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¿Es el cristianismo la auténtica fe?

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¿Qué pensarías si alguien te dijera que tu religión no es la verdadera, si te aseguraran con toda franqueza que estás completamente equivocado y que te engañas al seguir cada día unos dogmas y preceptos que, en realidad, no son los queridos por Dios?

Seguramente no te lo tomarías muy en serio o, quizás intentarías dar tus mejores y más convincentes razones para demostrar la veracidad de tus creencias, y si te fuera bien, incluso intentarías manifestar al otro que en realidad el equivocado en materia religiosa no eres tu sino él.

Pero, volviendo al tema ¿qué te hace pensar que tu religión es la “buena” y no la de otros tantos millones de personas que profesan credos distintos al tuyo? Todos y cada uno de ellos piensan firmemente que su fe es la única y verdadera; lo piensan los judíos, los musulmanes, los hinduistas, los taoístas, los budistas… y también los cristianos. Es lógico pensar así, pues si mi religión es la única religión verdadera, las otras, en consecuencia, no lo son.

Nos encontremos ante un dilema: 1) si solo hay una religión verdadera, la mía, ¿Por qué la mía precisamente? ¿Y si acaso la mía no fuera la auténtica y genuina?. Y la 2) opción es pensar que, por el contrario, que todas las religiones son igualmente válidas, pero ¿es posible que todas las religiones sean válidas? Pero, si lo son todas, parece como si no lo fuera en realidad ninguna ¿Y no es esto, entonces, relativismo?

Efectivamente, se ha puesto de moda decir que, en el fondo, todas las religiones son igualmente válidas ya que defienden ideales semejantes y creen en un mismo Dios; serían como diversos caminos de llegar al mismo lugar ¿Es esto correcto? Veamos.

¿Es correcta la tesis de que cualquier religión, por el hecho de serlo, puede considerarse válida y verdadera? No; ésta es una solución fácil que ningún teólogo daría por satisfactoria.

“Es un error pensar que todas las religiones creen en el mismo Dios y que se diferencian únicamente en la forma diferente de nombrarlo. Es evidente que no es lo mismo la divinidad impersonal de la que hablan budistas e hinduistas, que el Dios personal de judíos y cristianos. Como tampoco es lo mismo el Dios grande del Islam, que el Dios Trinitario del cristianismo, comunión de vida y amor, Padre, Hijo y Espíritu Santo” (cfr. José Rico Pavés, secretario de la Comisión Episcopal Española para la Doctrina de la Fe).

¿Está entonces justificada la tesis contraria de que ni todas las religiones valen lo mismo, ni todas pueden ser consideradas como poseedoras del mismo grado de verdad? Si, las grandes y numerosas diferencias que existen entre las diversas religiones justifican la teoría de que ni todas valen lo mismo ni todas pueden ser consideradas como poseedoras del mismo grado de verdad. Efectivamente: “El mundo de lo religioso es enormemente variado en todo: en sus elementos doctrinales, en la dimensión moral, en sus elementos organizativos o institucionales, en su historia, en sus plasmaciones artísticas… Si las religiones son tan variadas, aunque también haya entre ellas algunas semejanzas importantes, está indicando que no todas valdrán lo mismo, que no tendrán en todos los aspectos los mismos niveles de calidad, o sea de verdad religiosa, de verdad sobre Dios y de verdad sobre el hombre”. (Cfr. Gonzalo Tejerina Arias, decano de la facultad de Teología de la Universidad Pontifica de Salamanca).

Vale, de acuerdo, no todas las religiones son iguales, pero entonces ¿cómo saber cuál es la más verdadera y la más válida?

Imaginemos una escena en la un rabino, un imán y un sacerdote católico están conversando vivamente sobre cuál de sus tres religiones es la verdadera. Y en plena discusión, llega un joven que hasta entonces no ha oído nunca hablar de Abraham, de Mahoma o de Jesucristo, y tras escucharles ¿Por cuál de las tres confesiones se decantaría si todas ellas aseguran ser la única verdadera? Resulta evidente que “en su pretensión de verdad, todas las religiones están en lo mismo; así que la diferencia se encuentra en el modo en que cada una de ellas puede sustentar esa pretensión de verdad” (cfr: Gonzalo Tejerina Arias)

Sin entrar en grandes demostraciones ¿Cómo sustenta y legitima esta pretensión de ser la única y verdadera religión la fe cristiana? Bernardo Estrada, profesor en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de Roma, explica exactamente en qué se sustenta la fe cristiana para decir que es la única y verdadera religión: “En la historia de la humanidad han aparecido muchos mensajeros y profetas de diversas religiones, y todos (o casi todos) se han presentado como enviados por Dios y poseedores de un mensaje único. La diferencia con nuestra fe cristiana es que Jesucristo no sólo ha dicho que viene de parte de Dios, sino que lo ha demostrado: no sólo por los milagros sino sobre todo por la resurrección, que es el hecho central de la fe. Si Cristo no hubiera resucitado y no viviera hoy, como vive presente en la Iglesia, su mensaje habría sido igual al de los otros. Ésta es la gran diferencia y por eso creemos que nuestra revelación procede realmente de Dios“.

Conviene advertir esto claramente, en todas sus consecuencias. Si Jesús hubiera sido como todos los demás fundadores de religiones, un maestro más, un filósofo más, un profeta más, o el último o el más profundo de ellos, etc., no habría realmente una diferencia cualitativa y esencial, entre el cristianismo y las demás religiones; la pretensión del cristianismo tan solo sería cuantitativa o de grado. Pero la resurrección lo cambia todo, lo hace único, le otorga una diferencia esencial. Debemos advertir con toda claridad que el cristianismo sin la resurrección no se explica: un líder muerto, fracasado y negado en todas sus pretensiones, junto con unos discípulos traidores y cobardes sería el resultado final lógico.

Efectivamente, con el acontecimiento de la Resurrección, el cristianismo no se presenta como “una expresión más del esfuerzo honesto del ser humano por llegar hasta Dios, sino como la proclamación gozosa de que ha sido Dios quien ha venido al encuentro del hombre” (cfr. José Rico Pavés). Hace tiempo vi un dibujo en el que muchas flechas de distintas longitudes salían desde la tierra hacia el cielo sin alcanzarlo (eran las religiones naturales) y luego aparecía una gran flecha que bajaba del cielo y alcanzaba la tierra (era la religión Revelada), todo un Dios que se Encarnaba y se hacía uno de nosotros. La Encarnación y la Resurrección son el fundamento de la pretensión del cristianismo como la única religión verdadera. Solo el cristianismo (y el judaísmo, en cuanto que advierten el origen divino de la Revelación) tiene mártires, y, por favor, no apliquemos este término al que odia hasta tal punto de llegar a matar, sino al que ama el tesoro divino que ha recibido hasta tal punto que está dispuesto a perder la vida por conservarlo.

Pero aquí no queda todo. “Para el cristiano, la comprobación definitiva de que nuestra fe es la religión verdadera se hace bajo la Gracia de Dios” (Gonzalo Tejerina Arias). En este sentido, me atrevería a afirmar que actualmente el gran testimonio de la verdad de la religión cristiana lo dan los santos, la vida y la obra de estos hombres y mujeres que llevados por el Espíritu, han sido capaces de heroísmo, y de confirmar con sus vidas la verdad de la acción del Espíritu Santo, de la Gracia de Dios, en ellos.

Además de todo esto, tenemos nuestro propio sentir religioso: “al final, la seguridad última de la verdad de nuestra fe se tiene gracias a la acción de la Gracia divina que nos ilumina de una manera que permite que veamos con certeza que la fe en Jesucristo es la verdadera experiencia religiosa” (cfr. Gonzalo Tejerina). Comprendo que para quien no haya tenido esta experiencia le resulte difícil, al igual que resulta difícil comprender la belleza de una vidriera gótica de una catedral, vista desde el interior, en sus miles de colores al ser iluminada por el sol, del que solo la ve desde fuera y le parece un conjunto de cristales y de piedras grises y entreveradas.

Una última cuestión ¿Qué pasa entonces con las demás religiones? ¿Son todas falsas, son mentira? No, todas las religiones tienen algo de verdad. Efectivamente, aunque la fe cristiana se considere a sí misma como la única religión verdadera, nunca catalogaría al resto de confesiones como falsas o radicalmente erróneas. La Iglesia católica reconoce que también en ellas puede haber -y de hecho hay- algunos “destellos” o “huellas” de la Verdad. Así lo expresa claramente la declaración “Nostra Aetate” del Concilio Vaticano II: “La Iglesia católica no rechaza nada de cuanto hay de verdadero y santo en estas religiones. Considera con sincero respeto esos modos de obrar y de vivir, esos preceptos y esas doctrinas que si bien en muchos puntos difieren de lo que ella cree y propone, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres”.

El sacerdote y doctor en Teología Moral, Andrés Bernar, añade que si en otras religiones hay “elementos” de verdad es porque “surgen de la Ley Natural que todo hombre tiene grabada en su naturaleza. El sentimiento religioso, el deseo de un Dios, la conciencia de la necesidad de ser redimido, la creencia en el más allá… son aspectos naturales que toda civilización ha intentado plasmar en su vida religiosa. Para nosotros, Dios mismo se ha revelado y a través de Cristo nos ha mostrado con mucha mayor claridad esos elementos. Las demás religiones, en la medida en que participan de esos elementos o de sus consecuencias prácticas (una vida recta, amor al prójimo, etc.) en el fondo están participando de Cristo, aunque no lo sepan“.

Antes de terminar, solo decir que somos conscientes de que muchos piensan, y seguirán pensando, que no se puede hablar de verdad en términos absolutos; todavía menos, si el debate se circunscribe a las múltiples religiones que se extienden por todo el globo. En este sentido recogemos aquí estas palabras de Benedicto XVI: “Nada mejor que el amor a la verdad logra impulsar la inteligencia humana hacia horizontes inexplorados. Jesucristo, que es la plenitud de la verdad, atrae hacia sí el corazón de todo hombre, lo dilata y lo colma de alegría. En efecto, sólo la verdad es capaz de invadir la mente y hacerla gozar en plenitud. Esta alegría ensancha las dimensiones del alma humana, librándola de las estrecheces del egoísmo y capacitándola para un amor auténtico. La experiencia de esta alegría conmueve, atrae al hombre a una adoración libre, no a un postrarse servil, sino a inclinar su corazón ante la Verdad que ha encontrado”. (cfr. Asamblea Plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe celebrada el 10 de febrero de 2006).

Cfr. De un artículo de Isis Barajas.

Algunas preguntas sueltas:

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Written by rsanzcarrera

abril 20, 2008 a 6:06 pm

Publicado en Catequesis, Teología

Una respuesta

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  1. tengo la plena certesa que la real religion es la que esta en el corazon, en el diario vivir, ser feliz con lo que hay, vivir en armonia aunque no sea igual para ti, dar sin mirar ayudar al que no conoces AMA A TU ENEMIGO, dios me cambio la vida, porfavor no pierdas el tiempo en vanaglorias de quien es o no la real religion, mira cuan bello y hermoso es cuando los hermanos habitan juntos en armonia. amo a dios desde que lo conoci (3 años app)
    desde chile con cariño
    rene

    rene araneda

    septiembre 22, 2010 at 6:37 pm


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