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Archive for the ‘espiritualidad’ Category

La Madre de Dios y Madre nuestra

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María y los pecadores

El Concilio Vaticano II, “al exponer la doctrina sobre la Iglesia, en la que el divino Redentor obra la salvación, se propone explicar cuidadosamente tanto la función de la Santísima Virgen en el misterio del Verbo encarnado y del Cuerpo místico cuanto los deberes de los hombres redimidos para con la Madre de Dios, Madre de Cristo y Madre de los hombres, especialmente de los fieles” (C. Vat. II, Const. Lumen gentium, 54). Por su cooperación singular a la obra del Salvador, “es nuestra madre en el orden de la gracia” (cfr. ibid., 61 in fine).

A la luz de su maternidad divina -fuente de todas sus prerrogativas-, comprendemos su maternidad espiritual confirmada por Cristo desde la Cruz (Jn 19, 26-27). Esas palabras de Cristo en la Cruz significan que la maternidad de Santa María continúa en la Iglesia y a través de la Iglesia, simbolizada y representada por Juan; “perdura sin cesar en la economía de la gracia (…) hasta la consumación de todos los elegidos” (Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, 25-III-1987, 22).

  • Se trata de la mujer del Génesis (cfr. 3, 15) y del Apocalipsis (cfr. 12, 1), al comienzo y al final respectivamente de la historia de la salvación (cfr. Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, 24).

Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para redimir a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos (Ga 4, 4-5).

  • Nacido de mujer: estas palabras subrayan la verdadera Humanidad de Jesús y enseñan el papel de la Virgen María, la Nueva Eva, en la obra de la redención (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 488).
  • Por nuestra condición de hijos adoptivos de Dios, Santa María es también nuestra Madre (cfr. Forja, 273), porque esa filiación nos viene a través de Ella: nacemos de Ella a la existencia de la gracia. ¡Madre! Llámala fuerte, fuerte (Camino, 516).

Vivir la filiación mariana

  • En la vida de oración 
  • Ponernos bajo su amparo
  • El amor a nuestra Madre y la tibieza 
  • El amor a nuestra Madre Santa María y la gracia
  • El amor a María y la Cruz. En las tentaciones 
  • La romería del mes de mayo.
  • El rezo del Santo Rosario, arma poderosa (cfr. Juan Pablo II, Carta ap. Rosarium Virginis Mariae, 16-X-2002)
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Written by rsanzcarrera

mayo 11, 2009 at 4:34 pm

La virtud de la templanza. Ejemplaridad

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Se ha manifestado la gracia de Dios (…) educándonos para que renunciemos a la impiedad y a las concupiscencias mundanas, y vivamos con prudencia, justicia y piedad en este mundo, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo (Tt, 2, 11-13).

La templanza, virtud cardinal exigida para vivir de modo coherente la vocación cristiana. No pido que los saques del mundo, sino que los guardes del Maligno (Jn 17, 15).

  • Tiene como sentido y finalidad vivir con el señorío de los hijos de Dios. Sed hombres y mujeres del mundo, pero no seáis hombres y mujeres mundanos (Camino, 939).
  • Trata de poner orden en el propio yo y, por tanto, revierte sobre la persona que la ejercita (cfr. S Th. II-II, q. 141, a. 8). Hemos de exigirnos en la vida cotidiana, con el fin de no inventarnos falsos problemas, necesidades artificiosas, que en último término proceden del engreimiento, del antojo, de un espíritu comodón y perezoso. Debemos ir a Díos con paso rápido, sin pesos muertos ni impedimentos que dificultan la marcha (Amigos de Dios, 125).

El ejemplo de Jesucristo.

  • Es Dios y nace, vive y muere pobre, desprendido de todo (cfr. Lc 2, 6-7; Mt 8, 20 y 27, 35), y no pocas veces carece de lo necesario y se sujeta a lo incómodo (cfr. Mt 21, 19; Mc 2, 23). Siendo rico, se hizo pobre para que fueseis ricos por medio de su pobreza (2 Co 8, 9). Considerar la entrega de Dios y su anonadamiento. Contemplar la casa de Nazaret.

Como enseña San Josemaría, la templanza es señorío. No todo lo que experimentamos en el cuerpo y en el alma ha de resolverse a rienda suelta. No todo lo que se puede hacer se debe hacer (Amigos de Dios, 84). Considerar los frutos de la templanza: ver al hombre verdaderamente hombre (..). La templanza no supone limitación, sino grandeza (ibid.).

Relevancia apostólica de la virtud de la templanza.

  • Alumbre así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre, que está en los Cielos (Mt 5, 16).
  • Empeño efectivo por vivir esta virtud con ejemplaridad que arrastre
  • Luchar contra la complicidad interior y el ambiente hedonista.
  • Siendo uno más entre los demás, hemos dar ejemplo de sobriedad en la comida y bebida
  • Uso de la televisión, internet…
  • Evitar las manifestaciones de aburguesamiento en el trabajo, la familia, el descanso.
  • Limosna. Ayuda a la Iglesia. Generosidad en la promoción de iniciativas apostólicas.
  • Los bienes creados son sólo medios (cfr. Amigos de Dios, 118).
  • Manifestaciones concretas de desprendimiento de acuerdo con las circunstancias personales

Written by rsanzcarrera

mayo 11, 2009 at 4:33 pm

Debemos aprovechar nuestras faltas para aumentar la devoción a la Virgen Madren m

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Muchas de estas ideas están sacadas del libro “El arte de aprovechar nuestras faltas” de J. Tissot


San Francisco de Sales escribió: «La Santísima Virgen ha sido siempre la Estrella polar, el Puerto de refugio de todos los hombres, que han navegado por los mares de este miserable mundo… Los que dirigen su navío mirando a esta divina Estrella, se librarán de estrellarse contra los escollos del pecado»;

En una carta a Santa Juana Francisca de Chantal, vuelve sobre el mismo asunto y, dando cuenta de su oración, en la que se vio trasladado a casa de Simón el leproso, dice: «Veía a nuestro Señor, que estaba muy contento; por respeto a Magdalena, no nos atrevimos a postrarnos a sus pies, ni a los de su Santa Madre, que también estaba allí; yo estaba muy triste porque no tenía tantas lágrimas, ni perfumes, como la santa penitente. Pero nuestra Señora se contentó con algunas lágrimas que cayeron en la orla de su vestido, ya que no nos atrevíamos a tocar sus benditos pies. Una cosa me consoló mucho: después de la comida, nuestro Señor entregó su amada penitente a su Madre; por eso vemos que, en lo sucesivo, apenas si se separó de Ella; y la Santísima Virgen acariciaba a esta pecadora. Esto me dio un gran aliento y muchísima alegría.»

En otra parte, dice: «¿Es que acaso no fue por mediación de la Virgen Santísima como María Magdalena, que era como un vaso manchado con toda clase de suciedades, fue después de su conversión contada entre el ejército de la pureza virginal?»

María mediadora de todas las gracias… Acueducto… Cuello… Exvotos en la ermita del corazón… Las tres Avemarías del moribundo de Jesús Arteaga…

En el Antiguo Testamento, dicen, Dios es llamado el Señor de los ejércitos, el Dios de las venganzas, el León de la tribu de Judá; se nos presenta rodeado de llamas, acompañado del trueno, precedido por el rayo, empuñando una espada amenazadora y lanzando flechas aceradas; El es quien anegó la tierra con las aguas del diluvio e hizo llover azufre sobre las ciudades culpables; sumergió a sus enemigos en las aguas del Mar Rojo y los sepultó en el abismo abierto por su cólera. Pero en el Evangelio este mismo Dios se nos presenta bajo el emblema de un cordero. No intenta siquiera romper la caña cascada, ni apagar la mecha que todavía humea. ¿Qué es lo que ha pasado? Es que Dios se ha encarnado en el seno de María. La justicia queda en el Cielo, lustitia de Coelo prospexit; la misericordia viene a habitar en la tierra, Dominus dabit benigtatem; se acabó la cólera y la indignación, mitigasti omnem iram tuam, avertisti ab ira indignationis tuae, cuando la tierra virginal de María dio su fruto: terra dedit fructum suum (Salm 83). El León de Judá ha tomado en el seno maternal de la más dulce de las mujeres—inter omnes mitis—la suave lana y la natural mansedumbre del cordero. Ha tomado, con la leche de su madre, la ternura de esta sencilla oveja. Leche mejor que el vino, dice un ilustre intérprete del Cantar de los Cantares, porque el vino puede embriagar a un hombre, hacerle perder la memoria de las injurias que ha recibido, y que le sea fácil perdonar; pero la leche de la Bienaventurada Virgen ha tenido como el poder de embriagar a Dios, pues cuando la bebió, bebió con ella la misericordia, arrojó lejos de sí el recuerdo de nuestros pecados, y se hizo pródigo en perdonar. Añade Ricardo de San Víctor: Sí, ¡Oh María!, creció la abundancia de la misericordia divina, y por Vos se derramó sobre nosotros. La miel salió de la piedra, porque la vara de Jessé ha brotado la flor que produce este jugo suave, remedio de tantos males. María engrandeció la clemencia del Dios que engendró, y que coronó su cabeza con diadema de eterna misericordia.

Nadie—la Virgen Inmaculada lo reveló a Santa Brígida—, a no ser que esté ya condenado, invoca este nombre con intención de dejar el pecado, sin que el demonio huya inmediatamente, y si, como dice San Francisco de Sales, un pajarillo, al pronunciar el nombre de María que aprendió a repetir en un monasterio, fue dejado en libertad por un gavilán que lo tenía ya en sus garras para despedazarlo. Nadie podrá contar jamás las almas que la Madre de Dios ha devuelto a la vida divina. Es imposible, dice San Ignacio Mártir, que se salve un pecador si no es por el auxilio de María. Nueva Ruth, añade San Buenaventura, recoge las espigas que han escapado a la solicitud de los segadores, es decir, las almas que han permanecido rebeldes a todos los demás llamamientos de la gracia, y las reúne y las coloca en el granero del Padre de familia. Un autor piadoso exclama: ¡Cómo voy a desesperarme, María, por muy grandes que sean mis crímenes, si sois Madre de todos pero especialmente de los pecadores. En la conversión de cada pecador, cuando vuelve a nacer a la gracia, en la renovación de su filiación divina por su reincorporación al Salvador, en la hora en que es vivificado en Cristo (Efes 2), el Padre celestial le dice: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy (Salm 2), el Angel de la guarda de este dichoso convertido puede, mostrándolo a María, saludarla con las palabras de Santa Isabel: Bendito es el fruto de tu vientre, porque de verdad es fruto de su vientre. Ella es tan Madre de los miembros, como lo es de la Cabeza del cuerpo místico de la Iglesia; ni un solo justo se forma sin que sea engendrado a la vida divina por la nueva Eva, verdadera Madre de todos los vivientes.

Written by rsanzcarrera

mayo 11, 2009 at 4:31 pm

La Ascensión

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Hech 1, 1-11; Sal 46; Ef 1, 17-23; Lc 24, 46-53

No sé si estar contento o estar triste. Por eso, y como soy hijo de Dios, abrazaré ambos tesoros. Compartiré la alegría de María, Reina ya del Cielo, y lloraré las lágrimas de la Iglesia, la Esposa del Cordero, para que mi herida no se cierre hasta que un beso selle la llaga.

NEXO ENTRE LAS LECTURAS: En la solemnidad de la Ascensión el conjunto de la liturgia parece decirnos: “Misión cumplida, pero no terminada”.

En el evangelio Lucas resalta el cumplimiento de la misión: misterio pascual y evangelización universal.

La narración del libro de los Hechos se fija principalmente en la tarea no terminada: seréis mis testigos…hasta los confines de la tierra; este Jesús… volverá…

Finalmente, la carta a los Efesios sintetiza la misión cumplida, pero no terminada

MENSAJE DOCTRINAL: Cristo puede irse tranquilo

Jesucristo puede irse tranquilo. La Ascensión no es ningún momento dramático ni para Jesús ni para los discípulos. La Ascensión es la despedida de un fundador, que deja a sus hijos la tarea de continuar su obra, pero no dejándolos abandonados a su suerte, sino siguiendo paso a paso las vicisitudes de su fundación en el mundo mediante su Espíritu. Cristo puede irse tranquilo, porque se han cumplido las Escrituras sobre él, y los discípulos comienzan a comprenderlo. Cristo puede irse tranquilo, no porque sus hombres sean unos héroes, sino porque su Espíritu los acompañará siempre y por doquier en su tarea evangelizadora. Puede irse tranquilo Jesucristo, porque los suyos, poseídos por el fuego del Espíritu, proclamarán el Evangelio de Dios, que es Jesucristo, a todos los pueblos, generación tras generación, hasta el confín de la tierra y hasta el fin de los tiempos. Cristo puede irse tranquilo, porque ha cumplido su misión histórica, y ha pasado la estafeta a su Espíritu, que la interiorizará en cada uno de los creyentes. Cristo puede irse tranquilo, porque los discípulos proclamarán el mismo Evangelio que él ha predicado, harán los mismos milagros que él ha realizado, testimoniarán la verdad del Evangelio igual que él la testimonió hasta la muerte en cruz. Puedes irte tranquilo, Jesús, porque tu Iglesia, en medio de las contradicciones de este mundo, y a pesar de las debilidades y miserias de sus hijos, te será siempre fiel, hasta que vuelvas.

Irse de este mundo quedándose en él. Todo hombre siente en su interior, a la vista de la muerte, el deseo intenso de quedarse en el mundo, de dejar en él algo de sí mismo, de marcharse quedándose. Dejar unos hijos que le prolonguen y le recuerden, dejar una casa construida por él, un árbol por él plantado, dejar una obra –no importa si grande o pequeña– de carácter científico, literario, artístico… Jesucristo, en su condición de hombre y Dios, es el único que puede satisfacer plenamente este ansia del corazón humano. Él se va, como todo ser histórico. Pero también se queda, y no sólo en el recuerdo, no sólo en una obra, sino realmente. Él vive glorioso en el cielo, y vive misterioso en la tierra. Vive por la gracia en el interior de cada cristiano; vive en el sacrificio eucarístico, y en los sagrarios del mundo, prolonga su presencia real y redentora. Vive y se ha quedado con nosotros en su Palabra, esa Palabra que resuena en los labios de los predicadores y en el interior de las conciencias. Se ha quedado y se hace presente en el papa, en los obispos, en los sacerdotes, que lo representan ante los hombres, que lo prolongan con sus labios y con sus manos. Se ha quedado Jesús con nosotros, construyendo con su Espíritu, dentro de nosotros, el hombre interior, el hombre nuevo, imagen viviente suya en la historia. La presencia y permanencia de Jesucristo en el mundo es muy real, pero también muy misteriosa, oculta, sólo visible para quienes tienen su mirada brillante como una esmeralda e iluminada, por la fe.

SUGERENCIAS PASTORALES: Cristo se ha quedado con nosotros

Cristo se ha quedado con nosotros. En la vida humana tenemos necesidad de una presencia amiga, incluso cuando estamos solos. Una presencia real: la esposa, los hijos, un pariente, un compañero de trabajo, un vecino de casa… O al menos una presencia soñada, imaginaria: el recuerdo de la madre, la imagen del amigo del alma, el pensamiento del hijo que vive en otra ciudad o en otro país… Esa presencia real o soñada nos conforta, nos consuela, nos da paz, nos motiva.

Cristo se ha quedado con cada uno y con todos nosotros. La suya es una presencia real y eficaz, aunque no visible y palpable. Una presencia de amigo que sabe escuchar nuestros secretos e intimidades con cariño, con paciencia, con bondad, con misericordia y con amor; que sabe igualmente escuchar nuestras pequeñas cosas de cada día, aunque sean las mismas, aunque sean cosas sin importancia; que sabe incluso escuchar nuestras rebeliones interiores, nuestros desahogos de ira, nuestras lágrimas de orgullo, nuestros desatinos en momentos de pasión… Cristo se ha quedado contigo, a tu lado, para escucharte. La presencia de Cristo es también una presencia de Redentor, que busca por todos los medios nuestra salvación. Está a nuestro lado en la tentación, para darnos fuerza y ayudarnos a vencerla. Es nuestro compañero de camino cuando todo marcha bien, cuando el triunfo corona nuestro esfuerzo, cuando la gracia va ganando terreno en nuestra alma. Está con nosotros en el momento de la caída, en la desgracia del pecado, para ayudarnos a recapacitar, para echarnos una mano en el momento de alzarnos. Cristo se ha quedado contigo para salvarte. ¿Piensas de vez en cuando en esa presencia estupenda de Cristo amigo y Redentor?

La liturgia de la vida diaria. Cristo, como sacerdote de la Nueva Alianza, ha ofrecido su vida día tras día sobre el altar de la cotidianidad, hasta consumar su ofrenda en la liturgia de la cruz. Con la Ascensión, nuestro sumo sacerdote ha partido de este mundo. Nosotros, los cristianos, pueblo sacerdotal, asumimos su misma tarea de consagrar el mundo a Dios en el altar de la historia. Para el cristiano cada acto es un acto litúrgico, cada día es una liturgia de alabanza y bendición de Dios. No hay ninguna actividad de la vida diaria de los hombres que no pueda convertirse en hostia santa y agradable a Dios. Por tanto, nos dice la constitución dogmática sobre la Iglesia del Vaticano II, todos los discípulos de Cristo, en oración continua y en alabanza a Dios, han de ofrecerse a sí mismos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios (cf Rom 12,1) (LG 10). Por el bautismo, que nos introdujo en el pueblo sacerdotal, estamos llamados a confesar delante de los hombres la fe que recibimos de Dios por medio de la Iglesia. En cuanto miembro del pueblo sacerdotal confieso mi fe en casa, ante mis hijos o ante mis padres. Con mi postura y con mi palabra confieso mi fe en una reunión de amigos o de trabajo. Como partícipe del sacerdocio bautismal, pongo mi fe por encima y por delante de todo, y hago de ella el metro único de mis decisiones y comportamientos. ¿Es ya mi vida una liturgia santa y agradable a Dios? ¿Es éste mi deseo más íntimo y mi más firme propósito?

 

– Anécdota de la profesora que pide una redacción sobre la santidad y cuando la niña la lee en clase empieza: “la santidad es la medicina del Papa…” Todos se ríen y ella dice que lo ha copiado del diccionario y cuando lo lee en el diccionario dice: santidad: “tratatimiento que recibe el Romano Pontifice”. Todos se ríen pero dice la profesora en cierto modo es cierto es lo único que nos cura de verdad (esas decisiones tomadas en clave de santidad son las que nos dejan verdaderamente tranquilos)… no quieres ser santo, peor para ti, es tu medicina…

– El ES viene a curarnos del des-amor o divisiones que empiezan por bolsas de des-amor… el diablo (dia-bolos el que divide): no ver los toros desde la barrera… detectar esas barreras o bolsas de des-amor y como portador del ES comprometernos a que en lo que dependa de nosotros no consentirlas (el Señor llama amigo a Judas… los enemigos son amigos para él)

– nos llenará de amor la consideración de las misericordias de Dios con cada uno de nosotros, hacer algún día la oración pensando en la acción de Dios en nuestra vida…

– somos tiempo (en la lápida se pone el nombre y dos fechas: en tiempo es lo que somos) en la medida en que damos tiempo a Señor en la oración, en el plan de vida es una manera real de entregarnos… de dar lo que somos, entregar es amar…

– Os conviene que yo me vaya y os enviaré al ES: Gracias al ES nuestros actos en vez de ser naturales como los de un animal, pueden ser los de un cristianos: sobrenaturales

– Juan plantea la vida del Señor como un proceso judicial: el juicio y su hora… Este proceso se continua en la vida de los cristianos y de la Iglesia por eso es conveniente un Defensor ese defensor es el paráclito, el ES: Por eso será necesaria la ayuda de un defensor, de alguien que esté al lado del creyente. Aquí se inserta la promesa del “otro Paráclito” (para-kletós, en griego: alguien llamado a estar junto a otro para defenderlo y consolarlo: 16, 7-15). El Paráclito, el Espíritu de la Verdad, asistirá a los creyentes y seguirá dando testimonio de Jesús en el corazón de sus discípulos y frente al mundo.

– A veces supondrá desprenderse de cosas… la ascensión del Señor nos recuerda esa ascensión… ligeros de peso y soltar lastre si hace falta para subir más… al Señor también le costaría dejar a sus amigos… aparta de mi lo que me aparte de ti…

– y siempre con esa humildad… anécdota del sastre que cose con orgullo y vanidad y después cose lo mismo con humildad y sale un traje distinto…

– armas para la lucha: el defensor del ES, la eucaristía (San Carlos… horas ante el sagrario)

 

 

Written by rsanzcarrera

mayo 19, 2007 at 6:12 pm

Publicado en espiritualidad

María, Juan, tu y “el charlas”

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Sábado de la 7ª semana de Pascua
Hech 28, 16-20.30-31; Sal 10; Jn 21, 20-25

Hoy es sábado un día que tradicionalmente la Iglesia dedica a la Virgen María y como además estamos en el mes de mayo hoy vamos a hablar de la virgen María, para que nos acompañe como a los primeros discípulos antes de Pentecostes.

  • Un día, una niña de 10 años vio una imagen de Nuestra Señora de la Piedad. Observó que en los ojos de Santa María relucían unas lágrimas. Pensó para sus adentros: “Llora la Virgen. ¡Si yo consiguiese secar esas lágrimas!” Ni corta ni perezosa, con su pañuelo comenzó a frotar las lágrimas que veía en los ojos maternales de la Virgen. Pero no consiguió su propósito. Entonces en su mente infantil brotó la idea: “Llora la Virgen por su Hijo muerto, por las heridas que le han hecho”. Y con toda ingenuidad intentó borrar las heridas que veía en el cuerpo muerto de Jesús junto a la Virgen Dolorosa. Tampoco lo logró. Pero su intención era buenísima: aliviar el dolor de la Madre de Dios.

  • La Virgen María en una de las apariciones de Fátima mostró su Corazón Inmaculado rodeado de espinas que parecían clavarse en él. El corazón de la Madre de Dios ultrajado por los pecados de la humanidad. El anciano Simeón ya le había profetizado que una espada atravesaría su alma. Tú y yo no queremos clavar más espinas en su Corazón. Vamos a desagraviarle, a reparar por nuestros pecados y por los pecados de todos los hombres. A partir de hoy no queremos hacer sufrir más a la Virgen con nuestros pecados.

En el evangelio de hoy leemos:

“Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús tanto amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho”

 

A un compañero de universidad le llamábamos “el charlas”, y a fe que se ganó el mote. Como te viera cerca, le faltaba tiempo para echarte el brazo alrededor del cuello (¡cómo si te conociera de toda la vida, el muy cretino!) y colocarte un petardo de veinte minutos que había aprendido en algún libro de ascética. Recuerdo que siempre decía: “Tú necesitas a alguien que te guíe…” También recuerdo que, en cuanto lo veía venir, me cambiaba de acera o de pasillo. No se comió una rosca, el “charlas”, porque era un pesado de tomo y lomo.

Es que el apostolado cristiano no consiste tanto en ser maestros como en ser testigos. Tú déjanos los sermones a los curas, y, en lugar de eso, pierde el miedo a decir a la gente quién eres: un cristiano, un hijo de Dios, un hombre feliz que ama a Jesucristo y que se siente renacer cada vez comulga, cada vez que recibe la absolución sacramental, cada vez que ora. Muéstrate alegre, y comunica a los demás la causa de tu alegría… Eso es apostolado; que se enteren todos de con quién están, que compartan tu gozo y tu esperanza…

 

“¿Quién soy yo?” Responde Juan: “el discípulo a quien Jesús tanto amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho“. Responde Pablo: “no soy yo quien vive; es Cristo quien vive en mí“. Responde María: “soy la Esclava del Señor”. Y tú… ¿quién eres tú?

Ser enamorados de Dios, de la Virgen, de Jesús, eso han sido los santos, hombres enamorados… Igualmente, solo si amamos a la Virgen de verdad, seremos coherentes y testigos auténticos de su amor… Esta es la verdadera piedad… La verdadera piedad es doctrinal pero es afectiva y efectiva…

  • La devoción a la Virgen es parte fundamental de la fe católica. Que tengamos con Ella una confianza filial. “Te daré un consejo, que no me cansaré de repetir a las almas: que ames con locura a la Madre de Dios, que es Madre nuestra” (Forja, n.77).
    • Anécdota de los tres blancos… los misioneros que llegan a una zona y que cuando los nativos descubren el blanco de la eucaristía, el blanco del Papa y el blanco de la Virgen (y entonces  los reconocen como auténticos misioneros) y se presentan como antiguos bautizados por otros misioneros anteriores a ellos hace muchísimos años y que les dieron esa clave: “buscad los tres blancos”
    • Detalles prácticos de amor filial: Llevar sobre el pecho el escapulario del Carmen; miradas a las imágenes de la Virgen; las tres Avemarías de la pureza; rezar jaculatorias marianas. Y ahora que estamos en mayo, romerías a la Virgen en alguno de sus santuarios.

 

Written by rsanzcarrera

mayo 19, 2007 at 9:36 am

Publicado en espiritualidad