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Acercar los hijos a Dios: nunca mostrar el rostro severo de Dios

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Para que el niño aprenda a vivir con Dios, a dirigirse a Dios, con naturalidad, confianza filial y afecto lleno de cariño con Dios, de considerar siempre a Jesucristo como un verdadero Amigo, es mejor no atemorizar al niño con una imagen justiciera o iracunda de Dios: le conviene no crecer en lo que podríamos llamar «falso temor de Dios».

No olvidemos que subrayar la severidad por parte de Dios, consigue que el hombre vea a Dios solamente como un ser insoportable. Y que la reacción más humana ante lo insoportable además de la huida, es negarse a admitir que lo «insoportable» existe.

Ya se dará cuenta, más adelante, que su padre está serio cuando él hace algo mal, y que el padre se pone serio para animarle a hacer el bien y descubrirle el daño que él mismo se causa haciendo el mal. La seriedad tiene entonces un sentido que el niño aprecia: su padre está serio porque le ama, y quiere su bien. Consciente de todo esto, ya se encuentra en condiciones de comprender que si hace algo mal, también Dios, porque le ama, se puede poner un poco serio con él.

Es también necesario no caer en considerar a Dios como una especie de ser bondadoso, sin rostro, lejano, que ni siquiera se preocupa de las ofensas que los hombres le hacemos, y nos hacemos a nosotros mismos, con nuestros pecados.

El episodio de la mujer adúltera nos puede ayudar a todos a entender el sentido de lo que decimos. Es evidente que la mujer ha pecado, que según la ley puede ser castigada; y de hecho, los fariseos la presentan al Señor con la esperanza de que corrobore la sentencia legal y que, al darle el visto bueno, fuera mirado con desconfianza por parte del pueblo, que siempre mantiene alguna comprensión honda con el pecado. El Señor, después de la marcha de los acusadores, ni siquiera recrimina a la mujer; se limita a manifestarle su perdón, e indicarle «que no vuelva a pecar». Es muy probable que Jesucristo despidiese a esta mujer con una sonrisa.


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Written by rsanzcarrera

noviembre 14, 2008 a 5:11 pm

Publicado en Familia

Una respuesta

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  1. De acuerdo y para lograr ese objetivo:

    Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu Paz .
    Donde hay odio, que lleve yo el Amor.
    Donde haya ofensa, que lleve yo el Perdón.
    Donde haya discordia, que lleve yo la Unión.
    Donde haya duda, que lleve yo la Fe.
    Donde haya error, que lleve yo la Verdad.
    Donde haya desesperación, que lleve yo la Alegría.
    Donde haya tinieblas, que lleve yo la Luz.

    Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, sino consolar;
    ser comprendido, sino comprender;
    ser amado, como amar.

    Porque es:
    Dando , que se recibe;
    Perdonando, que se es perdonado;
    Muriendo, que se resucita a la
    Vida Eterna.
    ___________________________
    San Francisco de Asís.

    bigsplash

    noviembre 16, 2008 at 5:38 pm


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