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c) Argumentos antropológicos para llegar a la existencia de Dios

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9342A465Estos razonamientos han sido empleados sobre todo por pensadores inclinados al existencialismo. Fue san Agustín de Hipona (354-430) quien abordó estos argumentos en sus formas originales. Los argumentos antropológicos parten del hombre, de su pensamiento y de sus capacidades, para a partir del ser humano llegar a Dios.

En primer lugar tenemos el argumento del consentimiento universal de la existencia de Dios.

Según este argumento, podemos constatar que la mayoría de los hombres de todas las culturas, de todos los lugares y de todos los tiempos, ha aceptado la existencia de Dios. Sólo una minoría muy pequeña de seres humanos se ha declarado atea, pero la mayoría ha creído en Dios. Y es así que la mayoría de las personas no deberían equivocarse en algo tan fundamental y tan importante. Por tanto, si casi todos los hombres aceptan su existencia, lo más lógico es que Dios exista.

En segundo lugar, está la vía del deseo de Dios.

Todos los seres humanos tenemos en nuestro corazón el deseo de plenitud y de felicidad completa. Pero ese deseo no puede saciarse en el mundo presente, porque cuando apenas alcanzamos el objeto de nuestro deseo, se produce entonces un anhelo mayor, y así vamos de satisfacción en satisfacción sin lograr nunca llenar el corazón. San Agustín decía: “Nos hiciste Señor para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en ti”. Tenemos impreso en nuestro corazón el deseo de Dios, un deseo que no puede saciarse ni con los placeres de esta vida, ni con todos los conocimientos, ni con todos los bienes materiales, ni con todo el poder ni todos los honores. Es un deseo que sólo Dios sacia. Ahora bien, si existe ese deseo en lo más profundo de nuestro corazón, es porque debe existir un ser que sea capaz de saciar ese deseo, y a ese ser llamamos Dios. Así como la sed es señal de que existe el agua, y el hambre indica que existe la comida, el deseo de Dios es signo inequívoco de que Dios existe, pues si Dios no existiera, no existiría en nuestro corazón el deseo de alcanzarlo y poseerlo.

En tercer lugar “La apuesta de Pascal”.

En tercer lugar planteamos una argumentación que no es propiamente una demostración antropológica de la existencia de Dios, sino un argumento de conveniencia, propuesto por Blas Pascal (1623-1662), y que ha sido denominado “la apuesta de Pascal”. Pascal admite que hay dos posibilidades: que Dios exista o que Dios no exista. Esas posibilidades son independientes de lo que yo crea. A su vez hay dos actitudes humanas ante Dios: creer que existe o creer que no existe. De la combinación de estas dos actitudes con las dos primeras posibilidades, surgen a su vez cuatro posibilidades:

  • 1. Que yo no crea que Dios existe, y que Dios no exista
  • 2. Que yo no crea que Dios existe, y que Dios exista
  • 3. Que yo crea que Dios existe, y que Dios no exista
  • 4. Que yo crea que Dios existe, y que Dios exista

En la primera posibilidad, no gano ni pierdo nada, pues si creo que Dios no existe, y resulta que no existe, no gané nada, pues habré vivido como si Dios no existiera, y al final no me encontraré con Él, porque no existe. En la segunda posibilidad, si yo no creo en Dios y resulta que sí existe, lo habré perdido todo, porque no podré disfrutar de su presencia al haber vivido de espaldas a Él como si no existiera. En la tercera posibilidad no perderé nada como en la primera, pues habré vivido como su Dios existiera, pero al final todo se habría acabado con la muerte. Pero en la cuarta opción, lo habré ganado todo, pues habré vivido creyendo en Dios y actuando en consecuencia, y al final me tendría que encontrar con Él para estar en su presencia eternamente. Ante la posibilidad de perderlo todo (segunda posibilidad) y la de no perder ni ganar nada (primera y tercera), lo más conveniente es entonces ganarlo todo (cuarta posibilidad). Por tanto, es más conveniente apostar a favor de la existencia de Dios que apostar en contra, pues en el primer caso hay 50 % de probabilidades de que lo gane todo, mientras que en el segundo caso hay 50 % de probabilidades de perderlo todo. Es preferible tener 50 % de probabilidades de ganar todo frente a 50 % de no perder nada, a tener 50 % de probabilidades de perder todo frente a 50 % de no ganar nada. Así pues, es mejor apostar a que Dios existe. Es racionalmente lo más conveniente. Hemos dicho que esta argumentación, basado en los cálculos de probabilidades, no concluye invariablemente que Dios existe, pero sí deja ver inexorablemente la conveniencia de creer en su existencia.

Una prolongación de los argumentos antropológicos puede verse en el argumento sociológico, que trataremos a continuación.

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Written by rsanzcarrera

agosto 8, 2013 a 3:26 pm

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