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PRUDENCIA, FORTALEZA Y TEMPLANZA

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PRUDENCIA, FORTALEZA Y TEMPLANZA

TEOLOGÍA MORAL ESPECIAL

Recomendamos estos apuntes del profesor Tomás Trigo:

  1. Prudencia
  2. Fortaleza
  3. Templanza

1. La prudencia, “auriga virtutum”.

  • Enseñanza cristiana sobre la sabiduría en orden a la comprensión y desarrollo de la vida prudencia y la sabiduría.
  • Centralidad de la prudencia y de la moral.
  • Voluntad y razón en la constitución y ejercicio de la virtud de la prudencia.
  • La prudencia como medida y guía de las virtudes morales.
  • Las partes o divisiones de la virtud de la prudencia.
  • Quizás el aspecto más importante a destacar del tema consiste en explicar el auténtico sentido de la prudencia, pues es frecuente utilizar el término únicamente cuando se trata de adoptar precauciones, con lo que va haciéndose sinónimo de cautela, mientras que la verdadera prudencia señala la conducta más oportuna para alcanzar el bien moral, que se traduce unas veces en refrenar una acción y otras en impulsarla.

2. La vida de la prudencia. También conviene mostrar qué significa en la vida práctica que la prudencia sea medida y guía de las otras virtudes.

  • Actos propios de esta virtud: el consejo, el juicio y el imperio.
  • Medios para adquirir la prudencia.
  • La prudencia cristiana y el don de consejo.
  • La prudencia respecto a uno mismo y respecto a los demás: gobierno y petición de consejo.
  • Prudencia y conciencia.
  • Vicios y pecados contrarios a la prudencia;
    • vicios por defecto:
      • precipitación,
      • inconsideración,
      • inconstancia
      • y negligencia;
    • vicios por desviación del fin:
      • “prudencia de la carne”
      • y astucia.

3. Análisis teológico de la virtud de la fortaleza.

  • Naturaleza de esta virtud: la fortaleza como empeño en la realización del bien, superando las dificultades.
  • Es de particular importancia recalcar la necesidad de la fortaleza, ya que son frecuentes los equívocos sobre esta virtud.

    • Por una parte, se cae en el error práctico de no contar con el hábito, sino sólo con el propósito formulado: por ejemplo, ante el propósito, puede darse la actitud de pensar que se estudiará cuando se acerquen los exámenes, sin reparar que la consistencia de ese estudio dependerá en buena parte del hábito que se haya adquirido.
    • Por otra parte, es bastante corriente pensar que lo que comúnmente se llama “fuerza de voluntad” es un factor que depende de la constitución de la persona -“ha salido así”-, y no, en gran medida al menos, del ejercicio de la virtud.
    • De todos modos y como el temperamento y otros factores innatos inclinan más en determinada dirección, por ello se hace necesario “personalizar” la educación de esta virtud, adaptándola a la persona y sus circunstancias.
  • Opción fundamental por el bien y esfuerzo personal en los actos concretos.
  • Fortaleza y madurez humana; fortaleza y personalidad.
  • Fortaleza y conciencia de la propia debilidad: la confianza en Dios, elemento constitutivo de la fortaleza cristiana.
  • El don de fortaleza.
  • Fortaleza y temor.
  • La disposición al martirio como piedra de toque de la autenticidad de la vida cristiana.

4. El ejercicio de la fortaleza.

  • Acometer y resistir para aceptar y vivir la verdad y el bien, momentos decisivos de la virtud de la fortaleza.  Al explicar las partes de la virtud de la fortaleza -acometer y resistir- interesa hacer ver que la segunda, resistir en el bien, sobre todo cuando se presentan dificultades, es de vital importancia para perseverar en la vida cristiana.
  • Medios para adquirir la fortaleza.
  • Actos propios: cohibir temores y moderar audacias.
  • La fortaleza, virtud entre la cobardía y la temeridad.
  • La ira ordenada y desordenada. Es muy conveniente señalar ejemplos de ira ordenada y desordenada, saliendo al paso de la mentalidad que considera malo cualquier enfado.
  • Virtudes y vicios relacionados con la fortaleza:
    • audacia;
    • magnanimidad
    • y magnificencia;
    • pusilanimidad
    • y presunción;
    • paciencia; (conviene distinguir la verdadera paciencia de la resignación ante el mal, actitud bastante extendida y que no corresponde a la verdadera virtud).
    • lealtad
    • y perseverancia.

5. La templanza: señorío de los hijos de Dios.

  • Naturaleza de la virtud de la templanza.
  • Armonía interior y dominio de sí en la realización de la persona: libertad y señorío en relación con los bienes y deseos.
  • Sobriedad y madurez personal.
  • Valor de los bienes temporales como medios y esclavitud que producen cuando se toman como fines.  Conviene aclarar que los bienes temporales no se reducen a los bienes materiales, y que la templanza en sentido moral no se refiere únicamente a estos últimos bienes. Es interesante también señalar que la sobriedad no sólo es necesaria para lograr el bien sobrenatural: es además una virtud humana, ineludible para una vida propiamente racional.
  • La mortificación y su razón de ser.
  • Partes de la virtud de la templanza.

6. Templanza, corporalidad y sensibilidad.

  • Valor del cuerpo humano y de sus tendencias sensibles, y necesidad de su ordenación al bien íntegro de la persona.
    • El ayuno y la abstinencia.
    • La modestia y sus clases: en los gestos, las palabras, los vestidos, las emociones, etc. Recordar que está extendida una idea equivocada acerca de la naturaleza de la modestia, a la que se viene a identificar con el pudor, mientras que se trata de la templanza en el uso de la expresión personal; su contrario es el deseo de llamar la atención, en cualquiera de sus sentidos: tonos y palabras inadecuadas, vestidos y comportamientos extravagantes, posturas llamativas, frialdad o efusividad inmoderada en el trato, exageraciones en la alegría y en la aflicción, exceso en la locuacidad o en la incomunicación, etc.
  • Pecados contra la templanza respecto a los bienes sensibles:
    • la intemperancia,
    • la gula. Al tratar de la gula, es necesario explicar que este vicio no está sólo en el exceso: también son manifestaciones de gula la exquisitez inmoderada, el capricho alimenticio, el desorden en el comer (“picar” a destiempo), la voracidad incontenida.
    • la embriaguez,
    • la drogadicción,
    • el consumo hedonista,
    • la avaricia como afán de acumulación. Aquí es interesante aludir a conductas bastante frecuentes en el uso de los bienes económicos, como la excesiva aprensión por la seguridad material, el miedo al “qué dirán” por lo que se tiene o se gasta, el intento de vivir por encima de las posibilidades, el llevar un tren de gastos incompatible con el debido ahorro, el miedo a tener más hijos que reducirá las comodidades, o el rechazo para aceptar un revés económico.
    • el lujo y la ostentación. Conviene aclarar que el lujo y la ostentación pueden darse incluso en situaciones de indigencia.
    • el inmoderado deseo de ser apreciado por lo que se tiene,
    • la prodigalidad. Conviene precisar el significado de los términos empleados: por ejemplo, con “prodigalidad” se designa el gasto excesivo, y “pródigo” equivale a “dilapidador”, sin incluir de por sí otros vicios.

7. Templanza y bienes espirituales.

  • El valor de la inteligencia, de la cultura y del conjunto de los bienes espirituales.
  • La moderación en la búsqueda de esos bienes en relación con la propia condición, capacidad, situación o tarea.
  • La studiositas como recto afán de saber
    • y los vicios contrarios:
    • la desidia intelectual
    • y curiosidad desmedida, frívola o malsana;
      • el respeto a la intimidad propia y ajena;
      • los secretos y su violación.
      • Como ejemplos de curiosidad se puede aludir a la compra de revistas o la visión de programas que alimentan la frivolidad, o al hecho de curiosear un diario o un diario o una agenda ajena, aunque sea con una pretendida buena intención (por ej., una madre la de su hija).
  • Templanza en el amor a uno mismo:
    • la humildad.
    • La soberbia y la vanidad. También se debe subrayar que es más necesaria la humildad en los aspectos fundamentales, como los relativos a la aceptación propia; y que no siempre lo más llamativo es lo más importante.
  • Templanza en el descanso: la eutrapelia.
  • Templanza en el amor al prójimo: moderación de la afectividad; el amor posesivo y el apego a las personas.

8. Persona y sexualidad.

  • El sentido de la sexualidad humana: análisis antropológico y teológico.
  • La condición sexuada del ser humano y sus implicaciones morales.
  • Naturaleza de la virtud de la castidad.
  • La castidad en los diversos estados o condiciones de vida: unidad de la virtud y diversidad de manifestaciones.
  • El celibato propter Regnum coelorum como don.
  • La sexualidad orientada al matrimonio; significado del noviazgo y exigencias morales.
  • La fidelidad matrimonial, valor esencial del matrimonio.
  • Integridad del acto conyugal: significado de la inseparabilidad entre los aspectos unitivo y procreativo. Es de gran importancia entender que la razón de la distinción moral entre la continencia periódica y el recurso a la contracepción. Una de las claves radica en el hecho de que es inmoral atentar directamente contra la fecundidad, mientras no lo es realizar el acto conyugal aun sabiendo que será infecundo, por ej., porque la mujer ya está encinta. El punto central para la moralidad del recurso a los periodos infértiles no es en sí mismo el uso de esos periodos, sino más bien los motivos por los que se evita la unión en los periodos fértiles.
  • La paternidad responsable: sentido recto y confusiones acerca de esta noción.
  • La continencia periódica: noción y diferencia moral con el recurso a medios anticonceptivos.

9. La educación en la virtud de la castidad.

  • El aprendizaje del dominio de sí.
  • Medios naturales y sobrenaturales para el crecimiento en esta virtud.
  • La castidad como gracia de Dios.
  • El pudor y la modestia.
  • La educación sexual como educación en la castidad: tiempos, modos y sujetos.
  • Trastornos patológicos de la sexualidad: consejos pastorales.

10. Los pecados contra la castidad.

  • Lujuria directa e indirecta.
  • La cuestión de la gravedad de los pecados de lujuria.
  • Conductas escandalosas.
  • Atentados al matrimonio y su gravedad moral:
    • “matrimonio a prueba”,
    • uniones de hecho,
    • divorcio.
  • Los pecados contra la castidad matrimonial:
    • onanismo,
    • adulterio
    • y contracepción.
  • La pornografía.

11. El valor de la vida humana.

  • La naturaleza de la vida: relación entre vida, cuerpo y alma humana.
  • Dimensión personal y moral de la vida humana.
  • La vida como don de Dios: su sacralidad.
  • La inviolabilidad de la vida humana inocente.
  • El derecho a la vida.
  • El estatuto del embrión humano.
  • El aborto: naturaleza y cuestiones morales; conducta del cristiano frente a las leyes abortistas.
  • Fivet y problemas morales afines.
  • Diagnóstico prenatal y experimentación con fetos y embriones.

12. El cuidado de la salud y de la vida.

  • La estima por la salud: prevención, terapia, uso de medicamentos.
  • La integridad física y psíquica de la persona.
  • Los trasplantes, la experimentación sobre el hombre, la mutilación funcional y la esterilización.
  • Homicidio directo e indirecto.
  • Lesiones, agresiones, secuestro, tortura y terrorismo.
  • La legítima defensa y sus condiciones.
  • Moralidad de la guerra.
  • La dignidad de la persona en el momento de la muerte.
  • La asistencia a los moribundos, el ensañamiento terapéutico.
  • Determinación del momento de la muerte: definición y diagnóstico de la muerte.
  • El suicidio y la eutanasia.

Los temas de bioética (nn. 11-12) deben resaltar el valor sagrado de la vida humana, desde su concepción hasta la muerte natural. Ese valor no puede ceder ante otros de menor importancia como pueden ser: evitar el sufrimiento propio y ajeno, consideraciones económicas, deseo de mayor bienestar. Conviene aclarar que la salud corporal no es un bien absoluto, ya que hay mucha desorientación al respecto, sino que está al servicio de bienes más altos. Asimismo se hablará del sentido cristiano y positivo del dolor y del sufrimiento. Quizá puede recordarse la inconveniencia de llamar “defensa propia” a la legítima defensa, ya que en ocasiones se trata de una legítima defensa ajena; es más, se dan situaciones en las que uno podría declinar la defensa propia, mientras tiene el deber moral de defender a quienes están a su cargo.

13. Demografía y ecología.

  • Propaganda antinatalista y planificación familiar.
  • El nuevo colonialismo económico.
  • Doctrina de la Iglesia al respecto.
  • La responsabilidad moral de los gobernantes y de las instituciones internacionales en la distribución de los recursos; posibilidad y límites de su actuación: el respeto a la conciencia personal.
  • Aspectos morales del hambre, la desnutrición, la falta de asistencia médica, etc.
  • El respeto de la creación: uso y abuso de la naturaleza.
  • Ecología y ecologismos.
  • El problema de los recursos naturales y de su explotación.
  • El fenómeno de la concentración urbana.

Exponer la doctrina de la Iglesia y algunas de sus consecuencias prácticas: la Iglesia no propone metas cuantitativas respecto a las cuestiones tratadas (número de personas), sino cualitativas (el bien íntegro de las personas).

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Written by rsanzcarrera

abril 19, 2010 a 10:26 am

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