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San Basilio El Grande

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San Basilio fue un obispo del siglo IV. Es uno de los grandes padres de la Iglesia. Es apreciado tanto en la Iglesia de Oriente como en la de Occidente por su santidad de vida, por la excelencia de su doctrina y por la síntesis armoniosa de capacidades especulativas y prácticas. De hecho los textos litúrgicos bizantinos le definen como «lumbrera de la Iglesia».

Nació en Cesarea de Capadocia, hacia el año 330, de una familia no menos famosa por su espíritu cristiano que por su nobleza y riqueza. Su formación elemental la recibió de su propio padre, Basilio, célebre retórico de Neocesarea del Ponto, hijo de Santa Macrina la mayor, discípula de San Gregorio Taumaturgo. Su madre, Emelia, hija de un mártir, trajo al mundo diez hijos, tres de los cuales llegaron a ser obispos: San Basilio, San Gregorio de Nisa y San Pedro de Sebaste, y además una hija que llegaría a ser Santa Macrina la joven, modelo de vida ascética.

Recibió clases de retórica en su ciudad natal, Cesarea, y continuó su formación primero en Constantinopla y finalmente en Atenas, donde coincidió con Gregorio Nacianceno, fraguándose una amistad entre ellos que duraría toda la vida.

Fue al regresar a su ciudad natal, a la edad de 25 años, cuando se sintió impulsado a abandonar el mundo, por consejos de su hermana mayor, Macrina. Esta, luego de haber colaborado activamente en la educación y establecimiento de sus hermanas y hermanos más pequeños, se había retirado con su madre, ya viuda, y otras mujeres, a una de las casas de la familia, en Annesi, sobre el río Iris, para llevar una vida comunitaria. Basilio mismo contará cómo al darse cuenta de que había perdido mucho tiempo en vanidades: «Un día, como despertando de un sueño profundo, me dirigí a la admirable luz de la verdad del Evangelio…, y lloré sobre mi miserable vida». Su primer paso fue recibir el sacramento del bautismo; el siguiente, hacer un viaje por Egipto, Palestina, Siria y Mesopotamia, para relacionarse con los ascetas más célebres. En sus vidas encontró la inspiración que necesitaba.

DIMENSIÓN SOCIAL DE LA CARIDAD

A su retomo, distribuyó sus riquezas entre los pobres y se retiró a la solead no lejos de su ciudad, en el Iris. Se vio rodeado de compañeros que querían compartir su vida cenobítica. Cuando dos años después le visitó Gregorio de Nacianzo, escribe dos Reglas, que le valieron a Basilio el título de legislador del monaquismo griego. El mismo San Benito, considera a Basilio como su maestro. En este período se mostró también como un hombre de acción, fundando unos cuantos monasterios. Hacia el año 364 Basilio fue ordenado sacerdote. Tenía 34 años. Seis años después es nombrado obispo de Cesarea, metropolitano de Capadocia. Pronto se ganó el aprecio del pueblo. Sus monjes formaban parte de la Iglesia local, eran su núcleo animador, y mostraban su fe y amor a Dios sobre todo en las obras de caridad. Con su ayuda, Basilio, pudo fundar hospitales para enfermos y para las víctimas de enfermedades contagiosas, hogares para los pobres y hospicios para viajantes y extranjeros, hasta el punto de que Gregorio Nacianceno habla de toda una “nueva ciudad”, una especie de ciudad de la misericordia, que tomó su nombre «Basiliade». Como obispo y pastor de su extendida diócesis, Basilio se preocupó constantemente por las difíciles condiciones materiales en las que vivían los fieles; denunció con firmeza el mal; se comprometió con los pobres y los marginados; intervino ante los gobernantes para aliviar los sufrimientos de la población, sobre todo en momentos de calamidad; veló por la libertad de la Iglesia, enfrentándose a los potentes para defender el derecho de profesar la verdadera fe.

SU LUCHA CONTRA EL EMPERADOR

Luchó contra el arrianismo, que gozaba del apoyo del emperador Valente y con sus prefectos. En su conversación con el prefecto Modesto, que, enviado por el emperador, le amenazó con la confiscación y el exilio, Basilio contestó: “La confiscación de bienes no alcanza a quien nada tiene… En cuanto al destierro, yo no lo conozco, porque no estoy ligado a ningún lugar: esta tierra donde vivo ahora no la considero mía, y el mundo entero, adonde puedo ser desterrado, lo considero mío, mejor dicho, todo él de Dios, cuyo habitante y peregrino soy. … Pero la muerte sería un beneficio para mí, porque me llevaría más pronto a Dios, para quien vivo y a quien sirvo y para quien he muerto ya en gran parte y hacia quien me apresuro desde hace tiempo. Causo tanta impresión al emperador Valente su respuesta que decidió dejarle tranquilo.

LA UNIDAD DE LA IGLESIA

La preocupación principal de Basilio siempre fue la unidad de la Iglesia. La falta, casi total, de unidad entre los cristianos del Oriente y entre los obispos del Este y del Oeste. Para mejorar las relaciones entre Roma y el Oriente, escribió una carta al papa Dámaso en la que le rogaba viniera a visitar las iglesias de oriente, pero sin resultados. Sin embargo, vivió lo suficiente para ver, al menos, el amanecer de días mejores, cuando el 9 de agosto del año 378 moría el emperador Valente y las condiciones externas hacían posible el restablecimiento de la paz. Basilio, por su parte, murió el 1 de enero de 379, a la edad de 49 años. Solo dos años más tarde se reunía en Constantinopla el llamado segundo concilio ecuménico, que trajo orden y paz a la Iglesia, en tiempos del emperador Teodosio el Grande. Se abrían, al fin, las puertas a todos aquellos que se habían mantenido fieles a la fe de Nicea. No cabe duda de que las bases para este gran momento de la historia de la cristiandad las había puesto Basilio.

RESUMEN DEL PENSAMIENTO TEOLÓGICO DE SAN BASILIO

San Basilio habla, ante todo, del misterio de Dios, que sigue siendo el punto de referencia más significativo y vital para el hombre. El Padre es “el principio de todo y la causa del ser de lo que existe, la raíz de los seres vivos” y sobre todo es “el Padre de nuestro Señor Jesucristo”. Remontándonos a Dios a través de las criaturas, “tomamos conciencia de su bondad y de su sabiduría”. El Hijo es la “imagen de la bondad del Padre y el sello de forma igual a él”. Con su obediencia y su pasión, el Verbo encarnado realizó la misión de Redentor del hombre.

Por último, habla extensamente del Espíritu Santo, al que dedicó un libro entero. Nos explica que el Espíritu Santo anima a la Iglesia, la colma de sus dones y la hace santa. La luz espléndida del misterio divino se refleja en el hombre, imagen de Dios, y exalta su dignidad. Contemplando a Cristo, se comprende plenamente la dignidad del hombre. San Basilio exclama: “(Hombre), date cuenta de tu grandeza considerando el precio pagado por ti: mira el precio de tu rescate y comprende tu dignidad”.

En particular el cristiano, viviendo de acuerdo con el Evangelio, reconoce que todos los hombres son hermanos entre sí; que la vida es una administración de los bienes recibidos de Dios, por lo cual cada uno es responsable ante los demás, y el que es rico debe ser como un “ejecutor de las órdenes de Dios bienhechor”. Todos debemos ayudarnos y cooperar como miembros de un solo cuerpo. San Basilio, en sus homilías usó también palabras valientes, fuertes, a este respecto. En efecto, quien quiere amar al prójimo como a sí mismo, cumpliendo el mandamiento de Dios, “no debe poseer nada más de lo que posee su prójimo”. En tiempo de carestía y calamidad, con palabras apasionadas, el santo obispo exhortaba a los fieles a “no mostrarse más crueles que las bestias…, apropiándose de lo que es común y poseyendo ellos solos lo que es de todos”. El pensamiento profundo de san Basilio se pone claramente de manifiesto en esta sugestiva frase: “Todos los necesitados miran nuestras manos, como nosotros miramos las de Dios cuando tenemos necesidad“. Así pues, es bien merecido el elogio que hizo de él san Gregorio Nacianceno, después de la muerte de san Basilio: “Basilio nos persuadió de que, al ser hombres, no debemos despreciar a los hombres ni ultrajar a Cristo, cabeza común de todos, con nuestra inhumanidad respecto de los hombres; más bien, en las desgracias ajenas debemos obtener beneficio y prestar a Dios nuestra misericordia, porque necesitamos misericordia“. Son palabras muy actuales. Realmente, san Basilio es uno de los Padres de la doctrina social de la Iglesia.

San Basilio nos recuerda, además, que para mantener vivo en nosotros el amor a Dios y a los hombres, es necesaria la Eucaristía, alimento adecuado para los bautizados, capaz de robustecer las nuevas energías derivadas del Bautismo. Es motivo de inmensa alegría poder participar en la Eucaristía , instituida “para conservar incesantemente el recuerdo de Aquel que murió y resucitó por nosotros“. La Eucaristía, don inmenso de Dios, protege en cada uno de nosotros el recuerdo del sello bautismal y permite vivir en plenitud y con fidelidad la gracia del Bautismo. Por eso, el santo obispo recomienda la Comunión frecuente, incluso diaria: “Comulgar también cada día recibiendo el santo cuerpo y la sangre de Cristo es algo bueno y útil, dado que él mismo dice claramente: “Quien come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida eterna” (Jn 6, 54). Por tanto, ¿quién dudará de que comulgar continuamente la vida es vivir en plenitud?” . En otras palabras, la Eucaristía nos es necesaria para acoger en nosotros la verdadera vida, la vida .

Por último, san Basilio también se interesó, naturalmente, por esa porción elegida del pueblo de Dios que son los jóvenes, el futuro de la sociedad. A ellos les dirigió un Discurso sobre el modo de sacar provecho de la cultura pagana de su tiempo. Con gran equilibrio y apertura, reconoce que en la literatura clásica, griega y latina, se encuentran ejemplos de virtud. Estos ejemplos de vida recta pueden ser útiles para el joven cristiano en la búsqueda de la verdad, del modo recto de vivir (cf. Ad adolescentes 3). Por tanto, hay que tomar de los textos de los autores clásicos lo que es conveniente y conforme a la verdad; así, con una actitud crítica y abierta —en realidad, se trata de un auténtico “discernimiento”— los jóvenes crecen en la libertad. Con la célebre imagen de las abejas, que toman de las flores sólo lo que sirve para la miel, san Basilio recomienda: “Como las abejas saben sacar de las flores la miel, a diferencia de los demás animales, que se limitan a gozar del perfume y del color de las flores, así también de estos escritos… se puede sacar provecho para el espíritu. Debemos utilizar esos libros siguiendo en todo el ejemplo de las abejas, las cuales no van indistintamente a todas las flores, y tampoco tratan de sacar todo lo que tienen las flores donde se posan, sino que sólo sacan lo que les sirve para la elaboración de la miel, y dejan lo demás. Así también nosotros, si somos sabios, tomaremos de esos escritos lo que se adapta a nosotros y es conforme a la verdad, y dejaremos el resto”. San Basilio recomienda a los jóvenes, sobre todo, que crezcan en la virtud, en el recto modo de vivir: “Mientras que los demás bienes… pasan de uno a otro, como en el juego de los dados, sólo la virtud es un bien inalienable, y permanece durante la vida y después de la muerte” (ib., 5).

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Written by rsanzcarrera

diciembre 10, 2013 a 4:29 pm

2 comentarios

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  1. Lindura jamas pense que este personaje haya hecho tantas cosas por la Iglesia

    Maria

    enero 12, 2016 at 5:45 pm


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