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1.3. Amor a sí mismo, por amor a Dios

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La caridad «es amistad del hombre principalmente con Dios, y por consiguiente con todo lo que es de Dios, entre lo que se encuentra el mismo hombre que tiene la caridad. Y de este modo, entre las cosas que el hombre ama con caridad, como pertenecientes a Dios, está que se ame a sí mismo»[996]. Estas palabras del Doctor común nos pueden servir de base para exponer la enseñanza de san Josemaría.

1.3.1. Buscar la propia santidad

Mencionemos ante todo la relación del amor a sí mismo con el amor a Dios. Para san Josemaría, la caridad mueve a dirigirse confiada y filialmente a Dios diciendo: quiero, en todo, lo que Tú quieras[997]. Y lo que Dios quiere para cada uno es su unión con Él: la santidad, que comporta la plena felicidad. El recto amor a sí mismo busca, por tanto, la santidad y los medios para alcanzarla. Este es el bien supremo que se ha de desear para uno mismo y al que se debe subordinar cualquier otro deseo. Todo eso, que te preocupa de momento, importa más o menos. –Lo que importa absolutamente es que seas feliz, que te salves[998]. Vamos a detenernos algo más en este punto. Lee el resto de esta entrada »

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Written by rsanzcarrera

noviembre 2, 2014 at 11:31 pm

Moral Especial: Mandamientos y virtudes -texto desarrollado-

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On The Brighter Side WatermarkSEGUNDA SECCIÓN: LOS DIEZ MANDAMIENTOS

Maestro, ¿qué he de hacer…?

  • 2052Maestro, ¿qué he de hacer yo de bueno para conseguir la vida eterna?” Al joven que le hace esta pregunta, Jesús responde primero invocando la necesidad de reconocer a Dios como “el único Bueno”, como el Bien por excelencia y como la fuente de todo bien. Luego Jesús le declara: “Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”. Y cita a su interlocutor los preceptos que se refieren al amor del prójimo: “No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás testimonio falso, honra a tu padre y a tu madre”. Finalmente, Jesús resume estos mandamientos de una manera positiva: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 19, 16-19).
  • 2053 A esta primera respuesta se añade una segunda: “Si quieres ser perfecto, vete, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme” (Mt19, 21). Esta res puesta no anula la primera. El seguimiento de Jesucristo implica cumplir los mandamientos. La Ley no es abolida (cf Mt 5, 17), sino que el hombre es invitado a encontrarla en la persona de su Maestro, que es quien le da la plenitud perfecta. En los tres evangelios sinópticos la llamada de Jesús, dirigida al joven rico, de seguirle en la obediencia del discípulo, y en la observancia de los preceptos, es relacionada con el llamamiento a la pobreza y a la castidad (cf Mt 19, 6-12. 21. 23-29). Los consejos evangélicos son inseparables de los mandamientos.
  • 2054 Jesús recogió los diez mandamientos, pero manifestó la fuerza del Espíritu operante ya en su letra. Predicó la “justicia que sobrepasa la de los escribas y fariseos” (Mt 5, 20), así como la de los paganos (cf Mt 5, 46-47). Desarrolló todas las exigencias de los mandamientos: “Habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás […]. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal” (Mt 5, 21-22).
  • 2055 Cuando le hacen la pregunta: “¿Cuál es el mandamiento mayor de la Ley?” (Mt 22, 36), Jesús responde: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas” (Mt 22, 37-40; cf Dt 6, 5; Lv 19, 18). El Decálogo debe ser interpretado a la luz de este doble y único mandamiento de la caridad, plenitud de la Ley:
    • «En efecto, lo de: No adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás y todos los demás preceptos, se resumen en esta fórmula: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud» (Rm 13, 9-10).

La unidad del Decálogo

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Written by rsanzcarrera

octubre 27, 2014 at 10:55 pm

Publicado en Catequesis, Teología, Teología Moral Especial

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4.4.2. Paciencia y serenidad (y mansedumbre)

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'77Paciencia

Una parte de la fortaleza es la paciencia para soportar la prueba, la dificultad, la tentación y las propias miserias. San Josemaría se hace eco de la tradición cuando describe esta virtud, a la vez que resalta algunos aspectos. Explica que la paciencia es necesaria en la lucha contra las propias miserias, para no moverse por la prisa de ver los resultados, porque se pierde entonces fácilmente la rectitud de intención, olvidando que, si se combate por amor a Dios, en cierto sentido se ha alcanzado ya la victoria, aunque los frutos no sean aún perceptibles. En relación con los defectos ajenos afirma que la paciencia nos impulsa a ser comprensivos con los demás, persuadidos de que las almas, como el buen vino, se mejoran con el tiempo. Más en general y pensando en los ideales del apostolado, aconseja expresivamente: Fomenta tus santas impaciencias…, pero no me pierdas la paciencia.

«La caridad es paciente» (1 Co 13,4). Informada por la caridad, la paciencia permite hacer frente a las dificultades con la serenidad de los Apóstoles que se mostraban «gozosos porque habían sido dignos de sufrir a causa del Nombre [de Jesucristo» (Hch 5,41). En la vida cristiana es muy necesario ver las cosas con paciencia. No son como queremos, sino como vienen por providencia de Dios: hemos de recibirlas con alegría, sean como sean. Si vemos a Dios detrás de cada cosa, estaremos siempre contentos, siempre serenos. Y de ese modo manifestaremos que nuestra vida es contemplativa, sin perder nunca los nervios.

Serenidad

23.8.14. - 1Para que la paciencia no sea un resistir en tensión, necesita el complemento de la serenidad, virtud que domina la inquietud interior ante el prolongarse de las contrariedades, el exceso de trabajo o las preocupaciones de diverso género, y crea en el alma el clima adecuado para la contemplación. La serenidad es una de las virtudes humanas que aparecen con más frecuencia en la predicación de san Josemaría.

Serenos. Pero no con la serenidad del que compra la propia tranquilidad a costa de desinteresarse de sus hermanos o de la gran tarea, que a todos corresponde, de difundir sin tasa el bien por el mundo entero. Serenos porque siempre hay perdón, porque todo encuentra remedio, menos la muerte y, para los hijos de Dios, la muerte es vida.

Bastantes veces habla de la serenidad como de la virtud que pone coto a la precipitación y, sobre todo, a los impulsos de la ira.

En este sentido nos parece que, en sus obras, “serenidad” es el nombre que toma con frecuencia la clásica virtud de la mansedumbre. Lo que dice de una se puede aplicar a la otra.

DSC02161_HDR-Edit-2-Edit-Edit-Edit-2-EditMansedumbre

La mansedumbre del cristiano nace del amor y al amor se encamina. Por amor a Dios y a los demás es preciso dominar la ira y los enfados. Pero moderar no quiere decir siempre suprimir. No es manso el que no se enoja nunca, sino el que lo hace cuando lo reclama el amor a Dios, y en estos casos, la caridad necesita de la mansedumbre. El Señor se manifiesta como modelo de esta virtud: «Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,29), y da ejemplo de ella no sólo cuando sufre mansamente las afrentas de la Pasión «como cordero llevado al matadero» (Is 53,7), sino también cuando expulsa a los vendedores del templo (cfr. Jn 2,15-17), enseñando a airarse santamente ante el mal. La caridad precisa de esta virtud de modo particular para saber corregir oportunamente, sin perder la serenidad.

No reprendas cuando sientes la indignación por la falta cometida. –Espera al día siguiente, o más tiempo aún. –Y después, tranquilo y purificada la intención, no dejes de reprender. –Vas a conseguir más con una palabra afectuosa que con tres horas de pelea. –Modera tu genio.

La importancia de esta virtud para llevar a cabo la misión apostólica de santificar el mundo desde dentro, se desprende de las palabras del Señor: «Bienaventurados los mansos, porque poseerán la tierra» (Mt 5,5). Informar con espíritu cristiano todas las actividades humanas, “poseer la tierra” –herencia de los hijos de Dios (cfr. Sal 2,8)–, exige “poseerse a sí mismo” (cfr. Lc 21,19) por la mansedumbre y no perder la serenidad al topar con la oposición de quienes rechazan el reinado de Jesucristo. San Josemaría se refiere a este contraste en la homilía Cristo Rey, al comentar algunos versículos del Salmo 2: «Se han levantado los reyes de la tierra, y se han reunido los príncipes contra el Señor y contra su Cristo (…). A mí me ha dicho el Señor: tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy». La actitud del cristiano en esa situación está condensada en el epígrafe de esa parte de la homilía: Serenos, hijos de Dios.

– El Círculo del Odio y el Círculo del Amor

Written by rsanzcarrera

septiembre 26, 2014 at 9:43 pm

TEOLOGÍA ESPIRITUAL

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Aquí pongo este esquema básico para Teología Espiritual. Disculpad la aparición de algunas anotaciones que hacen referencias a anécdotas o comentarios para animar las sesiones.

INTRODUCCIÓN

  1. Presentación: hablamos de la vida espiritual que tiene su fuente en el bautismo
  2. El objetivo: la teología espiritual (TE) como estudio teológico de la vida cristiana
    • Objeto de la TE: es el estudio teológico de la vida espiritual cristiana. De la vida de todo cristiano: intenta dar respuesta a ¿cómo es esta vida? Vida de comunión con la Trinidad; y ¿Qué es esta vida? Vida en Cristo y de Cristo
    • Fuentes de la TE: 1) la SE; 2) la Teología Moral y dogmática; 3) los santos (vida y escritos)
    • Líneas de fondo y estructura.
      • Es variable según los autores. Se trata de una vida, y como toda vida es un unum que resulta difícil diseccionar. Nos encontramos con una realidad coherente que busca una unidad de vida: renacidos/recreados por el bautismo somos hijos de Dios y tratamos de vivir como tales. El fundamento de esta unidad radica en la Encarnación de Cristo que asume todo lo humano haciéndolo “divino”. El ser tiene una esencia, una misión (una tarea: el apostolado); se trata, pues, de una vida apostólica: la vida de Cristo que pasa. Como “no es posible separar en Cristo su ser Dios-Hombre y su función de Redentor” (eqp 106), tampoco lo es en el cristiano.
      • Lo que hacemos aquí es iluminar esa realidad desde cinco focos: los cinco capítulos: 1) foco de la vocación a la santidad (por el bautismo en la Iglesia); 2) foco de la vida como comunión con la Trinidad; 3) como vida que se identifica con Cristo; 4) como vida de oración; 5) la presencia del misterio de la Cruz en la vida cristiana.

CAPÍTULO 1: LA VIDA CRISTIANA ES VIDA DE SANTIDAD Y APOSTOLADO

Introducción

Empezamos por la santidad, porque se trata de un “hecho” fáctico: hay personas santas. Además la sagrada escritura (SE) nos ha revelado la santidad de Dios y la de su Hijo Jesucristo. Y como la vida cristiana consiste en la participación de la vida santa de Dios, es lógico empezar por la santidad. Este ha sido además el núcleo del mensaje del CVII: la llamada universal a la santidad (LG, cap. 5; LG, n. 40; Novo millennio ineunte, n. 30 y 31), fundándose en la santidad de la Iglesia (LG, cap. 4): “Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación” (1 Ts 4,3) (Magisterio). El itinerario de la santidad es Dios à Cristo à Iglesia à cristiano (LG, n.39)

  • El billete de barco de la familia pobre, pan o majares;
  • El reino de Dios en la parada de autobús (Fernado Rey)
  1. La santidad en el Antiguo Testamento (AT). Palabra hebrea qados, que viene de qds: separar, cortar, dividir… para Dios, o Dios mismo como el Otro, el distinto: “No hay santo como Yahvé” (1 Sam 2,2; cfr. Os 11,9)… etc
  2. La doctrina de la santidad en el Nuevo Testamento (NT). La comunicación de la santidad de Dios llega a su culmen en Jesucristo: “El que nacerá Santo será llamado Hijo de Dios” (Lc 1, 35), él es “el Santo” por excelencia: porque está ligada a su filiación divina (voy a mi Padre y a vuestro Padre). Por eso es frecuente en el NT que los cristianos conscientes de su incorporación a Cristo por el bautismo se reconocen a sí mismos como “los santos”. La novedad del NT sobre el AT radica en estos 3 aspectos: 1) la santidad adquiere un sentido “personal”: eso es precisamente lo que Dios ha querido comunicar al hombre; 2) la universalidad de esa comunicación –ya no es solo del Israel de al carne, sino de los herederos de la promesa de Abraham: padre de muchas naciones-; 3) la santidad ya no es algo exterior sino interior y real, que afecta no solo al comportamiento sino al núcleo de la persona (“que nos llamemos y seamos hijos de Dios”).
  3. La noción teológica de la santidad cristiana. Primero consideramos la santidad en su plano ontológico y existencial de la vida en su conjunto; después como resultado de la conjunción del don de Dios y de la respuesta libre del hombre
    1. La dimensión ontológica y existencial. Un aspecto de la santidad afecta al ser del hombre (el aspecto ontológico), y el otro a su obrar, al deber ser (el existencial): si ya eres santo, conviértete en lo que ya eres: eres hijo de Dios, pues vive como hijo de Dios. Esto permite explicar tres ideas:
      1. La Potencialidad. Como soy realmente hijo de Dios, puedo y debo actuar como tal: porque el obrar sigue al ser: Cristo ya triunfó salvando a la humanidad, la Iglesia ya es santa y santifica al cristiano, solo queda ejecutar la misión de cada uno: ser sacerdote de la propia existencia para llevarla efectivamente a Dios (tiene en sí el cristiano esta potencialidad de elevar el mundo hacia Dios)
      2. La Significación y totalidad. Todo, nada queda fuera, cualquier acción tiene toda la densidad ontológica del sujeto que la realiza: un hijo de Dios.
      3. La Gradualidad e integración. Todos los aspectos de mi vida se van perfeccionando progresiva y armónicamente.
    2. El dinamismo de la santidad: don de Dios y libre aceptación de la persona. A esta necesaria conjunción se debe la variedad y diversidad tipológica de la santidad. No hay dos santos iguales. Se trata del hecho de experiencia de las relaciones gracia – libertad. Por parte de Dios voluntad salvífica y santificadora es universal: “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”, y también, Dios nos escogió “antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha en su presencia por el amor; nos predestinó a ser sus hijos adoptivos pos Jesucristo” (Ef 1, 4-5).
  4. La unión entre santidad y apostolado: vocación y misión en la Iglesia. Toda la Iglesia recibió la misión de Cristo: “Id y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,19)
    1. Unidad de ser y misión en Cristo y en cristiano
    2. Unidad y diversidad en la Iglesia
    3. Laicos y la santificación en medio del mundo

CAPÍTULO 2: LA VIDA ESPIRITUAL COMO VIDA DE HIJO DE DIOS EN EL ESPÍRITU

Introducción

Hemos hablado de la santidad, es decir de la vida cristiana desde el enfoque de su fin o colofón final. Solo Dios es Santo: el cristiano lo será en la misma medida en que participa de esta vida de Dios y crece en ella. Pues bien, si la vida vegetal es la propia de las plantas, la animal la de los animales, la espiritual será la vida de los seres espirituales (Dios, ángeles y hombres).Pero ¿qué es lo que mejor define la vida de ese ser espiritual que es el hombre? … Parece que es en Cristo, perfecto hombre, donde encontramos la respuesta. El hombre cuanto más de Dios sea (como JC) más hombre es, es decir, en la medida en que esté más metido en Dios (en su vida Trinitaria) su vida será más lo que tiene que ser: vida espiritual humana. La vida cristiana ha de ser cada vez más: “vida de hijo de Dios Padre en el Hijo por el Espíritu Santo”. Aquí estudiaremos el principio cristológico de la vida todo hijo de Dios: “la HSS de Jesús como camino al Padre”. Tres ideas marcan este capítulo:

  • el hombre es la imagen de Dios, la imagen personal de Dios en el mundo actual. (Ej. Esculturas mesopotámicas marcaban las fronteras). “El hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios”. CCE nn. 355-356. El hombre es imagen de Dios porque su vida es espiritual, porque como Dios es espíritu (por eso es como Él). El espíritu le permite trascender lo material, el espacio y el tiempo, y llegar hasta Dios, como un ser, en cierto modo, semejante a Dios: puede relacionarse con Dios: conocerle y amarle libre y personalmente. Pero este conocer y amar se realiza al modo humano. Veamos sus características:
    1. Espiritualidad
    2. Relacionalidad
    3. Corporalidad
    4. Historicidad
    5. Sobrenaturalidad
  • La vida espiritual es vida trinitaria: la inhabitación de la Trinidad en el cristiano. El hombre es imagen personal del Dios tripersonal. El hombre ha sido introducido en la vida íntima de Dios y Dios se ha introducido en la vida íntima del hombre. Los interlocutores más cercanos que tenemos son el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Y esto va calando generando un estilo de vida. De este modo el núcleo de la fe es el mismo núcleo de la vida espiritual (y de la santidad): 1 Cor 3, 16 y 6,19; 1 Jn 1,1-4 y 4,7ss; Jn 14,23). La inhabitación no es un estar estático, sino un estar activo: un hacerse presente de Dios para dar vida a una relación personal y vital con Él. Nota 45: cita de Santa Teresa de Jesús. La comunión con Dios es una comunión de conocimiento (¡ Jn 5,20) y de amor (Jn 17, 23.26) sobrenaturales (porque lo realiza Dios: Jn 17,21: “que sean uno como nosotros somos Uno”)
  • La filiación divina del cristiano. Aquí repercute todo lo anterior: la imagen y la inhabitación. La inhabitación de Dios en el alma nos transforma en hijos de Dios (Padre, en el Hijo, por el ES): ve y dile a mis hermanos que subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. La vida cristiana es vida de hijo de Dios, por la encarnación de Dios Hijo: Dios Hijo se hace hombre, y el hombre se hace hijo de Dios (en el Hijo).
    1. La filiación divina en la SE.
    2. Teología de la filiación divina.
    3. Vivir como los hijos de Dios. El despliegue de la vida espiritual va desde el ser al obrar como hijo de Dios. Este despliegue se traduce en una existencia teologal y un vivir con la liberta de los hijos de Dios. Veámoslo:
      1. Vida teologal. El ES lleva a que nos reconozcamos hijos de Dios ¿cómo? Fundiendo toda nuestra vida en la Caridad.
      2. La libertad de los hijos de Dios. Toda la vida espiritual en vida en Amor y en libertad. ¿Qué libertad? La verdad os hará libres ¿Qué verdad? La de ser hijos de Dios, en la libertad de poder amar o rechazar el Amor a Dios Padre. Existen dos opciones: naturaleza más gracia (filiación divina) o naturaleza más pecado (esclavitud). Esta es nuestra condición optar entre naturaleza herida o sanada. Esta libertad se conforma así: 1) conocer quien soy (verdad íntima), 2) poseer por la voluntad todo lo que soy integrándolas en un solo querer, 3) optar libremente por orientar (entregar) o no orientar todo lo que soy hacia esa verdad íntima, y orientarlo en otra dirección.
      3. Existencia cristiana y radicación en la filiación divina. ¿Qué actitudes conlleva el reconocerme hijo de Dios en mi vida? La conciencia de la filiación conlleva: confianza, serenidad, paz y alegría .
  • La HSS de Jesús nos muestra lo que significa ser y vivir como hijos de Dios. El desarrollo del sentido de la filiación divina esta relacionado al crecimiento de la vida teologal. Y el crecimiento en fe, esperanza y caridad, lleva a identificarse con Cristo en su entrega libre al Padre. Jesús en su entrega de Cruz nos revela su infinito Amor al Padre y a los hombres y ahí es donde nosotros también captamos la esencia de nuestra filiación (la relación de amor con el Padre y con los hermanos)

CAPÍTULO 3: IDENTIFICARSE CON CRISTO

Introducción

Pasamos ahora a ver la vida espiritual desde el misterio de Jesucristo. Este es el capítulo más importante del tema. En este enfoque, Cristo se presenta como el modelo y la fuente de la vida filial. Adán fue solo figura del hombre, Cristo es el hombre verdadero. Yo soy el camino, la verdad y la vida (…) Nadie va al Padre si no es por mí. Si me habéis conocido a mí, conoceréis a mi Padre; desde ahora le conocéis y le habéis visto (…) Felipe: el que me ha visto a mi ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: “muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí?… Hech 4, 12 y 1 Cor 1, 22-24 y Ef 1,3-8.

  1. El “cristocentrismo” de la vida espiritual. Con este término se expresa la centralidad de Cristo tanto para la fe (la teología) como para la vida espiritual.
    1. En la Teología, porque Cristo es la esencia del cristianismo: ¿un mensaje, una ética, una forma de vida…? Más que eso: Una Persona. Solo el nos revela: 1) a Dios, 2) la dignidad del hombre y 3) la realidad del pecado y la gracia
      1. A Dios nadie lo ha visto jamás, solo el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelárselo… En Jesús se revela la comunión de Amor intra Trinitaria y el desbordarse de ese Amor en la creación a los hombres.
      2. Solo en Jesucristo conocemos el misterio del hombre y del existir cristiano.
        1. Misterio del hombre: porque la Redención nos devuelve la semejanza divina deformada por el pecado y revela nuestra grandeza al darnos la capacidad de tratar a Dios como Padre verdadero.
        2. Misterio del existir cristiano: porque asume por la Encarnación todo lo humano: su existir concreto: trabajo, familia, cultura, diversión, pensamiento, obras, corazón…
      3. Solo Cristo nos revela la gravedad del pecado, la realidad de su superación en su entrega en la Cruz, y la gracia que su muerte nos alcanza. El revela nuestra verdadera condición (elevación, caída y redención) y la necesidad de la lucha personal
    2. En la vida Cristiana, Cristo es el centro porque el es la Vida. Lo vemos a continuación.
  2. El seguimiento y la imitación de Cristo en la Escritura. El discípulo de Cristo le sigue y le imita y se identifica con Él. Ahora nos preguntamos en qué consiste seguimiento de Cristo y cómo se realiza en la vida concreta
    1. Seguir a Cristo. Lo que dice el NT es que el Señor cuando llama emplea el verbo “seguirle” (caminar detrás de Él); y a los que le siguen los llama con el sustantivo “discípulo”. Se presenta como Maestro o rabino. Viven con él, los envía en misiones, llevan la Cruz. Para Juan el discípulo es:
      1. Es el que cree en Jesucristo, el que tiene fe: Cafarnaúm: ¿a quien iremos? … nosotros hemos creído y conocido que tu eres el Santo de Dios… la fe crea comunión: los que creen en Jesucristo (nosotros)
      2. Es el que tiene caridad: Un mandamiento nuevo os doy … en esto
    2. La imitación de Cristo. San Pablo –que no siguió físicamente a Cristo- emplea más el campo semántico imitar o imitación. Es san Pedro el que hace el nexo entre seguir e imitar: “pues para esto fuisteis llamados, ya que también Cristo padeció por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus huellas” (1 Pe 2,21): seguir la huellas de Jesús es imitar su vida: su ejemplo. Pablo emplea el termino co- y Cristo (padecer con, morir con, resucitar con Cristo): imitar es identificarse: es vivir en su Vida: su mismo destino: su misma muerte y resurrección. Para Pablo santificación es cristificación: ya no soy yo es Cristo quien vive en mi (Gal 2, 19-20) … soy quien tu persigues… Y 2 Cor 4,11 y Rom 6,4… Filp 2,5-11. Cristo vive y vive en el cristiano
  3. Del seguimiento y la imitación a la identificación con Cristo. Conviene aclarar que imitar (imitari) deriva de imagen (imago) y significa intentar reproducir la imagen de alguien (ej. Max Scheler jefe y modelo, lo externo y lo interno). Ya vimos antes como el seguimiento y la imitación de Cristo implica en verdad una identificación ontológica (mística) y existencial (ascética y moral) con Él. VS 21. En qué consiste, cuáles son las características de esta profunda identificación con Cristo
    1. En primer lugar se trata de una identificación sacramental (especialmente por el bautismo y la eucaristía): los sacramentos transforman al hombre de tal modo que lo hace una criatura nueva: un hombre nuevo. Esta transformación se inicia en el Bautismo y se perfecciona por la Eucaristía. Gracias a los sacramentos se crea entre el cristiano y Cristo una comunión de ser y de destino que cumple el plan divino de Ef 1,5 y Rom 8,29
    2. En segundo lugar es principalmente obra del Espíritu Santo y de la correspondencia a la gracia. El Espíritu donado en el Bautismo y en los otros sacramentos es el que lleva a cabo la transformación. Pero necesita la respuesta libre del cristiano para llevarla a cabo.
    3. Es eclesial: llegamos a Cristo solo por la Iglesia, que es quien aporta los sacramentos
  4. ¿Cómo se desarrolla la identificación con Cristo? Hemos visto, arriba, qué es la identificación con Cristo, ahora nos centramos en cómo se lleva a cabo el desarrollo de esta identificación. Los medios son principalmente dos: 1) conocer a Jesucristo (Escritura y Liturgia), es decir, tratarle; y 2) no basta conocer hay que llevarlo a la práctica, tener sus disposiciones de fondo: una actitud fundamental de amor.
    1. Trato con Jesucristo, en el Pan y la Palabra (eucaristía y oración). Cristo vive: vida de Jesús à vida del cristiano en Cristo à vida de Cristo en el cristiano… Cristo no solo vive, sino que esta presente (por su ES, su Iglesia y sus sacramentos) en el hoy del cristiano, de algún modo Cristo es contemporáneo nuestro, hoy. En la oración se reclama el pasar de la vida de Jesús a la propia vida para conformarla –configurarla- con Él… De este modo su vida es Cristo que pasa entre los hombres
    2. Configurarse con la Humanidad de Cristo, es un proceso dinámico, que incorpora las características esenciales de la HSS de Cristo. ¿Cuáles son?:
      1. El núcleo o verdad más íntima de Cristo (y del cristiano) es su Filiación divina, es el Hijo del Padre. Esto es Cristo ontológicamente. Por eso en todo proceso de configuración con Cristo ha de estar presente la dimensión filial: la vida cristiana es un proceso de crecimiento en la filiación divina: es un saberse cada vez más hijo. Pero además, Jesús es el Hijo del Padre à el Verbo de Dios, su expresión o manifestación à Encarnado para una misión, Enviado àPara la salvación del mundo (medio) y para, así, reconciliar todo con Dios (comunión de amor escatológica). En Jesús ser Hijo y ser Enviado constituyen una unidad indivisible. También en el cristiano: ser y misión, santidad y apostolado está unido
      2. La actitud de Cristo (y del cristiano) como amor a la voluntad del Padre. Efectivamente, “hacer presente al Padre en cuanto amor y misericordia es, en la conciencia de Cristo mismo, la prueba fundamental de su misión” (DM, 3). Por eso la unión de Cristo con el Padre es unión de amor, de voluntades: mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra (Jn 4,34)… Por eso nosotros debemos obedecer en todo la voluntad del Padre: amar con obras: “los fieles… amoldándose a su imagen, obedeciendo en todo la voluntad de Dios à deberán esforzarse para entregarse totalmente a la gloria de Dios y al servicio del prójimo” (LG, 40). Por que soy Cristo puedo –y por eso debo- actuar como Él. Hijo = Filiación = todo referido al Padre = en todo obediente a la voluntad del Padre = solo quiere la gloria del Padre (es lo que hace en la Eternidad y en la Encarnación). Este amor filial de Cristo es conjuntamente amor al Padre y al prójimo (como el Padre me amó, así os he amado yo: permaneced en mi amor).
      3. Pero ¿cómo se construye una biografía de amor a Dios y a los hombres? Amando con el amor de Cristo en la vida ordinaria: “amaos unos a otros como Yo os he amado… xq nadie tiene amor más grande que el que da su vida por su amigos”. El amor de Cristo es Caridad (distinto de nuestro amor humano). El cristiano es otro Cristo, el mismo Cristo, cuando ama como Cristo, cuando todas sus acciones están referidas al Padre e informadas por el amor a Dios, y de ese modo muestran a los hombres el amor de Dios: una persona que ama con el Amor de Dios y difunde ese amor en todas las circunstancias de su vida. La Caridad es así la forma y raíz de todas las virtudes: esto es la santidad.
        1. La unidad de vida deriva principalmente de la caridad como amor a Dios. Solo la Caridad logra integrar todo en unidad de vida: 1) por su radicalización en la persona (llamada a amar: vocación universal) CCE 1827 (la caridad purifica el amor) y 2) por su misma naturaleza (el amor une, unifica y la Caridad lo une todo a Dios Amor).
  • El amor provoca el contacto personal y la unión con el otro, lo propio del amor es salir de sí mismo. El conocimiento solo une a través de una referencia que está en mi interior, el amor va más allá, sale de uno mismo y logra el encuentro personal con el otro. Necesita además la correspondencia, el don del que ama debe ser aceptado y correspondido à solo entonces surge la comunión (comunicación mutua) que va creciendo. La comunión con Dios se realiza en la participación en la vida de la gracia. Amar a Dios es el acto de mayor densidad ontológica posible porque el amor es lo más perfecto, porque Dios es el Bien supremo, porque el hombre ha sido creado por amor y para amar. (cfr. Nota 85. Historia de un alma)

CAPÍTULO 4 : LA ORACIÓN EN LA VIDA CRISTIANA

Introducción

La vida espiritual es vida de relación personal con la Trinidad. Es por Cristo y en su ES filial como tenemos acceso real a dicha relación con Dios. La oración es parte esencial de esta relación del hombre con Dios. Estudiaremos ahora las características de la oración cristiana:

  1. La oración en la Revelación. La Revelación es el diálogo de Dios con el hombre. En Adán, Abrahán, Moisés, profetas y Salmos encontramos auténticas joyas de oración. En Jesucristo Dios revela las profundidades más íntimas de su amor (oración CAT sed de Dios y sed del hombre). El ES es quien lleva a cabo la oración en verdad: “todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios” y Ef 3, 18; Col 2, 3-4: “El misterio de Dios es Cristo en quien están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia”… La Escritura es fuente de oración: así se verifica ese diálogo de Dios con el hombre, que es la Revelación.
  2. La oración de Jesús. La trama de la oración se nos revela plenamente en Cristo. Al contemplar al Maestro de la oración, aprendemos a hacer oración. Lc subraya el papel de la oración en la vida de Cristo. ¿Qué sabemos de su oración? ¿Cómo era?
    1. Está unida a su vida, está injertada en su vida. Con su Encarnación introduce todo lo humano (en Él) es materia de diálogo con su Padre, y todo lo humano (en Él) es ofrecido al Padre.
    2. Es un conformarse con la voluntad de su Padre: “Sí Padre, porque así te ha parecido bien…
    3. La nota filial de su oración. Nos revela e introduce la novedad radical de la oración filial: “Padre nuestro… Abba” (CCE 2599).
  3. Teología de la oración.
    1. ¿Qué es la oración? La oración es la fe en acto: porque implica una elevación o comunicación del alma con Dios; y a la vez una respuesta de amor, al amor del Padre (amor con amor se paga). La oración como diálogo-invitación de Dios y como respuesta del hombre es una necesidad vital: porque es la expresión natural de la nueva vida.
    2. ¿Qué es la oración cristiana? Para el cristiano esa nueva vida es vida de hijos de Dios. Y como esa filiación es en Cristo, la oración es de y con Cristo. Porque en esencia sólo existe una oración real, posible y valida: la oración de Cristo: es decir, si la relación del H-D es real, es también histórica y, por tanto, está marcada por el drama del pecado (ruptura de la relación), ruptura que solo se restablece por medio de Cristo. Por eso la teología de la oración remite a la teología de la gracia y a la Iglesia: en cada oración nuestra, oran Cristo y la Iglesia: ellos dan gloria a Dios e interceden por la humanidad, aunque uno no se dé cuenta.
    3. ¿Cuáles son las características de la oración cristiana?
      1. Al igual que la de Cristo tiene carácter trinitario y filial. La novedad de la oración cristiana es que se trata de la oración de Cristo comunicada a los hombres, busca pues entrar en dialogo con la Trinidad. Por María à a la HSS de Jesús à Padre à ES (Trinidad) (Forja 430)
      2. También es Teologal. FE: Creo que estas aquí, que me ves, que me oyes, CARIDAD que me quieres, por eso puedo hablarle y escucharle: le adoro y le alabo…, tengo contricción… ESPERANZA, le pedimos ayuda, le damos gracias (el ejemplo del chaval que espera a su novia)
      3. También es personal. Por eso se alimenta de la vida, del “hoy”, de la biografía de cada uno.
    4. Las formas de la oración. La oración es el corazón de la vida nueva. Por eso cada uno reza a su modo (así lo decía NP es como hablar con la novia). No se trata solo de algo espontaneo, sino de quedar para hablarse. La vida de los santos y la tradición de la Iglesia a la escucha del ES nos enseña que hay formas de orar:
      1. Liturgia y oración. Sobre el ritmo litúrgico diario: CCE 2698. Sobre el año litúrgico: SC, 102
      2. La oración vocal. La expresión corporal como homenaje: CCE 2703. En espíritu y en verdad. No golpeteo de latas (nota 107). Santo Rosario (RVM)
      3. La meditación. La meditación es una búsqueda: inteligencia (libro) à de los pensamientos a la vida (libro de la vida): voluntad, aceptación à toda la persona: imaginación, querer, emoción, deseo … tratarse (Camino 91)
      4. La oración contemplativa. Es el nive l más profundo de la relación con Dios, el culmen. Mirar a Dios y saber que nos mira. ¿Qué es la contemplación? Santa Teresa dice que “orar es tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas, con quien sabemos nos ama”. Implica recoger el corazón (tarea de la voluntad): CCE 2711. Es diálogo de un hijo con su Padre. “El amor es la aceptación y adhesión –apacible, tranquila y satisfecha- del alma en la contemplación de Dios” (Newman). (El niño que cuela el gol y mira a su padre). ADD 239 y 239.y 247.
    5. Oración y vida: contemplativos en medio del mundo. Se reza como se vive, porque se vive como se reza
      1. La oración requiere un esfuerzo continuado. La oración es un don y respuesta, es un combate contra nosotros mismos (dificultades en la oración mental) y contra el enemigo que pone todo su empeño en que la abandonemos. Las falsas objeciones… Las dificultades y tentaciones que se presentan a lo largo de la vida de oración (las distracciones, la sequedad, la falta de fe del activismo, la tibieza, desaliento).
      2. La oración debe ser continúa. Son muchos los lugares en los que se anima a perseverar en la oración: el que persevere hasta el final se salvará. Necesidad de la oración: la vida cristiana es vida de oración: en el fondo se identifican: la fe que vive por la esperanza en el amor (lo del chaval que espera a su novia): esto es ser contemplativos en medio del mundo: todo es oración: no solo los momentos de oración sino toda la vida cristiana ha de estar conformada por la fe en la esperanza del amor.
    6. La Eucaristía y la vida de oración. Si vida cristiana es = vida de oración y la “fuente y cima de la vida cristiana” es la Misa, pues igual lo es de la oración. La Misa es la oración por excelencia.
      1. La Santa Misa, centro y raíz de la vida cristiana. Lo acabamos de decir. La Eucaristía es Sacrificio, es Presencia y es Comunión (banquete)… Nos sitúa ante los misterios de nuestra fe: eqp, 87.
      2. Liturgia y vida cristiana: el culto espiritual. El cauce que une la liturgia con la vida cotidiana es la oración, y viceversa. Sacerdotes de su propia existencia… el cosmos entero “pan y vino, tierra y vid, y el trabajo del hombre se convierten en el Cristo total… “el santuario no hay que buscarlo en un lugar, sino en los actos, en la vida y en las costumbres” (Orígenes) es lo de un culto “en espíritu y en verdad” de la samaritana

CAPÍTULO 5: LA VIDA CRISTIANA Y EL MISTERIO DE LA CRUZ

Introducción

Los sacramentos nos unen a Cristo. La oración hace que pongamos nuestros ojos en el misterio de Cristo y de su Cruz, y nos la hace aceptar. ¿Por qué la Cruz en la vida cristiana? ¿Por qué la señal de la Cruz, es la señal del cristiano?… La respuesta es personal y existencial. ¿Por qué la ascética, la cruz, la mortificación y la penitencia?… Ver la Cruz como el signo más.

  1. Un recorrido por la Historia. El estoicismo cultivo la ascesis. El neoplatonismo también. En el paganismo falta la teología del Amor (que baja de Dios al hombre y lo remonta hasta Él). Y vio Dios que era bueno, muy bueno… esto no cambia. El pecado daña y mancha (oculta) esta bondad, la ascesis surge (es el dolor que se sigue de lo normal: trabajo, parir) como consecuencia de las heridas del pecado… Cristo carga en su Cruz, toda la ascesis del pecado (las heridas del pecado) haciéndola motivo de salvación (el castigo se redime así). Después vino la espiritualidad del martirio, y la monacal (lucha contra las pasiones y pecado y por adquirir virtudes). Desviaciones ascéticas (por exceso: jansenismo, o defecto: quietismo). Siglo XX-XXI: crisis ascética por el materialismo hedonista + una crisis teológica: 1) entender mal la teología de las realidades temporales como algo contrapuesto a la escatología; 2) pérdida del sentido de pecado; 3) el naturalismo fundado en optimismo exagerado: en algunos modelos educativos no rigor ni disciplina.
  2. El fundamento de la ascesis. Es preciso mantener un equilibrio, porque la ascesis solo es sana cuando es auténtica: y esta radica en la verdad de fe de que Dios ha manifestado su amor en la Cruz. Así resulta un esfuerzo de afirmación, no de negación. La base antropológica reposa sobre estas observaciones:
    1. Fundamento antropológico: solo con empeño personal y esfuerzo el hombre puede crecer y progresar.
    2. Fundamento cristológico:
      1. La elevación sobrenatural le sitúa en nuevo campo de superación: tiene el compromiso de conformarse a un nivel superior con la ayuda de la gracia.
      2. El misterio del pecado que deja al hombre herido y sufriendo, se hace todo más costoso, el dominio de sí es más difícil.
      3. Solo al mirar la Cruz de Cristo descubrimos el misterio del sufrimiento del hombre. Ascética (fundamento antropológico: esfuerzo) y Cruz (sufrimiento) no son =, pero se relacionan.
    3. Finalidad de la ascesis. Visto los fundamentos ¿cuál es el objeto o finalidad última de la ascesis? El objetico de la vida ascética es la unión con Dios mediante la unificación de las voluntades: mi voluntad y la voluntad de Dios (para ello debo conocerme, poseerme y así poder hacer real mi entrega). Este proceso tiene un elemento negativo (quitar lo que no es voluntad de Dios en mi) y otro positivo (obrar en base al amor a la voluntad de Dios). No todo el que me dice “Señor, Señor, entrará… sino el que hace la voluntad de mi Padre”… “si me amáis, guardaréis mis mandamientos”… “En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: en que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos”.
    4. El contenido de la lucha ascética. La perspectiva ascética espiritual debe estar presente en la vida cristiana en todo momento: la vida del hombre es lucha (Job): no solo en lo negativo: lucha contra el pecado, sino sobre todo en lo positivos: esfuerzo por avanzar, por progresar, por responder con todas nuestras fuerzas al don que se nos da, por manifestar con obras nuestro amor, por desarrollar las virtudes en servicio a los demás y para DOG.
      1. La virtud y la vida espiritual. La ascesis significa ejercicio. El ejercicio más eficaz para la vida espiritual es el de la práctica de las virtudes: el desarrollo de lo mejor de cada persona… La virtud nos hace connaturales con el bien y lo bueno. Las virtudes están todas interconectadas: la conexión entre las virtudes morales (prudencia, fortaleza, justicia y templanza) + la caridad (y las otras dos virtudes infusas), porque la virtud cristiana no tiene por fin la autoperfección (estoicos) sino amor a Dios y a los demás (es un donarse, que previamente se posee). Cita de san Agustín NOTA 150***. Amarás, si eres capaz de hacer lo que quieres: ama y haz lo que quieras. Las virtudes son la cremallera entre el espíritu y la materia. Al principio la lucha es más evitar en pecado pero luego es hacer la voluntad de Dios con el ejercicio hasta el heroismo de las virtudes. La unidad de vida se logra con las virtudes al hacer que el amor de Dios penetre toda su realidad personal. Así es como el cristiano transforma y eleva a Dios todo lo humano: no tanto como lucha contra el caos del pecado, sino más como empeño por construir un orden nuevo fundamentado en el amor y la libertad de los hijos de Dios.
      2. Algunos medios para el crecimiento de la vida espiritual. El Plan de vida (para escuchar y responder la llamada telefónica) y la dirección espiritual (Maestro ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?; el ES es el guía pero cuenta con instrumentos: no estamos solos): por ellos el amor de Dios permea nuestra vida. NOTA 169 Audiencia JPII ***
      3. La renuncia y la mortificación. El pecado, los apetitos y tendencias desordenadas (incompatibles con la santidad) exigen renuncia y mortificación (bocado del caballo).
        1. Naturaleza de la mortificación: no es una mutilación (o falta de libertad) sino en una rectificación y sublimación de nuestras tendencias profundas, del goce desordenado. Tiene dos elementos: 1) el sinsabor dado a la naturaleza y 2) el acto de voluntad que se impone al apetito. Esto último es lo más importante espiritual y moralmente.
        2. Motivos de la mortificación. La mortificación se ejerce con la voluntad y esta se rige por motivos intelectuales. Por tanto, ¿qué motivos intelectuales tenemos?:
          1. Es necesaria para la subsistencia y progreso en la vida espiritual;
          2. Es un medio optimo para demostrar a Dios que le amamos (te amo más que a mí mismo);
          3. El valor apostólico de la mortificación voluntaria, nos hacemos así colaboradores de Cristo en la salvación de las almas.
        3. Funciones de la mortificación. Restauradora de la imagen de Dios deformada por el pecado, como una imagen desfigurada por las inclemencias con el paso del tiempo. La psiquiatría y la psicología moderna la considera como un requisito esencial para el perfecto desarrollo de la personalidad. Tiene sobre todo estas tres funciones en la vida cristiana:
          1. Función educativa (el bocado del caballo). Ejercicio de la voluntad para dominar las pasiones (Pitágoras, el lobo y el conejo). Hace referencia a la dimensión activa de la mortificación: la renuncia voluntaria.
          2. Función purificadora. Hace referencia a la dimensión pasiva de la mortificación: la aceptación de los sufrimientos que nos vienen dados en la providencia de Dios. Purificación y formación son dos elementos del mismo proceso: la restauración de la imagen de Dios. Bastaría con esta para hacernos santos.
          3. Función expiativa. De los pecados pasados que, olvidados, ejercen una sugestión residual en el alma. La diferencia entre la penitencia y la mortificación es formal, no material: ayunar para dominarse es mortificación; para expiar es penitencia.
  • La práctica de la mortificación. NOTA 164: ADD138***
  1. La Cruz de Cristo y la cruz del cristiano. La ascética en general necesita método, renuncia y ejercicio pero no Cruz. La Cruz es algo específico de la ascética cristiana: el que quiera ser mi discípulo… Así lo revela la vida de los santos en los que siempre ha habido Cruz (dolor y sufrimiento, o mortificación voluntaria muy generosa y por encima del simple autodominio ascético). La Cruz está relacionada con el pecado y con el amor. No hay amor sin sacrificio + no hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos. El pecado es la causa última del sufrimiento moral y físico de la humanidad. Jesús ha cargado con los pecados y con sufrimiento anexo y ha destruido su poder desde dentro mismo. (la espada de Goliat y la película de tiburón: a bomba dentro mismo)
  2. El cristiano puede y debe transformar el sufrimiento

EPILOGO

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agosto 9, 2014 at 11:08 pm

Jesucristo, Hijo de Dios (Verbo encarnado)

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Vøringfossen Waterfall at Dawn - Gorge of Eidfjord, Norway by Stephen EmersonAquí os pongo los puntos del catecismo con sus enlaces correspondientes de esta parta acerca de la Persona de Jesucristo, Hijo de Dios.

CREO EN JESUCRISTO, HIJO ÚNICO DE DIOS  (422-429)

Artículo 2: « Y en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor » (430-455)

  1. Jesús
  2. Cristo
  3. Hijo único de Dios
  4. Señor
    Resumen

Artículo 3: « Jesucristo  fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de Santa María Virgen » (456-483)

Párrafo 1: El Hijo de Dios se hizo hombre

  1. Por qué el Verbo se hizo carne
  2. La Encarnación
  3. Verdadero Dios y verdadero hombre
  4. Cómo es hombre el Hijo de Dios
    Resumen

Párrafo 2: « …Concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen» (484-511)

  1. Concebido por obra y gracia del Espíritu Santo…
  2. …nació de la Virgen María
    Resumen

Párrafo 3: Los misterios de la vida de Cristo (512-570)

  1. Toda la vida de Cristo es misterio
  2. Los misterios de la infancia y de la vida oculta de Jesús
  3. Los misterios de la vida pública de Jesús
    Resumen

Artículo 4: « Jesucristo padeció bajo Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado » (571-594)

Párrafo 1: Jesús e Israel

  1. Jesús y la Ley
  2. Jesús y el Templo
  3. Jesús y la fe de Israel en el Dios único y Salvador
    Resumen

Párrafo 2: Jesús murió crucificado (595-623)

  1. El proceso de Jesús
  2. La muerte redentora de Cristo en el designio divino de salvación
  3. Cristo se ofreció a su Padre por nuestros pecados
    Resumen

Párrafo 3: Jesucristo fue sepultado (624-630)
Resumen

Artículo 5: « Jesucristo descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos » (631-637)

Párrafo 1: Cristo descendió a los infiernos
Resumen

Párrafo 2: Al tercer día resucitó de entre los muertos (638-658)

  1. El acontecimiento histórico y transcendente
  2. La Resurrección, obra de la Santísima Trinidad
  3. Sentido y alcance salvífico de la Resurrección
    Resumen

Artículo 6: « Jesucristo subió a los cielos, y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso » (659-667)
Resumen

Artículo 7: « Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y a muertos » (668-682)

  1. Volverá en gloria
  2. Para juzgar a vivos y muertos
    Resumen

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julio 17, 2014 at 3:21 pm

Dios Creador (Deo creante et elevante)

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Written by rsanzcarrera

mayo 19, 2014 at 8:03 pm

Publicado en Dios creador, Teología

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SAN GREGORIO NACIANCENO

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San Gregorio Nacianceno, al igual que su amigo san Basilio, era originario de Capadocia. Fue un gran teólogo, poeta, orador y defensor de la fe cristiana en el siglo IV.

Nació en el seno de una familia noble. Su madre lo consagró a Dios desde su nacimiento, que tuvo lugar alrededor del año 330. Después de la educación familiar, frecuentó las más célebres escuelas de su época: primero fue a Cesarea de Capadocia, donde conoció a san Basilio, futuro obispo de esa ciudad; luego estuvo en Alejandría de Egipto y sobre todo Atenas, donde se encontró de nuevo con san Basilio, fraguándose entre ellos una amistad que duraría toda la vida: “Yo, entonces, no sólo sentía gran veneración hacia mi gran amigo Basilio por la austeridad de sus costumbres y por la madurez y sabiduría de sus discursos, sino que también inducía a tenerla a otros que aún no lo conocían… Nos impulsaba el mismo anhelo de saber… Nuestra competición no consistía en ver quién era el primero, sino en quién permitiría al otro serlo. Parecía que teníamos una sola alma en dos cuerpos”. Esas palabras representan en cierto sentido un autorretrato de esta alma noble. Pero también se puede intuir que este hombre sufrió mucho por las cosas de este mundo.

Al volver a casa, san Gregorio recibió el bautismo y se orientó hacia la vida monástica: se sentía atraído por la soledad y la meditación filosófica y espiritual. Él mismo escribirá: “Nada me parece más grande que esto: hacer callar a los sentidos; salir de la carne del mundo; recogerse en sí mismo; no ocuparse ya de las cosas humanas, salvo de las estrictamente necesarias; hablar consigo mismo y con Dios; vivir una vida que trascienda las cosas visibles; llevar en el alma imágenes divinas siempre puras, sin mezcla de formas terrenas y erróneas; ser realmente un espejo inmaculado de Dios y de las cosas divinas, y llegar a serlo cada vez más, tomando luz de la Luz…; gozar del bien futuro ya en la esperanza presente, y conversar con los ángeles; haber dejado ya la tierra, aun estando en la tierra, transportados a las alturas con el espíritu“.

Como confiesa él mismo en su autobiografía, era reacio a recibir la ordenación presbiteral, porque sabía que así debería ser pastor, ocuparse de los demás, de sus cosas, y por tanto ya no podría dedicarse exclusivamente a la meditación. Con todo, aceptó esta vocación y asumió el ministerio pastoral con obediencia total, aceptando ser llevado por la Providencia a donde no quería ir (cf. Jn 21, 18), como a menudo le aconteció en la vida.

Hacia el año 379, san Gregorio fue llamado a Constantinopla, la capital, para dirigir a la pequeña comunidad católica, fiel al concilio de Nicea y a la fe trinitaria. En cambio, la mayoría había aceptado el arrianismo, que era “políticamente correcto” y considerado políticamente útil por los emperadores. De esta forma, san Gregorio se encontró en una situación de minoría, rodeado de hostilidad. En la iglesita de la Anástasis pronunció cinco Discursos teológicos precisamente para defender y hacer en cierto modo inteligible la fe trinitaria. Esos discursos son célebres por la seguridad de la doctrina y la habilidad del razonamiento, que realmente hace comprender que esta es la lógica divina. También la brillantez de la forma los hace muy atractivos hoy. Por estos discursos san Gregorio es llamado en la Iglesia ortodoxa: el “teólogo”. Para él la teología deriva del silencio contemplativo, en el que llena de asombro ante las maravillas del misterio revelado, el alma acoge la belleza y la gloria divinas.

Mientras participaba en el segundo concilio ecuménico, el año 381, san Gregorio fue elegido obispo de Constantinopla y asumió la presidencia del Concilio. Pero inmediatamente se desencadenó una fuerte oposición contra él; la situación se hizo insostenible. Para un alma tan sensible estas enemistades eran insoportables. Se repitió lo que san Gregorio había lamentado ya anteriormente con palabras llenas de dolor: “Nosotros, que tanto amábamos a Dios y a Cristo, hemos dividido a Cristo. Hemos mentido los unos a los otros por causa de la Verdad; hemos alimentado sentimientos de odio por causa del Amor; nos hemos dividido unos de otros“. Así, en un clima de tensión, san Gregorio dimitió.

Volvió a Nacianzo y durante cerca de dos años se dedicó al cuidado pastoral de aquella comunidad cristiana. Luego se retiró definitivamente a la soledad en la cercana Arianzo, su tierra natal, consagrándose al estudio y a la vida ascética. Durante este período compuso la mayor parte de su obra poética, sobre todo autobiográfica: el De vita sua, un repaso en versos de su camino humano y espiritual, un camino de un hombre de gran interioridad que sufre en un mundo lleno de conflictos. En el año 390, con 60 años, Dios acogió entre sus brazos a este siervo fiel, que con aguda inteligencia lo había defendido en sus escritos, y que con tanto amor le había cantado en sus poesías.

PENSAMIENTO TEOLÓGICO DE SAN GREGORIO NACIANCENO

Escribió numerosos discursos, homilías y panegíricos, muchas cartas y obras poéticas (casi 18.000 versos): una actividad verdaderamente prodigiosa. Había comprendido que esta era la misión que Dios le había confiado: “Siervo de la Palabra, desempeño el ministerio de la Palabra. Ojalá que nunca descuide este bien. Yo aprecio esta vocación, me complace y me da más alegría que todo lo demás“.

LA LUZ DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

San Gregorio Nacianceno era un hombre manso, y en su vida siempre trató de promover la paz en la Iglesia de su tiempo, desgarrada por discordias y herejías. Con audacia evangélica se esforzó por superar su timidez para proclamar la verdad de la fe: “Entre las grandes corrientes del mar de la vida, agitado en todas partes por vientos impetuosos (…), sólo quería una cosa, una sola riqueza, consuelo y olvido del cansancio: la luz de la santísima Trinidad“. Efectivamente, san Gregorio hizo resplandecer la luz de la Trinidad, defendiendo así la fe proclamada en el concilio de Nicea: un solo Dios en tres Personas iguales y distintas —Padre, Hijo y Espíritu Santo—,triple luz que se une en un único esplendor“. Afirma:”Para nosotros hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas; un Señor, Jesucristo, por medio del cual han sido hechas todas las cosas; y un Espíritu Santo, en el que están todas las cosas“.

LA HUMANIDAD Y LA DIVINIDAD DE JESUCRISTO

San Gregorio destacó con fuerza la plena humanidad de Cristo: para redimir al hombre en su totalidad de cuerpo, alma y espíritu, Cristo asumió todos los componentes de la naturaleza humana; de lo contrario, el hombre no hubiera sido salvado. Contra la herejía de Apolinar, el cual aseguraba que Jesucristo no había asumido un alma racional, san Gregorio afronta el problema a la luz del misterio de la salvación: “Lo que no ha sido asumido no ha sido curado, y si Cristo no hubiera tenido “intelecto racional, ¿cómo habría podido ser hombre?“. Al hacerse hombre, Cristo nos dio la posibilidad de llegar a ser como él: “Tratemos de ser como Cristo, pues también Cristo se hizo como nosotros: tratemos de ser dioses por medio de él, pues él mismo se hizo hombre por nosotros. Cargó con lo peor, para darnos lo mejor“. Por eso, María, que dio la naturaleza humana a Cristo, es verdadera Madre de Dios (Theotokos), y con miras a su elevadísima misión fue “purificada anticipadamente” (un lejano preludio del dogma de la Inmaculada Concepción).

DIMENSION SOCIAL DE LA CARIDAD

San Gregorio nos recuerda que, como personas humanas, tenemos que ser solidarios los unos con los otros. Escribe: “”Nosotros formamos un solo cuerpo en Cristo” (cf. Rm 12, 5), ricos y pobres, esclavos y libres, sanos y enfermos; y una sola es la cabeza de la que todo deriva: Jesucristo. Y como sucede con los miembros de un solo cuerpo, cada uno debe ocuparse de los demás, y todos de todos”. Luego, refiriéndose a los enfermos y a las personas que atraviesan dificultades, concluye: “Esta es la única salvación para nuestra carne y nuestra alma: la caridad para con ellos”.

VIDA DE ORACIÓN

San Gregorio nos enseña, ante todo, la importancia y la necesidad de la oración. Afirma que “es necesario acordarse de Dios con más frecuencia de la que se respira“, porque la oración es el encuentro de la sed de Dios con nuestra sed. Dios tiene sed de que tengamos sed de él. En la oración debemos dirigir nuestro corazón a Dios para entregarnos a él como ofrenda que ha de ser purificada y transformada. En la oración lo vemos todo a la luz de Cristo, nos quitamos nuestras máscaras y nos sumergimos en la verdad y en la escucha de Dios, alimentando el fuego del amor.

En una poesía, que al mismo tiempo es meditación sobre el sentido de la vida e invocación implícita de Dios, san Gregorio escribe: “Alma mía, tienes una tarea, una gran tarea, si quieres. Escruta seriamente tu interior, tu ser, tu destino, de dónde vienes y a dónde vas; trata de saber si es vida la que vives o si hay algo más. Alma mía, tienes una tarea; por tanto, purifica tu vida: por favor, ten en cuenta a Dios y sus misterios; investiga qué había antes de este universo, y qué es el universo para ti, de dónde procede y cuál será su destino. Esta es tu tarea, alma mía; por tanto, purifica tu vida“. Tienes una tarea, alma —nos dice san Gregorio también a nosotros—, la tarea de encontrar la verdadera luz, de encontrar la verdadera altura de tu vida. Y tu vida consiste en encontrarte con Dios, que tiene sed de nuestra sed.

Fuentes:

  • Benedicto XVI, audiencia general, 8 de agosto de 2007
  • Benedicto XVI, audiencia general, 22 de agosto de 2007
  • Lisson
  • Wiki

 

Written by rsanzcarrera

diciembre 10, 2013 at 4:32 pm