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FORMACION: CONSIDERACION GENERAL

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diccionario-de-san-josemaria-escriva-de-balaguerEsta entrada está sacada de la Voz Formación: consideración general del Diccionario de San Josemaría Escrivá de Balaguer:

  1. Necesidad de una formación cristiana.
  2. Aspectos de la formación.
  3. Medios deformación.

En la actividad sacerdotal y en las enseñanzas de san Josemaría, el concepto de “formación” reviste gran importancia. No puede ser de otra manera, si se considera que la finalidad del Opus Dei es propagar y sostener la búsqueda de la santidad y el ejercicio del apostolado entre gente corriente. Conducir al cristiano hacia una vida plenamente coherente con su fe, implica facilitarle un conocimiento sólido de la doctrina de la Iglesia, ayudándole a tratar a Dios con intimidad en la oración y en los sacramentos, y orientarle a dar testimonio en la familia, en el lugar de trabajo y en la sociedad, conformando las relaciones humanas a la verdad del Evangelio. Son éstas las realidades a las que el fundador del Opus Dei hace referencia al hablar de la formación.

1. Necesidad de una formación cristiana

Puede parecer a veces que los hombres muestran poco o ningún interés en recibir formación cristiana. En la experiencia bimilenaria de la Iglesia no faltan momentos en los que esa actitud de rechazo o de indiferencia se pone más de manifiesto. Sin embargo, san Josemaría está convencido de que hay, en el fondo de cada alma, una irreprimible hambre de Dios. Meditando sobre las gentes que se agolpan alrededor de Jesús, “ansiosas de escuchar la palabra de Dios” (Lc 5, 1), san Josemaría escribe: “¡Como hoy! ¿No lo veis? Están deseando oír el mensaje de Dios, aunque externamente lo disimulen. Quizá algunos han olvidado la doctrina de Cristo; otros -sin culpa de su parte- no la aprendieron nunca, y piensan en la religión como en algo extraño. Pero, convenceos de una realidad siempre actual: llega siempre un momento en el que el alma no puede más, no le bastan las explicaciones habituales, no le satisfacen las mentiras de los falsos profetas. Y, aunque no lo admitan entonces, esas personas sienten hambre de saciar su inquietud con la enseñanza del Señor” (AD, 260).

La formación religiosa se imparte y se recibe. Nadie es completamente autodidacta (gasolinera antiguo novio ahora sería premio nobel) en la vida espiritual, porque santidad y apostolado suponen la ayuda divina, y ésta se ofrece al cristiano en el seno de la Iglesia, madre y maestra de los hijos de Dios. En efecto, la Iglesia proporciona de múltiples maneras los medios convenientes para el desarrollo de la vida divina infundida en el Bautismo; medios cuyo carácter formativo -y, también, transformativo– es puesto de manifiesto en el mismo Nuevo Testamento. San Pablo, por ejemplo, habla de los “dolores de parto” que sufre, “hasta que Cristo esté formado en vosotros” (Ga 4,19).

San Josemaría percibe con clarividencia y en toda su amplitud la necesidad de esa formación. Para él, el Opus Dei no es más que “una gran catequesis” (ECP, 149), cuya actividad principalconsiste en dar a sus miembros, y a las personas que lo deseen, los medios espirituales necesarios para vivir como buenos cristianos en medio del mundo. Les hace conocer la doctrina de Cristo, las enseñanzas de la Iglesia; les proporciona un espíritu que mueve a trabajar bien por amor de Dios y en servicio de todos los hombres” (CONV, 27). En resumen, como Dios le hizo comprender en 1928, san Josemaría da a conocer a quienes viven en medio del mundo la vocación cristiana en toda su grandeza. “Puedo decir -afirma- que he concebido siempre mi labor de sacerdote y de pastor de almas como una tarea encaminada a situar a cada uno frente a las exigencias completas de su vida, ayudándole a descubrir lo que Dios, en concreto, le pide, sin poner limitación alguna a esa independencia santa y a esa bendita responsabilidad individual, que son características de una conciencia cristiana” (ECP, 99). Lo realizó en conversaciones personales de dirección espiritual, más tarde reuniendo a pequeños grupos de jóvenes, predicando retiros espirituales y meditaciones, y contestando a las preguntas de la gente, particularmente hacia el final de su vida, cuando en sus viajes de catequesis se reunía en “tertulias” con centenares y hasta miles de personas.

En su labor sacerdotal el fundador animaba a cada uno a enfrentarse sinceramente con lo que Dios le pedía, en todos los terrenos: la mejora del propio carácter, la vida de oración, la seriedad del estudio o de la tarea profesional, la valentía de confesar la fe en un ambiente quizá difícil, el apostolado con los compañeros, etc. Apelaba a toda la persona. Su catequesis se dirigía “a la cabeza y al corazón“. No era una mera explicación de la doctrina; sino ayuda para penetrar en las riquezas del amor de Dios, para sacar consecuencias prácticas, tanto en el plano moral y ascético, como en el familiar, profesional y social.

San Josemaría sabía que esta formación cristiana exige tiempo, ha de impartirse con constancia, y tiene sus etapas: “Es bueno que te coman el alma esas impaciencias. -Pero no tengas prisas; Dios quiere y cuenta con tu decisión de prepararte seriamente, durante los años o meses necesarios” (S, 783). Sobre todo insiste en que la formación no debe terminar nunca. “Si eres sensato, humilde, habrás observado que nunca se acaba de aprender... Sucede lo mismo en la vida; aun los más doctos tienen algo que aprender, hasta el fin de su vida; si no, dejan de ser doctos” (S, 272). En consecuencia, en el Opus Dei “se organiza una formación religiosa doctrinal -que dura toda la vida-, y que conduce a una piedad activa, sincera y auténtica, y a un encendimiento que lleva consigo necesariamente la oración continua del contemplativo y la tarea apostólica personal y responsable” (CONV, 63).

2. Aspectos de la formación

San Josemaría distingue, en la formación que el Opus Dei ofrece, cinco aspectos: el “humano”, el “espiritual o ascético”, el “doctrinal-religioso”, el “apostólico” y el “profesional”.

1) En el aspecto “humano”, la formación busca fomentar y fortificar las virtudes morales y en general todo lo que se refiere al desarrollo de la personalidad y a la convivencia. Tiene para san Josemaría mucha trascendencia, como se desprende ya del primer capítulo de Camino (“Carácter“) y como resulta especialmente patente en Surco, que ofrece un “amplio panorama de perfección humana” (DEL PORTILLO, “Presentación”, p. 18), porque “la unión con Dios, la vida sobrenatural, comporta siempre la práctica atractiva de las virtudes humanas” (S, 566). Respetando la personalidad de cada uno y promoviendo sus cualidades positivas, la formación humana apunta a reflejar en el cristiano la perfección de su ideal, que es Cristo, “perfecto Hombre, con un Corazón amante y amabilísimo, que ama hasta la muerte y sufre; que se llena de gozo y de dolor; que se entusiasma con los caminos de los hombres, y nos muestra el que lleva al Cielo; que se sujeta heroicamente al deber, y se conduce por la misericordia; que vela por los pobres y por los ricos; que cuida de los pecadores y de los justos…” (S, 813).

2) El aspecto “espiritual” de la formación, distinto pero inseparable del “humano”, se centra en las virtudes teologales. Enseña a hacer oración, a tener visión sobrenatural, a ofrecer a Dios el trabajo, a amar la Misa y convertirla en centro y raíz de la propia existencia, a acudir a la Confesión frecuente, etc. Y facilita la actuación, por amor a Dios, con una vida plena de fe y de esperanza. Así contribuye a crear la “unidad de vida“, importante característica del espíritu del Opus Dei, condición esencial, para los que intentan santificarse en medio de las circunstancias ordinarias de su trabajo, de sus relaciones familiares y sociales” (AD, 165). “Tiene como nervio la presencia de Dios, Padre Nuestro, [y] puede y debe ser una realidad diaria” (ECP, 11). Obrar en todo por amor a Dios implica luchar contra el amor propio desordenado: de ahí que la formación espiritual se llame también “ascética”, porque en su núcleo es formación para la lucha, que en el espíritu de san Josemaría se afronta por amor, con sencillez y alegría.

3) Considerada desde el aspecto “doctrinal-religioso”, la formación se dirige a proporcionar un conocimiento profundo de la doctrina católica, base de una vida interior auténtica y madura: “Cada uno ha de esforzarse, en la medida de sus posibilidades, en el estudio serio, científico, de la fe (…). Piedad de niños, por tanto, y doctrina segura de teólogos” (ECP, 10). Los conocimientos doctrinales cristianos no se ordenan a satisfacer la curiosidad intelectual, sino que deben nutrir el trato filial con Dios. Han de guardar, además, la debida proporción con el nivel cultural general adquirido y son imprescindibles para el desarrollo de un apostolado personal, como es connatural a la vocación cristiana. En el caso de los intelectuales -a los que san Josemaría se dirige con cierta prioridad, para llegar así más eficazmente a todas las almas-, la formación doctrinal es además presupuesto para la evangelización de la cultura: “Antes, como los conocimientos humanos -la ciencia- eran muy limitados, parecía muy posible que un solo individuo sabio pudiera hacer la defensa y apología de nuestra Santa Fe. Hoy, con la extensión y la intensidad de la ciencia moderna, es preciso que los apologistas se dividan el trabajo para defender en todos los terrenos científicamente a la Iglesia. -Tú… no te puedes desentender de esta obligación (C, 338).

4) La “formación apostólica” tal y como la entiende san Josemaría, se orienta a impulsar a laicos y sacerdotes seculares para que realicen la misión de ayudar a quienes los rodean, especialmente con el “apostolado de amistad y confidencia” (CONV, 62), a santificarse en medio del mundo y a santificar el mundo desde dentro, poniendo a Cristo en la entraña de las actividades humanas. “Convéncete: necesitas formarte bien, de cara a esa avalancha de gente que se nos vendrá encima, con la pregunta precisa y exigente: -«bueno, ¿qué hay que hacer?»” (S, 221). Estimula y encauza el afán de almas de quien se sabe apóstol: “Una receta eficaz para tu espíritu apostólico: planes concretos, no de sábado a sábado, sino de hoy a mañana, y de ahora a luego” (S, 222).

5) La “formación profesional” consiste en aprender a santificar el trabajo. Por lo que se refiere a la dimensión técnica de esa formación, cada cristiano la adquiere en las sedes respectivas de la sociedad civil -universidades, escuelas, talleres, etc.- y procura luego perfeccionarla a lo largo de la vida. Si quiere realizar el trabajo no sólo técnicamente bien, sino con perfección moral, es necesario que conozca y aplique las normas morales de cada actividad (ética profesional), y desde esta perspectiva el trabajo se relaciona con la formación doctrinal. Si quiere santificarlo, ha de desempeñarlo, además, por amor a Dios, con afán apostólico, con rectitud de intención y en presencia de Dios. En este sentido específico, el Opus Dei contribuye a la formación profesional, ya que su finalidad es “promover la santificación en el trabajo y a través del trabajo profesional en todos los estratos sociales” (Bula Ut sit,Proemio“).

Cuanto más profunda es, en esos distintos aspectos, la formación que se recibe, tanto más se puede y se debe ayudar a los demás en el camino hacia la santidad: no es lícito enterrar egoístamente el talento recibido (cfr. Mt 25, 24-25). Y se presta esa ayuda en primer lugar a través del propio ejemplo: “Recuerda con constancia que tú colaboras en la formación espiritual y humana de los que te rodean, y de todas las almas -hasta ahí llega la bendita Comunión de los Santos-, en cualquier momento: cuando trabajas y cuando descansas; cuando se te ve alegre o preocupado; cuando en tu tarea o en medio de la calle haces tu oración de hijo de Dios, y trasciende al exterior la paz de tu alma; cuando se nota que has sufrido -que has llorado-, y sonríes” (F, 846). Al buen ejemplo ha de sumarse la palabra orientadora: “¿Tú, hijo de Dios, qué has hecho, hasta ahora, para ayudar a las almas de los que te rodean? -No puedes conformarte con esa pasividad, con esa languidez: Él quiere llegar a otros con tu ejemplo, con tu palabra, con tu amistad, con tu servicio… (F, 880).

3. Medios de formación

Los cinco aspectos de la formación descritos están presentes en la labor pastoral del Opus Dei, y se imparten a través de sus medios de formación. Puede distinguirse entre: a) medios individuales y b) medios colectivos. Mención aparte merecen c) los estudios institucionales de Filosofía y Teología que sus fieles realizan.

a) Los medios individuales son:

  • la Confesión sacramental, que además de sacramento es siempre para san Josemaría también cauce de dirección y formación espiritual;
  •    la corrección fraterna, práctica de raigambre evangélica, pues se fundamenta en las palabras del Señor: “Si tu hermano peca, anda y corrígelo a solas. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano” (Mt 18, 15; cfr. Ga 6, 15). Todo cristiano está llamado a ayudar a los demás, también, cuando es oportuno, mediante una advertencia llena de respeto y de cariño, que le facilite rectificar su conducta. Esta norma general se vive también en el Opus Dei; por eso la corrección fraterna se hace luego de haber ponderado las cosas en la oración y ejercitando la prudencia necesaria para asegurarse de que eso será realmente una ayuda;
  • –   la charla fraterna o confidencia, conversación privada entre quien imparte dirección espiritual y quien la recibe. Esa charla confidencial constituye, particularmente para los fieles del Opus Dei, un medio de santificación muy valioso, que se añade a los sacramentos y a la oración. El capítulo segundo de Camino (“Dirección”) muestra su importancia para el desarrollo de la vida espiritual: “Si no levantarías sin un arquitecto una buena casa para vivir en la tierra, ¿cómo quieres levantar sin Director el alcázar de tu santificación para vivir eternamente en el cielo?” (C, 60). Tanto quien forma a través de esta charla fraterna como quien acude a ella, ha de tener presente la dimensión sobrenatural de este medio, que es cauce del actuar del Espíritu Santo: “Se precisa mucha obediencia al Director y mucha docilidad a la gracia. -Porque, si no se deja a la gracia de Dios y al Director que hagan su obra, jamás aparecerá la escultura, imagen de Jesús, en que se convierte el hombre santo” (C, 56).

b) Entre los medios colectivos, que se imparten a varias personas a la vez, están

  • – los círculos (cursos de orientación cristiana práctica), las clases y charlas de carácter doctrinal o ascético, las meditaciones predicadas por el sacerdote, los retiros mensuales, los cursos de retiro de varios días de duración, las convivencias con fines formativos; etc.

Estos medios suponen, lógicamente, un considerable ahorro de tiempo y de fuerzas -en lugar de enseñar a uno solo, se instruye a muchos a la vez-, y constituyen también ocasiones apostólicas, porque permiten invitar a amigos y conocidos; contribuyen además, por el clima familiar que se crea y el buen ejemplo de unos y otros, a que aumente la eficacia de la formación que se transmite. Personas de diversas naciones, de distintas razas, de muy diferentes ambientes y profesiones… Al hablarles de Dios, palpas el valor humano y sobrenatural de tu vocación de apóstol. Es como si revivieras, en su realidad total, el milagro de la primera predicación de los discípulos del Señor: frases dichas en lengua extraña, mostrando un camino nuevo, han sido oídas por cada uno en el fondo de su corazón, en su propia lengua. Y por tu cabeza pasa, tomando nueva vida, la escena de que “partos, medos y elamitas…” se han acercado felices a Dios (S, 186).

En la labor apostólica del Opus Dei, los medios colectivos de formación se organizan separadamente para hombres y para mujeres. Reconociendo que es legítimo proceder de otro modo, el fundador considera, sin embargo, “que no es ésa la única posibilidad, y tampoco es evidente que sea la mejor” (CONV, 99). En lo que se refiere concretamente a matrimonios, piensa “que determinadas actividades de formación espiritual son más eficaces si acuden a ellas separadamente el marido y la mujer. De una parte, se subraya así el carácter fundamentalmente personal de la propia santificación, de la lucha ascética, de la unión con Dios, que luego revierte en los demás, pero en donde la conciencia de cada uno no puede ser sustituida. De otra parte, así es más fácil acomodar la formación a las exigencias y a las necesidades personales de cada uno, e incluso a su propia psicología” (ibidem). Se trata de un principio fundacional invariable en las actividades formativas del Opus Dei. No se pretende que este “modo de actuar sea el único bueno, o que deba adoptarlo todo el mundo”, reitera san Josemaría. “Me parece simplemente que da muy buenos resultados, y que hay razones sólidas -además de una larga experiencia- para hacerlo así” (ibidem).

c) La formación doctrinal-religiosa fue objeto de especial atención desde los inicios de su labor por parte de san Josemaría, consciente de su importancia para una verdadera santificación en la vida ordinaria en el contexto de las variadas condiciones de la vida en medio del mundo. Al final de los años cuarenta, una vez obtenidas las necesarias aprobaciones pontificias, afrontó lo que llamaba la “batalla de la formación” (cfr. AVP, III, pp. 273-290), para disponer de un suficiente número de profesores -particularmente de sacerdotes- con los adecuados títulos académicos eclesiásticos, que pudiesen ocuparse de la formación filosófico-teológica de los miembros, imprescindible para el cumplimiento de la misión apostólica del Opus Dei. La estructura de esa formación doctrinal, que se adapta a las circunstancias concretas de cada fiel, se describe en los estatutos de la Prelatura (Statuta, nn. 96-109). Para los numerarios, y buena parte de los agregados, hombres y mujeres, comprende un bienio filosófico y un cuadrienio teológico, con programas de igual duración y análoga configuración a los que se imparten en las universidades pontificias romanas (Statuta, n. 101). Las correspondientes materias son enseñadas en los Studia Generalia regionales o en los Centros de Estudios interregionales, y las lecciones se organizan de modo compatible con el cumplimiento de las obligaciones profesionales de los miembros (Statuta, n. 99).

Ernst BURKHART

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Written by rsanzcarrera

julio 13, 2016 at 2:08 pm

MATRIMONIO Y FAMILIA

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MATRIMONIO Y FAMILIA

(Manual de iniciación teológica)

Jorge Miras ·  Juan Ignacio Bañares

Índice

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Para ver el texto del libro por capítulos aquí.

Lección 1. Matrimonio y familia en el designio de Dios

  1. Conocer a Dios y al hombre, para conocer el matrimonio
  2. El designio del “principio”, entre la debilidad humana y la fidelidad divina
    1. a) La creación del hombre, varón y mujer
    2. b) El desorden introducido por el pecado
    3. c) El matrimonio, símbolo de la Alianza entre Dios e Israel
  3. El matrimonio, redimido por Cristo

Lección 2. El oscurecimiento actual de la verdad del origen

  1. Matrimonio y familia bajo la presión cultural
    1. a) Diversos focos de crisis
    2. b) La ideología de “género”
  2. ¿Una simple cuestión de opiniones?
  3. Algunas claves de la crisis
    1. a) El rechazo del realismo
    2. b) El positivismo jurídico
    3. c) El relativismo moral y el individuo como absoluto
    4. d) La libertad como pura opción

Lección 3. Presupuestos básicos de la visión cristiana de la persona humana

  1. La persona en el mundo material
    1. a) La persona humana, unidad de cuerpo y alma
    2. b) La persona humana no es simple parte del mundo
  2. Libertad y realización de la persona
    1. a) La persona es dueña de sí y del mundo por su libertad
    2. b) La persona se construye por sus actos libres
    3. c) Por su capacidad de compromiso, la persona puede dominar el futuro
    4. d) La unidad de la persona y de su acción

Lección 4. La persona, llamada a la plenitud del amor

  1. La persona no es solitaria
  2. La persona se realiza por el amor
    1. a) El reconocimiento debido al “otro”
    2. b) Amor, servicio y perfección de la persona
  3. El amor, vocación fundamental de la persona
    1. a) El hombre, creado por amor y para amar
    2. b) Dos caminos a la plenitud del amor

Lección 5. La persona humana, masculina y femenina

  1. Varón y mujer: dos modos de ser persona humana
  2. La diferenciación sexual se da naturalmente como complementariedad
    1. a) La diversidad sexual es un hecho natural, no un producto 2
    2. b) Mujer y varón son complementarios por su diversidad sexual
    3. c) La inclinación natural entre los sexos
    4. d) La diferenciación sexual y la facultad de engendrar
  3. El camino de la libertad hacia el amor esponsal y conyugal

Lección 6. La identidad del matrimonio

  1. La realidad natural del matrimonio
  2. El pacto conyugal, causa eficiente del matrimonio
    1. a) El consentimiento matrimonial
    2. b) Objeto del consentimiento matrimonial
  3. Ya no son dos, sino una sola carne
    1. a) La esencia del matrimonio
    2. b) Una unidad en la naturaleza
  4. Unidad e indisolubilidad, propiedades esenciales del matrimonio
    1. a) Sentido de la “esencialidad” de las propiedades
    2. b) La unidad del vínculo conyugal
    3. c) La indisolubilidad del vínculo conyugal

Lección 7. Los fines del matrimonio

  1. Los fines y la esencia del matrimonio
    1. a) El matrimonio es como es por razón de sus fines
    2. b) Los fines son del matrimonio: de los cónyuges en cuanto “son” matrimonio
  2. Tres aclaraciones sobre los fines del matrimonio
    1. a) Coordinación y jerarquía de los fines
    2. b) Inseparabilidad de los fines
    3. c) La ordenación natural a los fines y su obtención efectiva
  3. El amor y el matrimonio
    1. a) ¿Qué tiene que ver el amor con el matrimonio?
    2. b) El compromiso de amar y su realización

Lección 8. La sacramentalidad del matrimonio cristiano

  1. La dimensión sagrada del matrimonio y su elevación a la dignidad sacramental
    1. a) Sacralidad natural de la persona y de la unión conyugal
    2. b) La significación natural del matrimonio y su elevación sobrenatural
  2. El matrimonio cristiano, sacramento de la Nueva alianza
    1. a) La realidad elevada a sacramento es el matrimonio mismo
    2. b) La base de la sacramentalidad del matrimonio es el bautismo de los contrayentes
    3. c) La dignidad sacramental afecta a toda la estructura del matrimonio
    4. d) La significación sacramental del matrimonio
    5. e) Efectos del sacramento
  3. Algunas consecuencias de la sacramentalidad del matrimonio
  4. a) Peculiaridad del matrimonio respecto a los otros sacramentos
  5. b) La inseparabilidad de matrimonio y sacramento entre bautizados

Lección 9. La fecundidad, bien del matrimonio

  1. La apertura a la vida, rasgo de identidad del matrimonio
  2. La fecundidad conyugal en el designio de Dios
    1. a) El origen de la persona humana y su singular dignidad
    2. b) La misión conyugal de transmitir la vida
    3. c) La genealogía de la persona en el misterio de la procreación
  3. La mentalidad antinatalista y el misterio de la procreación
    1. a) La comprensión del don de la vida
    2. b) El oscurecimiento cultural del don de la vida
    3. c) La visión cristiana
    4. d) La familia, santuario de la vida 3

Lección 10. Amor conyugal y transmisión de la vida

  1. El magisterio de la Iglesia, al servicio de la verdad del amor conyugal
    1. a) Un magisterio que propone la verdad natural
    2. b) Una propuesta liberadora
  2. El significado humano de la sexualidad, fundamento de la moral conyugal
  3. Procreación y responsabilidad
    1. a) Paternidad responsable
    2. b) Paternidad responsable y regulación de la procreación
    3. c) Paternidad responsable y mentalidad anticonceptiva

Lección 11. Familia y educación

  1. La educación, parte esencial del servicio a la vida
    1. a) Persona humana y educación
    2. b) Los padres, primeros y principales educadores
    3. c) La familia, comunidad educadora
  2. El ejercicio de la misión educativa en el hogar
  3. Aspectos fundamentales de la educación familiar
    1. a) Formación para la libertad
    2. b) Formación para el amor
    3. c) Formación en la fe

Lección 12. La familia y otros sujetos de la tarea educativa

  1. Sociedad, bien común y subsidiariedad
  2. La Iglesia en la tarea educativa
  3. Familia y escuela
    1. a) Principios básicos
    2. b) Seguimiento activo de la formación escolar
    3. c) Deber de suplir las carencias en la formación
    4. d) Actividades extraescolares y empleo del tiempo libre

Lección 13. El matrimonio, vocación cristiana

  1. La vocación bautismal a la santidad
    1. a) Llamada universal y vocación personal
    2. b) La vocación, razón y clave de la existencia personal
  2. Matrimonio y vocación a la santidad
    1. a) El matrimonio, camino específico de santidad para los esposos
    2. b) Vocación matrimonial y singularidad de los esposos
  3. Llamada a santificar la vida conyugal y familiar
    1. a) Contar con la gracia del sacramento
    2. b) Necesidad de una auténtica “espiritualidad matrimonial”

Lección 14. Participación del matrimonio y la familia en la misión de la Iglesia

  1. Vocación cristiana y misión apostólica
  2. Misión de la familia en la misión de la Iglesia
    1. a) La familia, Iglesia doméstica
    2. b) Eficacia evangelizadora de la vida conyugal y familiar
    3. c) Las dificultades en la vida conyugal y familiar
    4. d) Dificultades conyugales y mentalidad divorcista
    5. e) El realismo cristiano y la “lógica de la cruz”
  3. La educación cristiana de los hijos, en la misión de la Iglesia

Lección 15. La familia, sociedad originaria

  1. La familia, base social de la “civilización del amor” 4
    1. a) El hombre es un ser social por naturaleza
    2. b) El cuarto mandamiento y la vida social
  2. La familia, patrimonio y bien común de la humanidad
  3. Función y responsabilidad social de la familia
    1. a) La interacción entre familia y sociedad
    2. b) La familia, primer defensor y testigo de la familia

Written by rsanzcarrera

enero 15, 2015 at 2:31 pm

TEOLOGÍA ESPIRITUAL

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Aquí pongo este esquema básico para Teología Espiritual. Disculpad la aparición de algunas anotaciones que hacen referencias a anécdotas o comentarios para animar las sesiones.

INTRODUCCIÓN

  1. Presentación: hablamos de la vida espiritual que tiene su fuente en el bautismo
  2. El objetivo: la teología espiritual (TE) como estudio teológico de la vida cristiana
    • Objeto de la TE: es el estudio teológico de la vida espiritual cristiana. De la vida de todo cristiano: intenta dar respuesta a ¿cómo es esta vida? Vida de comunión con la Trinidad; y ¿Qué es esta vida? Vida en Cristo y de Cristo
    • Fuentes de la TE: 1) la SE; 2) la Teología Moral y dogmática; 3) los santos (vida y escritos)
    • Líneas de fondo y estructura.
      • Es variable según los autores. Se trata de una vida, y como toda vida es un unum que resulta difícil diseccionar. Nos encontramos con una realidad coherente que busca una unidad de vida: renacidos/recreados por el bautismo somos hijos de Dios y tratamos de vivir como tales. El fundamento de esta unidad radica en la Encarnación de Cristo que asume todo lo humano haciéndolo “divino”. El ser tiene una esencia, una misión (una tarea: el apostolado); se trata, pues, de una vida apostólica: la vida de Cristo que pasa. Como “no es posible separar en Cristo su ser Dios-Hombre y su función de Redentor” (eqp 106), tampoco lo es en el cristiano.
      • Lo que hacemos aquí es iluminar esa realidad desde cinco focos: los cinco capítulos: 1) foco de la vocación a la santidad (por el bautismo en la Iglesia); 2) foco de la vida como comunión con la Trinidad; 3) como vida que se identifica con Cristo; 4) como vida de oración; 5) la presencia del misterio de la Cruz en la vida cristiana.

CAPÍTULO 1: LA VIDA CRISTIANA ES VIDA DE SANTIDAD Y APOSTOLADO

Introducción

Empezamos por la santidad, porque se trata de un “hecho” fáctico: hay personas santas. Además la sagrada escritura (SE) nos ha revelado la santidad de Dios y la de su Hijo Jesucristo. Y como la vida cristiana consiste en la participación de la vida santa de Dios, es lógico empezar por la santidad. Este ha sido además el núcleo del mensaje del CVII: la llamada universal a la santidad (LG, cap. 5; LG, n. 40; Novo millennio ineunte, n. 30 y 31), fundándose en la santidad de la Iglesia (LG, cap. 4): “Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación” (1 Ts 4,3) (Magisterio). El itinerario de la santidad es Dios à Cristo à Iglesia à cristiano (LG, n.39)

  • El billete de barco de la familia pobre, pan o majares;
  • El reino de Dios en la parada de autobús (Fernado Rey)
  1. La santidad en el Antiguo Testamento (AT). Palabra hebrea qados, que viene de qds: separar, cortar, dividir… para Dios, o Dios mismo como el Otro, el distinto: “No hay santo como Yahvé” (1 Sam 2,2; cfr. Os 11,9)… etc
  2. La doctrina de la santidad en el Nuevo Testamento (NT). La comunicación de la santidad de Dios llega a su culmen en Jesucristo: “El que nacerá Santo será llamado Hijo de Dios” (Lc 1, 35), él es “el Santo” por excelencia: porque está ligada a su filiación divina (voy a mi Padre y a vuestro Padre). Por eso es frecuente en el NT que los cristianos conscientes de su incorporación a Cristo por el bautismo se reconocen a sí mismos como “los santos”. La novedad del NT sobre el AT radica en estos 3 aspectos: 1) la santidad adquiere un sentido “personal”: eso es precisamente lo que Dios ha querido comunicar al hombre; 2) la universalidad de esa comunicación –ya no es solo del Israel de al carne, sino de los herederos de la promesa de Abraham: padre de muchas naciones-; 3) la santidad ya no es algo exterior sino interior y real, que afecta no solo al comportamiento sino al núcleo de la persona (“que nos llamemos y seamos hijos de Dios”).
  3. La noción teológica de la santidad cristiana. Primero consideramos la santidad en su plano ontológico y existencial de la vida en su conjunto; después como resultado de la conjunción del don de Dios y de la respuesta libre del hombre
    1. La dimensión ontológica y existencial. Un aspecto de la santidad afecta al ser del hombre (el aspecto ontológico), y el otro a su obrar, al deber ser (el existencial): si ya eres santo, conviértete en lo que ya eres: eres hijo de Dios, pues vive como hijo de Dios. Esto permite explicar tres ideas:
      1. La Potencialidad. Como soy realmente hijo de Dios, puedo y debo actuar como tal: porque el obrar sigue al ser: Cristo ya triunfó salvando a la humanidad, la Iglesia ya es santa y santifica al cristiano, solo queda ejecutar la misión de cada uno: ser sacerdote de la propia existencia para llevarla efectivamente a Dios (tiene en sí el cristiano esta potencialidad de elevar el mundo hacia Dios)
      2. La Significación y totalidad. Todo, nada queda fuera, cualquier acción tiene toda la densidad ontológica del sujeto que la realiza: un hijo de Dios.
      3. La Gradualidad e integración. Todos los aspectos de mi vida se van perfeccionando progresiva y armónicamente.
    2. El dinamismo de la santidad: don de Dios y libre aceptación de la persona. A esta necesaria conjunción se debe la variedad y diversidad tipológica de la santidad. No hay dos santos iguales. Se trata del hecho de experiencia de las relaciones gracia – libertad. Por parte de Dios voluntad salvífica y santificadora es universal: “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”, y también, Dios nos escogió “antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha en su presencia por el amor; nos predestinó a ser sus hijos adoptivos pos Jesucristo” (Ef 1, 4-5).
  4. La unión entre santidad y apostolado: vocación y misión en la Iglesia. Toda la Iglesia recibió la misión de Cristo: “Id y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,19)
    1. Unidad de ser y misión en Cristo y en cristiano
    2. Unidad y diversidad en la Iglesia
    3. Laicos y la santificación en medio del mundo

CAPÍTULO 2: LA VIDA ESPIRITUAL COMO VIDA DE HIJO DE DIOS EN EL ESPÍRITU

Introducción

Hemos hablado de la santidad, es decir de la vida cristiana desde el enfoque de su fin o colofón final. Solo Dios es Santo: el cristiano lo será en la misma medida en que participa de esta vida de Dios y crece en ella. Pues bien, si la vida vegetal es la propia de las plantas, la animal la de los animales, la espiritual será la vida de los seres espirituales (Dios, ángeles y hombres).Pero ¿qué es lo que mejor define la vida de ese ser espiritual que es el hombre? … Parece que es en Cristo, perfecto hombre, donde encontramos la respuesta. El hombre cuanto más de Dios sea (como JC) más hombre es, es decir, en la medida en que esté más metido en Dios (en su vida Trinitaria) su vida será más lo que tiene que ser: vida espiritual humana. La vida cristiana ha de ser cada vez más: “vida de hijo de Dios Padre en el Hijo por el Espíritu Santo”. Aquí estudiaremos el principio cristológico de la vida todo hijo de Dios: “la HSS de Jesús como camino al Padre”. Tres ideas marcan este capítulo:

  • el hombre es la imagen de Dios, la imagen personal de Dios en el mundo actual. (Ej. Esculturas mesopotámicas marcaban las fronteras). “El hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios”. CCE nn. 355-356. El hombre es imagen de Dios porque su vida es espiritual, porque como Dios es espíritu (por eso es como Él). El espíritu le permite trascender lo material, el espacio y el tiempo, y llegar hasta Dios, como un ser, en cierto modo, semejante a Dios: puede relacionarse con Dios: conocerle y amarle libre y personalmente. Pero este conocer y amar se realiza al modo humano. Veamos sus características:
    1. Espiritualidad
    2. Relacionalidad
    3. Corporalidad
    4. Historicidad
    5. Sobrenaturalidad
  • La vida espiritual es vida trinitaria: la inhabitación de la Trinidad en el cristiano. El hombre es imagen personal del Dios tripersonal. El hombre ha sido introducido en la vida íntima de Dios y Dios se ha introducido en la vida íntima del hombre. Los interlocutores más cercanos que tenemos son el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Y esto va calando generando un estilo de vida. De este modo el núcleo de la fe es el mismo núcleo de la vida espiritual (y de la santidad): 1 Cor 3, 16 y 6,19; 1 Jn 1,1-4 y 4,7ss; Jn 14,23). La inhabitación no es un estar estático, sino un estar activo: un hacerse presente de Dios para dar vida a una relación personal y vital con Él. Nota 45: cita de Santa Teresa de Jesús. La comunión con Dios es una comunión de conocimiento (¡ Jn 5,20) y de amor (Jn 17, 23.26) sobrenaturales (porque lo realiza Dios: Jn 17,21: “que sean uno como nosotros somos Uno”)
  • La filiación divina del cristiano. Aquí repercute todo lo anterior: la imagen y la inhabitación. La inhabitación de Dios en el alma nos transforma en hijos de Dios (Padre, en el Hijo, por el ES): ve y dile a mis hermanos que subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. La vida cristiana es vida de hijo de Dios, por la encarnación de Dios Hijo: Dios Hijo se hace hombre, y el hombre se hace hijo de Dios (en el Hijo).
    1. La filiación divina en la SE.
    2. Teología de la filiación divina.
    3. Vivir como los hijos de Dios. El despliegue de la vida espiritual va desde el ser al obrar como hijo de Dios. Este despliegue se traduce en una existencia teologal y un vivir con la liberta de los hijos de Dios. Veámoslo:
      1. Vida teologal. El ES lleva a que nos reconozcamos hijos de Dios ¿cómo? Fundiendo toda nuestra vida en la Caridad.
      2. La libertad de los hijos de Dios. Toda la vida espiritual en vida en Amor y en libertad. ¿Qué libertad? La verdad os hará libres ¿Qué verdad? La de ser hijos de Dios, en la libertad de poder amar o rechazar el Amor a Dios Padre. Existen dos opciones: naturaleza más gracia (filiación divina) o naturaleza más pecado (esclavitud). Esta es nuestra condición optar entre naturaleza herida o sanada. Esta libertad se conforma así: 1) conocer quien soy (verdad íntima), 2) poseer por la voluntad todo lo que soy integrándolas en un solo querer, 3) optar libremente por orientar (entregar) o no orientar todo lo que soy hacia esa verdad íntima, y orientarlo en otra dirección.
      3. Existencia cristiana y radicación en la filiación divina. ¿Qué actitudes conlleva el reconocerme hijo de Dios en mi vida? La conciencia de la filiación conlleva: confianza, serenidad, paz y alegría .
  • La HSS de Jesús nos muestra lo que significa ser y vivir como hijos de Dios. El desarrollo del sentido de la filiación divina esta relacionado al crecimiento de la vida teologal. Y el crecimiento en fe, esperanza y caridad, lleva a identificarse con Cristo en su entrega libre al Padre. Jesús en su entrega de Cruz nos revela su infinito Amor al Padre y a los hombres y ahí es donde nosotros también captamos la esencia de nuestra filiación (la relación de amor con el Padre y con los hermanos)

CAPÍTULO 3: IDENTIFICARSE CON CRISTO

Introducción

Pasamos ahora a ver la vida espiritual desde el misterio de Jesucristo. Este es el capítulo más importante del tema. En este enfoque, Cristo se presenta como el modelo y la fuente de la vida filial. Adán fue solo figura del hombre, Cristo es el hombre verdadero. Yo soy el camino, la verdad y la vida (…) Nadie va al Padre si no es por mí. Si me habéis conocido a mí, conoceréis a mi Padre; desde ahora le conocéis y le habéis visto (…) Felipe: el que me ha visto a mi ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: “muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí?… Hech 4, 12 y 1 Cor 1, 22-24 y Ef 1,3-8.

  1. El “cristocentrismo” de la vida espiritual. Con este término se expresa la centralidad de Cristo tanto para la fe (la teología) como para la vida espiritual.
    1. En la Teología, porque Cristo es la esencia del cristianismo: ¿un mensaje, una ética, una forma de vida…? Más que eso: Una Persona. Solo el nos revela: 1) a Dios, 2) la dignidad del hombre y 3) la realidad del pecado y la gracia
      1. A Dios nadie lo ha visto jamás, solo el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelárselo… En Jesús se revela la comunión de Amor intra Trinitaria y el desbordarse de ese Amor en la creación a los hombres.
      2. Solo en Jesucristo conocemos el misterio del hombre y del existir cristiano.
        1. Misterio del hombre: porque la Redención nos devuelve la semejanza divina deformada por el pecado y revela nuestra grandeza al darnos la capacidad de tratar a Dios como Padre verdadero.
        2. Misterio del existir cristiano: porque asume por la Encarnación todo lo humano: su existir concreto: trabajo, familia, cultura, diversión, pensamiento, obras, corazón…
      3. Solo Cristo nos revela la gravedad del pecado, la realidad de su superación en su entrega en la Cruz, y la gracia que su muerte nos alcanza. El revela nuestra verdadera condición (elevación, caída y redención) y la necesidad de la lucha personal
    2. En la vida Cristiana, Cristo es el centro porque el es la Vida. Lo vemos a continuación.
  2. El seguimiento y la imitación de Cristo en la Escritura. El discípulo de Cristo le sigue y le imita y se identifica con Él. Ahora nos preguntamos en qué consiste seguimiento de Cristo y cómo se realiza en la vida concreta
    1. Seguir a Cristo. Lo que dice el NT es que el Señor cuando llama emplea el verbo “seguirle” (caminar detrás de Él); y a los que le siguen los llama con el sustantivo “discípulo”. Se presenta como Maestro o rabino. Viven con él, los envía en misiones, llevan la Cruz. Para Juan el discípulo es:
      1. Es el que cree en Jesucristo, el que tiene fe: Cafarnaúm: ¿a quien iremos? … nosotros hemos creído y conocido que tu eres el Santo de Dios… la fe crea comunión: los que creen en Jesucristo (nosotros)
      2. Es el que tiene caridad: Un mandamiento nuevo os doy … en esto
    2. La imitación de Cristo. San Pablo –que no siguió físicamente a Cristo- emplea más el campo semántico imitar o imitación. Es san Pedro el que hace el nexo entre seguir e imitar: “pues para esto fuisteis llamados, ya que también Cristo padeció por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus huellas” (1 Pe 2,21): seguir la huellas de Jesús es imitar su vida: su ejemplo. Pablo emplea el termino co- y Cristo (padecer con, morir con, resucitar con Cristo): imitar es identificarse: es vivir en su Vida: su mismo destino: su misma muerte y resurrección. Para Pablo santificación es cristificación: ya no soy yo es Cristo quien vive en mi (Gal 2, 19-20) … soy quien tu persigues… Y 2 Cor 4,11 y Rom 6,4… Filp 2,5-11. Cristo vive y vive en el cristiano
  3. Del seguimiento y la imitación a la identificación con Cristo. Conviene aclarar que imitar (imitari) deriva de imagen (imago) y significa intentar reproducir la imagen de alguien (ej. Max Scheler jefe y modelo, lo externo y lo interno). Ya vimos antes como el seguimiento y la imitación de Cristo implica en verdad una identificación ontológica (mística) y existencial (ascética y moral) con Él. VS 21. En qué consiste, cuáles son las características de esta profunda identificación con Cristo
    1. En primer lugar se trata de una identificación sacramental (especialmente por el bautismo y la eucaristía): los sacramentos transforman al hombre de tal modo que lo hace una criatura nueva: un hombre nuevo. Esta transformación se inicia en el Bautismo y se perfecciona por la Eucaristía. Gracias a los sacramentos se crea entre el cristiano y Cristo una comunión de ser y de destino que cumple el plan divino de Ef 1,5 y Rom 8,29
    2. En segundo lugar es principalmente obra del Espíritu Santo y de la correspondencia a la gracia. El Espíritu donado en el Bautismo y en los otros sacramentos es el que lleva a cabo la transformación. Pero necesita la respuesta libre del cristiano para llevarla a cabo.
    3. Es eclesial: llegamos a Cristo solo por la Iglesia, que es quien aporta los sacramentos
  4. ¿Cómo se desarrolla la identificación con Cristo? Hemos visto, arriba, qué es la identificación con Cristo, ahora nos centramos en cómo se lleva a cabo el desarrollo de esta identificación. Los medios son principalmente dos: 1) conocer a Jesucristo (Escritura y Liturgia), es decir, tratarle; y 2) no basta conocer hay que llevarlo a la práctica, tener sus disposiciones de fondo: una actitud fundamental de amor.
    1. Trato con Jesucristo, en el Pan y la Palabra (eucaristía y oración). Cristo vive: vida de Jesús à vida del cristiano en Cristo à vida de Cristo en el cristiano… Cristo no solo vive, sino que esta presente (por su ES, su Iglesia y sus sacramentos) en el hoy del cristiano, de algún modo Cristo es contemporáneo nuestro, hoy. En la oración se reclama el pasar de la vida de Jesús a la propia vida para conformarla –configurarla- con Él… De este modo su vida es Cristo que pasa entre los hombres
    2. Configurarse con la Humanidad de Cristo, es un proceso dinámico, que incorpora las características esenciales de la HSS de Cristo. ¿Cuáles son?:
      1. El núcleo o verdad más íntima de Cristo (y del cristiano) es su Filiación divina, es el Hijo del Padre. Esto es Cristo ontológicamente. Por eso en todo proceso de configuración con Cristo ha de estar presente la dimensión filial: la vida cristiana es un proceso de crecimiento en la filiación divina: es un saberse cada vez más hijo. Pero además, Jesús es el Hijo del Padre à el Verbo de Dios, su expresión o manifestación à Encarnado para una misión, Enviado àPara la salvación del mundo (medio) y para, así, reconciliar todo con Dios (comunión de amor escatológica). En Jesús ser Hijo y ser Enviado constituyen una unidad indivisible. También en el cristiano: ser y misión, santidad y apostolado está unido
      2. La actitud de Cristo (y del cristiano) como amor a la voluntad del Padre. Efectivamente, “hacer presente al Padre en cuanto amor y misericordia es, en la conciencia de Cristo mismo, la prueba fundamental de su misión” (DM, 3). Por eso la unión de Cristo con el Padre es unión de amor, de voluntades: mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra (Jn 4,34)… Por eso nosotros debemos obedecer en todo la voluntad del Padre: amar con obras: “los fieles… amoldándose a su imagen, obedeciendo en todo la voluntad de Dios à deberán esforzarse para entregarse totalmente a la gloria de Dios y al servicio del prójimo” (LG, 40). Por que soy Cristo puedo –y por eso debo- actuar como Él. Hijo = Filiación = todo referido al Padre = en todo obediente a la voluntad del Padre = solo quiere la gloria del Padre (es lo que hace en la Eternidad y en la Encarnación). Este amor filial de Cristo es conjuntamente amor al Padre y al prójimo (como el Padre me amó, así os he amado yo: permaneced en mi amor).
      3. Pero ¿cómo se construye una biografía de amor a Dios y a los hombres? Amando con el amor de Cristo en la vida ordinaria: “amaos unos a otros como Yo os he amado… xq nadie tiene amor más grande que el que da su vida por su amigos”. El amor de Cristo es Caridad (distinto de nuestro amor humano). El cristiano es otro Cristo, el mismo Cristo, cuando ama como Cristo, cuando todas sus acciones están referidas al Padre e informadas por el amor a Dios, y de ese modo muestran a los hombres el amor de Dios: una persona que ama con el Amor de Dios y difunde ese amor en todas las circunstancias de su vida. La Caridad es así la forma y raíz de todas las virtudes: esto es la santidad.
        1. La unidad de vida deriva principalmente de la caridad como amor a Dios. Solo la Caridad logra integrar todo en unidad de vida: 1) por su radicalización en la persona (llamada a amar: vocación universal) CCE 1827 (la caridad purifica el amor) y 2) por su misma naturaleza (el amor une, unifica y la Caridad lo une todo a Dios Amor).
  • El amor provoca el contacto personal y la unión con el otro, lo propio del amor es salir de sí mismo. El conocimiento solo une a través de una referencia que está en mi interior, el amor va más allá, sale de uno mismo y logra el encuentro personal con el otro. Necesita además la correspondencia, el don del que ama debe ser aceptado y correspondido à solo entonces surge la comunión (comunicación mutua) que va creciendo. La comunión con Dios se realiza en la participación en la vida de la gracia. Amar a Dios es el acto de mayor densidad ontológica posible porque el amor es lo más perfecto, porque Dios es el Bien supremo, porque el hombre ha sido creado por amor y para amar. (cfr. Nota 85. Historia de un alma)

CAPÍTULO 4 : LA ORACIÓN EN LA VIDA CRISTIANA

Introducción

La vida espiritual es vida de relación personal con la Trinidad. Es por Cristo y en su ES filial como tenemos acceso real a dicha relación con Dios. La oración es parte esencial de esta relación del hombre con Dios. Estudiaremos ahora las características de la oración cristiana:

  1. La oración en la Revelación. La Revelación es el diálogo de Dios con el hombre. En Adán, Abrahán, Moisés, profetas y Salmos encontramos auténticas joyas de oración. En Jesucristo Dios revela las profundidades más íntimas de su amor (oración CAT sed de Dios y sed del hombre). El ES es quien lleva a cabo la oración en verdad: “todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios” y Ef 3, 18; Col 2, 3-4: “El misterio de Dios es Cristo en quien están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia”… La Escritura es fuente de oración: así se verifica ese diálogo de Dios con el hombre, que es la Revelación.
  2. La oración de Jesús. La trama de la oración se nos revela plenamente en Cristo. Al contemplar al Maestro de la oración, aprendemos a hacer oración. Lc subraya el papel de la oración en la vida de Cristo. ¿Qué sabemos de su oración? ¿Cómo era?
    1. Está unida a su vida, está injertada en su vida. Con su Encarnación introduce todo lo humano (en Él) es materia de diálogo con su Padre, y todo lo humano (en Él) es ofrecido al Padre.
    2. Es un conformarse con la voluntad de su Padre: “Sí Padre, porque así te ha parecido bien…
    3. La nota filial de su oración. Nos revela e introduce la novedad radical de la oración filial: “Padre nuestro… Abba” (CCE 2599).
  3. Teología de la oración.
    1. ¿Qué es la oración? La oración es la fe en acto: porque implica una elevación o comunicación del alma con Dios; y a la vez una respuesta de amor, al amor del Padre (amor con amor se paga). La oración como diálogo-invitación de Dios y como respuesta del hombre es una necesidad vital: porque es la expresión natural de la nueva vida.
    2. ¿Qué es la oración cristiana? Para el cristiano esa nueva vida es vida de hijos de Dios. Y como esa filiación es en Cristo, la oración es de y con Cristo. Porque en esencia sólo existe una oración real, posible y valida: la oración de Cristo: es decir, si la relación del H-D es real, es también histórica y, por tanto, está marcada por el drama del pecado (ruptura de la relación), ruptura que solo se restablece por medio de Cristo. Por eso la teología de la oración remite a la teología de la gracia y a la Iglesia: en cada oración nuestra, oran Cristo y la Iglesia: ellos dan gloria a Dios e interceden por la humanidad, aunque uno no se dé cuenta.
    3. ¿Cuáles son las características de la oración cristiana?
      1. Al igual que la de Cristo tiene carácter trinitario y filial. La novedad de la oración cristiana es que se trata de la oración de Cristo comunicada a los hombres, busca pues entrar en dialogo con la Trinidad. Por María à a la HSS de Jesús à Padre à ES (Trinidad) (Forja 430)
      2. También es Teologal. FE: Creo que estas aquí, que me ves, que me oyes, CARIDAD que me quieres, por eso puedo hablarle y escucharle: le adoro y le alabo…, tengo contricción… ESPERANZA, le pedimos ayuda, le damos gracias (el ejemplo del chaval que espera a su novia)
      3. También es personal. Por eso se alimenta de la vida, del “hoy”, de la biografía de cada uno.
    4. Las formas de la oración. La oración es el corazón de la vida nueva. Por eso cada uno reza a su modo (así lo decía NP es como hablar con la novia). No se trata solo de algo espontaneo, sino de quedar para hablarse. La vida de los santos y la tradición de la Iglesia a la escucha del ES nos enseña que hay formas de orar:
      1. Liturgia y oración. Sobre el ritmo litúrgico diario: CCE 2698. Sobre el año litúrgico: SC, 102
      2. La oración vocal. La expresión corporal como homenaje: CCE 2703. En espíritu y en verdad. No golpeteo de latas (nota 107). Santo Rosario (RVM)
      3. La meditación. La meditación es una búsqueda: inteligencia (libro) à de los pensamientos a la vida (libro de la vida): voluntad, aceptación à toda la persona: imaginación, querer, emoción, deseo … tratarse (Camino 91)
      4. La oración contemplativa. Es el nive l más profundo de la relación con Dios, el culmen. Mirar a Dios y saber que nos mira. ¿Qué es la contemplación? Santa Teresa dice que “orar es tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas, con quien sabemos nos ama”. Implica recoger el corazón (tarea de la voluntad): CCE 2711. Es diálogo de un hijo con su Padre. “El amor es la aceptación y adhesión –apacible, tranquila y satisfecha- del alma en la contemplación de Dios” (Newman). (El niño que cuela el gol y mira a su padre). ADD 239 y 239.y 247.
    5. Oración y vida: contemplativos en medio del mundo. Se reza como se vive, porque se vive como se reza
      1. La oración requiere un esfuerzo continuado. La oración es un don y respuesta, es un combate contra nosotros mismos (dificultades en la oración mental) y contra el enemigo que pone todo su empeño en que la abandonemos. Las falsas objeciones… Las dificultades y tentaciones que se presentan a lo largo de la vida de oración (las distracciones, la sequedad, la falta de fe del activismo, la tibieza, desaliento).
      2. La oración debe ser continúa. Son muchos los lugares en los que se anima a perseverar en la oración: el que persevere hasta el final se salvará. Necesidad de la oración: la vida cristiana es vida de oración: en el fondo se identifican: la fe que vive por la esperanza en el amor (lo del chaval que espera a su novia): esto es ser contemplativos en medio del mundo: todo es oración: no solo los momentos de oración sino toda la vida cristiana ha de estar conformada por la fe en la esperanza del amor.
    6. La Eucaristía y la vida de oración. Si vida cristiana es = vida de oración y la “fuente y cima de la vida cristiana” es la Misa, pues igual lo es de la oración. La Misa es la oración por excelencia.
      1. La Santa Misa, centro y raíz de la vida cristiana. Lo acabamos de decir. La Eucaristía es Sacrificio, es Presencia y es Comunión (banquete)… Nos sitúa ante los misterios de nuestra fe: eqp, 87.
      2. Liturgia y vida cristiana: el culto espiritual. El cauce que une la liturgia con la vida cotidiana es la oración, y viceversa. Sacerdotes de su propia existencia… el cosmos entero “pan y vino, tierra y vid, y el trabajo del hombre se convierten en el Cristo total… “el santuario no hay que buscarlo en un lugar, sino en los actos, en la vida y en las costumbres” (Orígenes) es lo de un culto “en espíritu y en verdad” de la samaritana

CAPÍTULO 5: LA VIDA CRISTIANA Y EL MISTERIO DE LA CRUZ

Introducción

Los sacramentos nos unen a Cristo. La oración hace que pongamos nuestros ojos en el misterio de Cristo y de su Cruz, y nos la hace aceptar. ¿Por qué la Cruz en la vida cristiana? ¿Por qué la señal de la Cruz, es la señal del cristiano?… La respuesta es personal y existencial. ¿Por qué la ascética, la cruz, la mortificación y la penitencia?… Ver la Cruz como el signo más.

  1. Un recorrido por la Historia. El estoicismo cultivo la ascesis. El neoplatonismo también. En el paganismo falta la teología del Amor (que baja de Dios al hombre y lo remonta hasta Él). Y vio Dios que era bueno, muy bueno… esto no cambia. El pecado daña y mancha (oculta) esta bondad, la ascesis surge (es el dolor que se sigue de lo normal: trabajo, parir) como consecuencia de las heridas del pecado… Cristo carga en su Cruz, toda la ascesis del pecado (las heridas del pecado) haciéndola motivo de salvación (el castigo se redime así). Después vino la espiritualidad del martirio, y la monacal (lucha contra las pasiones y pecado y por adquirir virtudes). Desviaciones ascéticas (por exceso: jansenismo, o defecto: quietismo). Siglo XX-XXI: crisis ascética por el materialismo hedonista + una crisis teológica: 1) entender mal la teología de las realidades temporales como algo contrapuesto a la escatología; 2) pérdida del sentido de pecado; 3) el naturalismo fundado en optimismo exagerado: en algunos modelos educativos no rigor ni disciplina.
  2. El fundamento de la ascesis. Es preciso mantener un equilibrio, porque la ascesis solo es sana cuando es auténtica: y esta radica en la verdad de fe de que Dios ha manifestado su amor en la Cruz. Así resulta un esfuerzo de afirmación, no de negación. La base antropológica reposa sobre estas observaciones:
    1. Fundamento antropológico: solo con empeño personal y esfuerzo el hombre puede crecer y progresar.
    2. Fundamento cristológico:
      1. La elevación sobrenatural le sitúa en nuevo campo de superación: tiene el compromiso de conformarse a un nivel superior con la ayuda de la gracia.
      2. El misterio del pecado que deja al hombre herido y sufriendo, se hace todo más costoso, el dominio de sí es más difícil.
      3. Solo al mirar la Cruz de Cristo descubrimos el misterio del sufrimiento del hombre. Ascética (fundamento antropológico: esfuerzo) y Cruz (sufrimiento) no son =, pero se relacionan.
    3. Finalidad de la ascesis. Visto los fundamentos ¿cuál es el objeto o finalidad última de la ascesis? El objetico de la vida ascética es la unión con Dios mediante la unificación de las voluntades: mi voluntad y la voluntad de Dios (para ello debo conocerme, poseerme y así poder hacer real mi entrega). Este proceso tiene un elemento negativo (quitar lo que no es voluntad de Dios en mi) y otro positivo (obrar en base al amor a la voluntad de Dios). No todo el que me dice “Señor, Señor, entrará… sino el que hace la voluntad de mi Padre”… “si me amáis, guardaréis mis mandamientos”… “En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: en que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos”.
    4. El contenido de la lucha ascética. La perspectiva ascética espiritual debe estar presente en la vida cristiana en todo momento: la vida del hombre es lucha (Job): no solo en lo negativo: lucha contra el pecado, sino sobre todo en lo positivos: esfuerzo por avanzar, por progresar, por responder con todas nuestras fuerzas al don que se nos da, por manifestar con obras nuestro amor, por desarrollar las virtudes en servicio a los demás y para DOG.
      1. La virtud y la vida espiritual. La ascesis significa ejercicio. El ejercicio más eficaz para la vida espiritual es el de la práctica de las virtudes: el desarrollo de lo mejor de cada persona… La virtud nos hace connaturales con el bien y lo bueno. Las virtudes están todas interconectadas: la conexión entre las virtudes morales (prudencia, fortaleza, justicia y templanza) + la caridad (y las otras dos virtudes infusas), porque la virtud cristiana no tiene por fin la autoperfección (estoicos) sino amor a Dios y a los demás (es un donarse, que previamente se posee). Cita de san Agustín NOTA 150***. Amarás, si eres capaz de hacer lo que quieres: ama y haz lo que quieras. Las virtudes son la cremallera entre el espíritu y la materia. Al principio la lucha es más evitar en pecado pero luego es hacer la voluntad de Dios con el ejercicio hasta el heroismo de las virtudes. La unidad de vida se logra con las virtudes al hacer que el amor de Dios penetre toda su realidad personal. Así es como el cristiano transforma y eleva a Dios todo lo humano: no tanto como lucha contra el caos del pecado, sino más como empeño por construir un orden nuevo fundamentado en el amor y la libertad de los hijos de Dios.
      2. Algunos medios para el crecimiento de la vida espiritual. El Plan de vida (para escuchar y responder la llamada telefónica) y la dirección espiritual (Maestro ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?; el ES es el guía pero cuenta con instrumentos: no estamos solos): por ellos el amor de Dios permea nuestra vida. NOTA 169 Audiencia JPII ***
      3. La renuncia y la mortificación. El pecado, los apetitos y tendencias desordenadas (incompatibles con la santidad) exigen renuncia y mortificación (bocado del caballo).
        1. Naturaleza de la mortificación: no es una mutilación (o falta de libertad) sino en una rectificación y sublimación de nuestras tendencias profundas, del goce desordenado. Tiene dos elementos: 1) el sinsabor dado a la naturaleza y 2) el acto de voluntad que se impone al apetito. Esto último es lo más importante espiritual y moralmente.
        2. Motivos de la mortificación. La mortificación se ejerce con la voluntad y esta se rige por motivos intelectuales. Por tanto, ¿qué motivos intelectuales tenemos?:
          1. Es necesaria para la subsistencia y progreso en la vida espiritual;
          2. Es un medio optimo para demostrar a Dios que le amamos (te amo más que a mí mismo);
          3. El valor apostólico de la mortificación voluntaria, nos hacemos así colaboradores de Cristo en la salvación de las almas.
        3. Funciones de la mortificación. Restauradora de la imagen de Dios deformada por el pecado, como una imagen desfigurada por las inclemencias con el paso del tiempo. La psiquiatría y la psicología moderna la considera como un requisito esencial para el perfecto desarrollo de la personalidad. Tiene sobre todo estas tres funciones en la vida cristiana:
          1. Función educativa (el bocado del caballo). Ejercicio de la voluntad para dominar las pasiones (Pitágoras, el lobo y el conejo). Hace referencia a la dimensión activa de la mortificación: la renuncia voluntaria.
          2. Función purificadora. Hace referencia a la dimensión pasiva de la mortificación: la aceptación de los sufrimientos que nos vienen dados en la providencia de Dios. Purificación y formación son dos elementos del mismo proceso: la restauración de la imagen de Dios. Bastaría con esta para hacernos santos.
          3. Función expiativa. De los pecados pasados que, olvidados, ejercen una sugestión residual en el alma. La diferencia entre la penitencia y la mortificación es formal, no material: ayunar para dominarse es mortificación; para expiar es penitencia.
  • La práctica de la mortificación. NOTA 164: ADD138***
  1. La Cruz de Cristo y la cruz del cristiano. La ascética en general necesita método, renuncia y ejercicio pero no Cruz. La Cruz es algo específico de la ascética cristiana: el que quiera ser mi discípulo… Así lo revela la vida de los santos en los que siempre ha habido Cruz (dolor y sufrimiento, o mortificación voluntaria muy generosa y por encima del simple autodominio ascético). La Cruz está relacionada con el pecado y con el amor. No hay amor sin sacrificio + no hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos. El pecado es la causa última del sufrimiento moral y físico de la humanidad. Jesús ha cargado con los pecados y con sufrimiento anexo y ha destruido su poder desde dentro mismo. (la espada de Goliat y la película de tiburón: a bomba dentro mismo)
  2. El cristiano puede y debe transformar el sufrimiento

EPILOGO

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agosto 9, 2014 at 11:08 pm

2. Palabras que hieren

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La mediocridad, posiblemente,consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta.
G. K. Chesterton

Como en otras jornadas anteriores, Mateo el publicano estaba sentado en su banco, cobrando impuestos. Pero aquel día todo cambió. La voz de Jesucristo, que pasaba a su lado, sonó escueta e imperiosa: «Vio Jesús a un hombre sentado en el telonio, llamado Mateo, y le dijo: Sígueme». Jesucristo se adentró en su vida para siempre, pidiéndole la entrega de todo cuanto era y cuanto tenía. Quizá no había pensado nunca en otro porvenir que el que le deparaba su trabajo. Pero, ante la llamada del Señor, responde inmediatamente y acoge en su alma la vocación divina: «Se levantó y le siguió».
Es una escena que, desde entonces hasta hoy, se ha repetido, de manera semejante, en la vida de muchas personas. El Señor ha salido al encuentro de ellas con ocasión de las cosas más cotidianas y les ha llamado. Esa llamada, la vocación, es la gran pregunta del hombre, un interrogante que compromete toda su existencia: qué quiere Dios que sea yo. Dios da la vocación y, con ella, las luces necesarias para verla. Por nuestra parte, debemos allanarle el camino, salir a su encuentro con la oración y la rectitud de vida.
—Pero lo difícil es saber cómo, en concreto, podemos percibir cuál es la llamada de Dios para nosotros.
Podremos percibir esa llamada de Dios de un modo apabullante y maravilloso, con una gran conmoción, como quizá nos gustaría. O bien, y quizá esto es lo más corriente, con ese aire cotidiano, bajo el rostro de las cosas sencillas, de un amigo, de una noticia, de una conversación, de un libro.
Para cultivar una buena disposición hacia la llamada de Dios, es fundamental el espíritu de oración. La piedad popular ha representado a la Virgen haciendo oración, cuando recibe la embajada del ángel. Es indudable que Nuestra Señora guardaría un recogimiento habitual y que tenía un espíritu de oración que la dispuso para recibir el mensaje divino y aceptarlo. Para percibir las llamadas de Dios es preciso tener esa orientación habitual hacia lo divino, saber escuchar la voz del Señor en medio de los afanes de la vida diaria y, después, contestar, como ella, con un «Hágase en mí según tu palabra».
—¿Y qué tipo de cosas sencillas y cotidianas debemos observar en nuestra oración?
Examina tu corazón, en el que bulle quizá, desde hace tiempo, la ilusión de algo grande. Piensa si no será Dios el que te está hablando bajito, con las palabras de un libro, de un amigo, tras la aparente monotonía de la vida. Considera quién golpea suavemente tu alma. Quizá lleve tiempo hablándote, y no lo hayas descubierto todavía, como les sucedió a aquellos dos discípulos que caminaban con Él hacia Emaús. Jesús caminaba a su lado, alejándose de Jerusalén, como un peregrino más. Les hablaba con el acento de su tierra. Solo cuando rezaron con Él se dieron cuenta de que habían estado largo tiempo junto al Señor sin saberlo. Y exclamaron: «¿No ardía nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino?».
Piensa qué palabras te han impactado últimamente, casi sin saber por qué. No repares demasiado en quién te las ha dicho. Mira si hay recuerdos, inquietudes, deseos, afanes que te encienden el alma y te llenan de alegría. Y pregúntate si no será Jesucristo el que hace que arda tu corazón en el camino. Mientras tanto, vive alerta. Interroga los rostros y los sucesos. Ahí, entre la monotonía de los días iguales, te puede estar llamando Dios.
Quizá ahora te haces preguntas que nunca te habías hecho: ¿Qué sentido tiene esto que hago? ¿Vale la pena vivir así? ¿Vale la pena mi vida? ¿Por qué Dios permite esta circunstancia y aquella, y aquella otra? Y hay anécdotas, situaciones, sugerencias, vivencias, comentarios que antes pasaban inadvertidos y que ahora, en cambio, te llegan, te calan, te hieren. Adviertes, bajo esas circunstancias, un lenguaje un poco enigmático con el que quizá Dios quiere decirte algo por medio de unos signos inesperados y a la vez cotidianos.
—¿A qué te refieres con lo de los signos y el lenguaje enigmático?
Podemos recordar, por ejemplo, la historia de la vocación de San Francisco de Borja. Desde los dieciocho años estaba en la corte de Carlos V, y a los veintinueve fue nombrado virrey de Cataluña. Ese mismo año, recibió la misión de conducir los restos mortales de la emperatriz Isabel hasta la sepultura real de Granada. Él había visto muchas veces a la deslumbrante emperatriz rodeada de aduladores y de todas las riquezas de la corte. Al abrir el féretro para reconocer el cuerpo, el rostro de la que fue bellísima emperatriz estaba ya en proceso de descomposición. Cuando vio el terrible efecto de la muerte, aquello le impresionó vivamente. Comprendió la caducidad de la vida terrena y tomó entonces su famosa resolución: «¡Nunca más servir a señor que se me pueda morir!».
Todo aquello fue un gran aldabonazo en su alma. Cuando falleció su esposa, y sus hijos estuvieron ya emancipados, renunció a sus títulos y posesiones en favor de sus hijos, tomó el hábito y recibió la ordenación sacerdotal en 1551. La noticia de que el Duque de Gandía se había hecho jesuita tuvo un gran impacto en aquella época. Fue destinado a la casa de los jesuitas de Oñate y empezó a trabajar como ayudante del cocinero. Sus tareas eran acarrear agua y leña, encender la estufa, limpiar la cocina y atender la mesa, y lo hacía con gran humildad, sin dar muestras de la menor impaciencia.
A los pocos años fue nombrado Superior de la Compañía de Jesús en España, y después fue elegido Padre General. Durante los seis años que desempeñó ese cargo, hasta su muerte en 1572, sus logros al frente de los jesuitas le valieron por parte de los historiadores la consideración de ser el más grande general tras el fundador San Ignacio de Loyola. Fundó lo que sería luego la Universidad Gregoriana, envió misioneros a los más lejanos puntos del planeta, asesoró a reyes y papas, e impulsó con gran acierto los numerosos asuntos de la Compañía en rápida expansión. A pesar del gran poder que tuvo en sus manos, siguió un estilo de vida sencillo y fue ampliamente reconocido como santo aun antes de morir. Todo empezó por aquel episodio ante el féretro de la hermosa emperatriz. No fue el único que estaba allí presente en aquel momento, pero Dios se sirvió de ese signo para remover su alma.
La llamada divina puede presentarse de maneras muy diversas. Por ejemplo, unos siglos antes, en Florencia, un joven de familia noble y poderosa llamado Juan Gualberto ve cómo su único hermano muere asesinado. Un tiempo después, el día de Viernes Santo del año 1003, cuando tiene solo dieciocho años, cabalga rodeado de varios hombres armados, camino de Siena. En una revuelta del camino, se encuentra con un hombre al que reconoce de inmediato como el asesino de su hermano. No tiene escapatoria, ni posibilidad de hacer frente a aquella tropa. No le queda más remedio que someterse a la ley inexorable de la venganza, que exige su sangre. Todo ocurre muy deprisa. En un súbito arranque, inspirado por el sentimiento religioso, aquel desdichado baja del caballo, se arrodilla con los brazos en cruz, le dice: «Juan, hoy es Viernes Santo. Por Cristo que murió por nosotros en la cruz, perdóname la vida». Juan se disponía a asestarle el golpe mortal, cuando aquel hombre, viéndose ya perdido, musitó: «Jesús, Hijo de Dios, perdóname Tú al menos». Al oír esto, Juan arrojó la espada, bajó de su caballo, levantó al asesino, le abrazó y le dijo: «Por amor a Cristo, por la sangre que hoy derramó Jesús en la cruz, te perdono».
La lucha entre la sed de venganza y la conciencia de su deber de cristiano, aunque duró breves instantes, debió de ser muy fuerte en el alma de aquel joven caballero. Estaba por allí cerca, a orillas del Arno, la abadía de San Miniato. Entró en la iglesia y se arrodilló ante la imagen de Cristo crucificado. La mirada de aquel Cristo quedó clavada en su alma. Así pasó varias horas. Desde aquel día, Juan Gualberto no fue el mismo de antes. Sus aspiraciones mundanas le parecían vanas. No pasó mucho tiempo antes de que llamara a la puerta de ese monasterio y pidiera al abad vestir el hábito benedictino. Fue un gran monje, y poco después fundó en los bosques de Vallumbrosa una nueva orden religiosa, con muchos monasterios en Italia, y hoy es San Juan Gualberto. Dios salió a su encuentro de aquel modo tan singular y él supo reconocerlo.
Podrían citarse muchos otros ejemplos. Si nos fijamos en alguno más de nuestra época, podríamos referirnos a Ruth, una chica que a los veinte años ingresó en el Instituto de Hermanas de la Cruz, y cuyo testimonio conmovió a Juan Pablo II y al millón de jóvenes que le acompañaban en Cuatro Vientos el año 2003. «Antes de ingresar en el Instituto —explicaba la joven religiosa—, llevaba una vida normal. Me gustaba la música, las cosas bellas, el arte, la amistad, la aventura. Había soñado muchas veces con mi futuro, pero un día vi por la calle a dos hermanas que me llamaron la atención por su recogimiento, su paso ligero y la paz de su semblante. Eran jóvenes como yo. Me sentí vacía y en mi interior oí una voz que me decía: “¿Qué haces con tu vida?”. Quise justificarme: “Estudio, saco buenas notas, tengo muchos amigos”. Me quedé mirándolas hasta que desaparecieron de mi vista mientras yo me preguntaba: “¿Quiénes son? ¿Adónde van?”.
»Como Nicodemo, invité a Jesús en la noche de mi inquieto corazón, y en la oración entré en diálogo con Él. Con Él, sentí la llamada de tantos hermanos que me pedían mi tiempo, mi juventud, el amor que había recibido del Señor. Y busqué. Y me encontré con la mujer que estaba más cerca del misterio de la cruz de Jesús junto a María, Sor Ángela de la Cruz. Ella se había configurado tanto con la cruz de Jesús que se hizo amor para los pobres que sufren. Me cautivó y quise ser de las suyas. Y aquí estoy, Santidad, consciente de lo que he dejado.
»He dejado todo lo que los jóvenes que están con nosotros esta tarde poseen: la libertad, el dinero, un futuro tal vez brillante, el amor humano, quizá unos hijos. Todo lo he dejado por Jesucristo, que cautivó mi corazón para hacer presente el amor de Dios a los más débiles en mi pobre naturaleza de barro.
»Tengo que confesarle, Santidad, que soy muy feliz y que no me cambio por nada ni por nadie. Vivo en la confianza de que quien me llamó a ser testigo me acompaña con su gracia. Gracias, Santo Padre, por su vida entregada sin reservas como testigo fiel del Evangelio, por fortalecer nuestra fe, avivar nuestra esperanza y abrir nuestro corazón al amor ardiente del que sabe perder su vida para que los demás la ganen. Gracias por su vida, que a muchos de nosotros nos ha marcado. Gracias por venir a decirnos a los jóvenes que el mundo necesita testigos vivos del Evangelio, que cada uno de nosotros podemos ser uno de esos valientes que se arriesguen a construir la nueva civilización del amor, porque lo que nosotros no hagamos, se quedará sin hacer.»
—Has puesto tres ejemplos y todos son de frailes y monjas. ¿Acaso es la vocación más habitual?
La mayor parte de los cristianos están llamados por Dios a vivir en las condiciones normales de la vida. Así lo ha proclamado el Concilio Vaticano II, al recordar a todos la llamada universal a la santidad. Y aunque a lo largo de este libro salgan bastantes anécdotas o relatos de la vida consagrada o sacerdotal, ya verás que hay muchos otros ejemplos en que no es así. Y, en todo caso, está claro que Dios llama a toda persona a ser santa y que lo más corriente es que deba serlo en medio de su trabajo y sus ocupaciones habituales.

Autor: Alfonso Aguiló en “La llamada de Dios”, apartado I. DIOS LLAMA A QUIEN QUIERE

Written by rsanzcarrera

julio 6, 2011 at 4:58 pm

1. El encuentro con la verdad sobre uno mismo

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Empezamos por el apartado I. DIOS LLAMA A QUIEN QUIERE
1. El encuentro con la verdad sobre uno mismo
2. Palabras que hieren
3. Cómo acertar
4. ¿Dejarse aconsejar?
5. Casualidades

Empezamos por el apartado primero:

1. El encuentro con la verdad sobre uno mismo

Dios no habla, pero todo habla de Dios.
Julien Green

Cuenta Gorki la historia de un pensador ruso que pasaba por una etapa de cierta crisis interior y decidió ir a descansar unos días a un monasterio. Allí le asignaron una habitación que tenía en la puerta un pequeño letrero en el que estaba escrito su nombre. Por la noche, no lograba conciliar el sueño y decidió dar un paseo por el imponente claustro. A su vuelta, se encontró con que no había suficiente luz en el pasillo para leer el nombre que figuraba en la puerta de cada dormitorio.
Fue recorriendo el claustro y todas las puertas le parecían iguales. Por no despertar a los monjes, pasó la noche dando vueltas por el enorme y oscuro corredor. Con la primera luz del amanecer distinguió, al fin, cuál era la puerta de su habitación, por delante de la cual había pasado tantas veces, sin reconocerla.
Aquel hombre pensó que todo su deambular de aquella noche era una figura de lo que a los hombres nos sucede con frecuencia en nuestra vida. Pasamos muchas veces por delante de la puerta que conduce al camino que estamos llamados, pero nos falta luz para verlo.
Saber cuál es nuestra misión en la vida es la cuestión más importante que debemos plantearnos cada uno, y que podemos plantear a quienes queremos ayudar a vivir con acierto. La vocación es el encuentro con la verdad sobre uno mismo. Un encuentro que proporciona una inspiración básica en la vida, de la que nace el compromiso, el cometido principal que cada persona tiene, y que quien es creyente percibe como los planes de Dios para él. La vocación incluye todo aquello que una persona se ve llamada a hacer, lo que da sentido a su vida.
       —¿Y si no quisiera conocerla?
Quizá la mayor desgracia que puede sufrir una persona sea la de desconocer la voluntad de Dios para ella. La vocación es como el reto que el Señor nos plantea en nuestra vida, lo que nos hará más felices que cualquier otra opción. Por eso, la ayuda que pueda darse a otra persona para encontrar la voluntad de Dios sea, probablemente, el mejor servicio que se le puede prestar. Porque no se trata de una cuestión accesoria o puntual de la que dependa solo un poco más de felicidad en la vida de esa persona, sino algo que afecta al resultado global de su existencia.
       —¿Te refieres a la felicidad en la vida eterna?
Me refería a la felicidad aquí en la tierra, aunque, al fin y al cabo, son cuestiones muy relacionadas, pues quienes buscan la felicidad del Cielo encuentran también el ciento por uno aquí en la tierra.
Cualquier ideal humano, cualquier cambio en la vida de un hombre, nace del descubrimiento de una verdad. El encuentro más profundo con la verdad, después de la fe, es la vocación. La vocación es una nueva luz, un acontecimiento que nos da una visión nueva de la vida. Una luz para acertar con nuestro camino y para no tropezar en él.
La vocación es una llamada que pide respuesta dentro de nosotros. Y dentro de nosotros hay muchas respuestas, que pueden encarnar muchos modos de desarrollar nuestra vida, con más o menos generosidad. Nuestra vida puede ser muy distinta, según sean esas respuestas, porque, como dice un proverbio indio, allí donde el hombre pone su pie, pisa mil caminos. La libertad solo recorre uno, pero está abierta a muchos.
Por esa razón, los relatos y reflexiones que irán saliendo a lo largo de estas páginas no pretenden convencer dialécticamente acerca de lo que Dios pueda pedir a una persona, sino ayudar a que cada uno tenga ese encuentro con Jesucristo, ya que, en definitiva, eso es la vocación. He procurado recoger muchos testimonios y textos, provenientes de muchas fuentes, así como algunas de las muchas preguntas que, ordinariamente, se plantean en torno a este tema. Las ideas, las anécdotas o los ejemplos de la vida de los santos nos abren un panorama que nos invita a buscar ese encuentro. Y las consideraciones que se hacen nunca pretenden ser exhaustivas, sino meras pautas de reflexión, consideraciones, nunca respuestas concluyentes.
       —¿Pero la vocación es encontrar una verdad o es encontrar a Jesucristo?
Para quien es cristiano y creyente, viene a ser lo mismo, pues en el Nuevo Testamento puede leerse bien claro que Él es la Verdad. Por eso, conocer cada vez mejor a Jesucristo es algo central para el discernimiento de la vocación. No se suele comenzar a ser cristiano, ni a entregarse a Dios, por una decisión ética o por una gran idea, sino más bien por el encuentro con la persona de Jesucristo o, al menos, con lo que ese encuentro ha supuesto para otras personas.
Conocer a Jesucristo no es una mera curiosidad piadosa o un grado más en el camino de la vida ascética. Es algo que afecta muy seriamente a nuestra existencia. «Porque —como ha escrito José Luis Martín Descalzo— con Jesús no ocurre como con otros personajes de la historia. Que César pasara el Rubicón o no lo pasara es un hecho que puede ser verdad o mentira, pero que en nada cambia el sentido de mi vida. Que Carlos V fuera emperador de Alemania o de Rusia, nada tiene que ver con mi salvación como hombre. Que Napoleón muriera derrotado en la isla de Santa Elena o que llegara siendo emperador hasta el final de sus días, no moverá hoy a un solo ser humano a dejar su casa, su comodidad y su amor y marcharse a hablar de él a una aldehuela del corazón de África.
»Pero Jesús no, Jesús exige respuestas absolutas. Él asegura que, creyendo en él, el hombre salva su vida e, ignorándole, la pierde. Este hombre se presenta como el camino, la verdad y la vida. Por tanto —si esto es verdad— nuestro camino, nuestra vida, cambian según sea nuestra respuesta a la pregunta sobre su persona. ¿Y cómo responder sin conocerle, sin haberse acercado a su historia, sin contemplar los entresijos de su alma, sin haber leído y releído sus palabras?».
La convicción de que Dios existe no es una idea más. Creer no es añadir una opinión a otras. El hecho de creer cambia nuestra vida, la llena de luz, nos da una orientación para saber cómo vivir. Creer es seguir la senda señalada por la palabra de Dios. Y la elección de Dios que supone la vocación es una elección de amor, una iniciativa de Dios, que ha pensado lo mejor para cada uno de nosotros.
En los Evangelios pueden leerse numerosas escenas en las que el Señor pasa y llama. Llama y espera una respuesta. «Llamó a los que quiso», recalcan los evangelistas. Y relatan el caso de alguno que se ofrece a seguir determinado camino  y no es admitido. Han pasado veinte siglos y, hoy, el Señor sigue llamando, y sigue llamando a cada uno según quiere.
Una mirada al mundo muestra enseguida la inmensidad del trabajo pendiente. «Alzad los ojos y ved los campos, dispuestos para la siega». El campo está listo, las necesidades son enormes, pero los trabajadores son escasos. ¿Cómo van a conocer a Dios si no hay quien dé testimonio de Él? Hacen falta personas que entreguen su vida para llevar la luz del Evangelio a todo el mundo, a los dirigentes de la sociedad, a los empresarios, a los intelectuales, a los abatidos, a los enfermos, a las zonas más remotas de la tierra, a quienes viven sin esperanza.

Written by rsanzcarrera

mayo 26, 2011 at 7:08 pm

Bibliografia en torno al tema de la vocación cristiana

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Aquí pongo algunos artículos y libros donde se trata el tema de la vocación cristiana y algo sobre las experiencias sobre el discernimiento de la llamada de Dios.

  • Juan Bautista TORELLÓ, Psicología y vida espiritual, Rialp, Madrid 2008, particularmente 179-205.  Es difícil, actualmente, encontrarlo en librerías.
  • Fernando OCARIZ, “La vocación al Opus Dei como vocación en la Iglesia”, en El Opus Dei en la Iglesia, 162-168, particularmente 152-153. Habla poco del tema del discernimiento.  Y en el cap II (“La vocación al Opus dei como vocación en la Iglesia”) más que nada trata de encuadrar la vocación a la Obra, como llamada
  • Francisco FERNANDEZ CARVAJAL, El día que cambié mi vida, Palabra, Madrid, 2004. Es un libro para hacer oración. Se trata de 79 temas breves, se leen en 10 minutos. El índice temático es interesante, el tema de la vocación está tratado en 9 meditaciones.
  • Alfonso AGUILÓ, La llamada de Dios, Palabra, Madrid 2008. Aguiló, como siempre, nos ofrece un libro lleno de anécdotas, ameno y sugerente. Un buen libro para leer el interesado y también con ideas útiles para la predicación con gente joven.
  • Juan Manuel ROCA, Cómo acertar con mi vida. La mirada del hombre a su destino, Eunsa, Pamplona 2002. No es un ensayo de antropología académica, sino más bien un acompañamiento para descubrir el misterio vocacional de la propia vida.
  • Pedro BETETA, La vocación de san José y la nuestra, explicadas por Juan Pablo II… “La vocación explicada por Juan pablo II”, en dBolsillo mc 816, Palabra. De forma breve va tocando todas las cuestiones, con preguntas y respuestas sacadas de los mensajes a los jóvenes.
  • “La llamada, 12 ideas sueltas” de José Pedro MANGLANO, Hablar con Jesús, Desclée De Brouwer, con 9 relatos vocacionales (incluye varios de religiosas) y 12 puntos para la reflexión del interesado sobre la vocación en general.
  • “¿Has pensado en ser sacerdote?” de Fulgencio ESPA., ediciones Palabra, dBolsillo mc, 804. El test del final es interesante.
  • Martín RHONHEIMER, Vosotros sois la luz del mundo, Explicando a los jóvenes la vocación al Opus Dei. Son interesantes el cap. V (“Un mismo camino y distintas maneras de recorrerlo”), pp.151-191; de especial interés para el interesado son: el cap VII (“¿Cómo se puede saber si se tiene vocación?”), pp. 251-267; y el cap. IV (“Querer servir: la vocación al Opus Dei”), pp. 112-150.

Written by rsanzcarrera

mayo 20, 2011 at 7:33 pm

La llamada de Dios

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El tema me parece tan apasionante e importante que iré dejando en el blog algunas entradas en relación a la vocación. Seguiremos esta obra: LA LLAMADA DE DIOS, Alfonso Aguiló Pastrana, Anécdotas, relatos y reflexiones sobre la vocación

  • ÍNDICE
  • I. Dios llama a quien quiere
  • II. Percibir la llamada
  • III. Miedo a comprometerse
  • IV. El ambiente
  • V. Las excusas
  • VI. Perseverar
  • VII. Los padres
  • VIII. Dar fruto

Introducción. Vocación no es algo que tienen algunos, sino todos. La vocación es el encuentro con la verdad sobre uno mismo. Un encuentro que proporciona una inspiración básica en la vida, de la que nace el compromiso, el cometido principal que cada persona tiene, y que quien es creyente percibe como los planes de Dios para él. Por eso, saber cuál es nuestra misión en la vida es la cuestión más importante que debemos plantearnos cada uno, y que podemos plantear a quienes queremos ayudar a vivir con acierto. Dios busca la felicidad del hombre, y la vocación es el descubrimiento de ese designio y ese plan que Dios ha previsto para que cada uno alcance la máxima realización personal. La vocación es como el reto que nos plantea nuestra vida. Es una nueva luz, un acontecimiento que nos da una nueva visión de la vida, y la llena de sentido. A través de relatos, ejemplos y anécdotas de la vida cotidiana y de la historia de los santos, en estas páginas se ofrecen algunas ideas sobre cómo conocer cada vez mejor ese designio de Dios y sobre cómo incorporarlo a nuestra vida. Mediante un diálogo con el lector, se abordan las principales dudas y cuestiones que se plantean en torno a esa gran pregunta del hombre que es la vocación, un enigma que a cada uno toca descifrar.

ALFONSO AGUILÓ PASTRANA. Nació en Madrid. Es ingeniero de caminos y PADE del IESE. Desde 1991 es Vicepresidente del Instituto Europeo de Estudios de la Educación (IEEE) y desde 2007 Presidente de la Asociación Madrileña de Empresas Privadas de Enseñanza (AMEPE) y miembro de la Junta Directiva Nacional de la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE). Ha publicado diez libros sobre temas de educación y antropología, así como más de doscientos artículos en diversas revistas y publicaciones. En 1999 creó el portal http://www.interrogantes.net y desde 2002 es director de Tajamar.

Cfr. Bibliografía en torno al tema de la vocación cristiana

Written by rsanzcarrera

mayo 20, 2011 at 12:31 pm

Publicado en espiritualidad, Religion

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