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Acercar los hijos a Dios: nunca con dureza

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Aun en esos momentos en los que vale la pena comenzar a hablarles de «compromisos», las palabras y los gestos de los padres han de estar llenos de caridad y amabilidad. Exigir con rostro serio y enfadado puede significar, la mayor parte de las veces, que lo que se exige no vale realmente la pena de ser amado.

  • Cuando una madre se esfuerza para que el niño acepte abrir la boca y comer la sopa que no quiere comer, procura sonreírle, decirle mil sugerencias cariñosas, hasta que el niño acaba alimentándose con lo que necesita, y se convence de que aquello no es tan malo.
  • Acompañar con un castigo el abandono de alguna oración, de un buen propósito formulado, un detalle cualquiera de piedad, es algo que siempre vale la pena evitar. Como tampoco conviene caer en airarse, enfadarse, reñir agriamente porque al niño, a la niña se le han olvidado las oraciones de la mañana antes de salir al colegio.
  • Esto no es obstáculo, obviamente, para que en algún momento, y más cuando el niño comienza a crecer, recordarle con una cierta seriedad que es importante que se dirija a Dios, como es importante que salude a sus padres al llegar y al salir de casa… Pero ve entonces que es más un compromiso de amor que una obligación a secas.

Written by rsanzcarrera

noviembre 14, 2008 a 5:03 pm

Publicado en Familia

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