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La Madre de Dios y Madre nuestra

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María y los pecadores

El Concilio Vaticano II, “al exponer la doctrina sobre la Iglesia, en la que el divino Redentor obra la salvación, se propone explicar cuidadosamente tanto la función de la Santísima Virgen en el misterio del Verbo encarnado y del Cuerpo místico cuanto los deberes de los hombres redimidos para con la Madre de Dios, Madre de Cristo y Madre de los hombres, especialmente de los fieles” (C. Vat. II, Const. Lumen gentium, 54). Por su cooperación singular a la obra del Salvador, “es nuestra madre en el orden de la gracia” (cfr. ibid., 61 in fine).

A la luz de su maternidad divina -fuente de todas sus prerrogativas-, comprendemos su maternidad espiritual confirmada por Cristo desde la Cruz (Jn 19, 26-27). Esas palabras de Cristo en la Cruz significan que la maternidad de Santa María continúa en la Iglesia y a través de la Iglesia, simbolizada y representada por Juan; “perdura sin cesar en la economía de la gracia (…) hasta la consumación de todos los elegidos” (Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, 25-III-1987, 22).

  • Se trata de la mujer del Génesis (cfr. 3, 15) y del Apocalipsis (cfr. 12, 1), al comienzo y al final respectivamente de la historia de la salvación (cfr. Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, 24).

Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para redimir a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos (Ga 4, 4-5).

  • Nacido de mujer: estas palabras subrayan la verdadera Humanidad de Jesús y enseñan el papel de la Virgen María, la Nueva Eva, en la obra de la redención (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 488).
  • Por nuestra condición de hijos adoptivos de Dios, Santa María es también nuestra Madre (cfr. Forja, 273), porque esa filiación nos viene a través de Ella: nacemos de Ella a la existencia de la gracia. ¡Madre! Llámala fuerte, fuerte (Camino, 516).

Vivir la filiación mariana

  • En la vida de oración 
  • Ponernos bajo su amparo
  • El amor a nuestra Madre y la tibieza 
  • El amor a nuestra Madre Santa María y la gracia
  • El amor a María y la Cruz. En las tentaciones 
  • La romería del mes de mayo.
  • El rezo del Santo Rosario, arma poderosa (cfr. Juan Pablo II, Carta ap. Rosarium Virginis Mariae, 16-X-2002)
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Written by rsanzcarrera

mayo 11, 2009 a 4:34 pm

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