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El misterio de la Encarnación

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LA ANUNCIACIÓN

Hágase en mí según tu palabra: Al encanto de estas palabras virginales, el Verbo se hizo carne (Hombre)… El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1,14). Y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo reclinó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada (Lc 2,7). Se ha hecho tan pequeño —ya ves: ¡un Niño!— para que te le acerques con confianza (Camino 94).

Un Ejemplo. Podemos imaginar a la Trinidad reunida contemplando la situación lamentable del mundo y, entonces el Hijo dice al Padre: sí, Padre, iré yo… Y toda la Trinidad dijo: “Hagamos la Redención” y se hizo la Encarnación… Yo he venido para que tengan Vida y la tengan abundantemente…

Desde ese momento la vida del cristiano no es ya solo seguir unos ideales o valores más o menos atractivos, ni solo tener unas creencias, ni solo participar en unos ritos por muy sagrados que sean, ni solo seguir unas normas morales por muy justas o perfectas que sean… Ser cristiano es esencialmente seguir a una Persona: a Jesús de Nazaret, el Cristo. Más aún se trata de unirse a Él y seguir su misma vida¿Quien eres Señor? Yo soy a Quien tú persigues… no soy yo quien vive sino que es Cristo Quien vive en mi… mi vivir es Cristo… Revestíos de Nuestro Señor Jesucristo… La lectura asidua del Evangelio,ver la vida del Señor como en una película…

Leer con calma la escena en que Zaqueo quiere ver al Señor (Lc 19, 1-10). Zaqueo es el hombre que pone en práctica las palabras de Jesús: buscad y hallareis… ¿Quiero yo ver a Jesús? ¿Hago todo lo posible para poder verlo? Este problema después de 2000 años es tan actual como entonces… ¿yo personalmente y verdaderamente quiero contemplarlo, o quizá evito el encuentro con Él? ¿Prefiero verlo de lejos, no acercarme mucho… para no tener que aceptar toda la verdad que hay en Él, que proviene de Él, de Cristo? (JPII Hom 5-XI-89)

Un ejemplo. El hombre es imagen y semejanza de Dios. Es imagen… casi todo lo que hacemos es porque lo hemos visualizado antes. Lo saben muy bien los agentes de publicidad y marketing: vestimos lo que vemos, nos peinamos como lo vemos en otros, actuamos como vemos que actúan otros, hacemos lo que vemos, etc… Se suele decir que “todo se pega menos la hermosura”… Efectivamente, sí miramos al Señor, sí le hacemos nuestra imagen: realmente seremos imagen y semejanza del Dios encarnado.

Ejemplo. Conozco algunas conversiones de personas adultas y casi siempre lo que les acercó a Dios fue algo trivial, sencillo: un grupo de formación o de oración al que fueron “a ver que pasaba” o para que “le dejara en paz” su amigo o amiga; una misa de funeral a la que fueron por “compromiso”; el bautizo o la primera comunión de uno de sus hijos que hizo que se “ablandara” y recordará su antigua vida de piedad… Pero todos, al final, coincide en lo mismo: lo que les toco el alma fue el Amor de Dios… Empezaron a advertir que ciertamente Dios los amaba… ¡Nunca habían caído en la cuenta, nunca habían sospechado lo tanto que los amaba! Dios se sirvió de esas ocasiones para que llegara a sus corazones una palabra: “Yo te amo… y te perdono”. Y esta palabra transformó sus vidas. Y durante meses –te cuentan con gozo- se sienten como arrebatados sin poder dejar de pensar en el Amor de Dios Padre: lo sienten al salir de casa, de camino al trabajo, en el trabajo, cuando comen, al acostarse… Y cuando con esta disposición amorosa luego escuchan los preceptos, las leyes y todo lo que deben cambiar en sus vidas, etc… lo escuchan como algo lógico y natural porque ¡Ya todo les sabe a Amor y se les hace dulce en el corazón!… ¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de legumbres, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios!… Es el momento de plantearnos tu y yo preguntas “incómodas”: ¿no habremos olvidado los cristianos “de toda la vida” este Amor de Dios? ¿No estaremos ocupados en cumplir con las cosas del Señor y olvidamos al Señor de las cosas? ¿No estaremos tan ocupados en cumplir los mandamientos que olvidemos que tras ellos hay un Creador enamorado? ¿Es para nosotros dulce la Ley, sabemos cuánto Dios nos quiere, escuchamos de Jesús palabras de Amor o más bien no nos atrevemos a abrir el oído por miedo a escuchar reproches…? Me gustaría a veces ser de esos conversos adultos y que la Palabra de Dios resonara en mis oídos con aquel dulce timbre de lo nuevo y en mi alma surgiera de nuevo esa Novedad gozosa de la más alegre de las Noticias… Quizá ya lo es (así lo pienso), pero tengo que luchar mucho; la rutina amenaza en cada esquina.

En este curso de retiro vamos sacar el propósito de acercarnos a Él y tratarle especialmente en la Palabra y en el Pan: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios, dijo el Señor. -¡Pan y palabra!: Hostia y oración. Si no, no vivirás vida sobrenatural. (Camino 87)… Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Como el Padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así, aquel que me come vivirá por mí. (Jn 6,55-56)

Otro importante aspecto relacionado con la Encarnación es la mortificación. Me explicaré. La mortificación se nos presenta como una piedra de toque de la verdadera escucha… Como signo de la escucha verdadera

Un ejemplo. Alguien me dijo en cierta ocasión que los amores son como los recién nacidos que solo se saben que están vivos cuando lloran… El amor verdadero se descubre en el momento difícil…

Otro ejemplo. Un joven leyó aquella poesía: “Y si en amor estoy ducho, es por fuerza del dolor, que no hay amante mejor, que aquel que ha sufrido mucho”… Y se dio cuenta del valor del sacrificio en el amor.

La mortificación se nos presenta muchas veces como la clave de la verdadera respuesta al Amor de Dios.

Ejemplo. Aquel poema que decía: “Amor mío: por verte a ti, escalaría las cumbres más ariscas y los picos más altos; por verte a ti, capaz sería de cruzar a nado el océano; por verte a ti, atravesaría yo la selva llena de fieras de parte a parte; por verte a ti, recorrería los desiertos sin una gota de agua; por verte a ti, hasta a volar estaría dispuesto con las alas de Ícaro… Te ama desesperadamente: Nicasio. P.D.- El sábado, si no llueve, iré a verte.”

Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obrasEs fácil amar de palabra; es fácil enamorarse “de boquilla”Dar la vida es muy, muy difícil. Por eso, las palabras de Juan: “Y el Verbo se hizo carne“… podríamos expresarlas también: “Y La Palabra se hizo obra; se hizo Verdad“. La Encarnación supone que, en la carne (de un Niño), la carta de Amor de Dios, su Palabra enamorada, se hizo Verdad palpable. Cuando Dios dice “te quiero”, no escribe una carta y luego se queda en casa; cuando Dios dice “te quiero”, su “te quiero” toma carne y se entrega por nosotros (esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros… mi sangre que se derrama por vosotros…). Jesús, el Hijo, es el “te quiero” de Dios hecho obra y Verdad.

Y la Encarnación supone que, como natural respuesta, el “te quiero” que decimos a Dios debe poder tocarse y palparse… ¿Qué cómo? En nuestro cuidado del porte externo, en el orden en nuestras cosas, en nuestra mirada, en nuestra sonrisa, en nuestro buen humor, en nuestros detalles de cariño, en la entrega de mil menudencias que expresen ese “te quiero” que decimos al Señor… Esa palabra acertada, el chiste que no salió de tu boca; la sonrisa amable para quien te molesta; aquel silencio ante la acusación injusta; tu bondadosa conversación con los cargantes y los inoportunos; el pasar por alto cada día, a las personas que conviven contigo, un detalle y otro fastidiosos e impertinentes… Esto, con perseverancia, sí que es sólida mortificación interior. (Camino 173)

Un ejemplo. La película el Violinista en el tejado, tiene una escena en la que el protagonista está perplejo viendo lo enamorada que está su hija de un joven ruso comunista que a él no le acaba de agradar, pero los ve tan enamorados… Y entonces le surge la duda de si su mujer ha estado tan enamorada de él alguna vez, y ni corto ni perezoso se lo pregunta al llega a casa: “Oye ¿tú me has querido?” Ella se le queda mirando y le empieza a decir, que le ha dado cinco hijos, le ha sido fiel durante casi 30 años, le ha lavado la ropa, le ha dado de comer, le ha cuidado cuando estaba enfermo, le ha aguantado todos sus enfados y manías… y sigue hasta que se le queda mirando y le pregunta a él: dime, si esto no es querer ¿qué es querer?… Efectivamente el amor esta lleno de esas menudencias continuas que son la prueba fehaciente de la verdad de nuestra vida

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Written by rsanzcarrera

febrero 27, 2008 a 8:22 pm

Publicado en curso de retiro

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