es_tu_dia

Just another WordPress.com weblog

Archive for the ‘curso de retiro’ Category

Meditación final: acudimos a Santa María

leave a comment »

Nos encomendamos a Santa María Virgen para sacar adelante los propósitos de este curso de retiro:

A estas alturas del curso de retiro conviene tener ya algunos propósitos decididos y en esto te aconsejo seguir el criterio de “aquel paleto de pueblo que presumía de hijo diciendo: ¡tiene muy pocas ideas, pero muy bien arraigadas!“… Pues eso, pocos propósitos pero bien firmes ¿de acuerdo?

– Es tentación común (el demonio del aparcamiento) que al cabo de pocos días del curso de retiro, pensemos que se ha de rebajar el nivel de los propósitos. Conviene recordar entonces que las cosas son como las has visto aquí, por eso anota los propósitos y repásalos con frecuencia después y mantente constante en la lucha pase lo que pase...

– Tengo un amigo sacerdote que se enfada frecuentemente y quiere escribir un folleto de MC que se titule algo así como “la santificación del “cabreo” ordinario”… no desanimarse

– El ramo de flores (vaya día… y encima tú: ¡borracho!)

– Otro ejemplo: A veces pensamos que somos un desastre y que no podemos hacer nada bien, y decimos con cierta inmadurez eso de: O todo o nada. Y tiramos la toalla ante nuestros fracasos. En cierta ocasión un señor esperaba con su hijo en la cola del confesonario, y el pequeño se impacientaba por la espera y quería irse. El padre le dijo: “tranquilo, ya solo queda este Señor, y pasas tú a confesar”. El niño miró al Señor, que era bastante gordo y dijo: “no, papa, que este señor es muy gordo y seguro que tiene muchos pecados”. El señor gordo se molestó, y el padre corrigió a su hijo: “no, hijo, no, este señor aquí donde le ves, el día de mañana a lo mejor Dios lo sube a los altares” El señor gordo sonrió complacido. Pero el niño, miró al señor y luego al altar y comentó: “papá, pues como Dios lo suba a los altares, lo va a tirar todo”… Y así puede ocurrir con nosotros, que subamos a los altares aunque lo vayamos tirando todo no hemos de perder la esperanza, y si es necesario nos llamarán “san tiralotodo”.

¿Es que estoy solo? ¿Es que nadie me apoya? Cada uno es muy importante:

– El punto de referencia (una lucecita en la iglesia, me indica que está el Señor en el sagrario) Ejemplo de la primera Misa con el Cardenal de una ciudad italiana

Cada uno debe abrirse de par en par a la acción del ES en su alma, somos obra del Él y María es medianera de todas las gracias:

En el año 1663 concluía Bernini en el mismo ábside de la Basílica de San Pedro una de sus más bellas obras, que sirve de retablo de fondo a la Cátedra (silla) de San Pedro. Con auténtica maestría combina materiales como el mármol, el bronce y el estuco, y llega a la mayor genialidad al incorporar al conjunto la visión luminosa de una ventana -la famosa “gloria” de Bernini- donde aparece la paloma del Espíritu Santo en medio de torbellinos de nubes, ángeles y rayos… Cuando se procede a una solemne canonización en el interior de la Basílica, es costumbre colocar la imagen pintada del nuevo santo sobre la vidriera; después se retira y surge de nuevo la paloma con las alas desplegadas y deslumbrante: así se evoca que el Paráclito es el Artífice de la santidad, o, como diría el Papa Juan XXIII, que cada uno de los santos es una obra maestra del Espíritu Santo“.

“Para mañana hacéis una redacción breve sobre el tema: la santidad”, dijo la profesora minutos antes de terminar las clases. Esa noche Anita, de 9 años, trabajó duro y con la ayuda del diccionario y una duda que resolvió con mamá, ya tenía su breve redacción terminada. A la mañana siguiente la profesora pidió una voluntaria para leer la redacción y Anita levantó la mano como un rayo. Poco después, en pie, delante de todas, empezaba su lectura un poco nerviosa. Leyó: “La santidad es la medicina que toma el Papa…” Todas rompieron a reír, incluida la profesora. Anita desconcertada empezó a sonrojarse y a llorar, mientras se justificaba diciendo: “pero, esto es lo que leí en el diccionario”. “¿Cómo va a decir eso el diccionario…?”, afirmó la profesora. “A ver, abre el diccionario y busca esa palabra”. Anita buscó la palabra y leyó toda seria: “Santidad: tratamiento que recibe el Romano Pontífice…” Todas volvieron a reír divertidas por la ingenua confusión de Anita. Todas, menos la profesora que se quedó pensando y dijo: “Anita, se trata de un tratamiento honorífico, no de medicinas… Pero ¿sabes? en el fondo, tienes razón: porque la santidad también nos pone buenos, en cierto modo solo ella nos cura realmente el alma”. Anita sonrió y las demás callaron. Efectivamente, solo cuando ante un problema, una dificultad o una situación difícil adoptamos la postura que adoptaría un santo, solo entonces nos quedamos contentos y nos curamos de verdad porque nos sentimos llenos de paz y alegría. Solo cuando ante las situaciones dolorosas, las dificultad, etc., tomamos decisiones en clave de santidad, entonces sentimos que eso era lo correcto, y solo entonces, ya está bien aquello. Y cuando no lo hacemos así, vemos como esas situaciones empeoran y se “infectan” aún más con los “gérmenes” de la soberbia, o la vanidad o la mentira, etc. Por eso cuando alguien piensa o dice: “la santidad no es para mi…” Habría que decirle “pues lo siento por ti, porque no te vas a curar”

Aquellos hombres importantes iban con mucha prisa a coger sus aviones. De repente, y por accidente, alguien debió de tropezar con la mesa de aquel establecimiento, pues todas las frutas del mostrador salieron volando por todas partes. Nadie se detuvo, ni se excuso, todos seguían corriendo para poder llegar a sus respetivos aviones. Todos menos uno… Iría en el siguiente vuelo unas horas más tarde. Cuando se acercó para ayudar a recoger las frutas tiradas por el suelo, su sorpresa fue enorme, al darse cuenta de que aquella joven era ciega. La encontró llorando, tanteando el suelo, tratando de recoger todas aquellas frutas. El hombre se arrodilló junto a ella, y le dijo que la ayudaría. Reunió en diversas cestas las frutas. Separó las que estaban magulladas por los golpes y no podrían ya venderse. Ayudó a poner de nuevo el puesto. Finalmente, sacó su cartera y le dijo a la joven: “Toma, por favor, este dinero, espero que subsane en algo el daño causado ¿te pace bien?” Ella, en silencio y agradecida, asintió con la cabeza. Se despidió y apenas se dio la vuelta cuando la joven dijo: “¡Señor!…”. Él se detuvo y miró por primera vez aquellos húmedos ojos ciegos. Ella continuó: “Señor… ¿Es usted Jesús…?”. Él se sorprendió tanto que casi le da la risa, sonrió y con cierta emoción, le explicó que no, que él era un corriente hombre de negocios que pasaba por allí, y volvió a despedirse. Unas horas después, ya de regreso en el avión, no podía dejar de pensar en aquella pregunta: ¿Es usted Jesús? Y se preguntaba qué había hecho él para que en aquella mente pudiera surgir esta pregunta y no conseguía apartar de su memoria aquellos perfectos ojos ciegos.

¿Y tú? propósitos y ponerlos en práctica, sin desánimos y con optimismo, tengo que estar dispuesto a poner en práctica esas luces y así no se caerá la casa: todo el que escucha mis palabras y las pone en práctica es semejante al varón sabio que edificó su casa sobre roca, cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y embistieron contra aquella casa, pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca… Y el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y embistieron contra aquella casa y fue grande su ruina.

– La Macarena y la esperanza… Ahora comienza para ti una nueva vida y esperanza…

– Su manto, su protección, maternal nos cubrirá…

– Un artículo en National Geographic varios años atrás mostraba una foto impactante de “las Alas de Dios”. Después de un incendio forestal en el Parque Nacional de Yellowstone, los guardabosques iniciaron una larga jornada montaña arriba para valorar los daños del incendio. Un guardabosque encontró un pájaro literalmente petrificado en cenizas, posado cual estatua en la base de un árbol. Un poco asombrado por el espeluznante espectáculo, dio unos golpecitos al pajarillo con una vara. Cuando lo hizo tres diminutos polluelos se escabulleron bajo las alas de su madre ya muerta. La amorosa madre, en su afán de impedir el desastre, había llevado a sus hijos a la base del árbol y los había acurrucado bajo sus alas, instintivamente conociendo que el humo tóxico ascendería. Ella podía haber volado para encontrar su seguridad, pero se había negado a abandonar a sus crías. Cuando las llamas llegaron y quemaron su pequeño cuerpo ella permaneció firme: había decidido morir para que aquellos que estaban bajo sus alas pudiesen vivir.

– ¿Qué no hará por notros la Madre del Cielo? Contaba un sacerdote, que solo tras su ordenación su madre le contó siguiente: él se cortó un dedo de muy pequeño, y ella con sangre fría, tomo el dedito lo envolvió en hielo y fue corriendo a urgencias. Allí le dijeron que era muy difícil que recuperara el dedo. Ella permaneció toda la noche sin dormir apretando el dedito para que la sangre circulara mejor y quedara bien, mientras ofrecía aquel sacrificio decía a Dios: lo hago por si algún día quieres que sea sacerdote…

También nos hará mucho bien considerar mucho más frecuentemente la mirada de nuestro Padre desde el Cielo que con su sonrisa nos asiste para que sepamos llevar todas las circunstancias en actitud agradecida:

Aquel muchacho vivía solo con su padre. Tenían entre ellos una relación extraordinaria, muy especial. Aquel muchacho además formaba parte del equipo de fútbol de su colegio. Casi nunca le sacaban a jugar porque era el más bajito del curso y no tenía mucha fuerza. Entre los compañeros del equipo era conocido por “el calienta banquillo”. Su padre siempre le recordaba que no tenía porqué jugar sino quería… Pero su hijo disfrutaba tanto con el fútbol que no faltaba a ningún entrenamiento ni a ningún partido. Al comenzar en la universidad tuvo que irse a otra ciudad dejando solo a su padre en su casa. Nada más llegar intentó entrar en el equipo de la universidad. Todos sus amigos estaban convencidos de que no lo conseguiría… Pero se equivocaron. El entrenador dio la noticia a todos: había sido admitido en el equipo por su tesón, por cómo había perseverado poniendo todo su corazón y su alma en cada uno de los entrenamientos y por cómo animaba a todo el equipo. La noticia le llenó de alegría y corrió al teléfono más próximo para comunicárselo a su padre… Le enviaría todas las entradas para todos los partidos… Pero su padre le explicó que no podría asistir a todos los partidos por la gran distancia que los separaba pero le prometía ir al partido de la final porque estaba seguro de que la jugaría y la ganaría. Los dos rieron emocionados.
La liga universitaria empezó. El muchacho nunca faltó a ningún entrenamiento ni a un partido en todo el año académico -que cursaba brillantemente-, aunque nunca tuvo oportunidad de jugar. El fin de semana previo a la final llegó un telegrama urgente para el muchacho: su padre había muerto repentinamente por un infarto de miocardio. Cuando se lo comunicó tembloroso al entrenador este le dijo que fuera al funeral y que no era necesario que viniera a la final que descansara en esos días. Los compañeros lo sintieron mucho por él. Cuando llegó el día de la final, se presentó el muchacho ya empezado el partido y calladamente entró en el vestuario y se puso el uniforme del equipo y corrió hasta donde estaba el entrenador, que se sorprendió de verle allí. “Entrenador por favor, permítame jugar… ¡yo tengo que jugar hoy!”, imploró el joven. El entrenador pretendió no escucharle: de ninguna manera podía permitir que su peor jugador entrara en un momento tan delicado del partido. Pero insistió tanto, que finalmente sintiendo lástima lo dejo: “Bien hijo, puedes entrar, el campo es todo tuyo”… Minutos después el entrenador, el equipo y el público, no podían creer lo que estaban viendo. El pequeño desconocido, que nunca había jugado antes, estaba haciendo un juego que podríamos definir como “brillante”. Nadie podía detenerlo, era el de siempre pero corría mejor, más fácilmente. Su equipo logró empatar. Y en los últimos segundos y gracias a un centro suyo se consiguió el gol de la victoria. La gente que estaba en las gradas gritaba emocionada y su equipo lo llevó en hombros por todo el campo. Cuando todo terminó, el entrenador le dijo: “Has jugado hoy mejor que nunca, y precisamente el día en que tu padre no podía venir a verte jugar la final, ¡lo siento!… El joven miró sonriendo al entrenador y le dijo: “Usted sabe que mi padre murió… y que me prometió que vendría a verme jugar la final y que la ganaríamos ¿verdad?… Pero lo que no sabe es que mi padre era ciego. Hoy era la primera vez que podía verme jugar… él me prometió que asistiría y que ganaríamos y yo quise demostrarle que sí podíamos hacerlo”… Si fuéramos solo un poco más conscientes de que Nuestro Padre Dios nos está viendo hoy desde el cielo, nuestro juego sería distinto, seríamos el de siempre, si, pero jugaríamos de otro modo…, jugaríamos mejor.

Written by rsanzcarrera

mayo 15, 2008 at 10:46 am

Publicado en curso de retiro

La necesidad de la gracia

leave a comment »

Primero la Gracia: sin mí no podéis hacer nadaY después los medios que la hacen fructificar e incrementar:

Aquel sacerdote que llevaba más de 20 años en Nigeria: (lo que más le gusta decir al Padre es: “yo te perdono…”) Y nos decía porqué pensaba él que estaba España más floja… Una ciudadela que recibe suministros de fuera, si se la asedia y caerá rendida sin hacer nada… táctica diabólica…

ORACIÓN

Buscas la compañía de amigos que con su conversación y su afecto, con su trato, te hacen más llevadero el destierro de este mundo…, aunque los amigos a veces traicionan. -No me parece mal. Pero… ¿cómo no frecuentas cada día con mayor intensidad la compañía, la conversación con el Gran Amigo, que nunca traiciona? (Camino, Oración, 88)

Ejemplo: Aquel estudiante que entra en la librería religiosa en busca de un libro, saca una nota donde está apuntado el título y pregunta a la monja que está detrás del mostrador: Oiga, ¿Tienen ustedes dificultades en la oración mental? La monja le mira fijamente y le dice: “jovencito, metasé usted en sus asuntos…” El joven perplejo y contrariado por la respuesta, aclara: ¡Oh no! Me refiero a un libro que se titula así: “dificultades en la oración mental” de Boylan… Y ambos se ríen al final.

El desánimo, la inconstancia, la sequedad, la rutina… Les proponía una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desfallecer, (Lc 18,1) o la del juez inicuo y la viuda… El valor de la oración no depende de lo que sentimos sino del amor que ponemos en hacerla…

– Es que soy mayor, es que me distraigo mucho… La edad no es problema porque la oración no está en el mucho cavilar (no es cuestión de cabeza); es cuestión de fe, amor, esperanza (y el corazón siempre es joven para esto)

– Aquel el monje joven que se queja ante el maestro ya anciano de que no le sirven los sermones que le escucha (siempre de lo mismo)… El maestro le pide que traiga agua del río y le indica con la mano un cestillo que está en el suelo para que se la traiga allí, pero cuando llega el joven, el agua se ha escapado por las rendijas del cestillo. La operación se repite tres veces hasta que el joven le dice que es absurdo lo que le pide, siempre queda poca agua aprovechable… Entonces el maestro le hace ver que así pasa con su alma, se escapa por las rendijas el agua, y añade: pero, has visto que limpio ha quedado el cestillo.

– Aquel cura mayor (el decía que tenía 94, pero eran 97 los años que tenía) que lee todas las mañanas el Smausch, se le acerca otro y le dice alto porque está un poco sordo: “¿Qué tal? ¿Se entera de lo que lee?” Y le responde: “mira hijo, yo leo como la lluvia: a donde caiga; si cae en tierra buena o no, ya se verá”.

– En la hora de la oración no pensar solo en nosotros: si me apetece, si tengo ganas… Piensa también el en Él, que te mira, que te ve llegar, se le cae la babilla viendo como luchas y sigues fiel como un perrillo dormido a los pies de su amo, como un soldado haciendo la guardia… Como decía el Santo cura de Ars a alguien que le preguntaba qué hacía tanto tiempo delante del sagrario: “le miro y me mira”… Muchas veces la oración es estar ahí, con Él.

El ejemplo de Jesucristo… paso la noche en oración… muy de mañana se fue a un lugar tranquilo a orar… en un lugar apartado Él oraba… la oración del huerto… Dios mismo aconseja la oración… entra en tu habitación y ora a tu Padre… Vigilad y orad para no entrar en tentación (Pedro dormilón)… Para poner remedio a tu tristeza me pides un consejo. -Voy a darte una receta que viene de buena mano: del apóstol Santiago.-“Tristatur aliquis vestrum?” -¿Estás triste, hijo mío? -“Oret!” -¡Haz oración! -Prueba a ver. (Camino, Alegría, 663). Ejemplo de los primeros cristianos… perseveraban en la doctrina de los apóstoles en la fracción del pan y en la oración.

La oración con propósitos, no a la oración del fariseo que se creía bueno, y no como ese pecador…

Tras una prédica sobre el fariseo y el publicano, en la que se cargo la mano sobre la actitud orgullosa del fariseo, uno de los feligreses se acerca al párroco en la sacristía y le dice: “¡Muchas gracias D. Fulano por el sermón! No sabe cuantas gracias doy a Dios de no ser como ese fariseo”

Aquella mañana Juan estaba desayunando en el bar de la facultad con un antiguo compañero inglés que estaba estudiando español. Hoy –comento su amigo extranjero, con alegría- he aprendido la diferencia que hay cuando se emplea la palabra “implicado” o “comprometido”. ¿Sabes cuál es la diferencia? Pues no exactamente, –respondió Juan con cara de perplejidad-. Mira –continuó su amigo-, te lo voy a explicar con el desayuno que estamos tomando. ¿Ves estos huevos fritos con beicon? Si –contestó-; pues bien, existe una gallina gracias a la cual tu y yo estamos disfrutando ahora de este buen desayuno, en este sentido decimos que ella está “implicada” en este desayuno… Pero quien realmente se ha “comprometido” con este desayuno nuestro, ha sido el pobre cerdo que ha tenido que dejar su vida, es decir ha tenido que morir para que tu y yo podamos disfrutar de este estupendo beicon en el desayuno… ¿Comprendes la diferencia? Si, por supuesto que se entiende –respondió Juan con una sonrisa…. Esta anécdota no exenta de humor, nos sitúa ante una realidad habitual de nuestras vidas: el nivel de compromiso que adquirimos en los diversos campos de nuestra vida. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos realmente a dejarnos influir por algo o por alguien? ¿Qué grado o qué tipo de compromiso adquirimos con nuestras palabras o en nuestro actuar? Etc.

LA MISA:

Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Como el Padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así, aquel que me come vivirá por mí. (Jn 6, 55-57)

Ofrecerse en la Misa:

– Entre los piojosos también anda el Señor… (Familia de neocatecumenales que van a un país lejano a evangelizar. El barrio es pobre y un día roban al hijo mayor que estaba en la edad del pabo (melena larga, presumido con la ropa, etc)… Le quitan la cazadora que le gustaba y la medalla que más quería, etc… Para colmo de males, al llegar a casa y contar lo sucedido, la madre observa que tiene piojos en el pelo y decide cortárselo… El muchacho no puede más y explota de irá, por lo absurdo de la situación y por qué no entiende el que hayan tenido que ir a ese lugar … La madre le dice que lo ofrezca y él gritando dice: ¡Qué quieres que ofrezca a Dios ¿los piojos?!… Muy enfadado se mete en su habitación dando un portazo… Al cabo de un rato, sale lloroso y con un libro de una biografía de San Juan de Dios en la mano y le dice a su madre: mamá perdona, mira, cogí este libro al azar y al abrirlo he leído esto: “solía decir el santo: también entre los piojosos está Dios“.

– el centro de gravedad de la gracia radica en la práctica para un fiel corriente sobre la Misa dominical (y la confesión frecuente)… el palo de la tienda y luego a tensar desde ahí… Y así conseguiremos que la red no se nuestra propia trampa: la araña y el hilo central

La comunión:

Aquel que iba a ayudar a san Josemaría en la misa y se queda dormido, y aunque intenta correr para llegar a tiempo no lo consigue y se encuentra con él que sale ya revestido para celebrar la misa, le mira y le ve tan acalorado y precipitado, que le dice con una cariñosa sonrisa: “hijo mío, voy al encuentro de mi Amor“… Y él, después, ya con calma, se queda pensando: ¡Ay Señor, y yo ¿a dónde voy como un loco…?

FORMACIÓN:

Las Urdes, zona deprimida de extremadura: bocio y enanismo… problemas en los partos. Acompañaba a su padre de pequeño, él se quedaba fuera con la moto encendida para que la dinamo siguiera funcionando y así con un motor electrico llevar luz a dentro de aquellas casas, casi cuevas… Un día salió su padre muy serio (algo debió salir mal: la madre? el niño?), pero no se atrevía a preguntarle nada. Subieron en la moto por las laderas aquellas en profundo silencio… Ya arriba se atrevió a decir: papa ¿porqué pasan estas cosas? Su padre le dijo: “hijo, la vida viene fuerte… pero a veces no la sabemos trabajar…” Trabajemos la vida de la gracia con la formación y el estudio para que llegue al desarrollo adecuado a nuestra capacidad.

– formación y dirección espiritual… tener un plan de vida y de asistencia a algunos medios de formación que nos vengan bien… la cabeza en el cielo pero los pies en la tierra, visión práctica… más vale el gota a gota que las cataratas de gracia… más vale un horario diario modesto, que cinco cursos de retiro al año… ¿Quieres de verdad ser santo? -Cumple el pequeño deber de cada momento: haz lo que debes y está en lo que haces. (Camino, Cosas pequeñas, 815)…

– la docilidad a la gracia y a la dirección espiritual:

Conversación real obtenida por radio en la costa de Newfoundland, entre canadienses y norteamericanos, en Octubre de 1995: **Canadienses: (ruido de fondo)… -por favor, desvíen su rumbo quince grados Sur para evitar una colisión…**Americanos: (ruido de fondo)… -Recomendamos que desvíen su rumbo quince grados Norte para evitar colisión…**Canadienses: -Negativo. Tendrán que desviarse quince grados Sur para evitar la colisión. **Americanos: -Al habla el Capitán de un navío de los Estados Unidos de América. Insisto, desvíe SU curso. **Canadienses: -No. Insisto, desvíen SU curso. **Americanos: -LE HABLO DESDE EL PORTA AERONAVES LINCOLN USS, EL SEGUNDO NAVÍO MAS GRANDE DE LA FLOTA DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA. NOS ESCOLTAN TRES DESTRUCTORES, TRES CRUCEROS, Y NUMEROSAS CORBETAS DE APOYO. LE ORDENO QUE DESVÍE SU CURSO QUINCE GRADOS NORTE, ESTO ES, “UNO” “CINCO” GRADOS NORTE O SE TOMARAN CONTRAMEDIDAS PARA ASEGURAR LA SEGURIDAD DE ESTE BARCO…**Canadienses: -Y yo les hablo desde UN FARO…

Conclusión: Para alcanzar ser contemplativos (santos en medio del ajetreo de cada día; y convertir todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte y de servir…)… Es necesario adquirir un temple: un oficio: un manejo de los instrumentos para realizar un buen trabajo; pero nadie es buen obrero sino adquiere el “golpe de vista” y la “destreza” que junto con el “amor al oficio” producen obras perfectas. Pues esto es lo que pretende formar y conservar las prácticas de piedad.

Encomendémonos a la santísima Virgen para que nos ayude a concretar en nuestra vida algunos de estos propósitos…

Written by rsanzcarrera

mayo 14, 2008 at 9:22 pm

Publicado en curso de retiro

La vida publica del Señor

with one comment

Si se esconde algo, es para que se descubra; si algo se hace a ocultas, es para que salga a la luz.

De modo que primero sucede a escondidas: Vida oculta del Señor…, y después es necesario que lo que sucedió a escondidas salga a la luz… Primero fue como a escondidas, en secreto, porque había que proteger la llama recién alumbrada. Pero después, cuando descendió el Espíritu, y la puerta del Cenáculo se rompió, entonces habría sido pecado callar, porque era el tiempo de incendiar la Tierra: fuego he venido a traer a la tierra y que quiero sino que arda… Se dispersaron los Doce y abrasaron el mundo con la Buena Nueva… Primero se escucha a Dios en el secreto de la oración… Hay que rezar mucho, hay que pasar horas en silencio delante del Sagrario y del Crucifijo. Después -¡sólo después!- se grita con todas las fuerzas. Si no te recoges todos los días para escuchar al Señor en secreto… ¿Cómo hablarás de Dios a tus hermanos? ¿Qué les dirás? luz sin luz, pozo sin agua… Y luego: ¡A la calle! ¡A la batalla! ¡Al encuentro de los que viven sin Dios, llevando en la mano la antorcha de la fe! ¡Sin miedo!

Recordar algunas escenas apostólicas de la vida pública del señor: las dos pescas milagrosas… llamamiento de los apóstoles… las parábolas de la levadura y del grano de mostaza… Jesucristo nos dice: Yo vine para que tengan vida y la tengan en abundancia. (Jn 10, 10) y quiere servirse de nosotros como instrumentos: Seguidme y os haré pescadores de hombres. (Mt 4, 19)… Guía mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca. (Lc 5, 4)…

En una iglesia de una aldea alemana tenían un Cristo muy bonito y valioso. Estaba crucificado y la gente le tenía mucha devoción. Durante la Segunda Guerra Mundial cayó una bomba y, al explotar, le arrancó los dos brazos. Al final de la contienda, los del pueblo se planteaban restaurarlo. Pero alguien sugirió dejarlo como estaba, sin brazos. Se aceptó la propuesta e incluyeron una leyenda explicativa que decía así: “Vosotros sois mis brazos”. Así recuerda a todos que Jesucristo tiene necesidad de nosotros para seguir su misión en la tierra.

Cfr. Los demás

Porque nosotros somos colaboradores de Dios (1 Cor 3, 9). Hacer apostolado es colaborar con Dios en el crecimiento de la vida sobrenatural de los demás… Que gran responsabilidad: Has de prestar Amor de Dios y celo por las almas a otros, para que éstos a su vez enciendan a muchos más que están en un tercer plano, y cada uno de los últimos a sus compañeros de profesión. ¡Cuántas calorías espirituales necesitas! -Y ¡qué responsabilidad tan grande si te enfrías!, y -no lo quiero pensar- ¡qué crimen tan horroroso si dieras mal ejemplo! (Camino, El apóstol, 944)

Para eso yo tengo que ir por delante: Por ellos yo me santifico, para que también ellos sean santificados en la verdad. (Jn 17,19).

Efectivamente, solo si nos marcamos objetivos espirituales, de santidad personal, sin cerrar los ojos a la realidad, irá surgiendo poco a poco un estado de ánimo mejor… Y descubriremos que si nuestra lucha por la santidad es por ellos y para ellos, codo con codo por el futuro, van saliendo cosas y además sentiremos con el salmista: ¡Qué agradable y delicioso es que vivan unidos los hermanos! (Sal 133,1)… Y de repente, vemos que surge un estado de ánimo positivo, de afirmación (sí) y aceptación, de acuerdo, de armonía y de gratitud… Este es el tratamiento para curarnos de este enfermedad de nuestro tiempo: el narcisismo, el no ver lo que puede hacer bien a los demás por puro estar dándose vueltas a uno mismo… Al final tampoco descubrimos lo que realmente necesitamos y morimos como el Narciso del mito… Si dejo de pensar en mi mismo, y me pongo a pensar y me identifico con la situación de los demás, entonces se me ocurre espontáneamente lo que les haría bien y les alegraría… Este es el camino, el tratamiento que me cura de ese nefasto sentimiento de la carencia de valor (complejo de inferioridad) y del absurdo del propio existir: siento que soy importante para otros y se que lo que hago tiene sentido, puedo alegrar, soy capaz de hacer algo interesante… Así que ya sabes, a rezar, a adorar, a entregarse a Dios del todo y a hablar de Él con sencillez… ¡Sé santo, hombre!… Y entonces tu vida será una “bomba de gracia” que alcance y santifique al mundo entero…

La oración y la mortificación son preparación necesaria para todo apostolado: Es preciso que seas “hombre de Dios”, hombre de vida interior, hombre de oración y de sacrificio. -Tu apostolado debe ser una superabundancia de tu vida “para adentro”. (Camino, El apostolado, 961) y busca la ayuda de los ángeles custodios: Gánate al Ángel Custodio de aquel a quien quieras traer a tu apostolado. -Es siempre un gran “cómplice”. (Camino, Devociones, 563)

Modo de hacer apostolado:

En apostolado hay que ver Almas, eso hará que no dejes a nadie de lado; Jesús trata a todo tipo de gente y según conviene a cada uno: Nicodemo, la Samaratina, Zaqueo, etc... El modo de actuar de Jesús con los hombres que es que nosotros tenemos que imitar no se queda en meras palabras o en actitudes superficiales. Jesús toma en serio al hombre y quiere darle a conocer el sentido divino de su vida. Jesús sabe exigir, colocara los hombres frente a sus deberes, sacar a quienes escuchan de su comodidad y del conformismo para llevarles a conocer a Dios, para situar a cada uno (de sus amigos) frente a las exigencias completas de su vida, ayudándole a descubrir lo que Dios, en concreto, le pide…

– Con el ejemplo: para que vean (al ver) vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los Cielos (Mt 5, 16)… Pero también es necesario hablar de Jesucristo:

Entrevistaban a la Madre Teresa de Calcuta y le preguntaban sobre las Casas que había abierto en Estados Unidos para el cuidado de los enfermos de Sida. Querían saber si hablaban de Dios a esas gentes.

Naturalmente. Rezamos con ellos y les enseñamos a rezar. Los llevamos a confesarse y a reconciliarse con Dios.

-Pero mucha gente piensa que evangelizar no significa siempre hablar de Jesucristo.

-¿Y de qué piensan entonces que hay que hablar?

-Dicen que basta acompañar a los hombres.

-Pero, entonces, no son misioneros. No están proclamando a Cristo. Están actuando por “algo” y nosotros lo hacemos por “Alguien”.

– Apostolado de amistad y confidencia: Esas palabras, deslizadas tan a tiempo en el oído del amigo que vacila; aquella conversación orientadora, que supiste provocar oportunamente; y el consejo profesional, que mejora su labor universitaria; y la discreta indiscreción, que te hace sugerirle insospechados horizontes de celo… Todo eso es “apostolado de la confidencia”. (Camino, El apostolado, 973)

– Estar bien formado doctrinalmente y tener ideas claras… Y sin miedo a que nos rechacen, diremos la verdad con caridad… Los dones son para donarlos:

Se lo he escuchado a un amigo sacerdote que vive en Roma y me emocionó, por eso te lo escribo, me aseguró que se trataba de una historia real (su fuente es de un viejo párroco. Sucedió en el centro histórico de Roma en 1943/44 -final de la segunda guerra mundial-): “Aquella mujer, ya anciana, era conocida en la parroquia por su profunda piedad y por su pobreza llevada con dignidad. Vivía desde hacía años en un Ático paupérrimo y a menudo tenía que acudir a la parroquia para alguna ayuda económica pues vivía de la mendicidad. Un día apareció en el despacho parroquial, con la intención de pedir una misa por una intención suya, el sacerdote le dijo que de acuerdo y entonces ella saco de entre sus ropas un pañuelo blanco que deslió cuidadosamente apareciendo varias monedas de oro de las que hacía más de 100 años que no circulaban ya (al parecer era de su madre, que a su vez lo recibió de su abuela), y dijo: “quiero ofrecer esto por la misa”. El sacerdote advirtió que aquello era su pequeño tesoro y se negó a aceptarlo, le dijo que no era necesario, que el sabía que carecía de medios económicos, y que guardara aquello por si llegaba una situación de enfermedad grave o algo así que lo necesitaría… Ella insistió de tal modo que tuvo que aceptar aquellas monedas. Mientras las recogía le preguntó a la viejecita: “Y ¿cuál es la intención por la que quiere que aplique la Misa?” Entonces ella dijo, con gran calma y con el rostro emocionado: “Vorrei ringraziare Dio che ha fatto così bella la Madoona” (Para agradecer a Nuestro Señor, lo hermosa que ha hecho a la Señora)… El sacerdote no supo que decir, quedó conmocionado, pero fue poco a poco comprendiendo que esa intención era profundamente cristiana”…. He visto hacer algo similar en los niños, haz la prueba, si les miras fijamente mientras comen algo, te lo terminan ofreciendo; si les das un juguete, lo toman y al punto extienden la manita para dártelo a ti… Se trata de una especie de Sabiduría que solo aprenden los niños y la gente sencilla. Cuando nos hacemos mayores, nos complicamos; tomamos el “juguete” con ansiedad, nos damos la vuelta y nos encerramos en la habitación a “jugar” nosotros solos. Pero, existe una Ciencia secreta que descubre al niño y al hombre sencillo que los dones son para donarlos, que en ese juego de entrega mutua hay más felicidad que en el egoísmo del pecado, que hay todavía mas felicidad en el gesto de dar que en el de recibir…

– Perseverancia y paciencia; hacemos el apostolado de Cristo, sin buscar el éxito personal: El celo es una chifladura divina de apóstol, que te deseo, y tiene estos síntomas: hambre de tratar al Maestro; preocupación constante por las almas; perseverancia, que nada hace desfallecer. (Camino, El apóstol, 934)

Written by rsanzcarrera

mayo 14, 2008 at 9:55 am

Publicado en curso de retiro

Vida oculta del Señor

leave a comment »

NACIÓ Y VIVIÓ POBRE

Jesucristo quiere nacer y vivir en pobreza y nos enseña así cuál debe ser nuestra actitud ante los bienes materiales. Nos muestra el camino de la plenitud interior: tener el corazón lleno de Dios, encendido de amor y así no necesitaremos arroparnos con cosas, así daremos a los bienes terrenos el valor relativo que tienen… Su ejemplo y enseñanza durante toda su vida es ese: Las zorras tienen sus guaridas y los pájaros del cielo sus nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar su cabeza. (Mt 8,20).

Pero no aparece pordiosero. Lleva una túnica buena, sin costura; sabe comportarse socialmente con distinción e incluso hace notar que no se han tenido con Él los detalles habituales de delicadeza. Así nos enseña que lo decisivo es el DESPRENDIMIENTO: porque donde está tu tesoro allí estará tu corazón... No consiste la verdadera pobreza en no tener, sino en estar desprendido: en renunciar voluntariamente al dominio sobre las cosas. -Por eso hay pobres que realmente son ricos. Y al revés. (Camino, Pobreza, 632).

Es bueno el esfuerzo por mejorar de posición pero con desprendimiento personal, con la mirada puesta en Dios, sin dejar que el corazón se apegue a las cosas de la tierra y pierda fuerza en su caminar hacia la eternidad: No amontonéis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los corroen y donde los ladrones socavan y los roban. Amontonad en cambio tesoros en el Cielo, donde ni polilla ni herrumbre corroen, y donde los ladrones no socavan ni roban (Mt 6, 19-20)… Haceos bolsas que no envejecen, un tesoro que no se agota en el Cielo, donde el ladrón no llega ni corroe la polilla. (Lc 12,33)… Porque dices: Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad, y no sabes que eres un desdichado y miserable, pobre, ciego y desnudo. Te aconsejo que compres de mí, oro acrisolado por el fuego para que te enriquezcas, túnicas blancas para que te vistas y no aparezca la vergüenza de tu desnudez, y colirio con que ungir tus ojos para que veas. (Ap 3,17-18)

Señales claras de desprendimiento, de pobreza de espíritu, son:

– ganarse la vida con el propio trabajo, trabajar (estudiar) con el sentido de responsabilidad de un padre de familia numerosa y pobre

– ir mortificando nuestra comodidad, no crearnos necesidades: No lo olvides: aquel tiene más que necesita menos. -No te crees necesidades. (Camino, Pobreza, 630)

– Ofrecer a Dios con alegría la privación cuando nos falte algo necesario o conveniente

– En verdad os digo: difícilmente entrará un rico en el Reino de los Cielos. (Mt 19)… Este rico no es tanto el que tiene cuanto el que quiere tener, aquel cuyo corazón está puesto en los bienes materiales, gozándolos o ambicionándolos.

– Ser poco complacientes con nosotros mismos y más bien espléndidos con los demás.

– Sin ser mezquinos saber cuidar y aprovechar las cosas que tenemos para que duren y no se gasten inútilmente. Lo que a mi me sobra a otros les falta.

– El ejercicio de la virtud de la justicia y de la caridad: las zapatillas de 60 $ y los gitanillos

– Cfr. Entre árboles y películas de cine

SANTIFICACIÓN DE LA VIDA ORDINARIA

La mayor parte de la vida del Señor (30 años) es una vida ordinaria, corriente, sin nada que llame la atención, la gente le conoce por el artesano, el hijo del artesano. Buen ejemplo para nosotros porque como le decía un cable a otro: lo que nos pasa a nosotros es corriente

San Lucas resume en pocas palabras esa vida oculta: Cuando cumplieron todas las cosas mandadas en la Ley del Señor regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba en él. (Lc 2,39-40):

Cuando cumplieron todas las cosas mandadas en la Ley…

Cumplimiento de todos los deberes, los ordinarios de cada día. El pequeño deber de cada momento -el estudio o trabajo, la vida familiar y social- es un camino vulgar en apariencia, que debe hacerse divino por el Amor. Ahí nos ha puesto Dios, y quiere que nos santifiquemos en esa situación concreta: ¿Quieres de verdad ser santo? -Cumple el pequeño deber de cada momento: haz lo que debes y está en lo que haces.(Camino, Cosas pequeñas, 815)… Porque fuiste “in pauca fidelis” -fiel en lo poco-, entra en el gozo de tu Señor. -Son palabras de Cristo. -“In pauca fidelis!…” -¿Desdeñarás ahora las cosas pequeñas si se promete la gloria a quienes las guardan? (Camino, Cosas pequeñas, 819). Sin dejarnos llevar por una mística ojalatera allí donde estamos es donde el Señor quiere nuestra santidad.

Esta doctrina de la Sagrada Escritura, que se encuentra -como sabéis- en el núcleo mismo del espíritu del Opus Dei, os ha de llevar a realizar vuestro trabajo con perfección, a amar a Dios y a los hombres al poner amor en las cosas pequeñas de vuestra jornada habitual, descubriendo ese “algo divino” que en los detalles se encierra. ¡Qué bien cuadran aquí aquellos versos del poeta de Castilla!: “Despacito, y buena letra: / el hacer las cosas bien / importa más que el hacerlas” (6). Os aseguro, hijos míos, que cuando un cristiano desempeña con amor lo más intrascendente de las acciones diarias, aquello rebosa de la trascendencia de Dios. Por eso os he repetido, con un repetido martilleo, que la vocación cristiana consiste en hacer endecasílabos de la prosa de cada día. En la línea del horizonte, hijos míos, parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria…

Vivir santamente la vida ordinaria, acabo de deciros. Y con esas palabras me refiero a todo el programa de vuestro quehacer cristiano. Dejaos, pues, de sueños, de falsos idealismos, de fantasías, de eso que suelo llamar “mística ojalatera” -¡ojalá no me hubiera casado, ojalá no tuviera esta profesión, ojalá tuviera más salud, ojalá fuera joven, ojalá fuera viejo!…-, y ateneos, en cambio, sobriamente, a la realidad más material e inmediata, que es donde está el Señor: “mirad mis manos y mis pies”, dijo Jesús resucitado: “soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo”. (Conversaciones, Amar al mundo apasionadamente, 116)

El mismo San Lucas nos dice un poco más adelante: Y bajó con ellos, y vino a Nazaret, y les estaba sujeto. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres. (LUCAS, 2, 51-52)

Y les estaba sujeto… Para dejarse formar por quienes tienen más conocimiento y experiencia… Empezando por nuestros padres: darles muchas alegrías, quererlos de verdad, porque lo merecen… dulcísimo precepto del decálogo… amor natural a los padres fundamentado en motivos sobrenaturales. No dramatizar, ni representar el papel de incomprendidos o de víctimas; comprenderles a ellos y sus posibles defectos.

Sencillez en el trato con los demás: Deja ese “aire de suficiencia” que aísla de la tuya a las almas que se te acercan. -Escucha. Y habla con sencillez: sólo así crecerá en extensión y fecundidad tu trabajo de apóstol (Camino, El apóstol, 958)

Saber rectificar cuando nos equivocamos.

Confianza y unión con el desp: saber mostrarnos como somos, y procurar seguir sus consejos…

Cfr. Para servir, servir

Y Jesús crecía… crecía día a día, sin detenerse… fortaleza para perseverar: sin prisa sin pausa:

en sabiduría… sabiduría y formación lo primero, cómo dar luz si no la tienes, cómo dar agua si estás seco… Poner los medios para adquirir la formación doctrinal y la profesional

en edad… adquirir madurez: No caigas en esa enfermedad del carácter que tiene por síntomas la falta de fijeza para todo, la ligereza en el obrar y en el decir, el atolondramiento…: la frivolidad, en una palabra.
Y la frivolidad -no lo olvides- que te hace tener esos planes de cada día tan vacíos (“tan llenos de vacío”), si no reaccionas a tiempo -no mañana: ¡ahora!-, hará de tu vida un pelele muerto e inútil.
(Camino, Carácter, 17)

y en gracia… ahondar en la vida interior …delante de Dios y de los hombres.

Acudir a María que es Nuestra Madre; Ella nos enseña con su ejemplo y nos obtendrá de su Hijo gracia abundante para saber encontrar y amar a Dios en nuestra vida ordinaria.

Written by rsanzcarrera

mayo 13, 2008 at 9:23 pm

Publicado en curso de retiro

Para servir, servir

leave a comment »

San Pablo nos pide hoy: ofreceos a Dios como hombres que de la muerte han vuelto a la vida, y poned a su servicio vuestros miembros, como instrumentos para la justicia” A san Pablo le gustaba considerarse el “administrador de los misterios de Dios” (1 Cor 4, 1) y le vemos hoy pidiéndonos esa actitud de servicio al Amor de Dios, que es como el mismo entendía su propia vida. Y no por casualidad, Jesús en el Evangelio de hoy define al buen discípulo como el “administrador fiel y solícito. Fiel a su amo y servicial con los demás.

Debemos tener en cuenta que en la época del Señor las palabras “ministro” y “administrador” hacían referencia al personal de servicio, y en particular al servicio de la mesa. Pablo se siente para las cosas de Dios como un sirviente, como destinado para servir a los demás. Servir los “platos” (los misterios) que Dios ha preparado amorosamente y ha puesto en una bandeja, la bandeja de su vida, y una vez depositados allí, él, Pablo, los sirva a los demás.

Quisiera yo ser como Pablo y como aquella madre: sentir que mi vida, mi tiempo, mis planes no son míos, sino de Dios, y que mi vida Le sirviera de bandeja (bandeja sucia de mi torpeza) en este banquete estupendo de la vida… Y cuando me pidan algo que cambia mi plan… ¿Qué importa, si está dentro del menú que Él ha dispuesto? Y si me piden un poco más… Que sepa dar hasta que rebose… ¿Qué más da, si estoy dando de lo Suyo y Él asiente con una sonrisa? Y, si al final algún despistado piensa que soy yo, y me quiere dar propina… ¡Señor, que sea humilde! ¡Que sepa dar como Pablo y como aquella madre: sin esperar nada!

Esta forma de vivir, de servir, influye mucho en el ambiente familiar, y en el trabajo y en la vida social… A vosotros padres, que se que leéis estas páginas os copio esta poesía que una madre me leyó emocionada hace unos días. La poesía fue leída en el 50 aniversario de su matrimonio por uno de sus hijos, y dice así: Para los padres: Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo. Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño. Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida. Sin embargo… en cada vuelo, en cada vida, en cada sueño, perdurará siempre la huella del camino enseñado” (B. Teresa de Calcuta).

Written by rsanzcarrera

mayo 13, 2008 at 9:22 pm

Entre árboles y películas de cine

leave a comment »

Recientemente, he estado viendo la película “El hombre que hacía milagros” (“The Miracle Maker”), una vida de Cristo escenificada con muñecos y realizada por la productora del asombroso Mel Gibson. En una de sus escenas, Jesús, al poco tiempo del comienzo de su vida pública, visita a sus amigos Lázaro, Marta, y María. Uno de quienes allí estaban (no recuerdo si era el propio Lázaro) extrañado por la nueva vida de Jesús y por su creciente popularidad, deja escapar la siguiente frase: “pero, Jesús, ¡si la última vez que estuviste aquí fue para arreglar una puerta!“… El detalle me dejó pensativo; había leído muchas veces que Nuestro Señor era conocido como “el hijo del artesano“, pero nunca había caído en la cuenta de que muchos de aquellos hombres estaban acostumbrados a verle “vestido de faena” y trabajando para ellos, quizá de casa en casa, como aprendiz de José, durante casi treinta años.

Sabemos:

– que aquellos años de vida oculta fueron tan redentores como las tres horas que pasó Jesús colgado de la Cruz, y que debemos la gracia de Dios y la filiación divina, sin distinción de ninguna clase, tanto a la sangre que brotó de las llagas como a los golpes de martillo empapados en sudor. No en vano se ha llamado a la Pasión de Cristo “trabajo”.

– Y, si durante aquellas tres horas que duró el tormento de la Cruz, contemplamos con veneración a María uniéndose al sacrificio de su Hijo, durante los años en que fuimos redimidos a golpe de martillo es José quien está “al pie de la Cruz“.

– Sé que su papel en la Redención no es equiparable al puesto excepcional ocupado por la Santísima Virgen, a quien veneramos como Corredentora y Madre de Dios, pero también la misión del Santo Patriarca es de una singularidad maravillosa: él enseñó al Creador a trabajar, y, haciéndolo así, diremos que enseñó al Redentor a redimir (por medio del trabajo, de carpintero, en su caso).

– Son misterios admirables que nunca llegaremos a entender del todo: por su Encarnación, el Hijo de Dios se hizo un necesitado, y quien tiene la llave de la Ciencia quiso ser enseñado por un hombre, José.

Vuelvo al cine:

– en la maravillosa versión que de la obra de Shakespeare “Enrique V” nos regaló Keneth Brannagh, el monarca, acampado al raso con sus tropas como uno más, recorre por la noche las tiendas de sus hombres. Encontrando a un soldado anciano, se admira de su entrega y le dice: “tú no deberías estar aquí, durmiendo en un saco. Tú deberías estar caliente en tu casa, durmiendo sobre un colchón”. El anciano, lleno de orgullo, le responde: “Lo sé, pero sólo ahora puedo decir que duermo como un rey”.

– Viene a cuento. Si el Hijo de Dios nos redimió trabajando, tú y yo, cada día, trabajamos y redimimos el mundo “como un Dios”.

– Sí; gracias a José, podemos decir que tenemos un Dios que trabaja; un Dios que nos redimió, por igual, modelando la madera durante treinta años y clavado a ella, ofrecido por nosotros, durante tres horas.

¡Qué misterioso y fascinante, este Dios encaprichado con el árbol!

Fuente:Cfr: http://www.archimadrid.es/espiritualidad

Written by rsanzcarrera

mayo 13, 2008 at 9:10 pm

Publicado en curso de retiro

Una forma de vida: un plan de vida

leave a comment »

“Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora” Y casi sin querer, nuestra curiosidad se pregunta: ¿Qué querías decirnos, Señor? ¿Cuál es el secreto que te llevaste al Cielo? Y entonces de nuevo la respuesta: “Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena”.

No se si a ti te pasará también, pero a veces se siente una especie de inquietud, como si algo dentro de ti estuviera incómodo… Entonces, es el momento de buscar un rato para hacer oración y meterte dentro de ti y preguntarle al Espíritu de Verdad: ¿Qué quieres decirme? ¿Hacia donde me llevas? ¿Qué quieres hacerme ver? A veces surgirán imágenes, recuerdos, algo que me han dicho y me ha herido, o problemas que he pasado por alto y que debo abordar finalmente, etc… Y entonces, si escuchas, la Paloma empieza a susurrar palabras en tu corazón… Palabras que están dichas solo para ti… Y no te extrañe si sientes que el Señor te mira, o si lloras, o si abres el alma y tu vida de par en par en la presencia de Jesús… Con Él sentirás que puedes mirar a la verdad a los ojos… Y sentirás también la fuerza necesaria para modificar esa situación en la que vives, y que no se corresponde con la imagen que Dios amó y creó en ti… Con Él sabrás quién eres tú en verdad, y qué es lo que estorba en el camino de la libertad, en el que Él quiere iniciarte… Y si perseveras en esta oración, comprenderás, poco a poco, casi sin darte cuenta, por qué el Señor se llevó al cielo su secreto: porque era para ti, y tenía que esperarte.

Efectivamente, con el bautismo se produjo en nuestra alma un nuevo nacimiento, una elevación sobrenatural, que nos hizo participar de la naturaleza divina. Las palabras que desde la eternidad aplica el Padre a su Unigénito, nos las apropia ahora a nosotros. A cada uno nos dice: tú eres mi hijo; yo te he engendrado hoy (Salmo 2, 7). Este hoy es nuestra vida terrena, pues Dios nos da cada día este nuevo ser. A mí me ha dicho el señor: tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoyTú eres mi hijo: se dirige a Cristo y se dirige a ti y a mí, si nos decidimos a ser “alter Christus, ipse Christus”. Las palabras no pueden seguir al corazón, que se emociona ante la bondad de Dios. Nos dice: “tú eres mi hijo”. No un extraño, no un siervo benévolamente tratado, no un amigo, que ya sería mucho. ¡Hijo! Nos concede vía libre para que vivamos con El la piedad del hijo y, me atrevería a afirmar, también la desvergüenza del hijo de un Padre, que es incapaz de negarle nada. (Es Cristo que pasa 185)… Y esta sentido filial se ha de poner especialmente de manifiesto si alguna vez sentimos con más fuerza la dureza de la vida. Nuestro Padre no puede enviarnos nada malo. Podemos decir: ¡Omnia in bonum! Todo es para bien… Sí, Padre, porque así te ha parecido bien…

Imagina por un momento que la vida es “el gran teatro del mundo” en el que cada uno representa un papel: tú ¿qué papel tienes? ¿de qué vas por la vida?… Hoy te invito a adoptar el plan de Hijo de Dios (tú eres mi hijo; yo te he engendrado hoy). Te invito a esto porque aunque no hago más que recordarte algo que no deberías haber olvidado nunca, y que no debes olvidar nunca ya: … ¿Qué esperas de mí, Señor, para que yo voluntariamente lo cumpla? Nos responde el mismo Cristo: veritas liberabit vos; la verdad os hará libres. ¿Qué verdad es ésta, que inicia y consuma en toda nuestra vida el camino de la libertad? Os la resumiré, con la alegría y con la certeza que provienen de la relación entre Dios y sus criaturas: saber que hemos salido de las manos de Dios, que somos objeto de la predilección de la Trinidad Beatísima, que somos hijos de tan gran Padre. Yo pido a mi Señor que nos decidamos a darnos cuenta de eso, a saborearlo día a día: así obraremos como personas libres. No lo olvidéis: el que no se sabe hijo de dios, desconoce su verdad más íntima, y carece en su actuación del dominio y del señorío propio de los que aman al Señor por encima de todas las cosas. (Amigos de Dios 26)

¿Tu y yo qué vamos a hacer ante esta maravilla? Descansad en la filiación divina. Dios es un Padre lleno de ternura, de infinito amor. Llámale Padre muchas veces al día, y dile -a solas, en tu corazón- que le quieres, que le adoras: que sientes el orgullo y la fuerza de ser hijo suyo. Supone un auténtico programa de vida interior, que hay que canalizar a través de tus relaciones de piedad con Dios -pocas, pero constantes, insisto-, que te permitirán adquirir los sentimientos y las maneras de un buen hijo. (San Josemaría)

Cfr. Hace tiempo, leí esta anécdota acerca de cómo Dios está esperando nuestra respuesta de hijo: Querido amigo:

Cuando te levantaste esta mañana te observé y esperaba que me hablaras aunque fuera unas cuantas palabras preguntando mi opinión o agradeciéndome por algo bueno que te hubiera sucedido recientemente; Pero noté que estabas muy ocupado buscando la ropa adecuada para irte para el trabajo.

Seguí esperando de nuevo mientras corrías por la casa arreglándote, supe que habría unos cuantos minutos para que te detuvieras y me dijeras: Hola!, pero creo que estabas demasiado ocupado.

Te observe mientras ibas rumbo al trabajo y espere pacientemente todo el día. Con todas tus actividades supongo que estabas demasiado ocupado para decirme algo, pero está bien, no importa, aún queda mucho tiempo.

Después encendiste el televisor, y mientras cenabas nuevamente te olvidaste de hablar conmigo. A la hora de dormir creo que ya estabas muy cansado. Después de decirle buenas noches a tu familia caíste en tu cama y casi de inmediato te dormiste.

Quizás no te das cuenta de que siempre estoy ahí a tu lado. Tengo más paciencia de la que te imaginas. También quisiera enseñarte como tener paciencia para con otros. Te amo tanto que espero todos los días por una oración, un pensamiento o un poco de gratitud de tu corazón.

Bueno te estas levantando de nuevo y otra vez esperare que el día de hoy te acuerdes de mi y me dediques un poco de tu tiempo. Que tengas un buen día !Te amo mucho!

Tu amigo, Jesucristo

Vive como un hijo de Dios: trata a lo largo del día a tu Padre-Dios:

Consejos prácticos: Los empresarios lo saben: lo urgente puede esperar, primero lo importante: así tus normas de piedad serán como esos palos pintados de rojo que nos señalan el camino tras la nevada y no te perderás + adelanta esas prácticas piadosas, no las retrases + ten la pillería de irlas ajustando, como el guante a la mano + y recuerda “lo mejor es enemigo de lo bueno” (lo decía Juan XXIII: el peor rosario el que no se rezó… Y podría decirse también: el peor rato de oración el que no se hizo, etc) + evitar la rutina: sepulcro de la vida interior…

Un ejemplo. Dejar de rezar, abandonar el plan de vida, puede parecer al principio mejor: haces más cosas, tienes más tiempo para ti pero luego… Ocurre como con esas algas marinas que en un momento de su ciclo biológico se sueltan del fondo marino y suben a la superficie y allí con tanta luz y calor, explotan en una exuberancia de vida y crecimiento pero terminan muriendo cuando las reservas acumuladas en su interior se acaban… El ciclo vital se perpetúa gracias a las que raíces que siguen ancladas en el fondo marino, donde recién su alimento y vuelven a desarrollarse… No perdamos las raíces, las fuentes de la gracia.

Otro ejemplo. Una vez me explicaron que algunas anclas muy pesadas, para aligerar su peso a la hora de levarlas a la superficie, se las envuelve en madera. El que lo hacía me explicó, que aunque en realidad se les añade más peso, más madera, el resultado es que se hacen más ligeras en el agua. Así ocurre con las normas de piedad, a veces resultan pesadas, pero gracias a ellas nuestra vida es más ligera y es más capaz de elevarse con ligereza hacia arriba, hacia Dios.

Otro ejemplo. Recuerdo una fuerte tormenta en mis años de seminario que arrancó muchos árboles de cuajo; el espectáculo era dantesco. Cuando pregunté por las causas me dijeron que al regarlos tan frecuentemente no habían echado raíces profundas y no se habían agarrado a la roca del fondo bien… Así ocurre si nuestras normas son rutinarias y superficiales, cuando llegue la tormenta caerá esa piedad…

Necesito prevenirte todavía contra el peligro de la rutina -verdadero sepulcro de la piedad-, que se presenta frecuentemente disfrazada con ambiciones de realizar o emprender gestas importantes, mientras se descuida cómodamente la debida ocupación cotidiana. Cuando percibas esas insinuaciones, ponte con sinceridad delante del Señor: piensa si no te habrás hastiado de luchar siempre en lo mismo, porque no buscabas a Dios; mira si ha decaído -por falta de generosidad, de espíritu de sacrificio- la perseverancia fiel en el trabajo.

Entonces, tus normas de piedad, las pequeñas mortificaciones, la actividad apostólica que no recoge un fruto inmediato, aparecen como tremendamente estériles.

Estamos vacíos, y quizá empezamos a soñar con nuevos planes, para acallar la voz de nuestro Padre del Cielo, que reclama una total lealtad. Y con una “pesadilla” de grandezas en el alma, echamos en olvido la realidad más cierta, el camino que sin duda nos conduce derechos hacia la santidad: clara señal de que hemos perdido el punto de mira sobrenatural; el convencimiento de que somos niños pequeños; la persuasión de que nuestro Padre obrará en nosotros maravillas, si recomenzamos con humildad. (Amigos de Dios 150)

Al final te garantizo el cielo. El gozo y la paz, el ser contemplativo en medio del mundo… Felices en la tierra, con la felicidad relativa de aquí abajo, y luego para siempre la felicidad del Cielo… Podemos decir que todos los dones y gracias nos han sido dados para constituirnos en hijos de Dios, en imitadores del Hijo hasta llegar a ser alter Christus, ipse Christus, ¡otro Cristo, el mismo Cristo!. Cada vez hemos de parecernos más a Él. Nuestra vida debe reflejar la suya. Considerar nuestra filiación divina en la oración nos llenará de paz, viviremos abandonados en las manos de Dios, y viviremos la fraternidad cristiana con los que nos rodean, quienes también son hijos de Dios… Hijos de Dios. -Portadores de la única llama capaz de iluminar los caminos terrenos de las almas, del único fulgor, en el que nunca podrán darse oscuridades, penumbras ni sombras. -El Señor se sirve de nosotros como antorchas, para que esa luz ilumine… De nosotros depende que muchos no permanezcan en tinieblas, sino que anden por senderos que llevan hasta la vida eterna. (Forja, Deslumbramiento, 1)

Nuestra Madre Santísima nos enseñará a saborear cada día las palabras del Salmo 2: Tú eres mi hijo; Yo te he engendrado hoyMaría, Madre nuestra, “auxilium christianorum, refugium peccatorum”: intercede ante tu Hijo, para que nos envíe al Espíritu Santo, que despierte en nuestros corazones la decisión de caminar con paso firme y seguro, haciendo sonar en lo más hondo de nuestra alma la llamada que llenó de paz el martirio de uno de los primeros cristianos: “veni ad Patrem” (49), ven, vuelve a tu Padre que te espera. (Es Cristo que pasa, La conversión de los hijos de Dios (Cuaresma), 66)

Written by rsanzcarrera

febrero 27, 2008 at 8:51 pm

Publicado en curso de retiro