es_tu_dia

Just another WordPress.com weblog

Macrofísica y Microfísica: Principio Antrópico

leave a comment »

Este artículo es continuación de: Implicaciones teológicas de la física moderna, por D. Manuel Carreira, s.j.

B – Macrofísica y Microfísica: Principio Antrópico

La evolución de la materia desde el Big Bang, la Gran Explosión descubierta y demostrada experimentalmente por la Cosmología moderna, lleva a la formación de galaxias, estrellas, planetas y, últimamente, seres inteligentes con una base orgánica material, al menos en el planeta Tierra. El proceso ha necesitado un tiempo del orden de 14 eones (miles de millones de años) y depende de las propiedades de los elementos constitutivos de la materia y de sus leyes más básicas.  No conocemos en detalle muchos de los pasos evolutivos, pero podemos preguntarnos qué hubiese ocurrido de ser el cosmos, ya en su momento inicial, diverso de lo que de hecho fue.

La pregunta no ha partido del ámbito filosófico o teológico sino del campo de la Física, y su respuesta se basa en cálculos matemáticos de procesos físicos a diversas escalas.

Primeras sugerencias de Eddington acerca de coincidencias numéricas, independientes de sistemas de medida, elaboradas luego y ampliadas desde diversos puntos de vista por Dicke, Collins, Hawking, Carter, Barrow, Tipler, Wheeler y otros, desarrollaron cada vez con mayor detalle la idea básica de que la existencia de seres inteligentes, aun en un único lugar, exige un Universo con un ajuste finísimo de propiedades desde el primer momento.  La condensación en galaxias de la nube incandescente inicial no hubiese podido ocurrir de no ser la densidad del cosmos muy próxima al valor crítico (que permite una expansión hacia un volumen máximo al que se acerca asintóticamente) y la formación de elementos necesarios para la vida exige un equilibrio muy exacto de las intensidades de las cuatro fuerzas y los parámetros de las partículas elementales.

No es posible calcular las consecuencias de cambiar simultáneamente todas estas propiedades para tener un tipo de materia radicalmente distinto, pero podemos demostrar que, en el entorno material en que existimos, cualquier cambio significativo lleva a condiciones incompatibles con el desarrollo de la vida hasta el Hombre (entendido simplemente como Animal Racional). Los argumentos detallados se basan en las interacciones necesarias para síntesis nucleares en las estrellas y las exigencias de macromoléculas para la información genética, con períodos evolutivos desde la vida microscópica a la humana que se infieren del registro paleontológico.  Pueden verse estos datos y elaboraciones científicas en referencias múltiples.

Del conjunto de cálculos e inferencias científicas surge la pregunta general: )Por qué tiene el universo las propiedades que permiten su evolución hasta la vida inteligente?. Dos posibles respuestas tienen que contraponerse: o bien ocurre por azar o por diseño.

I – AZAR

La respuesta que lo atribuye al azar no es inteligible sin un cálculo de probabilidades en un conjunto de muchos universos, simultáneos o sucesivos, donde toda clase de parámetros variables producen combinaciones más o menos adecuadas a la vida inteligente.  No puede hablarse de azar en un caso único, y los que buscan esta solución afirman explícitamente una infinitud de universos que asegure que en uno de ellos se producirá un entorno donde la vida florezca, pues en un número infinito deben realizarse todas las variaciones posibles.

Es claro, sin embargo, que con esta hipótesis se viola la metodología científica, que no concede validez explicativa a ninguna solución que no tiene posible comprobación experimental, directa ni indirecta.  Si se habla de una multitud coexistente, tampoco se da razón de su existencia, que exige para cada uno de esos cosmos el recurso a una creación no explicable por azar ni por proceso físico alguno.

Si se trata de un conjunto infinito sucesivo, o se supone un Universo eternamente reciclado, con cambios de sus constantes físicas en cada ciclo, o se atribuye su existencia a la afirmación arbitraria de que todo lo que es posible matemáticamente tiene que existir en la realidad. Muy brevemente se puede enjuiciar el valor de estas soluciones como hipótesis científicas.

Los datos experimentales y la aplicación de leyes físicas conocidas impiden la posibilidad de ciclos eternos; y la segunda hipótesis es claramente ilógica, pues nuestras ecuaciones son meramente un lenguaje simbólico para representar aspectos cuantitativos de la realidad, pero no imponen su realización. Ni la Mecánica Cuántica, interpretando la ecuación de Schroedinger en términos probabilísticos, ni la extrapolación de Everett exigiendo la realización de todas las probabilidades, pueden dar lugar a una comprobación experimental de sucesos múltiples como ramificaciones reales de un experimento de laboratorio; menos aún de los pretendidos “universos”.

II- DISEÑO

El recurso al diseño, con su connotación de una inteligencia y una decisión finalística, es implicado muy sucintamente por el gran físico John Archibald Wheeler. Partiendo de un hecho obvio, base de la ciencia de la materia, se constata la mutabilidad -variabilidad- de ésta, raíz de toda interacción y de todo cambio observable. La mutabilidad implica ajustabilidad: todo lo que puede existir de diversas maneras puede ser determinado extrínsecamente -ajustado- para que exista de una manera concreta.  Más todavía: necesita ser ajustado para existir de una manera y no de otra, pues de otro modo no habría razón suficiente de su modo real de existir en preferencia a otros posibles.

Consecuentemente, es necesario un ajuste del Universo y sus parámetros más íntimos ya en el primer momento del Big Bang, que determine las características iniciales de modo que la vida inteligente pueda florecer en su desarrollo futuro.  Tal ajuste se relaciona con la vida inteligente no por un antropocentrismo anticuado, sino porque para la vida inteligente se necesita la máxima estructuración de la materia, que restringe más estrictamente las posibilidades de variación.

El agente de tal ajuste primitivo, hace miles de millones de años, se encuentra -para Wheeler- en nuestra actividad cognoscitiva actual.  Recurriendo al concepto de “observador cuántico” que hace real aquello que observa, propone una causalidad circular hacia el pasado: al observar ahora el Universo, determinamos que haya tenido las propiedades necesarias para que podamos ahora existir, de modo que nuestra actividad hace existir al Universo en forma adecuada ya antes de que se dé nuestra propia existencia.

Resulta asombroso que tal raciocinio se presente como aceptable, ni en Física ni en sistema lógico alguno.  Aun en las interpretaciones más extremas de la Mecánica Cuántica, en que se llega a negar realidad a lo que no es observable en un experimento, nunca se afirma que tal observación condicione la existencia del observador, sino sólo de lo que puede observarse. Y no puede hacerse ciencia sin el presupuesto de objetividad ya mencionado por Einstein.

Al llegar a este punto, es posible re-expresar el argumento en una sencilla formulación filosófica: todo lo contingente exige una determinación de su modo de existir, que tiene, finalmente, que atribuirse a un agente necesario, no contingente. Así nos encontramos de nuevo ante la necesidad lógica de un Creador omnisciente, conocedor de todas las posibilidades de creación, que diseña a la realidad que crea, por referencia a un fin buscado y querido libremente. Siendo de potencia infinita e independiente de la materia, su acto creativo no puede atribuirse a ninguna motivación de propio crecimiento o provecho. La respuesta filosófica y teológica es hermosa en su sencillez: la creación es un acto de amor y de bondad desinteresada de un Ser espiritual que busca la relación personal con seres capaces de conocerle y de gozar de su misma vida.

Como dice Pagels, hablando del Principio Antrópico en sus diversas formas físicas, su única formulación coherente es la del Principio Antrópico Teístico: el Universo parece hecho para el Hombre (animal racional) porque fue hecho para el Hombre. Como expresión de finalidad, no es ya un principio estrictamente científico, pues no afirma nada susceptible de experimento ni de medida cuantitativa, sino un principio filosófico: una consecuencia meta-física de los datos de las ciencias de la materia, que siempre deben dar paso a otras consideraciones más amplias para explicar la realidad total, incluyendo una razón suficiente de que la realidad tenga un conjunto de propiedades concretas dentro de la ilimitada variedad posible.

Una vez más debemos insistir en que no es la ciencia una fuente directa de información teológica pero no debemos olvidar nunca sus datos al tratar de la materia y sus parámetros y evolución. Sin un conocimiento actualizado de estos conceptos se puede reducir la discusión a un nivel tan abstracto que no tiene referencia a la realidad de un Universo que es también obra de Dios, empobreciendo así nuestra fe en su tendencia a conocer racionalmente y con mayor precisión los datos de la Revelación. Este esfuerzo por entender la fe define a la Teología y  mantiene en un constante desarrollo de mayor profundización la enseñanza de los dogmas.

Anuncios

Written by rsanzcarrera

octubre 23, 2009 a 11:48 am

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: