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4.4.3. Perseverancia (y fidelidad). Magnanimidad

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Perseverancia

La perseverancia, que nada hace desfallecer, forma también parte de la fortaleza. Se trata, obviamente, de la perseverancia en la entrega de amor a Dios y a los demás: Perseverar es persistir en el amor. Sin esta virtud humana, el amor a Dios podría quedar limitado a temporadas y circunstancias; sería entonces un amor condicionado, al que le falta la determinación de perdurar pase lo que pase, requisito imprescindible para su perfección, según las palabras del Señor: «quien persevere hasta el fin, ése se salvará» (Mt 10,22; 24,13). Un amor a Dios que no quisiera durar para siempre no sería verdadero amor.

Puesto que el amor a Dios se puede y se debe manifestar en todas las acciones, la perseverancia se aplica a todo: perseverancia en la oración, en la mortificación, en el apostolado, en el trabajo… En este sentido, equivale a continuar en el bien sin desanimarse.

– La Roca, Dios y tú

Fidelidad

Muchas veces, san Josemaría se refiere específicamente a la perseverancia en la vocación cristiana, y concretamente a la vocación al Opus Dei. En este caso, perseverancia equivale prácticamente a fidelidad, porque ser fiel a los compromisos adquiridos para siempre es tanto como perseverar en la respuesta a la llamada que ha llevado a asumir esos compromisos. Por otra parte, la perseverancia no es un simple continuar o prolongarconsecuencia ciega del primer impulso, obra de la inercia–, sino un ser cuidadosamente fieles en cada momento a esos compromisos, manteniéndolos por amor, con voluntariedad actual, como exige su naturaleza.

– Vir fidelis multum laudabitur (el varón fiel será muy alabado) Prov 28,20

Magnanimidad

Junto con la perseverancia, y muy relacionada con ella, también la magnanimidad es parte de la fortaleza. San Josemaría la describe así:

Magnanimidad: ánimo grande, alma amplia en la que caben muchos. Es la fuerza que nos dispone a salir de nosotros mismos, para prepararnos a emprender obras valiosas, en beneficio de todos. No anida la estrechez en el magnánimo; no media la cicatería, ni el cálculo egoísta, ni la trapisonda interesada. El magnánimo dedica sin reservas sus fuerzas a lo que vale la pena; por eso es capaz de entregarse él mismo. No se conforma con dar: se da. Y logra entender entonces la mayor muestra de magnanimidad: darse a Dios.

La caridad necesita de la magnanimidad para desarrollarse a la medida del amor del Corazón de Cristo. Observa Jesús Ballesteros que en el pensamiento de san Josemaría «la magnanimidad aparece íntimamente unida a la caridad e implica a un tiempo el deseo de hacer bien las cosas por Dios y el ensanchar la “atención al otro” hasta abarcar a todo el género humano».

Además, el amor se ha de manifestar en obras. La magnanimidad sirve a esta dimensión de la caridad. Lleva a no tener miedo a emprender grandes iniciativas de servicio a las personas. Sin embargo, en aparente paradoja, las obras de amor que estimula, no tienen por qué ser llamativas ni materialmente “grandes”. San Josemaría rezaba: Jesús, que sea yo el último en todo… y el primero en el Amor. Se puede vivir magnánimamente una existencia corriente, como Jesús en los años de Nazaret, porque la santidad “grande” está en cumplir los “deberes pequeños” de cada instante.

Esta virtud lleva a poner los medios para dar fruto abundante, según el querer de Dios: «En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto» (Jn 15,8). La magnanimidad procura nada menos que ganar el mundo y conquistarlo para Dios; y pone por obra este ideal en el concreto entorno profesional, social y familiar de cada uno.

Si nos detuviéramos a explorar la vida de san Josemaría, veríamos que la presencia de la magnanimidad se percibe desde el momento en que comienza a presentir la llamada divina: Tenía yo catorce o quince años cuando comencé a barruntar el Amor, a darme cuenta de que el corazón me pedía algo grande y que fuese amor. Ese “algo grande” no era una empresa humana, era un gran amor que le conduciría a “hacerse pequeño” y a dejarse llevar por su Padre Dios sin miedo a ser instrumento de sus grandiosos designios de salvación.

Written by rsanzcarrera

septiembre 26, 2014 a 9:57 pm

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