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La flojera o desgana

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028.-Para hablar del vicio contrario a la virtud de la fortaleza (por defecto), san Josemaría toma pie en su predicación de lo que suele llamarse flojera. En el lenguaje coloquial viene a designar un estado interior de desgana aparentemente irresistible, que se aduce como pretexto para dejar incumplidos ciertos deberes. En varias ocasiones sale al paso de esas excusas. Fuera de los casos en los que la debilidad interior proviene de una falta de salud física o psíquica, hace ver que la “flojera” de espíritu es un defecto moral, un voluntario abatimiento ante las dificultades que deja sin ánimo para seguir a Cristo tomando la cruz de cada día. Para san Josemaría es un defecto que puede y debe afrontarse. En el siguiente punto de Surco se percibe el tono de su predicación al respecto:

(…) No debes extrañarte de que sobrevenga el cansancio o el tiempo de “marchar a contrapelo”, sin ningún consuelo espiritual ni humano. Mira lo que me escribían hace tiempo, y que recogí pensando en algunos que ingenuamente consideran que la gracia prescinde de la naturaleza: “Padre: desde hace unos días estoy con una pereza y una apatía tremendas, para cumplir el plan de vida; todo lo hago a la fuerza y con muy poco espíritu. Ruegue por mí para que pase pronto esta crisis, que me hace sufrir mucho pensando en que puede desviarme del camino”.

 –Me limité a contestar: ¿no sabías que el Amor exige sacrificio? Lee despacio las palabras del Maestro “quien no toma su Cruz «cotidie» –cada día, no es digno de Mí”. Y más adelante: “no os dejaré huérfanos…”. El Señor permite esa aridez tuya, que tan dura se te hace, para que le ames más, para que confíes sólo en Él, para que con la Cruz corredimas, para que le encuentres.

  • – y por qué no rezas tres avemarías por las noches… es que solo me se una Avemaría
  • – no podemos… otros levantan la losa… y dicen, bah! así, haciendo fuerza cualquiera!
  • – Ah! y por favor, me pone también medio Kilo de ganas para pintar

Ante el peligro de la “flojera”, o como se quiera llamar a esta tentación, la sola reciedumbre humana se demuestra insuficiente. Hace falta una fortaleza por amor a Dios, que se ajusta a la regla de la fe y recurre a la ayuda divina, sin confiar sólo en las propias cualidades y energías. «El Señor es mi fortaleza» (Sal 59,10). «Todo lo puedo en Aquél que me conforta» (Flp 4,13; cfr. 2 Co 12,10). «Quia Tu es, Deus, fortitudo mea» (Sal 42,2), porque Tú, Dios mío, eres mi fortaleza, repetía a menudo san Josemaría.

Cuando el amor a Dios vivifica la fortaleza, se puede cumplir la voluntad divina “a contrapelo”, superando la falta de ganas o de entusiasmo sensible. Se vence entonces la resistencia interior a “complicarse la vida”, incluso hasta darla materialmente si fuera necesario (como en el caso del martirio). Pero no hay rigidez voluntarista, porque no se confía en las propias fuerzas. Se reconoce humildemente de que toda nuestra fortaleza es prestada, y se tiene el íntimo convencimiento de que junto al Señor también son gustosos el dolor, la abnegación, los sufrimientos. ¡Qué fortaleza, para un hijo de Dios, saberse tan cerca de su Padre! Por eso, suceda lo que suceda, estoy firme, seguro contigo, Señor y Padre mío, que eres la roca y la fortaleza.

San Josemaría enseña sobre todo a practicar la fortaleza cristiana en las cosas pequeñas de la vida ordinaria. Puede muy bien ser ejercicio de esta virtud cumplir un horario por amor a Dios, cuidar un detalle de orden material, evitar un capricho, dominar un enfado y rectificarlo, acabar un trabajo, no quejarse ante el cansancio… De este modo, con la ayuda de Dios, se va adquiriendo una firmeza de voluntad y una “reciedumbre” –término frecuente en su predicación–, que permiten seguir cada vez más ágilmente las exigencias de la caridad, en la santificación y en el apostolado.

Siempre está presente la invitación a mirar a Santa María para aprender a seguir a Cristo llevando diariamente la cruz:

Admira la reciedumbre de Santa María: al pie de la Cruz, con el mayor dolor humano –no hay dolor como su dolor–, llena de fortaleza. –Y pídele de esa reciedumbre, para que sepas también estar junto a la Cruz.

Written by rsanzcarrera

septiembre 26, 2014 a 9:25 pm

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