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Moral Especial: Mandamientos y virtudes -texto desarrollado-

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On The Brighter Side WatermarkSEGUNDA SECCIÓN: LOS DIEZ MANDAMIENTOS

Maestro, ¿qué he de hacer…?

  • 2052Maestro, ¿qué he de hacer yo de bueno para conseguir la vida eterna?” Al joven que le hace esta pregunta, Jesús responde primero invocando la necesidad de reconocer a Dios como “el único Bueno”, como el Bien por excelencia y como la fuente de todo bien. Luego Jesús le declara: “Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”. Y cita a su interlocutor los preceptos que se refieren al amor del prójimo: “No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás testimonio falso, honra a tu padre y a tu madre”. Finalmente, Jesús resume estos mandamientos de una manera positiva: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 19, 16-19).
  • 2053 A esta primera respuesta se añade una segunda: “Si quieres ser perfecto, vete, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme” (Mt19, 21). Esta res puesta no anula la primera. El seguimiento de Jesucristo implica cumplir los mandamientos. La Ley no es abolida (cf Mt 5, 17), sino que el hombre es invitado a encontrarla en la persona de su Maestro, que es quien le da la plenitud perfecta. En los tres evangelios sinópticos la llamada de Jesús, dirigida al joven rico, de seguirle en la obediencia del discípulo, y en la observancia de los preceptos, es relacionada con el llamamiento a la pobreza y a la castidad (cf Mt 19, 6-12. 21. 23-29). Los consejos evangélicos son inseparables de los mandamientos.
  • 2054 Jesús recogió los diez mandamientos, pero manifestó la fuerza del Espíritu operante ya en su letra. Predicó la “justicia que sobrepasa la de los escribas y fariseos” (Mt 5, 20), así como la de los paganos (cf Mt 5, 46-47). Desarrolló todas las exigencias de los mandamientos: “Habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás […]. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal” (Mt 5, 21-22).
  • 2055 Cuando le hacen la pregunta: “¿Cuál es el mandamiento mayor de la Ley?” (Mt 22, 36), Jesús responde: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas” (Mt 22, 37-40; cf Dt 6, 5; Lv 19, 18). El Decálogo debe ser interpretado a la luz de este doble y único mandamiento de la caridad, plenitud de la Ley:
    • «En efecto, lo de: No adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás y todos los demás preceptos, se resumen en esta fórmula: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud» (Rm 13, 9-10).

La unidad del Decálogo

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Written by rsanzcarrera

octubre 27, 2014 at 10:55 pm

Publicado en Catequesis, Teología, Teología Moral Especial

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Moral especial: Mandamientos y Virtudes

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TERCERA PARTELA VIDA EN CRISTO

Estudiaremos a parte la Moral Fundamental. Ahora nos centramos en la Moral Especial, es decir en los mandamientos y las virtudes

Moral Especial: Mandamientos y virtudes -texto desarrollado-

SEGUNDA SECCIÓN:  LOS DIEZ MANDAMIENTOS

Resumen

CAPÍTULO PRIMERO: «AMARÁS AL SEÑOR TU DIOS CON TODO TU CORAZÓN, CON TODA TU ALMA Y CON TODAS TUS FUERZAS» (2083)

Artículo 1: El primer mandamiento (2084-2141)

  1. « Adorarás al Señor tu Dios, y le servirás »
  2. « A Él sólo darás culto »
  3. « No habrá para ti otros dioses delante de mí »
  4. « No te harás escultura alguna… »
    Resumen

Artículo 2: El segundo mandamiento (2142-2167)

  1. El Nombre del Señor es santo
  2. Tomar el Nombre del Señor en vano
  3. El nombre cristiano
    Resumen

Artículo 3: El tercer mandamiento (2168-2195)

  1. El día del sábado
  2. El día del Señor
    Resumen

CAPÍTULO SEGUNDO: «AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO» (2196)

Artículo 4: El cuarto mandamiento (2197-2257)

  1. La familia en el plan de Dios
  2. La familia y la sociedad
  3. Deberes de los miembros de la familia
  4. La familia y el Reino de Dios
  5. Las autoridades en la sociedad civil
    Resumen

Artículo 5: El quinto mandamiento (2258-2330)

  1. El respeto de la vida humana
  2. El respeto de la dignidad de las personas
  3. La defensa de la paz
    Resumen

Artículo 6: El sexto mandamiento (2331-2400)

  1. « Hombre y mujer los creó… »
  2. La vocación a la castidad
  3. El amor de los esposos
  4. Las ofensas a la dignidad del matrimonio
    Resumen

Artículo 7: El séptimo mandamiento (2401-2463)

  1. El destino universal y la propiedad privada de los bienes
  2. El respeto de las personas y de sus bienes
  3. La doctrina social de la Iglesia
  4. Actividad económica y justicia social
  5. Justicia y solidaridad entre las naciones
  6. El amor de los pobres
    Resumen

Artículo 8: El octavo mandamiento (2464-2513)

  1. Vivir en la verdad
  2. « Dar testimonio de la verdad »
  3. Ofensas a la verdad
  4. El respeto a la verdad
  5. El uso de los medios de comunicación social
  6. Verdad, belleza y arte sacro
    Resumen

Artículo 9: El noveno mandamiento (2514-2533)

  1. La purificación del corazón
  2. El combate por la pureza
    Resumen

Artículo 10: El décimo mandamiento (2534-2557)

  1. El desorden de la concupiscencia
  2. Los deseos del Espíritu
  3. La pobreza de corazón
  4. « Quiero ver a Dios »
    Resumen

LAS VIRTUDES

 

Artículo 7: Las virtudes (1803-1845)

  1. Las virtudes humanas
  2. Las virtudes teologales
  3. Dones y frutos del Espíritu Santo
    Resumen

—————

  1. PRUDENCIA, FORTALEZA Y TEMPLANZA
  2. NO PERTENECE A ESTE APARTADO LA JUSTICIA QUE SE VE AL ESTUDIAR LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

Written by rsanzcarrera

octubre 27, 2014 at 10:52 pm

Pobreza, desprendimiento

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'77Es sabido que esta virtud puede entenderse en dos sentidos: como desprendimiento de sí mismo y como desprendimiento de los bienes terrenos. El primer sentido, más genérico, es la actitud del hombre que se reconoce indigente, sin nada propio y además pecador, pero que confía en Dios y espera todo de su misericordia. El segundo, más específico, es el de la pobreza como templanza en el uso de los bienes terrenos, que exige verlos como dones y emplearlos conforme al querer de Dios.

(Pobreza como faceta de la humildad)

Del primer sentido habla la Sagrada Escritura cuando se refiere a los “pobres de espíritu”. El Señor los llama bienaventurados «porque de ellos es el Reino de los Cielos» (Mt 5,3). En realidad, esta pobreza es un aspecto de la humildad: los pobres de espíritu, dice un Padre de la Iglesia, «son los humildes y contritos de corazón» [1417]. San Josemaría se refiere a ella cuando invita a estar seriamente desprendidos de nosotros mismos: de los dones de la inteligencia, de la salud, de la honra, de las ambiciones nobles, de los triunfos, de los éxitos [1418]. Al ser una faceta de la humildad, esta pobreza de espíritu es fundamento de la pobreza en sentido específico, de la que nos ocupamos a continuación. Hay que tener en cuenta, no obstante, que la expresión “pobreza de espíritu” se aplica también a este segundo sentido de la virtud, para distinguirla de la “pobreza material”, que es la simple carencia de bienes. San Josemaría lo hace así con frecuencia [1419].

(Pobreza como desprendimiento y uso recto de los bienes)

En el caso de los fieles laicos, llamados a la santidad en medio del mundo, la pobreza respecto a los bienes terrenos tiene dos aspectos inseparables: el total desprendimiento interior de esos bienes y la disposición habitual de usarlos para santificar el mundo desde dentro. San Josemaría señala que un punto muy importante del que depende una recta comprensión de la vocación laical es entender que la pobreza no se define por la simple renuncia, ya que los laicos han de utilizar todas las cosas creadas para resolver los problemas de la vida humana [1420].

Estos dos aspectos –desprendimiento y uso recto de los bienes– no se excluyen mutuamente. Se puede estar desprendido de los bienes que se poseen hasta el punto de vivir como si no se poseyera nada propio (cfr. 1 Co 7,30), y manejarlos a la vez como un administrador, con la obligación de hacerlos rendir (cfr. Mt 25,14 ss.; Lc 12,42-44; 19,12 ss).

Os aconsejo que pongáis un empeño muy grande en estar desprendidos de todo, sin miedo, sin temores ni recelos. Después, al atender y al cumplir vuestras obligaciones personales, familiares…, emplead los medios terrenos honestos con rectitud, pensando en el servicio a Dios [1421].

(Señales del “justo medio” de la pobreza)

Como todas las virtudes humanas, la pobreza tiene un “justo medio”. San Josemaría proporciona a este respecto unos criterios eficaces para reconocerlo.

Aquí tenéis algunas señales de la verdadera pobreza: no tener cosa alguna como propia; no tener nada superfluo; no quejarse cuando falta lo necesario; cuando se trata de elegir algo para uso personal, elegir lo más pobre, lo menos simpático [1422].

Detengámonos en estas orientaciones prácticas:

  • a) Para san Josemaría, “no tener cosa alguna como propia” no se reduce a una genérica disposición interior: es una “señal” de pobreza, concretamente reconocible en el modo de tratar las cosas que se tienen a mano, de emplear el tiempo y de cuidar la salud. Para mí, una manifestación de que nos sentimos señores del mundo, administradores fieles de Dios, es cuidar lo que usamos, con interés en que se conserve, en que dure, en que luzca, en que sirva el mayor tiempo posible para su finalidad, de manera que no se eche a perder [1423]. No maneja las cosas del mismo modo quien no tiene que dar cuenta a nadie y, sintiéndose dueño, actúa a su gusto y placer, que quien se sabe administrador y procura cuidarlas y hacerlas rendir porque debe responder de ellas: llevará cuenta de los gastos, empleará con solicitud los instrumentos de trabajo, etc. Algo semejante se puede decir respecto al uso del tiempo: la pobreza se manifestará en no considerarlo como un bien “propio” en sentido absoluto, sino como un tesoro, para hacerlo rendir en servicio a Dios y a los demás [1424]. Lo mismo se puede decir de la salud: habrá que apreciarla como un don para bien de los otros, un don que el cristiano no puede despreciar ni, por el extremo opuesto, idolatrar o disponer de él a su antojo. Se podrían citar numerosos textos de san Josemaría sobre estos puntos.
  • b) “No tener nada superfluo” es otra “señal” de pobreza. Lo superfluo es lo innecesario para vivir de acuerdo con la propia vocación a santificarse y santificar las actividades en las que uno está involucrado, teniendo en cuenta que “necesario” es no sólo lo “absolutamente necesario”, sino también lo “relativamente necesario” para el buen cumplimiento del propio deber. La distinción concreta entre lo “superfluo” y lo “necesario” dependerá de las circunstancias de cada uno y exigirá delicadeza de conciencia. San Josemaría invita a no inventarse necesidades artificiosas [1425]:

Precisamente porque no consiste la pobreza de espíritu en no tener, sino en estar de veras despegados, debemos permanecer atentos para no engañarnos con imaginarios motivos de fuerza mayor. Buscad lo suficiente, buscad lo que basta. Y no queráis más. Lo que pasa de ahí, es agobio, no alivio; apesadumbra, en vez de levantar (San Agustín, Sermo 85,6) [1426].

  • c) “No quejarse cuando falta lo necesario”. Ciertamente no es contrario a la pobreza procurar proveerse de lo razonable para desempeñar la profesión, asegurar el debido bienestar de la familia, intervenir con dignidad en los acontecimientos de la sociedad…; pero si no dispusiera de lo necesario, el cristiano descubrirá en esas circunstancias la paternal Providencia de Dios. El espíritu de pobreza lleva a “no quejarse”, porque una queja consentida revelaría, al menos hasta cierto punto, que no se desean esos bienes para servir y que no se confía totalmente en Dios, que concede siempre, a quienes se lo piden y ponen los medios, todo lo que realmente necesitan (cfr. Mt 6,26.31-32).

Os aseguro –lo he tocado con mis manos, lo he contemplado con mis ojos– que, si confiáis en la divina Providencia, si os abandonáis en sus brazos omnipotentes, nunca os faltarán los medios para servir a Dios, a la Iglesia Santa, a las almas, sin descuidar ninguno de vuestros deberes; y gozaréis además de una alegría y de una paz que mundus dare non potest (cfr. Jn 14,27), que la posesión de todos los bienes terrenos no puede dar [1427].

La pobreza de espíritu no es menos exigente ni menos dura que la pobreza material, y por eso quien ama y practica la primera no teme la segunda, ni se rebela cuando la sufre: la recibe como uno de los tesoros del hombre en la tierra [1428], como acepta un cristiano el dolor o la enfermedad. A veces dispondrá de bienes para emplearlos por amor a Dios en servicio de los demás; en otras ocasiones el Señor permitirá que carezca de ellos, y entonces podrá ofrecer esa privación unido a la Cruz, con alegría. En los dos casos ha de poder afirmar como san Pablo: «He aprendido a contentarme con lo que tengo: sé vivir en pobreza y vivir en la abundancia, estoy acostumbrado a todo y en todo lugar, a la hartura y a la escasez, a la riqueza y a la pobreza. Todo lo puedo en Aquél que me conforta» (Flp 4,11-13).

  • d) La última “señal” que menciona el texto citado es “elegir lo más pobre, lo menos simpático”, cuando se trata de cosas “para uso personal”. Esta señal resplandece, como todas, en el Señor, que «siendo rico, se hizo pobre por vosotros, para que vosotros seáis ricos por su pobreza» (2 Co 8,9). El Hijo de Dios, después de abajarse a la condición de hombre, eligió lo más pobre: nacer en un establo; trabajar como artesano; no tener, en su vida pública, donde reclinar la cabeza; morir en la Cruz. “Elegir lo más pobre, lo menos simpático”, no es negar que los bienes de la tierra sean bienes, sino manifestar que el primer criterio en la elección de un bien no es la satisfacción personal, lo cual es señal de desprendimiento [1429].

(Síntesis en Conversaciones)

Todas esas enseñanzas se resumen en Conversaciones, donde san Josemaría responde por extenso a una pregunta sobre la pobreza en medio del mundo. Citamos solamente unos párrafos en los que sitúa su postura en relación con otros modos de practicar esta virtud.

Después de la afirmación básica de que quien no ame y viva la virtud de la pobreza no tiene el espíritu de Cristo, prosigue:

A veces se reflexiona sobre la pobreza cristiana, teniendo como principal punto de referencia a los religiosos, de los que es propio dar siempre y en todo lugar un testimonio público, oficial: y se corre el riesgo de no advertir el carácter específico de un testimonio laical, dado desde dentro, con la sencillez de lo ordinario.

Todo cristiano corriente tiene que hacer compatibles, en su vida, dos aspectos que pueden a primera vista parecer contradictorios. Pobreza real, que se note y se toque –hecha de cosas concretas–, que sea una profesión de fe en Dios, una manifestación de que el corazón no se satisface con las cosas creadas, sino que aspira al Creador, que desea llenarse de amor de Dios, y dar luego a todos de ese mismo amor. Y, al mismo tiempo, ser uno más entre sus hermanos los hombres, de cuya vida participa, con quienes se alegra, con los que colabora, amando el mundo y todas las cosas buenas que hay en el mundo, utilizando todas las cosas creadas para resolver los problemas de la vida humana, y para establecer el ambiente espiritual y material que facilita el desarrollo de las personas y de las comunidades. La pobreza está en encontrarse verdaderamente desprendido de las cosas terrenas (…).

Para mí, el mejor modelo de pobreza han sido siempre esos padres y esas madres de familia numerosa y pobre, que se desviven por sus hijos, y que con su esfuerzo y su constancia –muchas veces sin voz para decir a nadie que sufren necesidades– sacan adelante a los suyos, creando un hogar alegre en el que todos aprenden a amar, a servir, a trabajar [1430].

(Pobreza como requerimiento de la caridad)

San Josemaría no presenta la pobreza como consecuencia de una visión negativa del uso de los bienes terrenos, sino como requerimiento de la caridad que los desea poner al servicio de Dios y de los demás. La caridad necesita de la pobreza para manifestarse en las acciones que se refieren al uso de esos bienes: reclama el desprendimiento. «No podéis servir a Dios y a las riquezas» (Lc 16,13), dice el Señor. El joven rico no fue capaz de seguir a Jesús «porque tenía muchos bienes» (Lc 18,23). Su fracaso muestra vivamente la necesidad del desprendimiento para una vida enteramente cristiana [1431]. La virtud humana de la pobreza prepara el alma para escuchar las llamadas de Dios: es una manifestación de que el corazón no se satisface con las cosas creadas, sino que aspira al Creador, que desea llenarse de amor de Dios [1432].

A su vez, la pobreza ha de estar informada por el amor a Dios. Vuestro corazón debe estar en el Cielo. Sólo así podréis luego ponerlo, en su justa medida, en las cosas de la tierra [1433]. Si se enfría la caridad, el corazón tiende a apegarse a los bienes terrenos y entonces se difumina la “justa medida” de la pobreza cristiana. Se puede hacer problemático distinguir entre lo “necesario” y lo “superfluo”; y puede resultar inasequible llevar con alegría, sin quejas, la carencia de lo que sería práctico, ventajoso o agradable.

 ————————————————–

 [1417] SAN JUAN CRISÓSTOMO, In Matthaeum homiliae, 15, 1.

 [1418] Amigos de Dios, n. 114. Es un modo común de referirse al sentido más radical de esta virtud. JUAN PABLO II, p.ej., habla de la pobreza de espíritu como un «desprendimiento y desapego coherente de sí mismo» (Homilía, 1-XI-2000, n. 3).

 [1419] Cfr., p.ej., Camino, nn. 631, 632, 636.

 [1420] Conversaciones, n. 110. Este texto se cita íntegramente más abajo.

 [1421] Amigos de Dios, n. 118.

 [1422] Instrucción, 31-V-1936, nota 137.

 [1423] Amigos de Dios, n. 122.

 [1424] Cfr. ibid., nn. 45-46, 50-52.

 [1425] Ibid., n. 125.

 [1426] Ibid.

 [1427] Ibid., n. 117.

 [1428] Camino, n. 194.

 [1429] Cfr. ibid., n. 636.

 [1430] Conversaciones, nn. 110-111.

 [1431] Cfr. Camino, n. 631. En esta línea se puede recordar aquí que JUAN PABLO II habló del «enfriamiento religioso causado por el consumismo» (Carta ap. Novo millennio ineunte, 6-I-2001, n. 46). La facilidad para consumir bienes, en bastantes países, ha arrastrado a muchos a no practicar la virtud de la pobreza, llevando a un enfriamiento de la caridad.

 [1432] Conversaciones, n. 110. Este texto se ha citado antes con más amplitud.

 [1433] Apuntes de la predicación (AGP, P10, n. 180).

Written by rsanzcarrera

octubre 3, 2014 at 5:26 pm

VIRTUD DE LA JUSTICIA Y LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

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VIRTUD DE LA JUSTICIA Y LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

TEOLOGÍA MORAL ESPECIAL

1. Persona y sociedad.-

  • La sociabilidad, característica esencial del ser humano. Sociedad, desarrollo de la persona y vocación divina del hombre.
    • Conviene dejar claro que la sociabilidad humana es una característica propia de la persona: el hombre sólo puede desarrollarse y alcanzar su plenitud (y su santidad) en comunión con los otros. Por eso, la participación y la responsabilidad en la vida social no son un rasgo puramente utilitario, sino un deber ineludible para el ser humano.
  • Reconocimiento del valor de las realidades terrenas; participación en su desarrollo; conexión y distinción entre progreso temporal y crecimiento del Reino de Dios.
  • Diferencia y complementariedad entre moral personal y moral social. La distinción entre moral social y personal se refiere a que la primera se ocupa de los derechos y deberes que incumben al hombre en cuanto ser que vive, se desarrolla y crece en sociedad, y de las características que debe reunir la sociedad para poder ser considerada una sociedad justa.

2. La justicia como virtud.-

  • Definición y propiedades. Al hablar de la justicia es importante señalar que se trata de utilizar criterios de igualdad o de proporcionalidad que corresponden a la igualdad o desigualdad de las partes.
  • Las diversas clases de justicia: general, distributiva y conmutativa; la “justicia social”. También se debe advertir que los diversos tipos de justicia no se hallan yuxtapuestos, sino interconectados y dirigidos por la justicia general (que es más amplia que la pura justicia legal).
  • Virtudes relacionadas con la justicia: piedad, gratitud, servicio, afabilidad, liberalidad, etc. Lógicamente, es necesario distinguir el significado que tiene aquí el término “piedad” y, a la vez, aclarar que su sentido más frecuente (vida de piedad) proviene del primero, por la novedad cristiana de tratar a Dios como Padre.
  • La virtud de la epikeia como perfección de la justicia. Justicia humana y salvación cristiana: la justicia, virtud necesaria para la santidad. Diferencia y nexo entre la justicia y la caridad.
  • La injusticia y su reparación: gravedad del deber moral de restituir. Al explicar la restitución, es conveniente poner diversos ejemplos que aclaren su noción y necesidad, aunque será un argumento que volverá a tratarse en el tema n. 10.
  • La cooperación a la injusticia: principios de responsabilidad moral. Estructuras sociales de injusticia y honradez.

3. La Doctrina social de la Iglesia.-

  • Naturaleza y método. Conviene insistir en el valor de la solidaridad, para salir al paso de una mentalidad individualista muy extendida que, entre otras manifestaciones, entiende la solidaridad como una actividad de voluntariado, sin captar que implica verdaderas obligaciones morales. Entre éstas destacan los tributos (que se estudian en el tema n. 6), pero no son las únicas; se puede ejemplificar con las protestas (muchas veces injustas) por la realización, en el vecindario, de una iniciativa de interés general con el único argumento de que no se quiere.
  • Su contenido: principios, juicios y orientaciones.
  • La dignidad de la persona humana, principio fundamental de esta doctrina.
  • Otros principios básicos: libertad, solidaridad y subsidiariedad.
    • Por otra parte, hay que explicar que los principios de solidaridad y de subsidiariedad están íntimamente conectados: responden al valor personal y la naturaleza social del ser humano; de ahí derivan una serie de consecuencias morales, por ej., la injusta discriminación de las escuelas no estatales, que determina un coste adicional para los padres que las eligen (no se debería hablar de “escuelas católicas” pues es un derecho de todos los padres, ni de “escuelas privadas” porque todas cumplen una función social).
  • Doctrina social de la Iglesia y conciencia cristiana: formación de la conciencia y responsabilidad personal; pluralismo en las opciones temporales.

4. La comunidad humana.-

  • Diversas manifestaciones de la sociabilidad humana y su gradación.
  • La familia y la comunidad política como comunidades naturales. La familia, célula y núcleo vital de la sociedad, “santuario de la vida” e Iglesia doméstica”. Deberes de los padres y de los hijos.
    • Sobre las obligaciones entre padres e hijos -que forman parte de la virtud de la piedad-, es interesante distinguir entre los deberes per se y per accidens por ej., per se son los padres quienes deben mantener a los hijos, mientras que per accidens, los hijos pueden tener la obligación de mantener a sus padres.
    • Por otra parte, también conviene distinguir las obligaciones absolutas de las temporales: por ej., el amor a los padres debe durar siempre, pero la obediencia sólo es debida en la medida y en las cuestiones que dependen de ellos.
  • Sociedades intermedias: importancia de su promoción. Al tratar de las sociedades intermedias, debe recordarse que el derecho de asociación es un derecho natural de las personas, que el Estado u otros organismos no puede conculcar; y que las diversas asociaciones deben buscar su fin propio, subordinándolo al bien común.
  • Creciente significado de la comunidad internacional: unidad del género humano. Acerca del orden internacional, conviene subrayar que se trata de cuestiones complejas, respecto a las que es poco razonable adoptar posturas demasiado simplistas -que “arreglan el mundo” de un plumazo-, a la vez que se destaca la vertiente moral, y no sólo técnica, de estos asuntos, y se señalan los criterios oportunos.
  • Interdependencia y solidaridad entre las comunidades: implicaciones morales. Cuando se explica el patriotismo como parte de la virtud de la piedad y del nacionalismo como degeneración del amor a la patria, es importante ser prudentes y dilucidar bien los conceptos, para trasmitir la doctrina de la Iglesia sin ceder a visiones de parte.
  • Los organismos internacionales. Soberanía nacional e injerencia humanitaria.
  • Los derechos de los pueblos. Aspecto moral de las migraciones. Nacionalismo y patriotismo. Racismo, xenofobia y otras discriminaciones. Lee el resto de esta entrada »

Written by rsanzcarrera

abril 19, 2010 at 10:32 am

PRUDENCIA, FORTALEZA Y TEMPLANZA

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PRUDENCIA, FORTALEZA Y TEMPLANZA

TEOLOGÍA MORAL ESPECIAL

Recomendamos estos apuntes del profesor Tomás Trigo:

  1. Prudencia
  2. Fortaleza
  3. Templanza

1. La prudencia, “auriga virtutum”.

  • Enseñanza cristiana sobre la sabiduría en orden a la comprensión y desarrollo de la vida prudencia y la sabiduría.
  • Centralidad de la prudencia y de la moral.
  • Voluntad y razón en la constitución y ejercicio de la virtud de la prudencia.
  • La prudencia como medida y guía de las virtudes morales.
  • Las partes o divisiones de la virtud de la prudencia.
  • Quizás el aspecto más importante a destacar del tema consiste en explicar el auténtico sentido de la prudencia, pues es frecuente utilizar el término únicamente cuando se trata de adoptar precauciones, con lo que va haciéndose sinónimo de cautela, mientras que la verdadera prudencia señala la conducta más oportuna para alcanzar el bien moral, que se traduce unas veces en refrenar una acción y otras en impulsarla.

2. La vida de la prudencia. También conviene mostrar qué significa en la vida práctica que la prudencia sea medida y guía de las otras virtudes.

  • Actos propios de esta virtud: el consejo, el juicio y el imperio.
  • Medios para adquirir la prudencia.
  • La prudencia cristiana y el don de consejo.
  • La prudencia respecto a uno mismo y respecto a los demás: gobierno y petición de consejo.
  • Prudencia y conciencia.
  • Vicios y pecados contrarios a la prudencia;
    • vicios por defecto:
      • precipitación,
      • inconsideración,
      • inconstancia
      • y negligencia;
    • vicios por desviación del fin:
      • “prudencia de la carne”
      • y astucia.

3. Análisis teológico de la virtud de la fortaleza.

  • Naturaleza de esta virtud: la fortaleza como empeño en la realización del bien, superando las dificultades.
  • Es de particular importancia recalcar la necesidad de la fortaleza, ya que son frecuentes los equívocos sobre esta virtud.

    • Por una parte, se cae en el error práctico de no contar con el hábito, sino sólo con el propósito formulado: por ejemplo, ante el propósito, puede darse la actitud de pensar que se estudiará cuando se acerquen los exámenes, sin reparar que la consistencia de ese estudio dependerá en buena parte del hábito que se haya adquirido.
    • Por otra parte, es bastante corriente pensar que lo que comúnmente se llama “fuerza de voluntad” es un factor que depende de la constitución de la persona -“ha salido así”-, y no, en gran medida al menos, del ejercicio de la virtud.
    • De todos modos y como el temperamento y otros factores innatos inclinan más en determinada dirección, por ello se hace necesario “personalizar” la educación de esta virtud, adaptándola a la persona y sus circunstancias.
  • Opción fundamental por el bien y esfuerzo personal en los actos concretos.
  • Fortaleza y madurez humana; fortaleza y personalidad.
  • Fortaleza y conciencia de la propia debilidad: la confianza en Dios, elemento constitutivo de la fortaleza cristiana.
  • El don de fortaleza.
  • Fortaleza y temor.
  • La disposición al martirio como piedra de toque de la autenticidad de la vida cristiana.

4. El ejercicio de la fortaleza.

  • Acometer y resistir para aceptar y vivir la verdad y el bien, momentos decisivos de la virtud de la fortaleza.  Al explicar las partes de la virtud de la fortaleza -acometer y resistir- interesa hacer ver que la segunda, resistir en el bien, sobre todo cuando se presentan dificultades, es de vital importancia para perseverar en la vida cristiana.
  • Medios para adquirir la fortaleza.
  • Actos propios: cohibir temores y moderar audacias.
  • La fortaleza, virtud entre la cobardía y la temeridad.
  • La ira ordenada y desordenada. Es muy conveniente señalar ejemplos de ira ordenada y desordenada, saliendo al paso de la mentalidad que considera malo cualquier enfado.
  • Virtudes y vicios relacionados con la fortaleza:
    • audacia;
    • magnanimidad
    • y magnificencia;
    • pusilanimidad
    • y presunción;
    • paciencia; (conviene distinguir la verdadera paciencia de la resignación ante el mal, actitud bastante extendida y que no corresponde a la verdadera virtud).
    • lealtad
    • y perseverancia.

5. La templanza: señorío de los hijos de Dios.

  • Naturaleza de la virtud de la templanza.
  • Armonía interior y dominio de sí en la realización de la persona: libertad y señorío en relación con los bienes y deseos.
  • Sobriedad y madurez personal.
  • Valor de los bienes temporales como medios y esclavitud que producen cuando se toman como fines.  Conviene aclarar que los bienes temporales no se reducen a los bienes materiales, y que la templanza en sentido moral no se refiere únicamente a estos últimos bienes. Es interesante también señalar que la sobriedad no sólo es necesaria para lograr el bien sobrenatural: es además una virtud humana, ineludible para una vida propiamente racional.
  • La mortificación y su razón de ser.
  • Partes de la virtud de la templanza. Lee el resto de esta entrada »

Written by rsanzcarrera

abril 19, 2010 at 10:26 am