torera…

Un ejemplo. Si consideramos a las reliquias de los pecados como a esas manchas que quedan en las casas después de las goteras, o a esos lamparones en la ropa después de derramarse algún líquido, etc… Solo pensar que quedaríamos, así, para siempre delante de Dios, nos llenaría de tristeza. Por eso, el que Dios en su providencia amorosa halla pensado en este medio para purificar al alma de esos “lamparones”, reliquias de los pecados pasados ya perdonados, es para agradecérselo. De este modo podremos estar limpios, e inmaculados en su presencia por toda la eternidad…

Otro ejemplo. Conformarse con el purgatorio es como si después de competir una larga liga, en el partido de la final, ante un resultado de empate, pitan un penalti al otro equipo y te encargan a ti tirarlo. ¿Te conformarías con fallarlo y pasar a la prórroga? No. Pues lo mismo sería después de esta vida conformarse con no dar el abrazo esperado al amor de nuestra vida y conformarse con 300 años más de purgatorio.

Otro ejemplo. ¿Te imaginas que en un coro de categoría, en el momento en el que intervienes con un solo poderoso, te saliera un gallo? Vaya fracaso, ¡verdad? pues eso sería conformarse con el purgatorio en el momento más estelar de tu vida, tras la muerte: el encuentro gozoso con el Amor de toda nuestra vida: Dios.

La toma de conciencia con esta realidad del purgatorio nos debe hacer sentir la necesidad de purificarnos y expiar en esta vida… Todo vale, si los unimos a la pasión del Señor, para purificarnos ya aquí:

Dolores de cabeza, sacrificios, contrariedades, enfermedades, etc. Aprovechar las penitencias pasivas, las que nos vienen, y además añadamos con pillería cosas pequeñas como: Esa palabra acertada, el chiste que no salió de tu boca; la sonrisa amable para quien te molesta; aquel silencio ante la acusación injusta; tu bondadosa conversación con los cargantes y los inoportunos; el pasar por alto cada día, a las personas que conviven contigo, un detalle y otro fastidiosos e impertinentes… Esto, con perseverancia, sí que es sólida mortificación interior. (Camino 173)

EL CIELO

Voy a prepararos un lugar para que estéis conmigoEl que me ama guardará mis mandamientos y vendremos a él y haremos morada en él… No sabemos mucho del Cielo: ni ojo vio ni oído oyó lo que Dios tiene preparado para los que le aman… ¿qué será ese Cielo que nos espera, cuando toda la hermosura y la grandeza, toda la felicidad y el Amor infinitos de Dios se viertan en el pobre vaso de barro que es la criatura humana, y la sacien eternamente, siempre con la novedad de una dicha nueva? (Surco 891)

Un ejemplo. Me gusta pensar que en el Cielo como en un regalo. Porque el regalo es siempre algo que no te esperas y que sabes que quien te lo hace te quiere, te conoce y sabe qué es lo que más ilusión te hace, incluso adivina tus deseos sin que tu mismo los sepas. Pero un regalo de Dios es algo increible, porque nadie me quiere más que Él, ¡y como me quiere!… Y nadie me conoce como Él… Y nadie es tan poderoso como Él… Por eso puesto Dios a hacerme un regalo como será, cuando toda esa belleza, toda esa bondad infinita, se derrame en este pobre corazón y cure mis miedos y de plenitud a mis deseos, y satisfaga mis ansias de felicidad… Sí, le voy a dejar a Él que piense el regalo…

Otro ejemplo. Vale la pena, vale la pena, vale la pena… (aún así hay muchos que no se enteran)… Al parecer Santa Teresa de Ávila cuando era pequeña se llevaba medio a rastras a su hermano con ella hacia la zona de tierra de moros con la intención de morir mártir y así  irse al Cielo, y para convencer a su hermano iba repientodo en voz alta: ¡para siempre, para siempre!…

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Written by rsanzcarrera

febrero 26, 2008 a 3:48 pm

Publicado en curso de retiro

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