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¿Y qué lugar ocupa la libertad en la fe religiosa?

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Pero, ¿y si me parece difícil creer, o si más bien no quiero creer? Aquí tenemos que decir que el acto de fe es libre.

No podemos rechazar lo que es evidente, pero podemos no creer en lo que no se ve, o podemos optar por una creencia en lugar de otra. La fe es un acto libre, y por tanto es objeto de mérito o de culpa.

Podemos reprochar a un amigo o un familiar que se haya negado a creernos algo concreto, aun cuando haya tenido motivos para no creer. Se puede no creer, porque la fe no solamente es un acto de la inteligencia, sino también un acto de la voluntad. Como la gran mayoría de los actos de la inteligencia que hacemos durante el día se sustentan en actos de fe, podemos optar por privilegiar unas cosas en desmedro de otras, podemos discriminar las creencias, aceptando unas y rechazando otras, y estos sólo es posible empleando la libertad. Por ello no es obligado creer, sino que es fruto de una decisión.


¿Y qué lugar ocupa la libertad en la fe religiosa?

La elección de un conjunto de creencias religiosas es algo que se mueve en el ámbito sobrenatural, porque en la fe religiosa están implicados los sentimientos y las aspiraciones humanas más profundas, cuyos planteamientos buscan una respuesta que este mundo no nos puede dar. Y por ello se opta por creer, porque si la fe en lo natural es algo libre, lo es mucho más la fe en lo sobrenatural. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma al respecto de la libertad del acto de fe:

No es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del hombre depositar la confianza en Dios y adherirse a las verdades por Él reveladas. Ya en las relaciones humanas no es contrario a nuestra propia dignidad creer lo que otras personas nos dicen sobre ellas mismas y sobre sus intenciones, y prestar confianza a sus promesas (como, por ejemplo, cuando un hombre y una mujer se casan), para entrar así en comunión mutua. Por ello, es todavía menos contrario a nuestra dignidad «presentar por la fe la sumisión plena de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad al Dios que revela» (Concilio Vaticano I: DS 3008) y entrar así en comunión íntima con Él” (n. 154).

Como acto libre, la fe no le quita dignidad al hombre, sino al contrario lo dignifica porque es expresión de la libertad, y lo eleva hacia el ser en el cual cree.

Hay que recordar que así como la inteligencia humana puede fallar, pues podríamos afirmar que sea verdadero algo que en realidad es falso, también la voluntad puede errar, de modo que podríamos querer algo que es realmente malo, creyendo que es bueno. Como la voluntad está involucrada en el acto de fe, podríamos elegir creer en algo que no cumpliera con las condiciones de la racionalidad, eligiendo así no creer en las opciones más razonables.

Pero para evitar caer en la fe irracional o en la credulidad ingenua, hay que respetar algunos principios. Los más sano y lo más razonable es creer en aquello de lo cual tenemos razones para creer, o en aquello que sea más razonable aceptar.

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Written by rsanzcarrera

agosto 5, 2013 a 11:54 pm

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