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Iguales pero diferentes: Varones competitivos, chicas colaboradoras

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A juicio del sociólogo Steven Goldberg del City College de la Universidad de Nueva York, la testosterona cablea el cerebro masculino de tal modo que provoca en los chicos una mayor inquietud por luchar por su estatus. Los chicos son competitivos, les gusta que haya un ganador y un perdedor y someterse a las caballerosas pero estrictas reglas de la competencia. No tenemos más que observar a nuestros muchachos cómo disfrutan jugando un partido de fútbol, acatando las reglas del juego, obedeciendo al árbitro, dejándose la piel frente al contrincante al que respetan y temen. El deseo de ganar les motiva, incentiva, excita y alimenta su espíritu de lucha y sacrificio. Esto de algún modo les hace más fuertes, maduros y autónomos.

Explotar la competitividad natural de los chicos para conseguir logros académicos da excelentes resultados. No hay que temer la competitividad. Janet Daley, explica cómo «al rechazar la antigua escala de exámenes, el aprovechamiento y la competición mensurables, se perdieron los incentivos que habían dado respuesta a un punto de comprensión para muchos alumnos, particularmente, los varones. Un mundo donde nadie puede ser llamado vencedor o nada cuenta como perder tendrá poco atractivo para la psiquis de los jóvenes varones» (cfr Progressive education in Britain). Tambien Hirstch en este sentido afirma que «en lugar de intentar eliminar infructuosamente la competición como un elemento de la naturaleza humana, especialmente de la masculina, deberíamos intentar encauzarla en canales educativamente productivos» (cfr. en The school we need). Se trata pues de convertir la típica «combatividad» masculina en una sana y efectiva competitividad.

Esta fórmula, de excelentes resultados en los chicos, sin embargo, no suele funcionar en absoluto con las niñas. Éstas son por naturaleza más afectivas, solidarias, colaboradoras. Están más pendientes de los problemas de sus compañeras. Los estrógenos favorecen las relaciones personales de apertura y confianza y la oxitocina las impulsa a buscar ayuda en situaciones de tensión. La competencia en las chicas no sólo no las activa sino que las puede bloquear. Esta diferencia podemos y debemos percibirla, no sólo en las escuelas, sino también en nuestros hogares cuando nuestra familia está formada por niños y niñas. A la hora de comer, bañarse o vestirse, las «carreras» dan alas a los niños que se esfuerzan por derrotar a sus hermanos y ser los triunfadores, pero las niñas suelen romper a llorar al percibir demasiada tensión imposible de asumir para ellas.

Conocer estas tendencias es importante de cara a fomentar en las chicas las actividades deportivas desde pequeñas para que, llegada la adolescencia, no las abandonen y del mismo modo, inculcar en los varones desde la infancia la importancia de las actividades solidarias y sociales.

Written by rsanzcarrera

enero 26, 2009 a 12:21 pm

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