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Para servir, servir

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San Pablo nos pide hoy: ofreceos a Dios como hombres que de la muerte han vuelto a la vida, y poned a su servicio vuestros miembros, como instrumentos para la justicia” A san Pablo le gustaba considerarse el “administrador de los misterios de Dios” (1 Cor 4, 1) y le vemos hoy pidiéndonos esa actitud de servicio al Amor de Dios, que es como el mismo entendía su propia vida. Y no por casualidad, Jesús en el Evangelio de hoy define al buen discípulo como el “administrador fiel y solícito. Fiel a su amo y servicial con los demás.

Debemos tener en cuenta que en la época del Señor las palabras “ministro” y “administrador” hacían referencia al personal de servicio, y en particular al servicio de la mesa. Pablo se siente para las cosas de Dios como un sirviente, como destinado para servir a los demás. Servir los “platos” (los misterios) que Dios ha preparado amorosamente y ha puesto en una bandeja, la bandeja de su vida, y una vez depositados allí, él, Pablo, los sirva a los demás.

Quisiera yo ser como Pablo y como aquella madre: sentir que mi vida, mi tiempo, mis planes no son míos, sino de Dios, y que mi vida Le sirviera de bandeja (bandeja sucia de mi torpeza) en este banquete estupendo de la vida… Y cuando me pidan algo que cambia mi plan… ¿Qué importa, si está dentro del menú que Él ha dispuesto? Y si me piden un poco más… Que sepa dar hasta que rebose… ¿Qué más da, si estoy dando de lo Suyo y Él asiente con una sonrisa? Y, si al final algún despistado piensa que soy yo, y me quiere dar propina… ¡Señor, que sea humilde! ¡Que sepa dar como Pablo y como aquella madre: sin esperar nada!

Esta forma de vivir, de servir, influye mucho en el ambiente familiar, y en el trabajo y en la vida social… A vosotros padres, que se que leéis estas páginas os copio esta poesía que una madre me leyó emocionada hace unos días. La poesía fue leída en el 50 aniversario de su matrimonio por uno de sus hijos, y dice así: Para los padres: Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo. Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño. Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida. Sin embargo… en cada vuelo, en cada vida, en cada sueño, perdurará siempre la huella del camino enseñado” (B. Teresa de Calcuta).

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Written by rsanzcarrera

mayo 13, 2008 a 9:22 pm

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