es_tu_dia

Just another WordPress.com weblog

El hombre, buscador de la verdad

leave a comment »

Este artículo es continuación de: Implicaciones teológicas de la física moderna, por D. Manuel Carreira, s.j.

EL HOMBRE, BUSCADOR DE LA VERDAD

La definición filosófica del ser humano, “animal racional”, apunta directamente a la necesidad íntima y universal de conocer la realidad en todos sus niveles.  Esta búsqueda de la Verdad, de la representación correcta del mundo, se lleva a cabo de diversos modos.

Fuentes de Conocimiento

La búsqueda de verdad se realiza por tres caminos complementarios y simultáneos: la propia experiencia, en forma directa por medio de los sentidos o con la ayuda de instrumentos; el raciocinio sobre esos datos o sobre conocimientos previos; la aceptación de conocimientos recibidos de otros en un intercambio cultural en la familia, la escuela, la palabra escrita.  En el primer caso se obtiene un conocimiento vivo y de gran impacto subjetivo, pero muy limitado, pues es muy poco lo que cada uno de nosotros puede experimentar directamente.  Algo semejante debe decirse del propio raciocinio: es fuente de gran satisfacción, pero contribuye muy limitadamente a nuestro acervo de datos o explicaciones de la realidad.  La inmensa mayoría de nuestros conocimientos la debemos a un entorno cultural en que se acepta la labor de generaciones de pensadores de todas las épocas y lugares, de cuyos esfuerzos nos beneficiamos rápidamente, sin el trabajo ímprobo de reinventar cuanto la humanidad ha logrado durante siglos.

En esta aceptación de testimonios de aquellos que son dignos de crédito por su altura profesional y su honradez, desde los padres para el niño pequeño hasta los científicos de mayor prestigio en cada campo, encontramos el concepto básico de FE.  No es un concepto exclusivamente relacionado con el ámbito religioso, sino la aceptación de un modo de conocer absolutamente indispensable para el desarrollo humano.

La fe humana es la fuente de la casi totalidad de cuanto conozco, y esto es particularmente cierto cuando se trata de las ramas más especializadas de todas la ciencias, además de serlo totalmente cuando hablamos de la Historia que es, por definición, el estudio de hechos ya pasados y sin comprobación directa posible.  Una vez más, el Papa en su Encíclica reciente, Fides et Ratio, se refiere al Hombre como “aquel que vive de creencias”, de aquello que recibe de su entorno, mediata o inmediatamente.

Dentro del conocer por testimonio, por fe, puede darse, en principio, un conocimiento recibido de Dios, fuente última de verdad y garantía de sinceridad absoluta.  Tendremos entonces fe divina, que puede darnos acceso a verdades totalmente inalcanzables por nuestra experiencia o raciocinio. No es de esperar que una comunicación divina nos evite el trabajo de buscar el conocimiento de la naturaleza, sino que nos ilumine acerca de Dios, su esencia, sus planes para nosotros, nuestra relación con Él.  En las palabras del Cardenal Baronio, repitiendo a San Agustín en el contexto del problema histórico de Galileo, ”la Biblia no nos dice cómo van los cielos, sino cómo se va al cielo”.

Niveles de Conocimiento

El conocimiento experimental nos proporciona datos cualitativos y cuantitativos de un mundo externo, objetivo, independiente de nosotros y de nuestros prejuicios, objeto de estudio de valor universal para toda raza, nación o cultura.  No hay una Física distinta para científicos de diversas nacionalidades, y cualquier afirmación que se presente como válida debe ser constatable por otros científicos con toda independencia de condicionamientos personales o sociales.

En el comportamiento de la materia se descubren regularidades que permiten intuir un orden, más o menos profundo.  La constatación de tales regularidades permite enunciar ”leyes” en un sentido analógico, pues no son normas impuestas a la materia, sino afirmaciones generalizadas de un comportamiento observado en la realidad.  Porque hay regularidad -orden en diversos niveles- la ciencia es posible.  Con las palabras de Einstein, ”Toda ciencia se basa en una doble fe, no demostrable científicamente: que el mundo existe objetivamente, y que es cognoscible porque no es absurdo”.  Diversos historiadores de la ciencia han hecho notar que la actitud subjetivista, que identifica sujeto y objeto, es la razón más plausible del hecho histórico de que ninguna de las grandes culturas orientales produjo ciencia del mundo material, aunque compilaron gran cantidad de datos astronómicos y desarrollaron la matemática y la tecnología en formas sorprendentes.

Pero este entender, y aun el generalizar las observaciones experimentales, exige una nueva labor, a un nivel más amplio que la experimentación.  No hay ciencia sin raciocinio; se quedaría en mero catálogo de datos.  La abstracción y universalización de lo concreto se funda finalmente en una razón profunda: el proceder de la materia se atribuye a su esencia: las cosas hacen lo que hacen porque son lo que son.  Es el conocer filosófico el que permite la estructuración de cuanto nos da la experiencia, de forma que se intuyen y expresan relaciones, cualitativas y cuantitativas (que se pueden expresar en lenguaje matemático), así como la búsqueda de causas próximas y remotas de los hechos observados.  De esta forma podemos sistematizar el conocimiento según el carácter de las relaciones que lo constituyen:

  • Física (en sentido amplio): estudio de relaciones de la actividad experimentable de la materia.
  • Matemática: estudio de relaciones puramente cuantitativas, sin referencia a la materia concreta.
  • –   Filosofía: estudio de relaciones entitativas, esenciales o accidentales, en el nivel natural.
  • –  Teología: estudio de relaciones entitativas en el nivel de lo sobrenatural conocido por Revelación.

Por raciocinio de inferencia y deducción lógica, nuevas relaciones pueden obtenerse que extienden la comprensión de los datos y sugieren nuevos campos de conocimiento y predicción.  De esta manera el conocimiento avanza. El hecho histórico de que varios autores, independientemente, intuyen la misma extensión de lo ya conocido (como ocurrió con el cálculo infinitesimal descubierto simultáneamente por Newton y Leibniz) no exige postular un mundo de las ideas, existiendo independientemente al modo Platónico y esperando que varios exploradores lo descubran. La misma base de datos y conocimientos puede naturalmente sugerir el siguiente paso lógico a  varios estudiosos de un nivel comparable de habilidad e intuición.

Criterios de Certeza

La base de la racionalidad humana es la aplicación universal de ciertos principios básicos de orden abstracto, filosófico, sin los cuales es imposible conocer, aun en el nivel más elemental.  Tales son: el Principio de Identidad, el Principio de no-contradicción, y el Principio de Razón Suficiente. Todo conocimiento científico, filosófico o teológico necesita seguir estas leyes lógicas, que manan de la misma naturaleza de la realidad, desde la grandeza de Dios hasta el nivel más ínfimo.

Pero la ciencia en el sentido técnico de la palabra, y especialmente la Física, exige más. El criterio último por el que se acepta una hipótesis o teoría es la comprobación experimental de sus predicciones y no se concede valor científico a ninguna elucubración, aun muy atrayente, si es imposible verificarla en un experimento. Incluso si hay limitaciones tecnológicas que hacen imposible actualmente el experimento necesario, por lo menos éste debe ser posible en principio. Por este criterio queda reducida a mera ciencia ficción toda hipótesis de ”otros Universos” (por definición, incognoscibles y sin interacción alguna con el Universo en que existimos), o de parámetros con valores estrictamente infinitos: todo instrumento de medida es siempre limitado en su rango de actuación, y no puede nunca dar una medida de infinitud real.

Esta exigencia de comprobación experimental puede decirse que es la que define a las ciencias de la materia como hoy las entendemos, en cuanto distintas de un conocimiento filosófico.  Incluso la Matemática es más afín a la pura Lógica desde este punto de vista, y la Matemática pura se gloría en su pureza, que desdeña cualquier aplicación de tipo tecnológico, mientras la Lógica actual utiliza simbolismos matemáticos como expresión de la concatenación exacta de sus argumentos.

La Filosofía, en todas sus ramas, tiene como único criterio de certeza el rigor de sus deducciones.  El argumento más definitivo contra una posición filosófica es que lleva necesariamente a un absurdo, en contra del Principio de no-contradicción.

En el campo de la Teología, el criterio de certeza es la Revelación, con el respaldo de infinito valor de la Inteligencia y Santidad de Dios.  Sus desarrollos, estudiando el contenido de la fe, deben ser de estricta lógica, y si llevan a conclusiones que desafían nuestra comprensión, no por eso deben rechazarse, con tal de que no terminen en un absurdo.  No es de esperar que la realidad suprema de Dios sea perfectamente comprensible para nosotros, pues ni lo es la materia ni nuestra propia personalidad humana.

Relaciones Física – Teología

Una vez descrito el campo de aplicación y los criterios de certeza de las diversas formas de conocer, es obvio que la Física, limitada a la descripción de la actividad de la materia en sus aspectos cuantitativos y experimentables, no puede directamente decir nada que afecte el contenido de la Teología, que nos habla de la realidad inmaterial de Dios y de sus planes para el Hombre. Ni siquiera puede la Física tratar de los aspectos artísticos o éticos de la actividad humana: no hay instrumento alguno que mida el valor literario de un poema, la bondad o malicia de una acción, o la satisfacción de una amistad o del deber cumplido, ni puede establecerse experimentalmente el contenido de verdad de un pensamiento, ni su existencia.

La Física reconoce solamente cuatro interacciones (fuerzas) y define a la materia por su capacidad de actuar por alguna de ellas: la fuerza gravitatoria, la electromagnética, la nuclear fuerte y la nuclear débil. Si hay una realidad que no puede describirse en términos de estas interacciones (como son la consciencia, el pensamiento abstracto y la actividad libre), no entrará dentro del concepto de materia y la Física no tendrá nada que decir de ella.

Consecuentemente, es improcedente preguntar si la Física puede demostrar la existencia de Dios o negarla: ningún experimento puede lógicamente contestar a la pregunta. Lo mismo puede decirse del espíritu humano, o de la existencia después de la muerte.  Tampoco puede la Física responder a preguntas sobre la razón suficiente de que exista el Universo, ni acerca de su finalidad: no son objeto de comprobación experimental posible, ni tienen expresión cuantitativa en una medida o fórmula matemática.

De modo correlativo, no puede pedirse a la Teología que nos aclare conceptos de la estructura y actividad de la materia a ningún nivel.  Ni la Biblia ni la enseñanza de la Iglesia nos dirá cómo ni cuándo comenzó el mundo, frío o caliente.  Nada hay en el Credo ni en el reciente Catecismo de la Iglesia Católica que nos evite el estudio científico de algún aspecto del mundo material. Ciencia y fe son dos maneras limitadas y complementarias de conocer la realidad total de Dios, el Universo y el Hombre. Son, repitiendo las palabras de Juan Pablo II,  dos alas con que el Hombre puede volar en búsqueda de la Verdad, y que colaboran en el único esfuerzo de profundizar más y más en el misterio que es nuestra existencia y la del mundo que nos rodea y del que somos parte.

Anuncios

Written by rsanzcarrera

octubre 23, 2009 a 11:34 am

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: